Work Text:
Día 8: With a taste of your lips, I'm on a ride
Prompt: Descubres una nueva gema
Narancia apreció los bellos ojos rubí que lo observaban con una curiosidad que jamás había visto en sus años como explorador.
En primer lugar, jamás había visto que una gema lo observara… pero ahí estaba, con el era un chico en lugar de la piedra que hace solo minutos atrás había agarrado.
¿Pero qué mierda estaba pasando?
Para muchos de los que lo conocían, Narancia Ghirga era un distinguido ladrón de joyas que estaba bien posicionado en el mercado negro de la compra y venta de estas. Era gracias a su increíble habilidad de rastreo de gemas que muchos compradores anhelaban, que había logrado ese reconocimiento de ser uno de los mejores a la hora de conseguir lo que sea que se le pidiera y eso lo llevaba a este momento.
Tras una enorme suma de dinero de un donador bien acaudalado, a Narancia se le había encomendado la misión de robar un rubí perteneciente a un magnate que vivía alejado del mundo en una isla privada.
Y aunque en un inicio se le dificultó meterse en las instalaciones, una vez dentro se sintió como pez en el agua, aprovechando la situación para no solo ir por su trabajo, sino para llevarse algunas piezas extras que tuvieran el valor suficiente para venderlas.
Había sido un trabajo de lo más sencillo, inclusive encontrar el aclamado rubí de su cliente no fue tarea difícil, se hallaba ridículamente desprotegido en una sala que parecía tener acceso a cualquiera que ingresara; por lo que, confiado en que aquello solo era cuestión de guardarlo y volver a casa, Narancia solo se acercó a tomarlo y retirarse.
Hasta que “eso” hizo acto de presencia.
Primero habían sido los bellos ojos rubí.
Luego fue un rostro precioso con bellos cabellos color plata.
Finalmente lo vio por completo y el calor se disparó a sus mejillas. Una piel nívea cubierta de un traje que no dejaba nada a la imaginación por la notoria escasez de tela en varias partes. Esas áreas descubiertas iban a ser un delirio si seguía observando, esas curvas tan delicadas, esos labios naturalmente rojos…
Y Narancia hubiera seguido embelesado de no ser porque la mano de ese encanto fue directo hacia su garganta. “Quien eres” gruñó la hermosa criatura.
“H-Hola…” rio con cierta torpeza pero sin dejar de observar la belleza del chico que estaba frente suyo. “¿Me podrías soltar?”
“Dime quien eres y lo pensaré, al amo Diavolo no le gusta que haya visitantes inesperados.”
Ahora tenía sentido porque no habían guardias resguardando esa sala, al parecer la joya podría protegerse a sí misma, cosa que en todos sus años de experiencia jamás había visto.
“Mira, no quiero hacerte dañ-” La mano del albino apretó más su cuello. Aquellas uñas afiladas amenazaban con cortar la carne entre sus dedos en un abrir y cerrar de ojos, pero Narancia solo pudo hacer lo que siempre hacía en situaciones de vida o muerte, y era distraer a su enemigo. “Tus ojos son muy lindos.” pudo sentir como el agarre se tensaba aún más, y solo logró tragar en seco. “¿Cómo es que alguien tan bonito acabó acá?”
“De verdad quieres morir.” para ser alguien con una apariencia tan delicada y bella, Narancia se sorprendía lo muy amenazante que podía llegar a ser, y con sinceridad, se sentiría honrado de que le robara la vida, pero este no sería el momento.
“Solo digo que me parece raro que estés acá solo, sin resguardar…”
“Puedo cuidarme por mi cuenta, el amo así lo prefiere.”
“Es un idiota por dejar algo tan especial a solas.” sonrió coquetamente mientras intentaba poner la mejor de sus sonrisas. “Mira, vine a robar el rubí… o bueno tu rubí, no sabía que eras una persona, es la primera vez que veo algo así.”
“¿Robar mi rubí…?” Parecía que aquella distracción había hecho efecto en el bello asesino, ya que decidió soltar su cuello y lo agradecía, estaba comenzando a sentir que se le entumecia.
“Sí, un coleccionista me pidió que te llevara con él, al parecer eres demasiado cotizado.”
“Yo no soy ese rubí, estoy maldito con esa cosa, yo…” el muchacho de ojos rojos parecía haber tenido una revelación, puesto que tras aquellas palabras, su porte amenazante cambió al de cierta curiosidad mezclada de conveniencia. “Mira nombre es Pannacotta Fugo, pero puedes llamarme Fugo.”
Fugo, como así se hacía llamar el chico de la gema, había visto en esta situación una oportunidad única, una que probablemente Narancia en su inocencia no podría ver venir.
“Un gusto, y estoy agradecido de que no me quieras matar.”
Y es que las cosas no eran exactamente como el ladrón las pintaba, todo lo contrario.
“Cuéntame un poco más sobre ese hombre que te contrató, quisiera saber un poco de mi futuro amo.” Fugo decidió tomar las riendas de esta oportunidad que el destino le había dado, al fin y al cabo el chico de ahí se veía fácil de manipular.
“Mmm pues es un hombre inglés, abogado creo… le gustan los objetos de valor y había escuchado de ti por unas leyendas que no me tomé la molestia de escuchar, pero cuando lleguemos a Inglaterra las buscaré si deseas.”
Estaba siendo su día de suerte, si jugaba bien sus cartas, podría sacar provecho de aquella inocencia que su casi héroe tenía.
“Ya veo…” el peliblanco recorrió el cuerpo del ladrón de pies a cabeza, parecía estar inspeccionando algo; sin embargo, Narancia no le tomó tanta importancia, supuso que era debido a que recién se conocían. “¿Y viniste solo?” preguntó Fugo con lo que el pelinegro podía jurar que era una mirada casi lasciva.
“¿Por qué?” No era tan difícil tenerlo en sus manos, con las palabras correctas y Pannacotta podía estar seguro que iba a tener al chico en sus manos, justo como lo necesitaba.
“Es que he estado muy solo en los últimos años, te imaginarás…”
“¿Como así? ¿Y tu amo?” El sonrojo en el rostro del pelinegro lo delató, Fugo sabía que solo debía empujar más. Mantener esa mirada coqueta, acercarse a invadir el espacio personal del chico, mover un poco sus caderas. “Digo, cómo podría alguien dejar a semejante joya preciosa tan solo.”
“No está muy interesado en mí, así que podrás darte cuenta que hace mucho no veo a alguien… menos tan encantador como tú.” halagos, no eran tan difíciles de hacer cuando su víctima era tan bien parecida. Sólo un tonto sería capaz de caer en sus bellos encantos.
“Yo-”
Narancia era fácil de leer, como un libro de kinder. Poniendo sus brazos alrededor de este, Fugo lo miró seductoramente, antes de acercar sus labios contra el otro y besarlo con delicadeza, como si tanteara el terreno.
Y vaya que ese pequeño intento convenció con rapidez al ladrón. Narancia solo atinó a jalar de la cintura al albino y profundizar aquel beso, buscando con desesperación sentir por completo al chico tan precioso que estaba frente suyo.
Fugo no iba a mentir, aquello estaba siendo más grato de lo que se suponía.
Pero eso debía acabar, para el rato que había pasado, Fugo podía estar seguro que el trato estaba hecho. Separándose del pelinegro, le dio una sonrisa de agradecimiento y de pronto la transferencia comenzó.
Narancia no notó aquello, pero todo a su alrededor comenzaba a volverse rojo, rojo y pequeño. El peliblanco no podía aguantar la risa.
“¡¿Qué mierda?!” gritó Narancia cuando abrió los ojos tras el beso, se encontraba el interior de lo que podría ser un salón amoblado, demasiado elegante eso sí, pero no quitaba lo tenebroso de la situación en esos instantes.
Una risa burlesca sonaba afuera del lugar donde se encontraba metido y pudo reconocerla de inmediato.
“No puedo creer que seas tan idiota.” aquel insulto no solo hizo más que enervar los ánimos del ladrón, y es que en parte era cierto, ¿caer tan fácil en una trampa de coqueteo? él era más inteligente que eso.
“Déjame salir pequeña ramer-” Narancia quería terminar de protestar contra su bello, inteligente y odioso captor, pero parecía que el destino tenía otros planes para él.
El sonido de unas alarmas comenzaron a resonar en toda la isla, al parecer habían descubierto su infiltración al complejo y eso solo significaba una cosa: estaba hundido en un grave problema si el dueño de ese sitio los encontraba.
“Creo que tenemos que irnos y tú vienes conmigo.” dijo Fugo tomando aquella gema entre sus manos y acercándose lo suficiente para que Narancia pudiera escucharlo. Al parecer desde dentro de ese pequeño objeto no era difícil mirar al mundo exterior, Pannacotta sabía bien de eso.
Acercándose a la ventana que Narancia previamente había dejado abierta, el peliblanco se acercó al marco y calculó la trayectoria que debería hacer para poder alcanzar el árbol. Esperaba que todos esos años tras su encierro no lo hubieran oxidado.
Tras un respiro profundo y algo de calma interna, Fugo saltó por fin a su libertad.
Leyenda que Narancia no se molestó en leer:
The Soulmate Ruby
Esta gema es tan bella como peligrosa, guarda un secreto que solo aquellos que la han tocado saben de qué se trata, no la toques, no le hables, ni siquiera la mires, su belleza es hipnótica, tanto que podría robarte el alma. Si un día te cruzas con una de sus víctimas, no caigas ante sus engaños o podrías ser el siguiente en su lugar.
