Chapter Text
Su abuela le dijo que no estuviera en el bosque tan tarde, pero para Mikasa aún es temprano. El sol no se ha ocultado.
Así que decidió seguir jugando, era una tarde fresca, ha traído consigo su capucha. Su cuento favorito es el de Caperucita Roja y por ello insistió tanto en que la suya fuera del mismo color para parecerse la niña del relato.
Trajo una canasta en donde están sus muñecas, su kit de emergencias ya que, por supuesto, iba a jugar a la doctora y no podían faltar algunas emparedados y frutas para comer, dejó las peras porque no le gustan mucho. Su abuela dijo que le harían bien para su crecimiento, al final de cuentas solo tiene nueve años. Aunque ella insiste en rellenar a Mikasa como una piñata.
El sol esta desapareciendo, la niña guardó sus cosas rápidamente y emprendió el camino a casa, sabe que debió haber hecho caso a su mayores porque el bosque puede ser peligroso.
Comenzó a escuchar ruidos de ramas quebrándose, oh por los cielos, sus piernas cortas no le permiten dar zancadas largas para llegar más rápido a casa. Las hojas secas en el suelo tampoco son de gran ayuda. Hace más frío. Apresuró el paso porque siente que alguien la esta siguiendo, volteó varias veces para comprar que no había nadie.
Creyó que iba a morir cuando escuchó un lamento y por consecuente ella gritó. Soltó su canasta y se hizo bolita cubriéndose con los brazos. Espero varios segundos, pero nunca recibió nada a cambio. Con algo de miedo, levanto su cabeza y no encontró nada, estaba entre aliviada y sorprendida de que todo hubiera sido producto de su imaginación.
Hasta que volvió a escuchar un quejido. Era real.
Lo más realista que puedo haber hecho fue regresar a casa ignorando cualquier cosa que pudiese oír, pero es un niña y tiene mucha curiosidad.
Aunque bien dicen que la curiosidad mató al gato.
No le importó y decidida a saber que era, fue a donde provenía el ruido, solo unos cuantos pasos a su derecha y tras unas ramas lo encontró.
Parecía un animal herido, pero era un humano, uno mayor que ella. Estaba boca bajo, le costaba respirar, lo notó por el movimiento lento de su espalda. Pero si era un humano ¿Por qué una cola de perro sobre salía de su pantalón? Incluso sus pies, son más grande de lo normal, al menos son más grandes que los de su padre. Tiene unas garras muy largas. Continuando con su observación, vio sus orejas, puntiagudas, llenas de pelo y con ello no necesito más.
Mikasa siendo una gran admiradora del cuento de Caperucita Roja supo a que se enfrentaba.
¡Era un lobo!
El miedo se había ido, ahora sabía que hacer. Se apresuro al hombre y con todas sus fuerzas logró girar su cuerpo. Lo primero que vio fue su rostro con sus llamativas cejas gruesas y arriba un corte no tan profundo con un poco de sangre. En su pierna tiene otro igual, no se ve grave. Entonces ¿por qué se ve como si estuviera muerto?
Ella quiere ser doctora cuando sea grande, ¿como le hará si su primer paciente no oficial se muere?
Bueno, aunque este no es un humano del todo, quizás hoy deba ser una veterinaria. Sin más dudas, regresó por la canasta y su kit de emergencias, el cual consistía de: banditas con dibujos de osos y corazones, una botella de no más de cincuenta mililitros de alcohol y una pequeña lata redonda donde traía crema.
Desinfecto las heridas del lobo, a él le ardió un poco porque Mikasa vio sus orejas moverse de forma inquieta. Después de que se secaron, coloco las banditas, en la pierna tuvo que colocar dos porque su corte era largo. Termino orgullosa de su trabajo, ella sería una gran doctora... o veterinaria en este caso.
Entonces una idea cruzó por su mente ¿será que pueda llevárselo a casa?
Él puede llevarla a la escuela, sus compañeros se asombrarán cuando vean que ella tiene su propio lobo. Hombre lobo.
Mikasa siempre lo mantendrá alimentando, no podrá tenerlo en su cuarto por su gran tamaño pero podría dejarlo afuera de su casa, en la parte trasera. Si él tiene frío le puede dar una manta, aunque debe de tener pelaje y tal vez no le haga falta.
Detuvo sus pensamientos al percatarse que el hombre lobo no despertó. Quizás ya estaba muerto y no se dio cuenta. El pensamiento la puso triste, ya se había imaginado en varios escenarios con él.
¿Podría ponerle un collar?
Un ruido la sacó de sus pensamientos, acaso esas fueron ¿sus tripas?
¡Tiene hambre!
Mikasa corrió a su canasta por los emparedados sobrantes, le quedaban dos, uno de tocino y otro de atún. Él es un animal, así que lo más probable es que le guste más el primero.
Se lo acerco a su nariz. Y casi se muere del susto cuando el hombre lobo abrió los ojos de golpe, le arrebato el emparedado de la mano y como buen animal salvaje mastico sin cerrar la boca. Él no se percato de su presencia hasta que termino de comer. Sus ojos turquesa brillaban tan bonito como cualquier joya preciosa.
Ahora que estaba despierto, noto otro raspón en la parte baja de su mejilla, que despistada fue Mikasa. El hombre tenía el cabello largo, casi como ella, la única diferencia es que el del él es castaño. El temor invadió su pequeño cuerpo de nuevo, pero no se dejó vencer. Extendió su mano para ofrecerle el último bocadillo de su canasta. El hombre lobo lo tomo sin dudar, vaya que estaba hambriento.
Él se lamió los dedos y después caminando sobre sus cuatro extremidades en su forma medio humana, la rodeo, mostró los colmillos y Mikasa tembló.
No podía comérsela ¿o sí?
Eso es lo que planeaba el lobo en el cuento de Caperucita. Con algo de miedo anunció:
—Te-te di comer —tartamudeó Mikasa— ¡Y-y te curé!
El lobo la olfateó. Su nariz estaba cerca de su oreja, si otra hubiera sido la situación, ella se hubiera reído por las cosquillas que le estaba provocando.
—¡Ahoraeresmío! —soltó ella de golpe sin meditarlo mucho.
Él se detuvo.
—¿Qué yo soy qué? —preguntó el contrario.
Así que, si puede comunicarse, pensó Mikasa.
—Mío —respondió ella. Si le explica que puede llevárselo a su casa...
—No soy un cachorro en adopción niña —la miró de frente—. Yo como niños como tú ¿sabes?
Mikasa se puso pálida.
—¡Te curé! —repitió exaltada, no creyendo que el lobo la estuviera traicionando después de que le dio de comer.
El hombre lobo se puso de pie.
—¿Te refieres a estas ridículas bandidas? —las señaló.
Eso la enfureció.
—¡No son ridículas! —Mikasa hizo un puchero.
—Eres una mocosa, ni siquiera te has percatado de lo que puedo hacerte.
¿Él iba lastimarla? ¿así es como le paga?
Y pensar que ella se lo quería llevar a su casa para darle un hogar... y presumirlo claro.
—¡Eres un perro mal agradecido! —le gritó la azabache.
Esto pareció tomar al contrario por sorpresa, ella lo notó en sus ojos. Enseguida, él comenzó a reírse a carcajadas.
—Pero que vocabulario —se cruzó de brazos— las niñas pequeñas no debería decir esas cosas. Eres muy graciosa.
Lo mejor que Mikasa podía hacer ahora era correr y rezar por llegar a salvo a su casa.
—Está bien, está bien —dijo él cuando se percató de sus intenciones—. Gracias por alimentarme y curarme —bajo sus brazos como si con ello quisiera decirle que estaba en son de paz—. Yo te llevare a casa por tus buenas acciones.
En el cuento de Caperucita, el lobo mentía para comerse a la niña, quizás eso quiera hacer con ella.
No. Mikasa no le iba a creer.
—No te voy a comer —aseguro el hombre.
—Eso diría alguien que me va a comer.
Él volvió a reír.
—¿Cómo pensabas quedarte conmigo si me tienes miedo?
Buen punto.
Aunque para ser justos, ella se imaginó otro panorama sin nada de agresividad y con cero probabilidades de terminar siendo comida para lobos.
—En serio no te voy a comer —el tono de él era serio, y si otra fuera la situación, Mikasa le habría creído—. Se hace tarde, tus padres deben estar preocupados.
Pero ella no se movió y tampoco dijo nada al respecto.
—Tengo que admitir que es bueno que no confíes en mi a la primera —él mantuvo su distancia—. Somos extraños así que... me llamo Eren, ya te diste cuenta que soy mitad lobo. No suelo comer niños, ni ninguna clase de persona.
Mikasa no se inmutó.
—Excepto que sean personas malas —dijo él mientras se perdía un momento en sus pensamientos—. Pero bueno, a ti no te haré nada, lo prometo.
—¿Cómo se que no romperás tu promesa? —preguntó de sopetón.
El hombre denominado como Eren, lo meditó por unos segundos.
—Podemos hacer un intercambio. Tengo mucha hambre, dos emparedados no me llenan. Te llevo a casa y me das otro de esos.
Parecía un trato justo. Ya en casa, si las cosas no salían bien, podía gritar y sus padres saldrían a su auxilio.
—Mikasa.
—¿Qué?
—Me llamo Mikasa.
—Bien. Mikasa, ¿te llevo a casa?
—Prométemelo de nuevo, que no me harás daño.
—Prometo que no te lastimare.
—¿Con el corazón?
Eren surcó sus cejas.
Mikasa hizo una equis sobre su pecho para mostrarle a que se refería. Él lo entendió en seguida.
—Con el corazón —repitió el hombre lobo.
—Está bien, llévame a casa Eren.
Y con un solo movimiento, Eren se convirtió en un lobo por completo, era imponente y muy bonito con su pelaje castaño con una mancha más clara sobre el pecho. Él se inclino para que ella pudiera subir. Eso hizo, se sostuvo fuerte y casi gritó cuando él emprendió el camino. De todos modos tuvo que hacerlo, no estaba seguro que él pudiera escuchar sus indicaciones si hablaba bajito.
Cuando llegaron, Mikasa le indico cual era su cuarto, tenía una ventana y por ahí podría a ventarle los emparedados.
Después del regaño de sus padres y su abuela, dijo que tenía hambre y que ella sola prepararía su cena. La mayor de los adultos estuvo vigilando sus movimientos para que no tuviera un accidente. Sonrió orgullosa cuando vio a su nieta con esa pila de comida, estaba siguiendo su consejo de comer más.
Ya en su cuarto, Mikasa abrió la ventana, cuando no vio a Eren le silbo.
—No soy un perro, niña.
Eren estaba justo debajo de su ventana, por eso no lo había visto. Ahora ya estaba en su forma humana, bueno, semi humana, las orejas de lobo seguían ahí.
—Mi nombre es Mikasa, no...
—No soy un perro, Mikasa —corrigió Eren interrumpiéndola en el proceso— ¿Trajiste la comida?
Ella asintió orgullosa. Y mientras veía a Eren comer, la idea de ser dueña de él le era fascinante. Su propio hombre lobo. Aunque solo lo ocupara como transporte.
Mikasa quiso acariciarle la cabeza, se inclinó demasiado sobre su ventana que se fue directo al suelo, haciendo un sonido sordo. Eren solo levanto una de sus cejas.
—¿Qué tratabas de hacer?
—Nada.
Obviamente él no le creyó.
—Si te doy emparedados todos los días ¿me puedo quedar contigo? —preguntó ella. No perdía nada con intentar.
—¿No te vas a dar por vencida, eh?
Mikasa negó.
Eren la ignoro y siguió comiendo. No le importo a la niña, algún día lo conseguirá, será paciente, ella se quedará con Eren tarde o temprano. Él no ve la gran vida que puede tener a su lado, aparte de emparedados, puede darle postres, flanes. Esos son los favoritos de Mikasa.
Y quizás, solo quizás él pueda llevarla a la escuela en su forma lobo, así será muy popular en su salón, que va de todo el lugar.Si, si puede imaginarlo.
