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No era la primera vez que iba a un baile, pero por alguna razón se sentía nerviosa. Sus manos estaban en puños sobre su regazo, como si esa acción fuera a brindarle un refugio para protegerla de su alrededor, algo que claramente no funcionaba.
Estaba sentada cerca de la mesa del banquete observando todo lo que pasaba en la pista de baile. Todavía la música no empezaba, sin embargo el ambiente no se sentía aburrido. Había mucho ruido y no le generaba molestias. Vio a grupos de invitados hablando entre ellos de una forma muy animada, Ada supuso que era a causa del champán que bebían o porque eran conocidos que no se habían visto en un largo tiempo. Por el otro lado habían personas que se encontraban en su misma situación; solas, que no lucían fastidiadas, más bien en su rostro se transmitía una sonrisa. Incluso le pareció ver en la lejanía a su hermano Oz junto a Alice quienes saludaban a los asistentes con mucha felicidad. Hizo una media sonrisa al mirar la escena, ella prefería ser espectadora y entablar conversaciones con quienes le hablaran primero, pensó que eso iba a cambiar con el antifaz puesto, algo que solo era su imaginación porque se sentía como si no lo tuviera.
El antifaz que llevaba era blanco con detalles de brillos dorados. Combinaba con su vestido verde agua que hacía resaltar sus ojos y que había elegido acorde a la ocasión. Se preguntó la razón principal por la que había asistido al baile de máscaras, en primer lugar, por ser parte de uno de los cuatro grandes ducados, porque no podía negarse, porque quería lucir su vestido y bailar con alguien.
Bailar con alguien…
Eso no iba a ser posible porque estaba sola. Para deshacerse de esos pensamientos, miró los esponjosos vestidos que tenían unas invitadas y sus antifaces fueron una buena elección. Suspiró y se levantó de su lugar para recorrer el salón. Algo innecesario porque conocía el lugar. Tenía la esperanza de encontrar a alguien con quién pudiera bailar porque la persona que se le vino a la mente no la encontró por ningún lado entre la multitud cuando estaba sentada y ahora que estaba volteando a todos lados no había ningún rastro de él.
«Tal vez no vino» pensó y no pudo evitar sentirse un poco triste. Quería su compañía, aunque se preguntó si le gustaría bailar con ella. No le gustaría obligarlo. Suspiró y se encaminó hacia la puerta que daba al balcón. Un poco de aire no le haría mal, además de que iba a poder ver el jardín y le serviría como un distractor porque él no llegó.
—¿Qué haces aquí?
No se dio cuenta de que iba cabizbaja porque escuchar esa voz hizo que se sobresaltara y terminó mirando en frente. Dejó de caminar al verlo y se sintió tonta por dejar que un montón de cosas le recorrieran la cabeza, solo terminaron siendo obra de su imaginación, pero en cierta parte no lo veía así porque le había llegado el rumor de que él ya no tenía ningún interés en asistir a los bailes. Nadie sabía las razones, ni siquiera Gilbert, y Ada no quería indagar en un tema en el que estaba claro que no quería hablar.
No dudó de que sus mejillas se tiñeron de rojo al tenerlo enfrente de ella. No tenía puesto el antifaz, pero tal vez se lo pondría más adelante. Empezó a caminar ignorando la pregunta inicial y terminó muy cerca, estaba a su lado viendo el jardín de rosas y los carruajes que pasaban de los invitados que apenas llegaban.
—Por un momento pensé que no vendría.
—Gil iba a venir, así que decidí acompañarlo —contestó y se giró para verla.
Tenía que agradecerle a Gilbert por hacer que Vincent estuviera con ella. Se le iba a cumplir su sueño de bailar con él. Solo de pensarlo sonrió. Quiso tomar su mano y llevarlo al salón para bailar, afuera se podía escuchar un poco los ruidos del baile y todavía no empezaba la música. Bueno, podía permanecer afuera hasta entonces.
Tener sus ojos fijos en ella hacían que se sintiera nerviosa, eran los nervios por estar con la persona que le gusta. Él se acercó más y tomó su mano cubierta por el guante blanco que llevaba y depositó un beso. Se giró hacía el otro lado para no tener que verlo, estaba segura de que ahora estaba muy roja, algo que odiaba era que se ruborizaba muy fácil cuando veía a Vincent, a él parecía no importarle o tal vez sí, pero sabía disimular.
—Lindo antifaz —susurró.
El antifaz no iba a hacer que luciera irreconocible y claro que él la conocía tan bien que supo que se trataba de ella. Vincent seguía viendo enfrente, aunque de repente pudo sentir sus ojos sobre ella y cuando se volteó a su dirección tenía puesto el antifaz, la oscuridad no le impidió ver qué era de color dorado, combinaba con su ojo. Le gustó cómo se veía, en realidad le gustaba de cualquier manera. La máscara le daba un aire diferente y era de su agrado. No podía despegar su vista de él.
Algo que le hubiera gustado a Ada era saber cuándo fue que él se inclinó un poco y estaba muy cerca de su rostro. No iba a pasar lo que estaba esperando, no la iba a besar, aun cuando su mirada le suplicara que lo hiciera. Sus narices ya estaban rozándose y ella ya estaba cerrando sus ojos, hacía el esfuerzo para regular su respiración y los latidos de su corazón. Abrió mucho los ojos cuando se separó de golpe al escuchar que la orquesta ya empezó a tocar.
El momento del baile que más esperaba inició, así que ignoró lo que acababa de pasar para tomar la mano de Vincent y llevarlo hacía el salón. Sería la primera vez que bailaran juntos.
—Podemos estar afuera.
—Quiero bailar con usted aquí, señor Vincent.
Esperó sonar autoritaria. Si bien le resultó interesante su propuesta no era lo que quería. Lo escuchó maldecir y eso hizo que Ada lo tomara con más fuerza de la muñeca y se detuvo a unos cuantos pasos de la mesa del banquete. Ya las demás parejas empezaron a moverse y Vincent parecía haberse congelado, su mirada lucía como si ya se quisiera ir.
—No me diga que no sabe bailar —se apresuró a decir y en ese momento sintió una mano sobre su cintura, la pegó más a él y Ada se tapó la boca para evitar soltar un grito por la sorpresa.
—¿Qué dices? —preguntó y tomó su mano para entrelazar sus dedos.
Quería gritar de emoción. Le encantaba la cercanía que estaban teniendo por el baile, ni siquiera en sus sueños se imaginó así hasta pudo sentir cómo se volvieron irregulares sus latidos, estaba muy feliz, su mano libre la colocó encima de su hombro y antes de empezar a deslizarse se miraron.
Era la primera vez que bailaba y no lo hacía mal, tal vez lo aprendió de algún lado, de observar a las demás parejas o de un libro. Se deshizo de sus pensamientos para tener sus ojos fijos en él. A veces la miraba y otras veces volteaba como si se sintiera avergonzado y eso sería algo que ella no entendería. No habían razones del porqué estar así, solo estaban moviéndose de forma lenta, algo que los invitados hacían.
—Ya veo que sabe bailar —dijo con una sonrisa, estaba pasando un gran rato junto a la persona de la que estaba enamorada.
—Con tal de hacerla feliz, señorita Ada, puedo hacer el esfuerzo por seguir la música —contestó de forma suave.
Si no fuera porque él era alto, recargaría su cabeza sobre su hombro y dejaría que Vincent la guiara. Escucharlo decir eso hacía que Ada sintiera muchas cosas, predominó la felicidad, por un momento pensó que no quería bailar con ella y por eso quería permanecer afuera. Podía llorar por sus emociones.
¡Se sentía muy emocionada!
Cuando la melodía cambió, Ada aprovechó ese momento para abrazar a Vincent. Iba a hacer el esfuerzo por no llorar, no quería arruinar su maquillaje. Se separó y dio unos pasos atrás, tomó una gran bocanada de aire y se preparó para hablar ante la mirada curiosa de él.
—Estoy agradecida porque me concedió este baile.
—Yo soy quien debería decir eso.
Ladeó su cabeza.
—Pensé que se sentía avergonzado de bailar conmigo.
Bajó su cabeza. No duró mucho tiempo así porque luego sintió como la mano de Vincent levantaba su mentón para obligarla a mirarlo.
—No, solo estaba asegurándome de que mis pasos fueran los correctos.
¿Podría estar aliviada? ¿Podría creer en sus palabras? ¿No le estaba mintiendo? Asintió, fuera verdad o no, todavía seguía rebosando felicidad. Sin aviso, Ada lo estaba abrazando de nuevo, recargó su cabeza en su pecho. Ya no le estaba haciendo caso a la música, solo dejó que Vincent la guiara, en ningún momento se separaron, él le correspondió el abrazo.
Al estar así pensó en que fue una buena decisión haber salido al balcón porque así lo encontró y se le cumplió su deseo de poder bailar junto a él. Incluso si no eran nada, si no se podían besar, el baile que estaban teniendo hablaba por sí solo.
Estaba segura de que él sentía lo mismo por ella, pero le iba a tomar más tiempo aceptar sus sentimientos. Deseó que cuando se quitara la máscara fuera el momento para que todas sus emociones salieran y no las intentara reprimir. Tal vez así podrían ser más que compañeros en un baile de máscaras.
