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Leo aún no logra asimilar la realidad.
Estaba lavando las tazas de té ocupadas anteriormente, pero se detuvo cuando se preguntó si estaba soñando. Mira de reojo el departamento en el que vive junto a Elliot y todavía sigue sin parecerle algo real.
Si alguien le hubiera dicho que terminaría viviendo junto a él, seguro se habría reído y le diría a la persona que esas son solo tonterías, algo muy imposible. Sin embargo, tuvo su golpe de realidad cuando se dio cuenta de que se enamoró. Empezó llevándose mal y terminó en lo inevitable: enamorados.
Un sentimiento que nunca había experimentado por lo que le costó aceptar lo que sentía. Elliot fue el primero que se declaró y a Leo le dio mucha risa cuando trató de dar su discurso porque sus nervios me impedían hablar correctamente. Un buen momento, aún lo puede recordar. No obstante, a él no se le viene a la mente lo que le respondió ese día, solo le aparece la imagen efímera de estarlo abrazando. Un suceso que lo vio muy raro, no se le daban las muestras de afecto.
Sonríe y mira la espuma acumulada en la taza. Muchas cosas han pasado en su vivienda. Fue el inicio de su vida doméstica, un estilo de vida que se sentía diferente desde que los dos decidieron abandonar la mansión Nightray. Ya no tenía por qué escuchar todas las palabras de odio que le dedicó su familia cuando supieron que era un Baskerville, al menos Elliot estaba dispuesto a meter las manos al fuego por él. En ese momento algo cambió dentro de Leo y esa misma noche se besaron. Un beso que duró unos segundos, ninguno de los dos supo lo que estaban haciendo. Baja la mirada y trata de borrar lo que se le acaba de venir en su cabeza: su primera vez.
Fue muy vergonzoso y al siguiente día trataron de olvidar lo que había pasado. El desayuno transcurrió en silencio, no lo volvieron a hacer de nuevo. Trata de pensar en otras cosas que han pasado desde que decidieron mudarse. Tienen sus peleas de vez en cuando, pero siempre terminan arreglando las cosas. Es imposible para ellos permanecer mucho tiempo enojados.
—¿Alguna vez imaginaste que terminaríamos así?
Eso fue lo que una vez le preguntó cuando estaban limpiando el departamento. Cada vez que hacía limpieza Leo reflexionaba sobre muchos temas, como si esa acción despertara una parte de su cabeza que permanecía dormida. Es como si le diera valor para soltarse al hablar.
Lo que hizo Elliot en ese momento fue que su mano se detuvo, dejó de limpiar el polvo acumulado en el estante y se giró en dirección a Leo que seguía barriendo. Él también hizo una pausa, pero quería evitar que lo mirara así que siguió con el aseo.
—¿Por qué me preguntas eso? —habló con molestia.
De ahí ya no volvió a mencionar el tema. No es que le haya afectado la forma en la que le respondió, sino porque no supo por qué hizo esa pregunta en primer lugar. Diez meses viviendo juntos y aún piensa que estar con Elliot es un sueño. De nuevo sus manos empiezan a moverse para terminar de enjabonar la taza y luego abre la llave para que caiga el agua. Sin embargo, él ya no puede concentrarse. A veces cuestiona sus sentimientos. Se pregunta si realmente está enamorado. No tiende a expresar sus emociones, solo está seguro de lo que siente por Elliot no lo tiene con alguien más.
Las tazas las tienen desde el primer momento en el que se mudaron. Son sencillas, aunque tienen un significado importante. Una muestra de cariño que no ha cambiado a lo largo del tiempo, tiene la sensación de que se fortalece con cada día que pasa. Se repite que ser cariñosos no es lo suyo y no buscan exigirse, las acciones son suficientes al hablar por sí solas.
Elliot eligió a Leo por encima de su familia. Si no se iban a llevar bien lo mejor que pudieron hacer fue irse. ¿Y aún así le sigue pareciendo un sueño? Está claro que no lo es. Una vez que termina de lavar las tazas se pregunta cómo una actividad tan sencilla le pudo tomar mucho tiempo. La respuesta es sencilla: reflexión.
Se seca las manos y va a la habitación en busca del libro que estaba leyendo, ya está muy cerca de finalizarlo.
—¡Leo!
No supo cuántos minutos pasaron desde que se sumergió en la lectura. La voz de Elliot hace que se levante del sillón y vaya a la sala. Ahí lo encuentra con dos grandes bolsas.
—¿Fuiste de compras y no me dejaste ir contigo?
—Me dijiste que te ibas a quedar porque no tenías ganas de salir.
Parpadea. Lo mira fijamente y abre la boca para decir algo, pero luego la cierra. No recuerda haber dicho eso, así que desvía la mirada y ve a Elliot agachado buscando algo en las bolsas.
—¿No recuerdas qué día es hoy?
¿Hay algo importante hoy? Prefiere pensar antes de hablar, hace memoria y en su mente revive todos los momentos juntos. Sin embargo, su mente permanece en blanco. Se lleva su mano a su mentón y finge que sí sabe la respuesta. Se distrae cuando ve que Elliot tiene las manos detrás, como si estuviera ocultando algo. No es su cumpleaños y tampoco es el de él. Así que está desconcertado por su comportamiento extraño. Tampoco se cumple otro mes viviendo juntos… Se le cruzó algo en la cabeza y sonríe. Ya puede saber qué es.
Él le entrega una bolsa de regalo. Extiende su mano temblorosa y la toma. Baja su mirada. Cuando estaba limpiando las tazas recordó su vida desde el inicio de su nueva vida y esa fecha fue algo que olvidó. Estaba dudoso sobre si aceptar el detalle, por educación no lo dejó con la mano extendida. Mira de reojo el contenido y luego se acerca a Elliot. Se va a desconocer con lo que está a punto de hacer y no le importa. Realmente siente la necesidad de rodearlo con sus brazos y lo mejor es que corresponde a su abrazo.
—Gracias —musita.
Ahora piensa en que si hubiera aceptado salir con él, tal vez le hubiera dado un montón de pretextos para permanecer en casa para no echar a perder la sorpresa. Lo empieza a abrazar más fuerte. Le gusta la cercanía que tienen, debe convencerse de que no es un sueño, realmente es su realidad.
—¿Sabes? —deshace el abrazo y no quería hacerlo. Mira a Elliot y prosigue ante su mirada atenta—. Siento que estoy soñando. Te pregunté una vez si habías imaginado que terminaríamos juntos y yo no lo esperaba, teníamos nuestros roces —lo dice casi riéndose— y parecía que nos queríamos matar con la mirada algunas veces. Aún así había algo en ti que me hizo querer conocerte más a fondo y no me arrepiento de nada.
Se detiene. ¿Por qué ese discurso de repente? Empieza a sentir algo extraño en el estómago por ser tan meloso, él no es así y que Elliot esté en silencio solo confirma su idea de que debió estar callado. No, más bien agradece tener la confianza para hablar abiertamente de sus sentimientos. Quiere que su golpe de realidad que lo haga darse cuenta de que no está soñando, que debe dejar ir sus inseguridades porque Elliot lo quiere, si no fuera así no vivirían ni hicieran muchas cosas juntos.
Elliot lo está abrazando y tarda un rato en que sus brazos se muevan y corresponda.
—No es lo tuyo ser romántico, Leo —susurra y no le molesta su comentario, es la verdad—. Te quiero.
Retrocede y sus manos se ponen en sus mejillas. Se acerca despacio, juntaron sus labios. Diez meses viviendo juntos y aún no logra acostumbrarse a la sensación de que lo bese. Muchas cosas están pasando en su mente, entre ellas que Elliot no está mintiendo y no tendría por qué hacerlo. Se separan y Leo se volteó para sacar el contenido de la bolsa.
Un libro. Solo que no es cualquier libro, es uno que estaba esperando desde que leyó los primeros capítulos de prueba. Hoy es el día de lanzamiento y las primeras copias tendrían la firma del autor. Elliot había salido para conseguirle un ejemplar y no tiene palabras para agradecerle por el detalle. Hay muchas cosas que ya puede considerar como su golpe de realidad. Definitivamente no está soñando.
—Yo igual te quiero —responde y deja el libro dentro de la bolsa.
Cuando lo mira de nuevo él ya dejó el contenido de la otra bolsa sobre la mesa que son ingredientes para cocinar.
—Tenemos que comprar tazas de té, Elliot.
Le gustan las tazas sencillas que tienen, pero ahora quiere otras. Es muy raro que haya dicho eso cuando el tema no salió, lo recordó al mirar rápidamente el mueble donde están los vasos.
—Hay una tienda a la que no hemos ido, te llevaré ahí.
No sabe cuál podrá ser. Eso sonó como una cita y ahora está emocionado por ir. No le importa que sea una salida a una tienda porque, para Leo, cualquier lugar al que vaya con Elliot es especial. No puede pedir más cuando se siente muy completo. No tiene dudas de que ambos están muy enamorados y su vida juntos lo confirma.
Ir de compras se volvió su actividad favorita si se trata de ir con Elliot. Además hay una oportunidad de encontrar algo que le pueda comprar en agradecimiento por el libro y sonríe cuando piensa en qué seguramente le dirá que no tiene que darle nada, con su compañía es más que suficiente. Hace que se le endulce mucho el corazón y le agrada esa sensación.
