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Leo se enteró de la boda de Vincent Nightray por ser un hecho que pasaba de boca en boca y porque resultó muy inesperado, más cuando no había ningún indicio de que él estuviera enamorado. No obstante, la noticia fue muy bien recibida y el día de hoy es la celebración. Claro que él, como un Baskerville, no recibió ninguna invitación y Leo se convenció a sí mismo de que no la necesitaba.
Iría a la boda de todos modos y estaba dispuesto a aguantar las miradas que le dedicaran por pertenecer a la familia de la que los cuatro grandes ducados no querían saber nada. Bueno, ahí había una excepción; tenían de "aliados" a la familia Nightray, pero ni ellos mismos mencionaron la boda a los Baskerville, si se enteró fue por pasar cerca de su mansión y porque encontró una tarjeta de invitación que una sirvienta distraída dejó caer en el jardín.
Sonríe ante la idea de colarse. Será divertido. Revisa su cabello que está cortado de tal forma en la que sus ojos morados son visibles, se acomoda los mechones que no quieren pertenecer a su lugar y mira su traje para deshacerse de las posibles arrugas que puedan haber. Sus zapatos están limpios, para su corbata de lazo uno de los sirvientes le hizo el favor de amarrarla.
El Leo que ve en el espejo no lo decepciona, se ve bien. Si va a una boda su aspecto tiene que ser el mejor. Mira en un perchero su capa roja y quiso llevarla, pero eso no es posible. Se darían cuenta de que llegó alguien que no es bienvenido. Además, se iba a colar, lo que menos quiere es llamar la atención.
—¿Vas a ir a la boda?
Cuando escucha la voz de Charlotte se voltea. Al parecer ella tuvo sus propios medios para enterarse de la noticia. Su aspecto arreglado la delata porque tiene su cabello peinado en un moño, un vestido rosa con escote y unos zapatos altos. Al verla sabe que tiene planeado asistir. Si no fuera a salir no estaría vestida de una forma muy elegante, diferente a su vestimenta habitual. Ahora que la observa con más atención se da cuenta de los aretes discretos que lleva y sus medias de red.
—¿Tú irás?
—Quiero saber con quién se casó ese idiota —responde.
Sonríe. Él también quiere saber eso. Al menos no estará solo. Sin embargo, duda que Lottie vaya a sentarse en la misma mesa que él. Eso no es relevante, solo quiere pasar un buen rato en una fiesta. No hay nada de malo. Asiente y Leo sale de la habitación. No desea hablar más porque no tiene tiempo que perder, el camino será un poco largo.
—Señor Leo, ¿saldrá esta tarde?
Rueda los ojos al escuchar la pregunta. La respuesta es obvia. Aun así trata de dar una sonrisa cordial para ocultar su molestia.
—Iré a dar una vuelta —miente.
Está seguro de que si hubiera dicho la verdad, los sirvientes se opondrían o le harían un interrogatorio que no tiene ningún interés en responder. En este día lo que menos quiere hacer es permanecer en la mansión.
¿Por qué estaría encerrado mientras los demás se divierten?
Se sube al carruaje y está pendiente del camino. Quiere que lo dejen en un lugar cercano al salón de la boda —no le interesa oír los votos matrimoniales—, pero al no poder decir eso directamente espera a detenerse en un espacio que disimule su verdadero propósito.
…
Si no fuera porque la invitación tenía anotada la dirección del salón, Leo no habría podido llegar al jardín cercano al salón de la fiesta. En el inicio del camino hay un arco decorado con rosas blancas, el piso tiene adoquines de color gris oscuro, ambos lados tienen unas pequeñas luces que alumbran el camino. Las observa maravillado, definitivamente invirtieron en la decoración, no es extraño cuando se trata de una celebración muy importante.
Antes de ingresar al arco, voltea para asegurarse de que nadie viene. Luego sigue su camino, da unos pasos cautelosos, dejándose guiar por el camino adoquinado. Había creído que, al ser un evento en el que es segura la asistencia de los demás ducados, habría vigilancia en la entrada que revisara las invitaciones. Y no hay nadie. No es que se queje, si no que agradece que le hagan la tarea de colarse más fácil.
Sonríe aliviado y en vez de entrar al salón, prefiere esperar. Revisa la hora de la invitación y todavía deben seguir en la ceremonia porque todavía no ve a algún invitado. Todo luce solitario.
Estar afuera no es una opción. No se le olvida que es un Baskerville, la única familia que no fue invitada a la boda. Si sigue deambulando en el jardín, alguien puede empezar a sospechar o que una persona revise la lista de invitados para dejar pasar.
Es una boda en la noche. Así que le cuesta acostumbrarse a la oscuridad que hay en el salón. La decoración lo deja perplejo, alza su cabeza y en el techo hay varias luces doradas. Las mesas son circulares y tienen un mantel blanco, las sillas también están cubiertas con tela blanca con un listón en medio. Puede ver los platos y cubiertos ya acomodados, si su vista no le falla también hay copas. Se acerca a una mesa lejos de la pista y ve más de cerca el arreglo floral colgante con rosas blancas. Debajo hay un farol con una vela dentro
Enfrente de la pista hay una mesa larga decorada igual con un arco parecido al de afuera. También hay platos y cubiertos y un espacio permanece vacío, quizás ahí es donde colocarán regalos. En el suelo hay varios globos blancos y dorados.
A pesar de que no hay tanta iluminación, en el otro lado del salón alcanza a ver unas siluetas a lo lejos que deben ser de Lilly, Charlotte y Fang. Camina hacia ellos y están sentados.
—¿Cuándo llegarán los demás, Lottie? —pregunta Lilly impaciente.
Leo se sienta en la mesa. No hay dudas de que eligieron ese lugar para pasar desapercibidos. Y es que sí, están alejados de la pista, están un poco escondidos.
Antes de que Charlotte responda, los cuatro se quedan callados por los ruidos del exterior y empiezan a voltear a todos lados. No sirve de mucho porque los sonidos quedan amortiguados por las paredes. Los primeros que entran al salón son Vincent y Ada. Después los siguieron los demás invitados. Las manos de Lottie golpearon la mesa cuando se levantó para intentar ver a la mujer con la que se casó. Luego se sentó cuando resolvió su curiosidad.
—Me pregunto por qué se casó con él.
Hizo una mueca de desagrado. Leo le dejó de poner atención porque prefiere ver a las personas que están entrando y su vista se enfoca en quien debe ser el hijo menor de la familia Nightray. A decir verdad es la primera vez que lo ve. No conoce su nombre y no sé preocupa por eso, tiene toda la noche para saberlo. Él se sienta en una mesa cercana a la de la pareja y no notó su mirada. Algo bueno.
—¿A qué hora nos sirven la comida?
—Acaban de llegar todos, Lilly —la reprende Lottie, molesta.
Eso fue suficiente para que Leo volteara. Sirvió para que se rompiera la burbuja en la que había entrado, parecía que había perdido la noción del tiempo y del espacio, se distrajo y ellos estaban tan centrados en su conversación que no se dieron cuenta.
—Pensé que solo tú vendrías —dice dirigiéndose a Charlotte quien tiene apoyada su mentón sobre su mano. Alza las cejas y se reincorpora al oír la pregunta.
—Esa era la idea —confirma—, pero no queríamos estar en la mansión mientras nuestro señor está en una fiesta.
No puede decir nada ante eso. Además a ella se le hizo muy fácil deducir al lugar dónde iría y no tiene problemas en que estén con él. Es mejor, aunque aumentan las posibilidades de que descubran que se han colado.
…
Estar en una boda sin invitación no fue algo malo, no cuando los demás están tan concentrados en su comida, en la pista o en sus propias conversaciones. Por eso es que, a pesar de que son Baskerville, no la están pasando mal.
Leo le dejó de poner atención a la conversación de los tres y recorre el salón con su mirada para buscar al menor de la familia Nightray. Cuando lo encuentra siente la necesidad de levantarse, se le hace raro que se haya fijado en él entre toda la gente, puede ser porque luce como si tuvieran la misma edad. No, en realidad no hay ninguna razón. Solo quiere pasar un rato agradable hablando con alguien y él puede ser una buena opción. Se levanta un poco de su asiento y trata de asegurarse si su mesa está vacía, una vez que lo confirma se levanta sin voltear hacia atrás, sin tener interés en la expresión de los tres. Puede ser asombro o desconcierto, no le importa.
Es una mesa cercana a la pista llena y en la que están Vincent y Ada. Es de esperarse cuando son de la misma familia. Con mucha confianza se sienta en un lugar cercano, apoya sus codos sobre la mesa y junta sus manos. Está de una forma educada, finge interés al observar a las personas bailando. Por la música en alto volumen sus oídos zumban ante el ruido. Si quiere empezar una conversación tendrá que hacerlo hablando alto y no se le ocurre algo que pueda decir.
—¿No encuentras tu mesa o por qué estás aquí? —pregunta al ver a Leo.
Baja sus manos. «Qué amable» piensa Leo y reprime curvar sus labios en una sonrisa porque no lo está mirando de una buena forma. No parece enojado y tampoco feliz, es una expresión rara que lejos de ahuyentarlo le resulta interesante.
—Me perdí.
Lo dice de broma. Su boca está en una línea, al parecer no lo encontró divertido y Leo no se siente incómodo. Solo se acomoda hacia atrás en la silla y ahora el suspiro que quiere soltar.
—¿Quién eres?
Ya se le hacía raro que no le preguntara eso. Se queda pensativo un momento, ¿será bueno decirle su nombre? Sí, solo evitaría decir su apellido, aunque sería entretenido ver su reacción si lo supiera.
—Leo.
—Elliot Nightray —dice inmediatamente y extiende su mano. Al menos quiere ser amable.
Asiente y estrecha su mano con la de él. Ya sabía su apellido por ser mencionado cuando pasó cerca de la mansión y recogió la invitación a la boda. Obviamente no podría decir algo así, sería dar una mala impresión. Luego Elliot se voltea en dirección a la pista.
—¿Quieres bailar?
Preguntar eso fue una tontería. Leo no ha bailado antes y si lo hace va a pasar un mal momento al no saber cómo moverse. Habló antes de tiempo. Elliot enarca las cejas.
—No pareces ser alguien que baile
—No lo soy —concuerda.
Ya está hablando en un tono normal, no luce molesto ni desconcertado. Tiene un comportamiento cordial por estar hablando por primera vez con un desconocido y no se siente aburrido por estar con él.
—No te vi en la ceremonia —comenta cambiando de tema.
¿Es eso importante? Leo se gira de forma que da la espalda a la pista. En esa posición puede ver a sus acompañantes que siguen hablando de una forma muy alegre. Pareciera que no les hubiera importado que se fuera, o tal vez sí, pero prefieren dejarlo hacer lo que sea, siempre y cuando no sea un alboroto.
—Se me hizo tarde —mintió.
Elliot no parecía creerle. Y lo entiende, el tiempo que tardó en responder fue muy sospechoso, si hubiera hablado en poco tiempo no habría sonado tan sospechoso.
—O viniste sin invitación.
Debe afrontar sus problemas, así que abandona la idea de querer levantarse e ir a la mesa de los demás Baskerville. Casi siente como si todo se hubiera detenido, permanece en su lugar inmóvil. Llegó a esa conclusión muy fácil, no le sirvió de nada mentir. Las luces de la pista cambian de color y puede ver el azul de sus ojos fijos en él. Cuando va a responder los aplausos lo interrumpen y vuelve a mirar enfrente donde ve a la pareja de recién casados agarrados de la mano, ya los demás han despejado el lugar y puede ver a la novia más de cerca. Su cabello rubio suelto está adornado con una corona de rosas blancas, la falda de su vestido es sencilla, un poco amplia y no se ve incómoda; el corsé es corte princesa, sin muchos detalles. Por lo que pudo escuchar, es hora de su baile.
Se distrajo en esos detalles que no olvida que dejó una pregunta sin responder. Sonríe. Ya no puede mentir, aún así se dará cuenta, lo dejó en una situación muy difícil.
—¿Y qué si vine sin invitación? —pregunta con cierto descaro.
Mientras espera su respuesta, Leo ve el baile de la pareja. Se desplazan de una forma lenta y escuchan las voces emocionadas de algunos invitados. Elliot no contestó su pregunta. Al parecer solo lo está irritando.
—No esperaba que los Baskerville vinieran.
Captó el sarcasmo en su voz. Poco tiempo tardó en descubrir quién es él. Realmente fue divertido.
—¿Hay algo malo en eso? —pregunta—. Vinimos a pasar el rato, no hay manera de que nos corran y a tu hermano no le gustará que interrumpan su celebración… —se detuvo al ver su rostro, casi pudo estar seguro de cómo su mandíbula se tensó. Lejos de crear una buena impresión, los dos estaban teniendo roces—. ¡Tienes que ver tu cara en este momento! —alzó la voz y empezó a reírse ante su mirada fulminante—. Me agradas.
—Cállate, idiota.
Abrió la boca ante lo inesperado que fue que le dijera eso. Si quería que se levantara no lo iba a hacer y Elliot parecía pensar lo mismo. Solo le dio la espalda. Cuando volvió a fijarse en el baile ya había terminado y la pareja volvió a su lugar.
¿Y si mandaba ya todo a la mierda y lo tomaba de su muñeca para bailar? No, la idea le resulta tentadora aunque no va a hacer eso con alguien que acaba de conocer. Entonces se levanta de su lugar, dispuesto a irse, ya tiene los datos que quería saber: se llama Elliot Nightray. Para más información tendría que verlo más veces porque él no parece ser del tipo que se suelta en el primer encuentro. Reservado y aún así desea hablar con él otra vez.
Se va a su mesa y esperará la hora de que la novia lance el ramo. Quiere atraparlo y atesorar un recuerdo de la boda donde conoció a la persona que atrajo su atención. Ahora no tiene dudas de que haberse colado en la fiesta fue una de sus mejores decisiones.
