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I'm holding out for a hero 'til the morning light (Español)

Summary:

Fugo no tenía muchas expectativas de su futuro. O bueno, en realidad no tenía ninguna... hasta el día en que se cruzó con ese tritón que le cambiaría la vida.

Fruity lovers 🍊 🍓 Día 5: “Y el mar empezó a formar espuma.”

Notes:

Wenas, trayendo acá el día 5 de Fruity lovers 🍊 🍓 en colaboración con Moody quien me ayudó a poder sacar este día ♥

Esperamos les guste (◕‿◕) ♥

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Día 5: I'm holding out for a hero 'til the morning light

Prompt: “Y el mar empezó a formar espuma.”


“¡No salvaste mi vida, arruinaste mi muerte!” Gritaba un rubio enfurecido contra aquella figura críptida que se posaba en una roca cercana a las orillas del mar. 

Fugo Pannacotta, el hombre que nos traía a este momento, se encontraba iracundo tras lo que según él, había sido un rescate en su contra. Esa misma tarde, una tormenta se había formado en el mar, y aunque cualquier otro humano en su situación se hubiera sentido asustado, él decidió aprovechar esta situación para hacer algo que llevaba tiempo deseando. 

Aquello no fue difícil, solo un salto al mar y todo iba a acabar; sin embargo, no contó con lo que sería una intervención marina. 

Narancia, como se hacía llamar la criatura, había hecho un acto de aparición y con lo que llamaba “poderes de tritón” había logrado rescatar su cuerpo de las profundidades del mar, logrando así, salvarlo y devolverlo a la vida. 

Pero él no quería eso. 

No es que se sintiera particularmente deprimido, pero aquel impulsivo acto se había debido a un cansancio constante y un vacío que había sentido por lo que fueron semanas… No, no solo semanas, ese jodido cansancio lo llevaba cargando toda su maldita vida. Solo deseaba acabar con todo, no tener una segunda oportunidad. 

“¡Eres un malagradecido! Encima de que vienes y quieres contaminar mi hogar con tu cadáver, ¡me gritas por rescatarte!” Contestó indignado el tritón agitando su cola con ira, gesto que al parecer, no pasó desapercibido por el humano. 

“Pues el mar no es solo tuyo. Y mi cadáver hubiera servido de alimento para los tiburones, imbécil.”

“¡Deja de querer contaminar! ¡Y no me llames idiota!”

“¡Oblígame!” 

Así había sido el inicio de su relación. Narancia, hijo del poderoso tritón Bruno, y Fugo, un noble que solo vivía leyendo libros, habían logrado encontrar muchas cosas en común tras su debate sobre ese incidente en altamar. Después de una disculpa sincera y quedar en buenos términos, los dos habían decidido seguir viéndose en ese lugar que era su guarida, un sitio que era testigo del inicio de un romance puro entre dos completos opuestos. 

Las charlas, las risas, las discusiones. Solo ellos podían entenderse, y fue gracias a eso que acabó siendo inevitable desarrollar una emoción nueva y desconocida por el otro, algo más que esa amistad ya preciada.

Pero no todas las historias están hechas para tener un final feliz, y ambos lo sabían. Por más que se amaran mutuamente, pertenecían a mundos distintos. Narancia no podía pasar más que unas pocas horas en la tierra, y el frágil cuerpo de Fugo no estaba hecho para resistir las inclemencias del mar.

Parecía que lo suyo estaba destinado a no ser…

Pero Narancia no pensaba dejarlo ir. No podía dejarlo ir.

Así que decidió que si el destino no tenía escrito un final feliz escrito para los dos, él iba a reescribir esa historia. Incluso si realmente no sabía como escribir.

Un beso, solo eso era lo que necesitaba para cumplir su deseo, o al menos es lo que le habían dicho el par de brujos marinos conocidos como Squalo Y Tiziano a la hora de hacer un trato que, a ojos de cualquiera, era una locura. Justo como en esa historia que le había contado Fugo hace tiempo, y con el mismo castigo de no cumplir las condiciones. 

Sin embargo, él estaba decidido. Solo había alguien con quien anhelaba pasar el resto de sus días, y ese era Fugo, su príncipe de cabellos rubios y ojos tristes. ¿Perder esa libertad que solo el océano podía ofrecerle? Sí, le dolía, pero no es como si no tuviera otros hermanos que pudieran reclamar su trono en caso lo necesitaran. 

Teniendo eso en cuenta, no había vuelta atrás.


La cueva estaba vacía. Era la primera vez que Fugo era el primero en llegar a una de sus citas nocturnas: algunas veces escaparse del castillo le resultaba tan complicado que cuando llegaba, estaba convencido de que Narancia se había hartado de esperarlo y había vuelto al mar abierto. Eso nunca sucedía: Narancia siempre estaba ahí, recibiéndolo con una enorme sonrisa y el sonido de su cola golpeteando el agua con emoción.

Pero Fugo llevaba casi media hora esperando, y no había rastro de Narancia.

Él no era la clase de personas que se dejaba llevar por su instinto. Pero esa vez sentía que algo estaba mal. Algo dentro de él se lo gritaba. Así que, ignorando la lógica que le decía que esperara, que seguramente Narancia había tenido un contratiempo y aparecería tarde o temprano, corrió a la playa donde se habían conocido.

Entonces el mar comenzó a formar espuma… y Fugo sintió un miedo que recorrió cada rincón de su cuerpo. 

Corriendo a las orillas de aquella playa, rogaba porque eso que imaginaba no fuera cierto, porque esa leyenda que alguna vez escuchó tan solo fuera eso, ficción. 

Pero ya había pasado un par de minutos y no lo veía salir, solo veía esa espuma que cada vez se formaba más en la playa. No, se negaba a perderlo de esa forma, a que el mar le arrebatara de forma tan cruel a quien era su única razón de seguir ahí. 

No quería llorar pero era lo único que veía posible en esos instantes…

O al menos eso había pensado, hasta que sucedió ese milagro que su joven corazón anhelaba. 

De las agitadas orillas del océano, la figura desnuda de su amante parecía querer salir o eso alcanzó a interpretar porque se movía como pescado recién capturado. 

Sí, estaba siendo completamente anticlimático el momento, pero no le importaba demasiado, sólo quería verlo sano y salvo. “¡Narancia!” lo llamó, metiéndose al agua para ayudarlo. El pobre y joven tritón no paraba de moverse en búsqueda de entender cómo funcionaban ese par de extremidades que recién se le habían otorgado, tragando más agua que aire en sus desesperados intentos por respirar. Aún parecía estar en pleno proceso de transformación, pero inclinándose más al lado humano, lo que, considerando que aún estaba en el agua, era un hecho alarmante.

Fugo no era un excelente nadador, pero Narancia le había dado algunas clases, y eso fue suficiente para, con mucho esfuerzo, arrastrarlo a la orilla, donde ambos permanecieron por unos minutos en silencio, tratando de recuperar el aliento, abrazados. Más que verlo, Fugo pudo sentir cómo las últimas escamas desaparecían de su cuerpo, siendo reemplazadas por piel suave y lisa.

Muchas preguntas pasaron por la cabeza de Fugo, pero la principal de ellas, ¿por qué Narancia había hecho eso cuando siempre había estado tan orgulloso de la belleza que su lado marino le otorgaba? ¿Que acaso estaba loco? No, debía tener una respuesta lógica para esto, algo que justificara este cambio. 

Más tarde que temprano tuvo claro el por qué de lo sucedido. 

Narancia había esperado suficiente tiempo, lo prudente como para acostumbrarse a este nuevo cuerpo, cuando decidió hacer lo que tanto llevaba queriendo. Separándose del abrazo que se habían estado dando, su rostro se acercó de forma invasora al de su amado príncipe, y no hizo más que sellar aquello que tanto anhelaba con un suave, casi imperceptible roce de labios. 

Fugo tardó un rato en asimilar aquello, más de lo que le hubiera gustado admitir, y es que eso se le hizo demasiado bueno para ser verdad. Fue así que apenas fue consciente del milagro que sucedía frente a sus ojos, solo pudo envolver sus brazos alrededor del cuello de Narancia, y atraerlo para profundizar ese contacto. 

Habían estado anhelando demasiado ese momento, y se notaba que no cabían dudas. Narancia tan solo podía pensar en tenerlo más cerca, en no dejarlo ir, y si la suerte estaba de su lado, subir más la intensidad del beso. Eso, hasta que un brillo inusual comenzó a emanar del cuerpo del ex-tritón, quien sorprendido de lo que sucedía, decidió parar lo que hacía para observar el cambio junto con Fugo quien estaba igual de desconcertado que él. 

Esos instantes fueron algo de otro mundo, una escena que hubiera hecho creer en la magia incluso al alma más escéptica de verlo con sus propios ojos.

La consumación de un hechizo de amor verdadero. 

“Woa-”

“Te amo,” dijo Narancia apenas notó que su cuerpo había terminado de brillar. 

“¿Q-que?” Titubeó Fugo, pero no con una connotación negativa, todo lo contrario, su corazón latía sin parar, estaba más que emocionado al oir lo que tanto había deseado desde que supo que Narancia se había vuelto tan importante para él. 

“Te amo, ¿no me escuchaste?” Lanzándose de nuevo a los brazos de quien ahora era su correspondido, Narancia no dudó en volver a comérselo a besos, alegre no solo de saber que era mutuo, sino que para suerte suya, no había perdido su voz.

Compartiendo besos y pequeñas caricias, ambos amantes no pudieron soltarse en lo que restó de la tarde. Había mucho por conocer de ese mundo que ahora era de los dos, pero sabían bien que tenían una vida entera para explorar juntos. 

Fugo solo podía sonreír mientras compartía la más bella de las miradas amorosas con quien estaba seguro que era el amor de su vida, porque de algo no tenía dudas y eso era que aquella noche tan lejana, buscando morir, había encontró una razón para vivir.

Notes:

"Y vivieron felices para siempre... al menos hasta que Bucciarati se dio cuenta que su hijo se había escapado con un humano."

¡Nos vemos mañana! (◡‿◡ ♡)

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