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Camilla bajó del coche y se dirigió hacia la puerta de la inmensa catedral de Sant Paul, subía los peldaños con decisión. Miró a su alrededor, la catedral estaba rodeada de vallas, miles y miles de personas se agolpaban en ellas observándolo todo con los ojos muy abiertos. Camilla podía ver la ilusión en sus ojos, sujetaban banderas de Inglaterra, pancartas haciendo referencia al supuesto gran amor de Carlos y Diana… todo tipo de cosas relacionadas con los novios, la monarquía o el país.
Camilla se dio cuenta de que mucha gente la observaba con brillo en los ojos: Qué suerte poder asistir a la boda! Debían pensar. Seguramente no sabían ni su nombre, ni mucho menos quién era y cómo era de importante para el novio. Pero mejor, mejor que no lo supieran. Si hubieran llegado a ni siquiera sospecharlo ni mil vallas les hubieran podido detener. Simplemente la habrían matada por poner en peligro la ilusión de sus corazones.
Camilla salió de sus pensamiento cuando Andrew le tocó el hombro desde un peldaño por debajo de ella.
Andrew: Darling, qué piensas?
Camilla: Nada, nada… Y Tom?
El matrimonio se giró para localizar a su hijo. Tom ya había bajado del coche y unas abuelas que estaban a primera fila se habían puesto a hablar con él, Tom estaba un poco intimidado pero no se movía de allí. Tenía la boca abierta mientras lo observaba todo. Millones de gente feliz, cámaras de televisión y una increíble decoración.
Andrew y Camilla bajaron los peldaños y fueron hacía él. Ella le cogió de la mano.
Camilla: Tom! ¡No te separes de mí!
Tom: (Angustiado) Lo siento mamá.
Señora: Tiene usted un hijo adorable.
Camilla: (Sonriendo) Gracias.
Señora: ¿Qué vienen, del novio o de la novia?
Andrew: (Sin poder evitar una risita) Del novio, del novio.
La señora sonrió y miró a Andrew con buenos ojos. ¡Qué guapo es! pensó. Camilla estaba nerviosa y quería irse de allí.
Tom: (Alegre) Carlos es mi padrino!
Señora: (Sorprendida) Oh, qué bien! Te gustará que tu padrino sea un Príncipe, no?
Tom: Sí, siempre me trae muchos regalos.
Las señoras rieron y Camilla agarró a su marido y a su hijo y los alejó de la valla y de esas pesadas. La señora Parker Bowles miró a ambos como diciendo: ¡Vaya par de bocazas sois! Pero Andrew sonrió, no le veía nada de malo a hacer eso. Andrew estaba guapísimo con su uniforme de oficial. Era el momento de partir y ejercer como paje real.
Andrew: Bueno Darling, debo irme ya. ¡Nos veremos en casa! Tom, ¡pórtate bien!
Andrew acarició la cabeza de su hijo despeinándole un poco. Camilla lo miró reprochándole que hiciera eso. Ella misma se había encargado de peinar bien a Tom esa mañana. Camilla, cariñosa, peinó con las manos el cabello de Tom. Andrew la miró divertido y la besó en los labios para despedirse de ella. Eso provocó la mirada tierna de buena parte del público. Y la sonrisa de las señoras.
Andrew se alejó de su familia, subió a su caballo y se dirigió hacia el Mall. Primero debería escoltar a la Reina y luego a Carlos.
Camilla miró a Andrew mientras se alejaba, cogió de la mano a Tom y volvió a subir los peldaños de la Catedral. Esta vez sus pasos ya no eran tan firmes.
La señora Parker Bowles y su hijo avanzaban por el pasillo central de la Iglesia. Una de las organizadoras de protocolo les paró.
Organizadora: ¿Nombre, por favor?
Camilla: Camilla Parker Bowles.
Organizadora: (A un hombre) Te he dicho que eso no va allí! (Despistada) Perdone, ¿cómo me ha dicho?
Camilla: (Nerviosa) Camilla Parker Bowles y mi hijo Tom.
Organizadora: (Mirando los papeles) Oh sí! Ya sé. Acompáñeme por favor.
Siguieron avanzando por el pasillo, la organizadora se paró un poco más delante de la mitad de la catedral.
Organizadora: (A Camilla) Bien, esto es la primera fila de los amigos del novio. Aquí veo que usted tiene preferente, así que pónganse aquí por favor.
Camilla: Gracias.
Tom y ella se sentaron. Más o menos la mitad de la Catedral ya estaba repleta por los invitados, pero delante de ellos no había nadie, esos asientos correspondían a la Familia Real, las otras familias reales europeas y a algunos asesores.
Camilla llevaba un vestido azul clarito grisáceo precioso, le llegaba justo a la rodilla, tenía un poco de escote, pero no exagerado. Se había maquillado un poco y tenía el pelo suelto bajo la pamela azul. Su vestimenta hacía conjunto con sus ojos aguamarina, creando un efecto mágico. Estaba preciosa. Los zapatos también eran azules y con tacón, el vestido tenía una cinta blanca por debajo del pecho que acababa en un discreto lazo en su espalda. Eso le hacía el cuerpo aun más maravilloso.
Tom: (Bajando la cabeza) Mamá! ¿Falta mucho?
Camilla: Tom, te he dejado venir porque me has prometido que te portarías bien.
Tom: Ya lo sé…
Camilla: Cuando empiece la boda tienes que estar quieto y callado.
Tom: (Resignado) Vale, mamá.
Camilla había llevado a Tom a la boda después de su insistencia, sabía que quería mucho a Carlos y no se había podido negar. Tom ocupaba así el lugar de Andrew que como paje real no podría estar al lado de su familia en la boda del Príncipe. Camilla había dejado a Laura con Bruce y Rosalind. De todas formas sus padres no iban a asistir a la ceremonia, entre otras cosas, por la poca movilidad de su madre que ya tenía un principio de osteoporosis, igual que su abuela que moriría poco después. Laura era demasiado pequeña para resistir una boda tan formal y larga.
En ese momento, Annabel y Ben aparecieron con la organizadora. Camilla estaba inmensamente feliz de ver a su hermana. Se saludaron y se sentaron al lado de Tom, quién estaba triste porque sus primos no habían venido. Poco después, llegaron los Palmer Tomkinson y saludaron cariñosamente a Camilla, se sentaron en la misma fila que ellos. De repente, la señora Parker Bowles giró la cabeza y vio en la puerta de la iglesia a Lucía Santa Cruz, su amiga de la infancia quien había propiciado su primer encuentro con Carlos una de sus primeras novias.
Camilla se levantó y fue rápido hacia allí. Pero antes de llegar alguien la paró.
Stephen: Señora Parker Bowles!
Camilla: (Sorprendida) Oh, Hola Stephen! ¿Pero qué haces tú aquí? ¿No deberías estar con Carlos?
Stephen: Bueno, de hecho acabo de llegar. El señor ya está preparado hace tiempo… Empezó a vestirse cuando usted se fue.
Camilla: (Nerviosa) Shh!
Stephen: Ups, lo siento.
Camilla: (Susurrando) Pero no ha dormido nada entonces?
Stephen: Si con usted durmió no lo sé… Pero yo me supongo que no durmieron mucho…
Camilla: (Enfadada) Stephen!
Stephen: Lo siento señora. (Negándolo con la cabeza) No durmió, ni un minuto.
Camilla: (Preocupada) Y cómo está?
Stephen: Nervioso, de hecho también algo triste… Bueno, bastante triste.
Camilla: ¿Muy triste aun?
Stephen: ¡Sí, mucho muchísimo!
Camilla: (Angustiada) Cómo lo sabes?
Stephen: Ha llorado.
Camilla: Más?
Stephen: Mucho, mucho más.
Camilla cerró los ojos y una lágrima cayó por su mejilla.
Camilla: (Triste) ¡Oh, Dios mío! Tiene que ser fuerte.
Stephen: (Intentando consolarla) Tranquila, lo será, ya verá.
Stephen le sonrió justo cuando alguien se abalanzó sobre Camilla para abrazarla.
Lucía: ¡Milla! ¡Milla!
Camilla: (Ilusionada) Oh! Lucía!
Lucía: (Extrañada) Qué te pasa? ¿Estás llorando?
Camilla: No, no. No es nada. ¡Qué ilusión verte!
Stephen se fue hacia el lateral de la Catedral donde estaban los demás miembros del servicio.
Camilla y Lucía hacía cinco años que no se veían, ella había regresado a Chile, su país de origen, pocos años después de que Camilla se casara.
Lucía: ¿Y cómo está Andrew?
Camilla: Muy bien. Está escoltando a la Reina.
Lucía: ¿Y tus hijos?
Camilla: Tom está aquí. A Laura no la he traído, es demasiado pequeña. Pero ven hoy al almuerzo que daré en mi casa y la podrás conocer.
Lucía: Sí, cuando me dijiste que habías tenido una niña me moría por conocerla.
Camilla: Bueno… ¿Carlos no te ha invitado al banquete tampoco no?
Lucía: ¡No! (Sorprendida) ¿A ti tampoco?
Camilla: No… A mí tampoco.
Lucía: ¿Pero cómo puede ser? ¿No sois mejores amigos?
Camilla: Sí… pero… (Intentando disimular) Creo que la novia ha borrado a todas las ex… Debe ser celosa.
Las dos rieron. Camilla cogió de la mano a Lucía y la llevó hasta su fila. La puso detrás de ella sin permiso de la organizadora. Ésta las miró, pero hizo la vista gorda. Recordemos: Camilla era preferente.
Lucía: ¡Tom! ¡No te veía hacía cinco años! ¡Como has crecido!
Tom sonrió tímidamente, no tenía ni idea de quién era esa señora, pero le divirtió su acento.
Camilla y Lucía se pusieron al día de sus cosas, hablaron de todo menos de lo realmente importante. Camilla era demasiado discreta para contarle que el amor de Carlos y ella se mantenía intacto. Lucía demasiado educada para preguntarle a una Camilla casada lo que realmente sentía por el Príncipe de Gales.
Lucía: (Interesada) Así que conoces a la novia…
Camilla: Sí.
Lucía: Bueno… ¿y cómo es?
Camilla: Es… es… Es tímida.
Lucía: ¡Como Carlos!
Camilla: (Indignada) No! Es diferente a él. Es muy inocente y tímida rallando la estupidez.
Lucía: (Sorprendida por la contundencia de las palabras de Camilla) Bueno, es muy joven.
Camilla: (Dándose cuenta de que se le nota y bajando el tono) Sí, eso es verdad.
Las dos amigas se callaron de golpe y se pusieron bien. La música había empezado a sonar. Había cámaras por todos lados que subían y bajaban y que enfocaban a los invitados desde los laterales, pero de repente todas se dirigieron hacia la puerta.
Alguien importante estaba entrando.
