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Día 21: She's just the girl I'm lookin' for
Prompt: Todo fue una mentira
No quería suponer cosas, ella detestaba adelantarse a los hechos cuando no había pruebas concretas de las cosas que sucedían o se decían.
Sin embargo, para Fugo, no había mayor evidencia de que alguien podía odiarla que el que ese alguien hablara mal de ella a sus espaldas. Solo un cobarde sería capaz de soltar todos sus verdaderos pensamientos cuando una persona no estaba, en lugar de decírselo a la cara. Teniendo eso en cuenta, decir que su decepción era inmensa se quedaba corto. Más cuando quien hablaba de ella con tal tranquilidad era Narancia.
El chico al que ella consideraba su amigo más cercano y que sin duda alguna, se había ganado su corazón.
O al menos hasta ese instante, hasta esa mañana donde tras despertar para dirigirse a desayunar, pudo escucharlo hablando con alguien desde la cocina.
"...¡No sé cómo decirle que ya no soporto esas clases! Me está volviendo loco tener que sentarme con ella dos horas al día cada puto día…"
No es que ella fuera una entrometida, pero tras aquella frase, no pudo evitar sentirse aludida, dado que en el último par de meses había logrado conseguir junto a Narancia, un récord de estudiar juntos a diario sin peleas de por medio.
"Solo dile que no te gustan las clases, va a ser creíble." La inconfundible voz de Mista se hizo escuchar, y eso solo la ponía peor al reforzar la teoría de que ella era el centro de atención de esa conversación.
"Si lo hago, la próxima vez que tengamos una misión juntos va a encontrar la forma de tratar de hacerme usar matemáticas, y si no lo hago bien me va a llamar idiota hasta que le quiera arrancar la cabeza."
Fue ahí que supo que no había duda alguna, esa conversación era sobre ella.
De que Narancia no la aguantaba.
De que la odiaba.
De lo agresiva que podía ser.
¿Desde cuando Narancia había estado sintiéndose de esa manera al estar a su lado? ¿Tanto la odiaba que no podía decírselo en su cara? ¿Por qué tomarse la molestia de fingir que todo estaba bien entre ellos y luego hablar así a sus espaldas?
La rubia apretó los puños hasta que sintió que sus manos dolían. Sus uñas se clavaban en la delicada piel de sus palmas y aunque podía estar segura de que se había hecho daño, dio un suspiro y retornó a su habitación. No iba a dejar que eso le afectara frente a él, no iba a darle el gusto.
Aquella mañana Fugo no salió de su habitación, mucho menos cuando tocó la hora del almuerzo con el resto del grupo. Pudo escuchar como Bucciarati se acercó a dejarle un plato de comida fuera del cuarto, pero era en vano, Fugo tenía el estómago hecho un nudo.. Había invertido todo ese tiempo en pensar qué había hecho mal, si acaso era por su apariencia, ¿o es que su personalidad le resultaba tan repelente al chico que no podía aguantarla?
Fuera lo que fuera, no evitaba que se sintiera una completa basura. Sí, sabía que era insoportable, ¿como siquiera pudo pensar en la idea de que un chico como Narancia se fijara en ella? Solo sabía reaccionar con agresividad, ser una mandona, una completa bomba de tiempo que amenazaba con estallarle en la cara a la persona que siquiera se atreviera a soñar en tener una cita con ella.
No le cabía duda, esas palabras eran ciertas.
Pero eso no significaba que Narancia iba a salir bien parado de lo que dijo.
Sí, iban a tener clases sin importar si su estado anímico le gritaba que se detuviera si no deseaba acabar mal.
Y ahí estaba, leyendo un libro de quien sabe que podría tratar, la realidad era que hace rato seguía en la misma página esperando a que el susodicho llegara a su lección del día, y siendo las 4:50 de la tarde, ella solo esperaba que no se apareciera por su propio bienestar.
Lamentablemente, si había algo que Narancia había hecho bien ese par de meses era llegar al punto de encuentro con anticipación.
Eso solo le hacía preguntarse si acaso realmente existía un verdadero interés, o solo fue imaginación suya todo ese tiempo.
Con una peculiar felicidad en su rostro, el pelinegro se dirigió a la mesa que compartían, y decidió sentarse lo más cerca posible a ella, cosa que no hizo más que fastidiarla. ¿Que pretendía con eso? ¿seguir jugando con sus sentimientos? No, él la odiaba. Además seguro no era capaz de idear un plan tan detallado para atormentarla, no tenía la suficiente inteligencia para eso.
“Otra vez a tiempo.” Sonreía Narancia mientras abría su cuaderno de apuntes. “¿Qué haremos hoy?
Fugo decidió no responder a sus falsas muestras de cortesía, iba directo al punto como había pensado desde esa mañana.
"Bien, ¿recuerdas lo que vimos durante la lección pasada?
"Bueno…" murmuró, rascándose la nuca en un gesto nervioso. "La verdad no."
"Por supuesto que no,” contestó la rubia con un sarcasmo más que hiriente. Aquello pareció borrarle la sonrisa de la cara al chico, porque solo pudo atinar a bajar la mirada a su cuaderno y confundido, dijo lo primero que vio.
"Estábamos viendo fracciones."
"Bien. ¿Recuerdas qué es un denominador?"
El silencio volvió al ambiente, Narancia tragó en seco tratando concretar una explicación sobre ese tema. Sin embargo la respuesta no llegaba, y la chica solo parecía desesperarse por la espera.
“Es… el número que va arriba… creo, con eso puedes dividir en decimales.” Narancia solo se ponía más nervioso, y no ayudaba que a medida que continuaba con su explicación, ella parecía más furiosa.
Fue ahí que Fugo se levantó con fuerza de su sitio, tomó sus libros y le arrancó abruptamente el cuaderno de las manos. No hacía falta decir que Narancia entendía poco o nada de su inesperada actitud.
"¡Ya estoy harta de perder mi tiempo con esto!" Declaró la chica, con la mirada enfurecida.
“Fugo, realmente lo estoy intentando...” Fugo estaba comenzando a jugar con los límites de su paciencia, pero Narancia sabía que no debía dejarse provocar, realmente lo habían estado haciendo bien en estos últimos meses y no quería arruinarlo con un estallido. “Si tan solo me explicaras de nuevo tal vez-”
"¿Para qué? Tu diminuto cerebro no retiene nada de lo que digo. Sería más productivo enseñarle a un perro."
"Cállate…” Narancia se sentía confundido, herido. ¿Por qué estaba tratándolo así? Si no había hecho nada más que escucharla desde que llegó, no era su culpa el no poder retener mucha información, sabía que era un dolor de cabeza enseñarle, pero tanta hostilidad comenzaba a abrumarlo. Se forzó a tomar aire y contar hasta tres antes de responder, no quería pelear. “Si me explicas otra vez, puedo-”
"No. Se acabó. Pero deberías alegrarte, ¿no? Los dos sabemos que odias estás clases."
"¡Nunca dije eso!" Cada minuto que pasaba, el corazón de Narancia se estrujaba más. Sí, él también era explosivo, pero más allá de esforzarse con sus estudios, estaba intentando ser un mejor chico para ella. ¿Acaso eso no era suficiente? Imaginaba que no, porque solo recibía recriminaciones de la otra.
"Oh, pero se te nota. No te preocupes, sé que la escuela no es para ti. Antes de conocerte no entendía cómo alguien puede ir por la vida siendo un completo imbécil, pero supongo que algunas personas son felices con eso.” Venenosa, en esos instantes de los lindos labios de Fugo solo salían los más crueles insultos contra él, esto superaba el terreno de la humillación, se estaba volviendo personal y no iba a darle el placer de verlo llorar. “Anda, sigue pegándote a alguien con cerebro como un parásito. La lástima es un excelente método de supervivencia. Hasta ahora te ha funcionado, ¿no?"
No, en esos momentos Narancia había olvidado por completo que quería ser un buen hombre, mucho menos un buen amigo.
Ella solo estaba siendo agresiva, odiosa, y no sabía a que podía deberse, pero se había hartado de contener esa rabia que estaba en punto de ebullición. Su mirada burlesca fue la gota que derramó el vaso.
Era preciosa, pero él no era de piedra.
Fue ahí que las cosas comenzaron a suceder demasiado rápido como para poder asimilarlo.
Solo sabe que le lanzó el primer libro que tenía cerca, luego un lápiz.
Para cuando se dio cuenta, estaban en el piso forcejeando y los gritos no se hicieron esperar. Narancia realmente no quería pegarle, pero era difícil cuando la tenía encima dando golpes a diestra y siniestra sin considerar la agresividad con la que atacaba.
Era una completa fiera en vida y aunque él sabía que seguía más que enamorado, no podía dejar de pensar en lo que le dijo, ¿realmente pensaba que solo era un idiota sin remedio?
Sintió que su rostro ardía, no quiso jalarle el cabello, mucho menos empujarla. Sintió miedo al verla acercar sus uñas hacia sus mejillas.
“¡Te odio, te odio, no te vuelvas a acercar a mi en tu patética vida!” Gritaba la rubia atestando un certero puñetazo en su ojo. Narancia pensaba si se lo merecía, si acaso hizo algo para enojarla.
Lo que fuera, tal vez era verdad.
Todos se rendían con él, tarde o temprano ella también lo haría.
Y eso le dolía más que todos los golpes que podía recibir.
Luego la adrenalina comenzó a bajar, no gracias a ninguno era claro, sino porque era cuestión de tiempo para que alguno de los otros chicos escucharan esa batalla desde fuera del cuarto de estudios.
Después de eso Narancia no recordaba nada más, solo que cuando los separaron, Abbacchio y Giorno se lo llevaron a rastras, mientras Bucciarati retenía a la chica que parecía no tener cuando calmarse.
Lo siguiente que supo fue que acabó llorando esa tarde en la habitación de Trish, ¿qué era lo que había sucedido?
Todos se habían retirado del estudio, cuando Bucciarati tuvo que recurrir a Sticky Fingers para poder jalar a Fugo a su habitación, y sin embargo, ella se negaba a detener la furia que la consumía más a cada segundo que pasaba.
Mientras la dejaba a solas unos minutos en su cuarto, esperando encontrarla un poco más tranquila al regresar, Abbacchio le explicó a grandes rasgos lo sucedido. Al parecer, Fugo había iniciado la pelea. Antes de volver a su habitación, tomó aire, intentando juntar toda la paciencia y comprensión que necesitaba para momentos así, y sentó a la menor en la cama solo para pararse frente a ella y regañarla.
"¿Qué diablos está mal contigo?" Aquello probablemente estaba saliendo más rudo de lo que esperaba, pero era lo único que podía hacer cuando vio el estado en que la joven dejó a su amigo.
Fugo soltó una risa amarga, en su mente había una clara respuesta “ todo está mal conmigo por eso mismo Narancia no me soporta ,” pero lo único que pudo decir fue “Hasta ahora preguntas? Todos sabemos que soy un monstruo.”
“No. A veces tu carácter es un poco… complicado. Pero tú no eres así. ¿Narancia te hizo algo?” Abriendo el botiquín que aprovechó en traer por el camino, sacó algo de algodón y alcohol para limpiarle la pequeña herida que tenía abierta en su cabeza, seguro se la había hecho entre todo el forcejeo.
Encogiéndose de hombros, volvió a su mente la conversación que había iniciado aquella pelea. Luego de recordar cómo había dejado el rostro de Narancia ensangrentado, no le cabían dudas de que esas palabras que escuchó eran más que razonables. “No realmente…”
Quedaron en silencio por un rato, solo podía escucharse como Bucciarati pasaba el algodón por el rostro abatido de la despeinada rubia que parecía de a pocos ir disipando su molestía y solo llenarse de frustración.
“Ya está.” Colocando una gasa, el mayor se levantó del lado de la otra dispuesto a retirarse, pero no sin antes agregar un último consejo. “Discúlpate con él”
"No me va a perdonar."
"Si decide hacerlo o no, eso es cosa de él. Pero le debes una disculpa por todo lo que le dijiste."
Tal vez tenía razón, tal vez no. Fugo tenía su orgullo y Narancia lo había lastimado; sin embargo, posiblemente se había excedido al descargar su enojo de esa forma, más cuando él no quiso seguirle la pelea.
Tras pensar por un rato si acaso debía disculparse, la chica optó por, para bien o para mal, tratar de cerrar ese incidente e ir a la habitación de Narancia con cero expectativas de arreglar la relación de ambos. Incluso si no quería ser pesimista, sabía bien que cualquier otra persona en el lugar de Narancia preferiría alejarse en lugar de aguantarla por más tiempo después de algo así.
Dirigiéndose a la habitación del pelinegro, estuvo a nada de ingresar directamente, cuando escuchó su conocida voz viniendo de la habitación de Trish. “ Claro, porque obviamente iba a estar con ella ,” pensó con cierto fastidio. Era otro recordatorio de por qué él jamás podría considerarla igual a otras chicas.
Aquello solo le hizo querer retirarse, y estuvo a nada de hacerlo hasta que prestó atención a la conversación que estaban teniendo.
"...pero todo lo que dijo es cierto." La voz de Narancia sonaba afligida, llena de dolor. Fugo se preguntó si acaso se podía deber a las heridas que le había causado. “Solo soy un idiota, no sé por qué pude imaginar que ella-”
“Tal vez podrías ir a hablarlo cuando las cosas se hayan calmado.”
“No, ella me odia, me lo dejó muy claro y seguro es porque no soy más que un imbécil que jamás podrá entender una simple clase. Sabía que acabaría rindiéndose conmigo.” El corazón de la rubia se estrujó, si su intención había sido herir los sentimientos de su amigo, lo había logrado sin duda alguna. Se sintió mil veces peor persona, pues sabía lo muy delicado que era ese tema para él.
“Mira, dale algo de tiempo y seguro volverán como antes, algo ha tenido que sucederle.” No podía creer que Trish estaba dando fe por ella, no creía merecerlo.
“No lo creo, se veía muy furiosa.”
Fugo sintió demasiada culpa, no tenía otra opción más que intervenir. Sin siquiera tomarse el tiempo para tocar, la chica entró directamente y la escena no hizo más que disgustarle ya que el muchacho se encontraba recostado con la cabeza en el regazo de la pelirosa, pero decidió que no era momento de hacer otra pelea y menos con Trish.
“¿Interrumpo?” En cuanto las palabras dejaron su boca, Fugo sintió una nueva oleada de autodesprecio por la acidez impresa en ella. Ni siquiera en una situación así podía contener su carácter de mierda, al parecer.
“Los dejo solos. Supongo que tienen mucho que hablar,” dijo Trish, levantándose de su propia cama. No tenía que ser una experta como para saber que no era bienvenida en su habitación en esos instantes, y esos dos necesitaban hablar a solas.
“Tris-” Narancia quiso llamarla pero fue demasiado tarde, se había quedado a solas con su mejor amiga.
“Yo…”
“No necesitas decir nada, tenías razón, no voy a volver a acercarme a ti, sé que me odias.” Esas palabras le dolían, no solo era porque Ghirga insinuaba que no iba a mantener contacto con ella, sino porque recién se daba cuenta lo mal que había dejado al chico. Un ojo morado, el labio inferior roto, unos de sus pómulos tenía un hematoma… y sin contar que se notaba en su mirada que había estado llorando.
“Narancia… de verdad lo siento,” susurró Fugo mientras se acercaba con cierto miedo. No lo iba a culpar si la odiaba igualmente o sentía temor.
“No, yo-”
"No eres estúpido. Solo lo dije porque estaba molesta contigo."
"¿Qué hice esta vez?" El pelinegro parecía reacio a creer que no había sido el causante de esa pelea.
"Nada. No hiciste nada realmente. Tenías razón en lo que dijiste."
Y es que Nara realmente se veía confundido, porque no tenía idea de que había dicho esa vez para cagarla de esa forma.
"No sé que dije, pero no lo dije en serio. Sabes que soy un estúpido y..." Ahí iba otra vez, rogándole perdón a Fugo, porque la realidad es que no le importaba si no había hecho nada, solo quería que ella lo perdonara.
"Te escuché hablar con Mista."
Entonces todo comenzó a tener sentido para él. El por qué actuaba tan rara, tan evasiva… tan asqueada.
"Oh, eso." Su rostro se encendió de vergüenza, no sabía si era por dejar en evidencia su crush por ella, o porque sabía que ella no iba a corresponderle tras sus obvias reacciones.
"Sí. Eso ."
"¿Entonces te enojó escuchar... eso?” Las palabras comenzaban a atascarse en su garganta, pero intentaba mostrarse tranquilo, ya luego iba a tener tiempo de llorar. Por mientras, solo podía intentar arreglar las cosas.
"Por supuesto que sí. ¿Qué esperabas? Yo creí que éramos amigos… Que me veías como tu amiga. Y resulta que no, que tú veías las cosas de otra forma, que todo era una mentira.”
Nara agachó el rostro, sintiéndose incapaz de sostenerle la mirada. Las reclamaciones eran justas, sí, pero realmente esa no había sido su intención.
Él de verdad, de verdad había tratado de evitar enamorarse de su mejor amiga. ¿O acaso debía comenzar a llamarla ex-mejor amiga?
"¿Crees que podamos seguir siendo amigos?"
"Creí que no querías eso"
"Bueno, no es lo que quiero, pero tampoco quiero perderte." O algo así. Narancia se estaba forzando a sonreír, ¿qué más podía hacer en esos momentos? Sabía bien que la chica oficialmente estaba fuera de su liga, pero por no se iría con las manos vacías, con recuperarla como su amiga se sentía satisfecho. “Solo por favor, si un día consigues novio, que no sea un imbécil, y no me lo restriegues en la cara.” Trató de hacerlo sonar como una broma para aligerar el ambiente, pero dándose cuenta de que probablemente solo estaba empeorando su caso, se arrepintió de inmediato.
Decir que el rostro de Fugo no cambió abruptamente tras sus palabras sería mentir. La rubia se lo quedó mirando con un completo vacío y confusión, como si intentara interpretar lo que le acababa de decir y para Narancia era extraña esa sensación. Normalmente era él quien se demoraba en contestar cuando las cosas eran dichas. ¿Ahora sí la había cagado de verdad?
“¡¿Qué?!" Se sobresaltó la chica y eso solo le causó más incomodidad, no quería malograr su relación.
"¡Olvídalo! Eso es mi problema. Perdón…"
Otra vez ella entraba en esa espiral de pensamiento. Fugo no sabía a qué se debían estas declaraciones, y es que de pronto, sus recuerdos la volvieron a traer a esa mañana, a ese condenada conversación que la empujó a tal crisis. Narancia había dicho que no aguantaba tenerla a su lado en clases, eso solo podía significar por conclusión que no la quería a ella… ¿verdad? No quería admitirlo, pero tal vez esas palabras comenzaban a tener más significado a medida que la rabia de su mente se disipaba, tal vez ella se precipitó al sacar conclusiones.
Su rostro comenzó a acalorarse, aquella diminuta posibilidad no solo la ilusionaba sino que también la hacía quedar como una idiota, y no le agradabla, era la peor parte de su personalidad.
Con temor, y decidida a que no podía humillarse más que lo que ya había hecho a lo largo del día, la chica decidió pronunciar esas palabras que tanto miedo le daban.
"¿Te gusto?"
Narancia solo la miraba igual de confundido que ella, tal vez más.
"¿Pues por eso estás enojada conmigo, no?"
"Pero… Te escuché decir que no soportabas estar conmigo."
"Sí. Porque me muero de ganas de besarte." Narancia también se estaba haciendo una idea de lo que estaba pasando. Cómo en una esas comedias románticas de Mista, Fugo solo había escuchado una parte de la conversación. Pensar en lo horribles que sonaban muchas de las cosas que dijo fuera de contexto hizo que se le revolviera el estómago. Ahora sí que entendía por qué Fugo se había puesto así.
Fugo, por otro lado, estaba deseando en esos momentos era que la tierra se la tragara y eso sería poco para compensar todas las atrocidades que había hecho a lo largo del día. Se odiaba. No podía ser que su mente se había nublado a tal punto, no podía ser que se jactaba de ser de las mentes más brillantes del equipo y sin embargo…
"Yo… Dios, soy tan estúpida. Ahora entiendo por qué no quieres pasar tiempo conmigo. No te culpo." Atinó a decir con la voz casi aguda amenazando en desaparecer en cualquier momento, no solo estaba nerviosa, sino que deseaba llorar por lo que fue capaz de hacer tras un malentendido.
“No entiendo…”
“Mereces algo mucho mejor Narancia, soy una horrible persona, mira lo que te hice, yo-” Sus ojos violetas comenzaban a llenarse de lágrimas, más viendo las heridas en el rostro del chico que supuestamente le gustaba. Nadie capaz de sentir un amor que se decía sano podía ocasionar algo así. Narancia debía odiarla, no rogar por amistad y mucho menos declararle sus sentimientos, no era merecedora de eso.
“Fugo-”
“No entiendo por qué te gusto, mírame, soy un monstruo.” Gimoteando, la rubia estaba a nada de irse de la habitación para escapar del escenario que había causado, cuando la mano de Narancia la detuvo en seco.
“Pannacotta, tú me gustas.” Repitió el mayor con completa seguridad, apretando el agarre que tenía en la chica por si quería irse. “Sí, eres un poco mala, pero solo a veces. La mayoría del tiempo eres muy agradable, me tienes paciencia, escuchas mis desvaríos, me curas… eres mi mejor amiga.”
“Te dije cosas horribles, te lastimé.”
“Y yo también, así que estamos a mano.” Evidentemente el daño causado en ella era mínimo, pero no pretendía discutir eso, todo lo contrario. “Te puedo perdonar, ¿vale? Pero solo si me das un beso.” Narancia adolorido intentaba sonreír mientras de a pocos invadía el espacio personal de Fugo.
“Tú… eres un tonto.” Aquel insulto había salido con más dulzura de la que usualmente Pannacotta diría, y sin embargo, Narancia podía estar seguro que era su forma de demostrar cariño sin acabar por derrumbarse. “Pero no me molestaría.”
“No, era broma, no tienes qué.” Los nervios se escuchaban en la voz de Narancia, Fugo podía reconocer eso con facilidad.
“Está bien. Yo… yo también quiero.”
“¿E-En serio?”
“Sí, en serio.” La rubia comenzaba a desesperarse, era mucho tiempo de esperar para su gusto y realmente ansiosa por compensar al otro, más con algo que podía considerarse un premio .
Tomando a Narancia de su top de cuero, con cuidado lo jaló hacia ella y terminó por cortar la ligera distancia que los separaba con un tierno beso que acabó por llevarse lo que quedaba de las fuerzas del chico.
Tras separarse de él, Fugo solo pudo darle la mirada más arrepentida que pudo y le sonrió con timidez, sí que había sido un día caótico pero sabía que habían tenido otros mucho peores. Solo le quedaba remediar las cosas de la mejor manera y esa era intentando trabajar en ella, si quería que eso funcionara tenía un largo camino por recorrer.
“No mentí cuando dije que realmente lo siento.” Declaraba apenada mientras sus manos recorrían con cuidado el rostro lastimado de Narancia, quien solo sabía restregarse con cariño ante aquellas suaves manos de la que podía llamar su novia.
“He quedado peor y lo sabes.” Presumía mientras sus labios se levantaban para pedir otro de esos dulces besos dolorosos. Esa herida en su labio inferior le ardía, pero por ella eso no le importaba. No le cabía duda que era la chica que había estado buscando toda su vida.
