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Takemichi quería matar a Chifuyu.
Su amigo fue quien le organizó una cita a ciegas sin decirle nada. Él no quería conocer a nadie, habían pasado seis meses desde que su relación con Hinata se rompió y en ese tiempo solo se la pasaba preguntándose qué fue lo que hizo mal, incluso fastidiando a sus amigos al pedirles respuestas a sus interrogantes, claro que no tuvo éxito porque nadie más que él podía saber qué fue lo que llevó a que ella decidiera cortar.
Ahora tenía una idea de por qué Chifuyu organizó esa cita, quizás lo consultó con los demás y llegaron a esa conclusión. Sí, tal vez solo de esa manera podía salir del estado patético en el que había entrado, rechazando un montón de salidas por su corazón roto. Sin embargo, Takemichi se sintió orgulloso de salir de su apartamento, aunque fue casi arrastrándolo. Y así fue como estaba en una mesa de la tienda de ramen esperando a que la otra persona llegara.
«Humilde» pensó Takemichi cuando su amigo le dijo que la cita sería en la tienda de ramen. Tenía la idea de que ese tipo de encuentros eran en restaurantes lujosos, no obstante, estaba equivocado y le alegró, si fuera en un lugar caro pasaría una vergüenza al no tener ropa adecuada para la ocasión.
Miró todo el lugar en un intento de calmar el nerviosismo que empezó a sentir solo con pensar en cómo sería la otra persona, no le especificó si era hombre o mujer y no era algo que le importara realmente porque estaba dudoso si saldría de nuevo.
Estaba ahí porque no quería cancelar la cita a último momento y no se le ocurrió ningún pretexto para faltar.
Visualizó a Chifuyu en una mesa de hasta el fondo con un manga shojo. Sonrió, él fue quien inició esta aventura y estaba en el mismo lugar para darle ánimos. Lo habían comentado el día anterior, al principio se había negado porque no quería sentirse incómodo al estar siendo observado, pero después de pensarlo supo que era una buena opción, le daría confianza y podía mirarlo de forma disimulada para pedirle ayuda si empezaba a tener problemas. Además, estaba con su manga, los espiaria de forma indirecta.
Aparte de las mesas en las que ellos se encontraban, dos estaban ocupadas por grupos de amigos. Al menos no eran los únicos, Takemichi no lo iba a soportar. Sonó la campana del establecimiento y él se acomodó en su asiento, con señas le preguntó a su amigo si se veía bien a lo que Chifuyu asintió. Miró a la puerta y se sintió aliviado de que la persona que entró no fue directo a su mesa, sino que tomó lugar en la barra. Soltó todo el aire que sus pulmones habían retenido y miró el reloj de la pared. Claro que todavía no iba a llegar, no era hora, faltaban diez minutos.
¡Diez minutos!
Tragó saliva y empezó a golpear la mesa con los dedos. Quería levantarse de su lugar para ir a la mesa de su amigo y decirle que ya quería irse, aunque recibiría una mirada de enojo de parte de él por lo que hizo el esfuerzo por respirar varias veces para tranquilizarse. Su mente estaba creando un montón de escenarios sobre lo que podía ocurrir cuando la persona de su cita llegara y se sentara en frente.
¿Cómo sería? ¿Qué le diría? ¿Se llevarían bien? Demonios, ya hasta empezó a sentirse acolorado y empezó a darse aire con su mano.
—Tranquilo. —La voz de Chifuyu hizo que su mente detuviera todos los pensamientos que se le habían amontonado en la cabeza—. Todo saldrá bien. Las citas a ciegas no son tan malas —dijo y alzó dos dedos. Takemichi se preguntó cómo podía estar tan seguro de eso—, pueden pasar dos cosas: que se lleven bien o que deseen irse lo más pronto posible. En caso de que pase la segunda no te preocupes, solo sé honesto y dile que fue bueno conocer a alguien nuevo y te levantas.
De nuevo el timbre sonó y Chifuyu rápidamente se levantó al ver a la persona que entró. Alzó una ceja desconcertado al ver cómo se fue y fingió estar leyendo, aunque antes de tomar el manga, alzó su pulgar, esa era su manera de darle ánimos y "coraje". No le había dado tiempo de responderle y no pudo evitar lucir sorprendido cuando alguien se sentó en su mesa.
—Hola, tú eres Takemichi Hanagaki, ¿cierto?
La voz parecía estar en un lugar muy lejano, pero no era así. Entró en un pequeño estado de trance en el que desconocía a todo su alrededor, pero después hizo el esfuerzo por mirar a la persona enfrente de él: cabello blanco corto, llevaba puestos unos lentes oscuros por lo que no pudo verlo a los ojos, su vestimenta parecía ser una ropa de un famoso diseñador; como la que ocupaban los modelos de las revistas. Puso sus manos sobre la mesa y observó que tenía anillos en dos de sus dedos. Asintió, su boca no podía decir alguna palabra.
¿Con qué tipo de persona le había organizado la cita? Estaba impactado porque se veía como alguien de dinero y le era extraño que hubiera preferido hacer la cita en un restaurante de ramen, por lo regular los lugares en los que asisten eran restaurantes de lujo, no aptos para personas en la misma situación económica que Takemichi. Parpadeó varias veces para asegurarse de que la imagen de ese chico era real.
Quiso regular su respiración. Tenía su mirada fija en él y por lo que pudo deducir no parecía incómodo, se quitó los lentes y le vio los ojos; negros. No se veía nada mal.
—H-hola —musitó. Todavía no podía hablar—. ¿Tú eres? —preguntó en un tono más seguro. Ya estaba recuperando la confianza, además recibía las miradas de reojo de su amigo para confirmar que todo se encontraba en orden.
Le sonrió de forma cordial y antes de que pudiera responder, un mesero se acercó a preguntar su pedido: dos platos de ramen picante con té de durazno. Eso fue lo que pidió la persona de enfrente, Takemichi no tenía problema con lo que pidiera porque se encontraba muy perplejo todavía como para oponerse.
—Puedes llamarme Mikey —contestó una vez que el mesero se fue.
¿Qué quería decir con "puedes llamarme"? ¿Acaso ese no era su nombre verdadero? Da igual, no tenía por qué hacerse esas preguntas con alguien que acababa de conocer. ¿Qué era lo que tenía que decir después? Su mente estaba en blanco. No hizo un ensayo con Chifuyu para poder entablar una conversación, solo lo ayudó a elegir la ropa que llevaría y ya.
Quería huir.
—¿Vienes aquí a menudo?
Una felicidad le recorrió por poder hablar sin tartamudear, quizás ya estaba sintiéndose en confianza y es que el sujeto que estaba con él no se veía que fuera alguien malo, solo alguien con un estilo muy parecido a un idol. Era amable y aunque estuvieran en silencio no parecía molestarse, tal vez entendía la situación de bloquearse ante a alguien que acaba de conocer.
—A veces —respondió apoyando su mentón sobre su mano—, solo cuando quiero estar tranquilo.
Su ceño se frunció un poco al escuchar esa respuesta. ¿Cuando quiere estar tranquilo? ¿Qué quería decir? En vez de aclarar sus dudas nuevas preguntas surgían y Mikey actuaba con normalidad. Miraba a su alrededor y Takemichi aprovechó ese momento para dirigir su mirada en la mesa de su amigo, algo que no sirvió de mucho porque fue interrumpido cuando el mesero llegó con su pedido y tuvo que simular no haber hecho algo.
—¿Eres famoso o algo así?
No supo de dónde sacó el valor para hacer esa pregunta. Estaba distraído mirando un punto de la pared como si fuera algo interesante y luego se enfocó en tomar los palillos para comer el ramen.
—¿Luzco como alguien famoso?
Le respondió con otra pregunta y aún así su voz sonaba igual que antes. Se sentía aliviado que no se hubiera molestado, solo comía los fideos y lo miraba de vez en cuando esperando a que dijera algo más. No afirmó ni negó nada. Empezó a sentirse incómodo en la cita y nuevamente pensó en que quería matar a Chifuyu por hacerlo estar en esta situación que no sabía para dónde iba. Suspiró y le dio un trago al té de durazno; estaba frío y el sabor de la fruta era ligero, agradable, pero no sería su bebida favorita.
—No… ideas mías.
—Me agradas, Takemicchi —dijo con una sonrisa.
¿Para Mikey la cita estaba yendo bien? Entonces podría hacer a un lado todas esas inseguridades que llenaban su mente y empezar a disfrutar su compañía. Sí, solo eran ideas suyas, no todo iba mal. Se sorprendió escuchar que le agradaba y eso que su conversación no estaba siendo fluida, pero aún en esas frases había un encanto, algo que hacía que no quisiera levantarse hasta que él decidiera terminar con la cita. Notaba las miradas de reojo de Chifuyu al alzar su manga de vez en cuando.
Verlo sonreír le gustó, era cálido ese gesto y muy sincero. No estaba mintiendo y no tendría razones para hacerlo. A decir verdad, a Takemichi también le agradó, aunque las respuestas a sus preguntas solo lo dejaban confundido.
—¿No es raro decir eso en la primera cita?
—No —dijo y le dio un corto sorbo al té—. Simplemente me agradaste.
Le agradó a una persona que apenas conocía. Bueno, no lo veía mal. Congeniaron al instante, era de esperarse que dijera algo así.
—E-entiendo.
—¡Qué tonto eres, Takemicchi! —respondió y luego soltó una risa.
Podía burlarse de él y no le molestó, tenía sus razones. Había dicho algo ridículo, pero es que la experiencia en citas desapareció, por eso en vez de querer responderle, comió el resto del ramen dándole tragos al té de vez en cuando. De nuevo lo llamó «Takemicchi», la primera vez que se veían y ya tenía su propia forma de llamarlo. No podía mentir en que le gustaba el tono de su voz que empleaba para decir su nombre, por eso no se oponía.
—Tú también me agradas, Mikey.
Ya está. Lo dijo. Sin embargo, no era algo difícil de decir porque no se estaba declarando. Fue divertido ver cómo se detuvo al comer y Mikey lo miraba como si quisiera que repitiera sus palabras para asegurarse de que no había escuchado mal. Sorbió los fideos sin despegar la vista de él.
¿Por qué esa mirada? No había dicho algo extraño, lo podía tomar como un "me caes bien" y decir algo como eso lo consideraba como algo normal, no había razón para tanta sorpresa o ¿se sentía desconcertado? No, en su mirada le era difícil saber qué era esa emoción, pero no era malo, una expresión extraña.
Los siguientes minutos de la cita pasaron en silencio, cuando Takemichi alzó su vista del plato de ramen, Mikey ya había terminado y estaba escribiendo algo en una servilleta. Se preguntó de dónde sacó el bolígrafo, ¿sería de emergencia? Luego le tendió la hoja con una firma y un número.
¿Entonces sí era famoso? Porque si lo era tendría que hacerle muchas preguntas a su amigo, tal vez él sí lo sabía y no le quiso decir nada. Bueno, era una cita a ciegas que organizó Chifuyu, claro que él iba a tener ciertos datos de la persona como la apariencia y el nombre, edad, número de celular y ocupación. O eso supuso Takemichi.
—Tengo que irme —habló Mikey, rompiendo el silencio en el que estaban. Tomó los lentes y se levantó—. Puedes llamarme cuando quieras, me encantaría verte de nuevo, Takemicchi.
Le sonrió, pagó la orden de los dos y salió del restaurante. Tuvo la impresión de que se congeló, lo dejó solo y se preguntó si fue por decirle que le agradaba. No, no, tal vez se bloqueó o se sintió incómodo, pero si fuera eso no le habría dado su número ni querría verlo de nuevo. Además de que los dos se llevaron muy bien y eso que su conversación no fue tan larga ni soltaron información sobre ellos, había perdido sus habilidades para socializar y si viera a Mikey en otra cita entonces haría el esfuerzo por responder sus dudas.
En la lejanía podía ver a Chifuyu con la boca abierta, terminaría de comer y empezaría con el interrogatorio. Tenía muchas cosas que decirle porque hubo algo en la cita a ciegas que hizo que deseara que se repitiera, Takemichi también esperaba verlo de nuevo.
