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Es increíble cuantas cosas Luzu se había perdido al estar fuera de Karmaland por tan poco tiempo; la supuesta muerte de Titi, la decadencia de la salud mental de Rubius, la aparición del volcán en medio del pueblo y, la entusiasmada llegada de un tal druida con el nombre de ‘Sapo Peta’.
No tenía idea quien era, pero se había besado con Quackity. O eso era lo que mencionaba la carta de mierda que sostenía entre sus manos con cuidado, pues cualquier desliz y la terminaría destruyendo por completo.
Las palabras de la carta eran amigables y cordiales, invitándole a conocerse y tener una plática amena entre los dos, lo cual contrastaba con los pedazos de literalmente mierda colocados alrededor de un vino.
Luzu no podía entender si el tipo de mensaje que el tal Sapo Peta intentaba enviar era algo amenazante o simplemente era un estúpido que no cuidaba sus palabras, pero cualquiera que fuera la realidad no le agradaba para nada. En especial la mención del beso con Quackity, ¿Cuál era el punto de eso? Luzu solo podía imaginarse que era una broma de mal gusto pero incluso eso lo hizo enfadar más. Sentía que con la primera interacción que tuvieran le arrancaría la cabeza del enojo.
Luzu aventó todo menos la carta al lago, viendo como los objetos se hundían en el agua y evitando pensar en la probabilidad de que lo escrito en la carta no fuera una broma. El miedo y ansiedad que esto traía era demasiado, y prefirió ocultarlo en lo más recóndito de su cabeza para seguir con su día. Después de todo, se reuniría con Quackity por primera vez en un mes entero.
Asi que fue corriendo, tridente en mano y lanzándolo hasta llegar a lo alto de la pirámide, donde Quackity se sobresaltó al escuchar su voz. Luzu notó como miraba de un lado para el otro, más nervioso por lo habitual y haciendo bromas aquí y allá sobre algo inentendible.
Luzu observó como Quackity se apoyaba en contra de un cartel, agitado y escupiendo sobre como nunca le haría daño cuando Luzu simplemente había preguntado que hacia la caja debajo de sus pies.
“Yo nunca te seria infiel,” Murmuró Quackity.
Era claramente un chiste, una broma sin más, pero Luzu no pudo evitar el sentimiento que se formaba en su pecho al pensar que tal vez, solo tal vez, la relación podría transformarse en algo más formal.
Claro, Luzu sabia mejor que nadie que el alimentar ese tipo de pensamientos era un movimiento estúpido, en especial cuando el otro nunca le dio una indicativa de que sus sentimientos fueran correspondidos, pero eso no detenía el palpitar de su corazón cada vez que veía al otro sonreír. El sentimiento de solo verlo lo arrastraba una y otra vez de una manera aterradora que lo consumía por completo.
Y ese día no fue la excepción. Después de estar en las minas y hacer el tonto de aquí para allá, Quackity le había pedido dormir junto a él. Era una petición lo suficiente inocente, algo perfectamente normal entre amigos que habían hecho cientos de veces entre ellos y otros héroes de Karmaland. Pero esta vez era distinto, había pasado tanto tiempo que el estar tan cercas del otro hacia acelerar el corazón de Luzu.
Quackity tenía los ojos cerrados y Luzu aprovechó para observarlo detenidamente. Su cara estaba relajada, sus facciones suaves en comparación a cuando gritaba y se exaltaba por todo.
Luzu tenía ganas de tocarle, de sentir sus manos contra su cabello o simplemente rozar sus dedos y aprender la textura de su cara.
Cuando alzó una mano para alcanzarle, Quackity de repente abrió los ojos por completo y Luzu dio un pequeño salto, asustado por la situación inesperada.
“¿Qué paso?” Dijo Quackity, una mirada extrañada retratándolo y mirando directamente al alma de Luzu.
“Nada.” Retrajo su mano, de pronto sintiéndose avergonzado.
“¿Qué querías hacer?” Exigió, pero todavía tenía un tono divertido en voz, como si hubiera encontrado algo de lo que burlarse. “Querías manosearme, ¿verdad?”
“Que no, Quackity, ya duérmete.” Luzu se volteó hacia el lado contrario, suspirando al ser encontrado y expuesto de tal manera.
“Ya te dije que si eso es lo que quieres entonces agéndalo para después.”
Luzu rio en respuesta, la idea de agendar con horario y día una reunión para tener sexo como si fuera una cita con el doctor siendo demasiado graciosa. “No prometas promesas que no puedes mantener, Quackity.”
“Ay,” Gimió falsamente, “Claro que no, Luzu. Tu sabes que aquí voy estar siempre para ti.”
Eso hizo que Luzu soltara una risa nasal y Quackity chasqueó su lengua en respuesta, molesto al ver que el otro no le tomaba en serio sus palabras. Esto último tenía algo de veracidad, pues Luzu quería creer en las palabras de Quackity, pero se sentía inseguro, como si en el momento en el confiara en ellas todo a su alrededor se rompería y solo lo dejaría con una cicatriz más.
Los dos habían finalizado el día como lo hicieron al empezarlo; con bromas y de forma cariñosa, un flirteo que rebotaba entre los dos en distintas replicas y terminaban en insultos que parecían más apodos amorosos.
Luzu había llegado a casa ya hacia unas horas y se encontraba organizando sus cofres, depositando todos los materiales que habían encontrado en las cuevas, pero noto que le hacía falta uno de sus artefactos. Más especifico, su imán. Lo cual era bastante raro porque estaba seguro de haberlo tenido puesto al salir de las minas, por lo que la única posibilidad es que se hubiera dejado el pequeño objeto en la cama de Quackity.
Esto no era un problema, pues se sabía que Quackity era una persona nocturna, por lo regular desvelándose hasta la madrugada. Además, Luzu no pudo evitar pensar que sería la excusa perfecta para visitarlo de nuevo. Habían partido hacia poco tiempo, pero el estar tanto tiempo sin verlo, la promesa de reencontrarse lo hacía entusiasmarse.
Joder, de verdad no podía estar ni un segundo sin él.
Una vez que llegó a la casa de Quackity removió los bloques de tierra que servían como entrada principal, pues Quackity habia mostrado molestia al haberse subido a los arboles con tridente.
Entró sigilosamente – en afán de no despertarle si se le había ocurrido dormirse – y pudo notar que Quackity hablaba con alguien en lo alto de los árboles, sentado y piernas colgando en una de las ramas.
Luzu quiso gritar su nombre para hacerse notar, pero algo que mencionó Quackity le hizo detenerse.
“Estaba a punto de retirarme, Sapo Peta,” Su voz era casi un murmuro, delicada y suave, algo que Luzu nunca había escuchado antes y estaba seguro que no podría escuchar si la noche no fuera tan silenciosa, “No sin antes dedicarle algunas palabras.”
“Si, Quackity, soy todo oídos.” Contestó el otro hombre – Sapo Peta – quien su voz se escuchaba expectante y baja, intensidad carnal en la punta de su lengua.
Luzu sintió un escalofrió recorrerle la espalda. No le gustaba para nada la forma en la que el otro hablaba le hablaba a Quackity.
Enfocó su vista a las figuras obscuras que estaban en lo alto, y vio como Quackity se levantó, gritando y discutiendo con Sapo Peta, llamándole zorra y de haber visitado a otras personas con motivos no tan inocentes.
Luzu empezó a sudar en frio cuando esas oraciones se combinaron con cosas como “lo nuestro” y “pensé que era fiel”, pero no fue hasta que escuchó su propio nombre ser mencionado cunado se congeló. Sus pies estancados en la arena por completo como si se tratasen de arenas movedizas.
Su mente trató lo mejor que pudo de mantenerse estable y al corriente con las palabras intercambiadas pero falló al ser un shock tan grande. Las oraciones de la carta y las que todavía se producían de la boca de Quackity se mezclaban en su cabeza, flotando y repitiéndose constantemente en su mente y deteniéndose de repente al escuchar otra parte de la conversación.
“No sabía que tú y el…” Sapo peta parecía avergonzado, casi triste ante la insinuación.
“¿No? ¡No! ¿Cómo que yo y él? ¡Más bien tú y el!”
Ouch.
Eso había dolido.
Demasiado para solo ser menos de diez palabras y que ni si quiera fueran dirigidas directamente a él.
Sin poder hacer mucho, siguió mirando el intercambio de palabras, los dos hombres acercándose cada vez más entre si al punto de que sus cuerpos se juntaron bajo la luna y las estrellas iluminaban un beso entre los dos.
A Luzu le recordaba a las típicas películas ochenteras románticas en las que los dos protagonistas corrían a los brazos de los otros en una noche y compartían un beso apresurado, como si el otro fuera lo único en este mundo.
Luzu sintió como su corazón se hacía añicos, la ola de esperanza que había tenido esa tarde transformándose en horror y angustia. Cerró los ojos por un momento, siendo incapaz de seguir mirando y deseó que el mundo llegara a su fin en ese mismo instante. Lamentablemente, no fue así, y en vez de eso los abrió en un instante al escuchar el pequeño sonido que escapó de la boca de Quackity al disfrutar demasiado de las caricias del otro. El ruido vibró contra sus oídos, haciéndolo estremecer en dolor.
Los dos – La pareja – se separó, despidiéndose no sin antes que Sapo Peta le preguntara sobre si el regalo había sido de su agradado, a lo que Quackity contestó con alegría “Me encanto, es más, lo puse en mi cofre con código.”
Luzu estaba seguro que había escuchado la misma frase hace ya bastante tiempo, en la primera pelea que habían tenido en la que Quackity había hecho una promesa de nuevo.
Lo que pasó a partir de ahí es algo confuso, Luzu se movió como si estuviera en automático, paso por paso hasta regresar a casa sin estar muy seguro de como sucedió, y ya estando ahí, cerró las puertas detrás de él, dejando su espalda caer contra ella.
Su primer instinto fue reír. Era una risa rasposa y seca que hacía eco en las paredes solitarias de su casa, ¿De qué otra forma podría reaccionar ante algo tan absurdo como lo que presenció?
Como si su cuerpo le quisiera responder, Luzu empezó a deslizarse involuntariamente hacia abajo hasta sentarse en el piso, acurrucándose al colocar sus piernas hasta su pecha y enterrar su cara en sus rodillas. Se sentía estúpido e insignificante.
Le sorprendía que tan emocionalmente débil se sintiera, como su cabeza y cuerpo se habían apagado por completo y se rehusaban a prender o usarse de la forma en la que quería.
Luzu era débil cuando se trataba de la gente que amaba.
Era débil cuando se trataba de Quackity.
Siempre iba y terminaba preocupándose demasiado por las personas, poniéndolas delante de si mismo y siendo sus prioridades sus últimas necesidades. Y aun así nunca era suficiente para nadie, solo resultando en lo que ya sabía; heridas que tardaban más de lo necesario en curar.
Luzu logró levantarse, cansado y con miedo de quedarse dormido en el piso y amanecer peor de lo que ya estaba. Llegó hacia la cama y se derrumbó sobre las colchas, no queriendo si quiera gastar energía o tiempo para destender la cama y prefiriendo concentrarse en el subir y bajar de su propia respiración.
Se preguntó un par de veces sobre cuánto tiempo Quackity había tenido estos sentimientos sobre Sapo Peta, si eran genuinos o no, y si Quackity alguna vez pensó en él como una posible pareja romántica.
Pero nunca pudo llegar a una respuesta, el dolor de lo que vio y escuchó siendo demasiado para él.
Ese había sido un día bastante difícil. Un par de días difíciles, de hecho.
Hacía varios días que Luzu no habia visto a Quackity y estaba intentando concentrarse en su jardín, en conseguir artefactos y recorrer cuevas por su cuenta, buscando cualquier distracción para ocupar su mente en otra cosa que no fuera la persona con la que estaba a punto de reunirse ahora mismo.
Luzu sabía que era un idiota. Ese tipo de idiota al cual si llamaban iría corriendo sin importar que.
“¡Luzu!” Gritó a la distancia Quackity, alzando una mano para saludarle mientras alargaba su nombre al acercarse.
Era una simple palabra, un nombre, y era todo lo que necesitaba para sentir como si un meteorito se estrellara contra él y lo dejara sin resto mínimo de felicidad. Era solo dolor, fragmentos rotos de un sentimiento que nunca seria reciproco.
Aun así, Luzu se vio con la obligación de sonreír al recibirlo, dejando de lado todo para complacer a la persona que tenia de frente una vez más.
