Work Text:
Día 9: At the same time, I wanna hug you, I wanna wrap my hands around your neck
Prompt: A 11 minutos
¡¿Dónde estaba Fugo?! ¡¿Dónde mierda estaba?!
Eso pensaba Narancia mientras lágrimas rodaban por sus mejillas y apretaba la mano de Bucciarati hasta dejarla morada por la presión que ejercía. Lamentaba tener que hacerlo a él su víctima, pero era necesario para aguantar el dolor que esas contracciones estaban causando en ella, si Fugo estuviese a su lado, esto no estuviera pasando.
“Ya está en camino, acabo de hablar con él, llega en once minutos, lo jura” contestó Mista intentando relajar a la chica, pero era en vano, podía jurar que, por la mirada de su amiga, estaba a nada de cometer un homicidio.
“¡Quiero que ese hijo de puta esté acá ahora mismo!” Resonó en las paredes del cuarto, todos los presentes se sobresaltaron, pero continuaron sus intentos por mantener la situación a raya.
“Narancia, calma por favor, eso le hace daño al bebé.”
“¡Cállate maldición, tú no tienes a esta cosa adentro!” Trish bajó los hombros y solo pudo mostrar una expresión de “ Solo decía” mientras volvía a revisar el bolso que tenían en esa habitación de hospital.
“Mira niña, ya va a llegar, cálmate y solo concéntrate en las contracciones que en cualquier momento te van a derivar.” Abbacchio quien intentaba ser el más tranquilo, se puso al lado de Bucciarati para poder relevarlo de su posición, pero parecía imposible puesto que la chica se negaba a soltarlo y apretar esa mano con más fuerza.
“Por dios, lo odio, ¿cómo se le ocurre llegar tarde justo hoy, cuando toda la vida ha sido un jodido maniaco de la puntualidad?” Otra vez más llanto, pero es lo que ella podía hacer mientras intentaba contener el dolor de las contracciones que cada vez eran peores.
“Mira, no debe tardar, solo dale algo de tiempo, todos estamos acá para cualquier emergencia.”
“¡Voy a divorciarme de él si se le ocurre perderse el nacimiento de su hija!”
Fugo apretaba el timón del auto con la mayor impotencia que había sentido en su vida. Y ni qué decir de la ira, era capaz de romper la ventana del conductor que detenía el tráfico solo por joderle el día.
Sin embargo, para su mala suerte, no podía meterse en problemas, eso solo haría que le demorara más su llegada al hospital.
Se sentía terrible, ¿cómo es posible que esté a solo minutos de perderse el día especial de su hija y dejar a Narancia sola? Sabía que no debió aceptar trabajar ese día, no debió confiarse.
Ahora estaba atrapado en ese asqueroso tráfico y el teléfono no dejaba de sonar a cada minuto, cortesía de sus amigos que, a diferencia de él, sí planificaron estar a tiempo para Narancia.
No merecería perdón si no llegaba a tiempo y lo entendería.
“Disculpe señor, ¿de casualidad podría prestarme su celular? Perdí de vista a mis amigos y quisiera llamarlos.” dijo una jovencita de cabello verde y dos brillantes moños, conduciendo una motocicleta con un niño abrazado a su espalda.
“¿No ves que estoy ocupado?” Contestó Fugo casi a ladridos, no estaba para ayudar a nadie, y menos a una adolescente fastidiosa.
“Si claro, se nota… en este tráfico.”
“Mira niña podrías largar-” Fue ahí que su mente hizo conexión, una salida que podría facilitarle el llegar a tiempo. “¿Esa moto tiene combustible?”
Tras otorgar varias disculpas por su comportamiento altanero y rogar que lo ayudara, Fugo intercambió de lugar con la jovencita y le dejó su número para coordinar la devolución de la motocicleta. Agradecía que ella parecía dispuesta y por suerte no se había tomado tan mal su forma de actuar, no al menos tras saber la urgencia por la que estaba pasando.
Colocándose el casco de seguridad, intentó recordar las breves lecciones de manejo que tuvo cuando comenzó a salir con Narancia.
Esperaba que las recordara bien.
“Jolyne, creo que debimos decirle que la motocicleta era robada, ¿eso no lo meterá en problemas?” mencionó el pequeño niño que la acompañaba, tras ponerse el cinturón de seguridad.
“Tendrá más si no llega.” sonrió la peliverde mientras se recostaba en los suaves asientos del coche familiar que le tocaba resguardar.
Fugo bajó corriendo de la motocicleta, su aspecto era más que deplorable para un hombre que supuestamente era uno de los principales abogados del Buffet del conocidísimo Dio Brando, pero eso no importaba en esos instantes.
“¡Narancia Ghirga, habitación, ahora!” gritó a la pobre enfermera que estaba sentada en la entrada del hospital.
“¡Fugo!” Mista lo llamó agitado desde las escaleras, al parecer había estado haciendo guardia hasta que llegara. “Narancia ya entró hace un par de minutos, está en el tercer piso, corre que te están esperando, Abbacchio ha intentado retrasarlos lo más posible.”
Haciendo un gesto de comprender, el rubio corrió todo lo que sus piernas le daban, esquivando a toda persona que se cruzara en su camino. No fue hasta que vio al resto de sus amigos que supo dónde estaba sucediendo.
“Rápido, acaba de entrar.” Bucciarati parecía tener la mano envuelta en vendas, pese a ello, ayudó a su amigo a colocarse la bata de protección.
“Oh por Dios seré padre.” dijo Pannacotta ansioso, de pronto acababa de darse cuenta de la realidad de la situación, como había llegado el momento.
“Fugo cállate y entra.” ordenó Abbacchio a regañadientes y empujando al muchacho a la puerta.
“Seré papá.” Todos los presentes rodaron los ojos más molestos que comprensivos en esos instantes.
“¡Entra maldita sea!” Gritó Giorno jalando a Fugo al interior de la sala de espera.
En la cama de un hospital, se encontraba la bella figura de Narancia que sostenía con delicadeza entre sus brazos a un diminuto ser envuelto en una manta.
“No puedo creerlo, es tan pequeña… tan bonita.” lloraba la muchacha pelinegra mientras sus ojos buscaban el consuelo de su marido.
“Sigo sin creer que nosotros hicimos algo tan adorable.” reía Fugo nerviosamente mientras acariciaba el cabello de la chica. “¿Narancia?”
“¿Sí?” Narancia giró su rostro lleno de lágrimas para ver al otro. El corazón de Pannacotta se estrujó al verla así, tan bella y emocionada, le resultaba algo gracioso y casi irónico que hace tan solo unas horas amenazaba con matarlo.
“Siento casi haberme perdido esto, sé que me necesitabas y debí ser más cuidadoso con mis tiempos, soy un idiota…”
“Sí que fuiste un idiota.” el ambiente era tranquilo, feliz, familiar. Narancia no pudo evitar sonreír. “Pero lo importante es que llegaste a tiempo.” Limpiándose esas gotas con el dorso de su mano, puso toda su atención en la pequeña criatura que estaba acurrucada en su pecho. “No puedo creer que sea tan tranquila.”
“Espera que despierte y serás la primera en decir que es igual a los dos.”
“Si hablamos de parecidos, esta niña es una copia tuya, por cierto. No sabes cómo estuvo de exigente en las últimas horas”
“¿Ah sí? Creí que era algo común de ti.”
“Eres un idiota.” Acercando su rostro al del chico, Narancia le dio un suave pero rápido beso en los labios a su esposo antes de ser interrumpidos por el tumulto de amigos que tenían.
“¡Quiero ser el primero en verla!” gritó Mista acercándose a la pareja con un oso gigante.
“Cállate que la vas a despertar.” Susurró Trish pegándole un zape al chico y tomando la delantera.
Sí, esa niña iba a crecer con una enorme familia, no había nada más que pudieran pedir Fugo y Narancia.
“Narancia, quiero otro…”
