Work Text:
Día 6: Take a shot in the dark, to be where you are
Prompt: Una herida de bala y un agradable extraño
Sangre, demasiada sangre.
Las manos de Narancia no paraban de temblar mientras intentaba detener ese par de heridas que se llevaban a su novio, quitándole lo único que amaba y era su único hogar.
Había perdido a Bucciarati y a Abbacchio, hace tan solo un año atrás, no podía perderlo a él también.
Mucho menos por algo tan estúpido.
Debió verlo venir, debió saber que la idea de separarse era de lo más estúpida cuando tenían una alerta de que tres traidores los buscaban.
“ Pero no son usuarios stand.” Fue la frase que dijo Narancia antes de cometer ese terrible error, tras confiarse en que esos poderes que tenían podían hacerlos inmunes.
“ Creo que es mala idea .”
Sí lo fue, Fugo nunca se equivocaba. Él siempre tenía la razón. Narancia solo era un estúpido, no podía creer que había causado esto, no podía creer que estaba viendo como tras un balazo causado por uno de los traidores en agonía, Fugo se desvanecía entre sus brazos sin posibilidad de ayudarlo.
“No me dejes por favor, Fugo por favor.”
Narancia solo podía observar con impotencia como esos bellos ojos rubí perdían su brillo y esos labios que tanto adoraba, luchaban por pronunciar palabra alguna, pero era en vano.
“No quiero estar solo, no puedes hacerme esto.”
Pannacotta intentó emular lo que podía interpretarse por un “ Te amo .” y Narancia no sabía que hacer más que quebrarse, abrazando con delicadeza ese cuerpo que cada vez se sentía más helado.
“Vas a ponerte bien, Giorno llegará, ya lo llamé…vamos a cuidarte.”
Pero no había respuesta.
Mucho menos había un intento por contestar.
“¿Fugo?” El pelinegro sintió una arcada viniendo de lo más profundo de su interior, no, no podía ser cierto, no podía morir así, no a esa edad, no de esta forma.
No podía dejarlo, no tras haber sobrevivido a todo juntos.
No tras haberlo encontrado luego de que abandonó el equipo.
No después de que empezaran a salir, no.
Simplemente no.
Narancia solo pudo comenzar a gritar, sus manos llenas de sangre apretaban el cuerpo sin vida de su novio esperando un milagro, algo, una señal de esperanza ¿dónde estaba el maldito Dios al que solía rezarle a escondidas, en esos momentos? No podía hacerle esto, no de nuevo.
“Oh que triste escenario.” de pronto, una voz sonó no muy lejos de donde se encontraba el destrozado corazón del chico italiano.
“¿Quién eres?” Narancia contestó agresivamente y activó a Aerosmith dispuesto a disparar sin piedad, mientras sus brazos salvaguardaban el cuerpo de quien fue en vida fue su mejor amigo y pareja.
“Tan solo un posible amigo que pasaba por acá.” De entre las sombras, un hombre de aspecto agradable y bien vestido de negro se acercó hacia donde estaban los dos. Narancia no bajó sus defensas, al contrario, estaba a nada de disparar si no se detenía. “¿Qué pasó? Tu pequeña rata parece lastimada.”
“No hables así de él, hijo de puta.” El chico de ojos morados no aguantó más, deseaba estar solo, sin dudarlo ni un segundo, comenzó a disparar hacia este extraño, solo para darse con una extraña sorpresa. “Pero que mierd–”
El agradable extraño estaba intacto, sí, con heridas de su stand, pero no parecía que esto detuviera su recorrido.
“¡¿Sabes cuánto me costó este traje?!” gritó el hombre que a juzgar por su acento escocés, estaba muy molesto. “Iré directo al grano porque no tengo mucho tiempo, niño. ¿Quieres que lo reviva?”
Narancia tragó en seco, sintiendo como la presencia que lo acompañaba, era más que tenebrosa y poderosa puesto que no conocía a ningún usuario capaz de evitar golpes y salir completamente ileso.
“¿P-puedes hacer eso? Pero… ¿cómo?”
El hombre tan solo atinó a reír con cierta mofa. Eso solo encrespó la ira del chico, o al menos hasta que vio como los ojos del extraño se volvían completamente negros.
Mierda, tenía que hacer algo, alejarse, huir. Con el cuerpo de su novio en brazos, intentó levantarse del lugar donde se encontraban a toda velocidad, solo para darse con un escenario tenebroso. No podía moverse, como si de algún poder extraño se tratara, pero de ser así, no podía observar o detectar su fuente de origen.
“Blah blah bla, no quieres escuchar un parloteo sobre cómo trabajamos ahí. Así que dime, ¿lo quieres de vuelta?”
Narancia se removió en su sitio intentando deshacerse de ese agarre invisible.
“¿Qué eres? ¿Un demonio?”
No mentiría, sentía demasiado miedo, no solo por su vida, sino por el simple y sencillo hecho de que esas cosas existían. Él no era lo que podría decirse un devoto católico, pero sabía bien (de muchas conversaciones con Mista) que eran seres más peligrosos que cualquier usuario stand y que sabían cómo engañarte. Teniendo eso en cuenta, no le cabía duda de que algo iría a sucederle si no lograba huir.
“¿Acaso no te quedó claro, querido? Estás perdiendo el tiempo en lugar de aprovechar mi agradable oferta.”
“Yo… esas cosas no existen.” intentó controlar su miedo, negar la obvia y perturbadora realidad, por un lado; pero por otro se sentía tentado.
“Vampiros, hombres lobo, gente con poderes, creo que un par de dioses raros… ¿te sorprende ver un demonio?”
El hombre tenía un punto, punto que no le agradaba a Narancia puesto que sabía bien que el padre de uno de sus amigos era un vampiro.
Sin embargo, esto hizo que se pusiera a pensar, a pensar en ese futuro sin Pannacotta Fugo.
“Por favor, necesito que lo revivas, haré lo que sea.”
“Por supuesto, ¿qué modales son estos?” El hombre volvió a mirar al cuerpo en el piso y riendo un poco por lo fácil que había sido convencer a su víctima, continuó. “Mira, como seguro debes entender, esto no va a salir gratis, así que te propongo un trato, tú me ofreces tu alma de acá a unos años… y yo lo traigo a la vida.”
“¿Como? “
“Por Lucifer, lo que escuchaste niño, ¿no sabes escuchar?”
“Cuánto… ¿cuánto tiempo me quedaría?
“Diez años, es lo que te puedo ofrecer. Piénsalo, ¿qué es peor? ¿Una vida sin él, o poder vivir juntos por un tiempo?”
Narancia vio el cuerpo sin vida de su amado, una vida sin él. No existía.
“Devuélvemelo, por favor.”
“¿Entonces es un trato?”
Narancia asintió con el rostro lleno de lágrimas, haciendo que el hombre de elegante traje sonriera.
“Bueno, ven acá que no tengo mucho tiempo.”
“¡Revívelo primero!”
“Mira niño, jugamos con mis reglas, tu vienes y haces el trato primero, y yo revivo a tu noviecito.” Narancia gruñó entre dientes sintiéndose abatido, sin querer moverse o alejarse del lado del cadáver de Fugo. “... o podría irme y dejar que se lo coman los gusanos.”
“Está bien, ¿qué hago?”
“Simple, un beso, me das un par de segundos y esa cosa gritona volverá a estar como nuevo.” Narancia levantó una ceja cuestionando ese método de cerrar tratos. “¿Qué? Así funcionan las reglas allá abajo.”
Tras dejar el cuerpo de Fugo y posar un rápido beso en la frente de este, se dirigió a donde se encontraba el mayor, analizando cada uno de sus movimientos en caso todo esto fuera una treta para embaucarlo.
Pero no fue así. En el momento en que estuvieron cara a cara, Narancia apretó los puños pensando si lo que hacía era lo correcto, ¿acaso Fugo lo perdonaría si un día se enterara de lo que estaba haciendo? Probablemente no, lo llamaría un idiota mientras intentaría buscar alguna forma de sacarlo de ese trato. Pero eso no importaba, Narancia estaba seguro, él no podía vivir sin su amado. No importaba si el tiempo juntos iba a ser menos del que esperaban, era algo que tenía que hacer.
“Hagámoslo...” suspiró el pelinegro, entonces juntó rápidamente sus labios con su negociante, era la cosa más incómoda que había tenido que hacer en su vida, pero era necesario.
Una vez que se separaron, el hombre tan solo chasqueó los dedos y en cuestión de segundos, unos movimientos se escucharon viniendo del centro de ese ambiente donde se encontraban.
“Nos vemos en diez años. Pásala bien con tu roedor blanco.” dijo el hombre antes de desaparecer de su vista.
Narancia no dudó en correr inmediatamente y desesperado a ese charco de sangre que comenzaba a toser buscando aire. No podía creerlo, era verdad, el tipo raro tenía razón, logró hacer lo impensado.
“¡Fugo!” Chilló Narancia mientras apretaba a Fugo sintiendo que se le iba la vida en ese contacto. “Oh, Dios, tuve tanto miedo, estás bien, estás bien...” Su piel calurosa, sus ojos llenos de vida, esa mirada encantadora, pero seria… todo había vuelto.
Todo era como antes.
“Me siento como si me hubiera pasado un carro encima, ¿qué pasó?” Panacotta no parecía ser consciente de lo sucedido, y Nara no podía estar más feliz por eso, merecía vivir tranquilo y sin ningún recuerdo de lo que acababa de suceder.
“Nada…vamos a casa.” susurró el mayor mientras acariciaba el rostro de su novio y le daba un beso más que desesperado.
No, nunca iba a ser capaz de dejarlo. Si le quedaban diez años de vida, que así sea, Fugo lo merecía mucho más que él.
