Work Text:
Odasaku en sus días libres: Hablando por teléfono con Dazai, se puede pasar dos horas simplemente respondiendo a lo que Dazai dice.
Dazai en sus días libres: Siempre está molesto por la barba de Odasaku, así que quiere comprarle una nueva maquinilla de afeitar, pero es rechazado todas las veces.
Oda todavía estaba en la cama a las 9 de la mañana. Tener un día libre en la mafia no era como tener un día libre en cualquier otro trabajo, pero él podía permitirse libertades como esta. La probabilidad de que su presencia fuera requerida de forma urgente era mínima.
Así que su plan para hoy, como para la mayoría de los días de descanso, consistía en visitar a los niños en el restaurante y pasar el resto del tiempo leyendo.
Eso, si Dazai lo dejaba.
Agarró la sábana y se la tiró por encima de la cara para tapar la luz del sol. Se habían quedado despiertos hasta tarde y la sensación de resaca estaba haciendo que lo lamentara. Además, Dazai había abandonado la cama hace un buen rato y se estaba dedicando a comprobar cuál era la mayor cantidad de ruido que un ser humano puede hacer en una casa.
Iba a ser incapaz de conciliar el sueño de nuevo. Oda tenía el sueño ligero, una costumbre difícil de quitar después de años y años en los que su supervivencia dependía de ello. Impecable no funcionaba mientras dormía.
Se sentó en la cama y se frotó la cara. La barba le estaba creciendo, era agradable sentirla en la palma de las manos. No era tan agradable tener la boca seca y con sabor a cenicero.
Un sonido en la ventana atrajo su atención. Había un gato bostezando en el alféizar. Ese gato habitualmente rondaba su casa, a menudo lo encontraba tumbado al sol en el porche o fisgoneando a través de las ventanas. Su mirada era perturbadora, cargada de inteligencia, casi humana.
Oda lo tomó como una señal para levantarse de la cama. Cuando se acercó a abrir la ventana, sin embargo, el gato dio media vuelta y se marchó. La dejó abierta de todas formas para ventilar y salió de la habitación en ropa interior.
Hablando de seres demasiado inteligentes para lo normal. Encontró a Dazai en la cocina haciendo el desayuno. Tenía una sartén al fuego y la cafetera ya estaba lista. Durante el tiempo que pasó reuniendo fuerzas para salir de la cama lo había oído ducharse, vestirse y aporrear absolutamente todos los armarios a su alcance.
¿Por qué Dazai, entre todas las cosas de este planeta, estaba levantado antes que él?
—¿Por qué tú, entre todas las cosas de este planeta, estás levantado antes que yo?
—Buenos días a ti también —contestó, metiendo el pan en la tostadora—. Un imprevisto. Tengo que irme.
Los días libres no eran tan sencillos para el demonio prodigio de la Port Mafia.
Esto no molestaba a Oda. Lo entendía. Su trabajo de ejecutivo era mil veces más importante que el de un simple recadero. Era importante, para empezar, cosa que Oda nunca podría decir del suyo. No es que quisiera estar en su lugar, tampoco, la mafia para él era algo que le permitía vivir hasta que los niños crecieran, nada más.
El problema era que Dazai ya había empezado a trabajar. Mientras daba vueltas por la cocina tenedor en mano, sonriendo, impoluto con su traje y sus vendas limpias, la fachada ya estaba en pie. Lo sabía por la rapidez con la que la luz se fue de su ojo tras dar los buenos días. También por la forma en la que presionó el botón de la tostadora, con más fuerza de lo normal, cuando dijo: ‹‹tengo que irme››.
Lo que molestaba a Oda era que no había nada que pudiera hacer.
Preparó los cafés. Uno cortado y con un terrón de azúcar. Otro manchado y el doble de dulce. Dazai terminó de cocinar y puso el resto de la comida en la mesa: tostadas, bacon canadiense y huevos fritos estilo americano.
—Tienes mala cara, Odasaku. Si hubiera tenido más tiempo, te hubiera preparado un nuevo desayuno energético que estoy desarrollando. Te levanta el ánimo al instante y de momento he conseguido que sólo te deje sin fuerzas después durante dos días.
—Una verdadera pena. Prepáramelo la próxima vez.
Hm. Podría hacer uso de uno de esos todos los días. Esto no lo dijo en voz alta.
Comieron con calma hablando de trivialidades. Oda comentó que el gato parecía estar siguiéndolo de nuevo. Dazai tenía la teoría de que el gato espiaba a Odasaku y se divertía inventando historias de por qué. En realidad, Oda pensaba que era al contrario, veía más al animal cuando Dazai estaba por su casa.
Que era bastante a menudo. Empezó quedándose alguna noche al volver juntos del Lupin y acabó apareciendo por allí cada vez que se aburría. Que era bastante a menudo, también.
Acabaron de desayunar y se despidieron en la puerta con un beso breve. Oda sujetó su cara entre las manos y se inclinó de nuevo, ansioso por más, pero sus labios chocaron contra los dedos de Dazai frente a su boca.
—Ni se te ocurra —dijo, usando los dedos para empujar la cabeza de Oda hacia atrás. Después los deslizó hacia la mejilla, le rascó la barba que estaba creciendo en ella y sonrió—. No puedo aparecer otra vez en el trabajo con media cara roja. La gente va a sospechar, ¿sabes? Yo no puedo usar la excusa de que ‹‹es el reflejo del pelo en mi piel››.
—Eso fue una vez. Y Pops se lo estaba creyendo hasta que te atragantaste a carcajadas.
Dazai se echó a reír. Palmoteó la mejilla de Oda y negó con la cabeza.
—De ninguna manera. Tengo una reputación que mantener y tres capas de crema en la cara para arreglar lo de anoche. No vuelves a besarme hasta que no te afeites esa monstruosidad.
—Me afeito mi monstruosidad regularmente —esto se estaba volviendo un ataque personal.
—Sí, con esas maquinillas desechables baratas que he tirado a la basura. Usa la eléctrica que te regalé. —Antes de que Oda pudiese objetar, Dazai ya estaba saliendo de la casa. Añadió—: La escondiste de mí cuando quise comprobar si tenía suficiente potencia para electrocutarme, está en el cuarto cajón del baño, a la izquierda, en la bolsa azul —y cerró la puerta.
Siguiendo el curso inevitable de los acontecimientos, como con todo lo relacionado con Dazai, ese día Oda decidió darle una oportunidad a la dichosa maquinilla eléctrica.
