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Despertarse con tu mejor amigue cantándote Cumpleaños feliz de la forma más lúgubre posible era algo que solamente podía alegrarle a Lev. Que Kenma hiciera ese gran esfuerzo significaba muchísimo para él, y lo consideraba ya como un regalo por su parte. Además, por si fuera poco, le chique llevaba un pequeño bizcocho —seguramente el Tradicional del Mercadona— con unas cuantas velas encendidas y colocadas un poco al azar.
Estaban a 30 de octubre y, efectivamente, era su cumpleaños.
—Te deseo a ti Lev… Cumpleaños feliz… —Kozume soltó un pesado suspiro cuando terminó de “cantar” al ver que el más alto no había dudado en levantarse de un salto para ponerse delante listo para soplar. Le miraba con una sonrisa radiante, aún asombrado por el detalle que estaba teniendo; era consciente de que le costaba mucho—. Por favor, sopla de una vez.
Dicho y hecho. El de cabellos plateados apagó las velas en cuestión de milisegundos, sintiéndose hasta orgulloso por haber podido hacerlo de un soplido. Cogió lo que tenía entre sus manos —o más bien se lo arrebató— para dejarlo sobre su escritorio y abrazó a Kenma con una pequeña sonrisa. No duró mucho el contacto físico puesto que sabía que a le contrarie no es que le gustase mucho, pero quería agradecerle no solamente con palabras.
—Jo, Kenmis. Muchísimas gracias por esto, ha sido un sorpresón. ¡Hasta me has traído mi bizcocho favorito!
—Lo guardamos para después de comer, ¿no? —A pesar de que no contestara al agradecimiento, el hecho de que le chique sonriera le bastaba a Lev como para saber que significaba un “De nada”.
—¡Sí, claro! El plan de ir a por churros sigue en pie, así que deja que mire los mensajes un momento y ya me preparo para ir.
—Sin problema, tómate tu tiempo. Es tu cumpleaños.
Y tanto Kenma como el bizcocho le dejaron a solas en su habitación.
Voló hasta la mesita de noche para desconectar el móvil del cable del cargador y poder comprobar con más tranquilidad quién le había felicitado. Aunque él solamente quería ver si esa persona le había hablado. Tenía hasta esperanzas de que pudiera ir a verle, pero sabía que seguro que habría algún problema, como siempre que lo intentaban.
No se equivocaba.
Ahí estaba el “Felicidades, Lev. Te quiero muchísimo, gracias por estar en mi vida.” de Yaku Morisuke. Se sumaban los mensajes de “No te acostumbres a esto, eh, farolilla.” y “Lo siento por no poder ir tampoco esta vez, me están puteando demasiado con el trabajo que conseguí para poder pagarme el máster, ya te lo conté. ME DA MUCHA RABIA. En fin…”.
A él también le daba mucha rabia. Sobre todo porque vivían a dos horas en autobús y todavía no habían podido conocerse en persona por múltiples inconvenientes. Llevaban hablando casi año y medio gracias a haberse conocido por Twitter —y ser muy fans de Jujutsu Kaisen—, y congeniaron desde el primer momento en el que se siguieron mutuamente. Habían hecho infinitas videollamadas, hablaban todos los días. Conforme fue pasando el tiempo, de forma inevitable el cumpleañero se acabó enamorando sin darse cuenta. Lo que él no sabía es que era correspondido. Y ambos preferían esperar en persona para poder confesarse. ¿Cuándo llegaría por fin ese día?
“Me voy a comprar churros, jeje”, le escribió después de darle las gracias y decirle que él también le quería mucho. Se vistió antes de contestarle para poder procesar que una vez más no iban a poder verse. Pero eso no iba a fastidiarle el cumpleaños. Iban a hacer videollamada por la noche para ver alguna película, así al menos podría estar un poquito más cerca del chico que tanto le gustaba.
Guardándose las llaves en el bolsillo y con el móvil en la mano, Lev salió del apartamento que compartía con Kenma y comenzó a grabar un audio para Yaku en el que le contaba la sorpresa que le había dado su mejor amigue para despertarle.
Se le hizo un poco raro que Morisuke no escuchase su mensaje de voz porque, aunque tuviese que hacer cosas del trabajo, era domingo y sabía que iba a estar de forma online desde casa. A lo mejor estaría demasiado ocupado. Pero no tenía tiempo ni era el momento de comerse la cabeza, tenía que centrarse en pasar un buen cumpleaños y en comprar esos churros que tanto le apetecía comerse con su mejor amigue para desayunar.
Tarareando, pasó dentro del establecimiento. No tardó mucho en pedir lo que quería, así que le tocaba esperar un poco. Como entretenimiento se fijó de soslayo en las personas que había por ahí —que tampoco eran muchas—, y menos mal que lo hizo. Vio una espalda a su izquierda que se le hacía demasiado familiar. ¿Sería acaso quien pensaba? No podía ser posible. Seguro que su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Seguro que estaba delirando.
Entonces se giró. Se giró y le dedicó la sonrisa más bonita que había podido ver en su vida. Lev estaba sin palabras y no era capaz ni de reaccionar. Tenía demasiados sentimientos invadiendo su cabeza, su corazón y todo su cuerpo. ¿Qué decía? ¿Cómo actuaba? Era la primera vez que le veía en persona. ¿Y si soltaba una pulmonada de las suyas y le espantaba? No quería cagarla. No con él.
En su mano sostenía una magdalena con una vela clavada y encendida, por lo que empezó a cantar Cumpleaños feliz en voz baja, mientras que se acortaba la distancia entre ellos para poder colocarse delante de él. Lev quería llorar. No era por quitarle mérito a lo que aquella mañana había hecho Kenma, pero esta sí que era la mejor sorpresa de cumpleaños que podía haber tenido nunca. Hasta le parecía que la interpretación de la canción más común del mundo era música para sus oídos.
—Yaku… —Balbuceó una vez terminó, sin saber ni qué hacer con sus propias manos.
—¡Feliz cumpleaños, Lev! Ahora sopla la vela, anda, que se me está cansando el brazo.
Torpemente lo hizo, quitándole acto seguido la magdalena para dejarla en la barra del recinto. Después de tanto tiempo queriendo que llegase este momento, por fin pudo abrazarle como Dios manda. Lo sentía como si fuesen fuegos artificiales volando hacia el cielo y estallando, una y otra vez. El propio Lev sentía que estaba explotando. Demasiadas emociones en tan poco tiempo. Era precioso. Yaku lo era. Y aquel momento también.
—Pensaba que era verdad que no podías venir. ¿Y las cosas del trabajo? Qué fuerte, es que… ¡Eres tú! —Le estaba apreciando con la mirada, a la par que acunaba su rostro con mucho mimo, pero no pudo evitar volver a abrazarle otra vez.
—¡Esa era la gracia, darte una sorpresa! Que te lo creyeras. Realmente este fin de semana no tenía mucha carga, lo había hecho a propósito. Y dale también las gracias a Kenma, que fue quien me dijo a qué hora iba a despertarte y a qué churrería ibas a ir a comprar.
—¡Ese gato arisco tiene corazón y todo! Por algo es mi mejor amigue…
—Se prestó a ayudarme antes de que le explicase nada. Te quiere mucho, parece.
Lev asintió con la cabeza, ladeando una pequeña sonrisa, pero no tardó en adoptar una expresión bastante seria —sobre todo tratándose de él—.
—Tengo algo muy importante que decirte, Yaku.
El susodicho alzó una ceja, expectante, aunque por dentro su corazón iba a mil por hora. ¿Iba a declararse o algo parecido? Realmente le quitaría un trabajo de encima, pero quería ser él quien lo hiciese como especie de regalo de cumpleaños. Si es que era correspondido, claro. Oh. ¿Y si le iba a rechazar sin haber tenido la oportunidad de confesarse? Qué horror.
Para darle algo más de tensión, Haiba se agachó un poco hacia adelante. Quería estar cara a cara, mirándole fijamente a los ojos.
—Eres mucho más bajito en persona —y le sacó la lengua.
—¡Serás imbécil! ¡Me has asustado! No te pego porque es tu cumpleaños. Tómatelo como un regalo.
Incorporándose, el más alto reía a carcajadas. Tenía que romper el hielo puesto que verdaderamente quería hablar de algo serio, pero estaba tan nervioso… En ese momento entendió mucho mejor a su amigo Hinata y sus problemas gastrointestinales por culpa de los nervios.
—Ahora en serio, sí que quiero hablar algo contigo, aprovechando que estás aquí y eso… —No podía dejar de mirarle en ningún momento—. ¡Es que es muy fuerte! ¡Estás aquí!
—Da la casualidad de que yo también tengo que comentarte algo, y agradecería que me dejases a mí primero.
—Ya veremos…
Quería añadir algo más, pero se vio interrumpido por la llegada de su pedido. Qué bien olían los churros.
—¿Te parece bien que vayamos a mi piso para hablar? Allí estaremos más cómodos, y luego podemos salir a comer por ahí —volvió a hablar Lev, una vez pagó y cogió la bolsa con la comida—. ¿Hasta qué hora te quedas?
—El último bus sale a las doce de la noche, así que creo que me iré en ese.
—¡Pero vas a llegar tardísimo y mañana tienes clase!
—Merece la pena el sacrificio.
Así fue cómo dos personas con la cara más roja que un tomate pusieron rumbo al piso en el que Kenma y Lev vivían ese curso.
El resto del camino lo pasaron hablando de todo y nada a la vez; tampoco es que tuvieran muchas novedades que contar gracias a que hablaban todos los días pero, igual que siempre, fueron capaces de encontrar nuevos temas de conversación por muy tontos que fuesen —“¿Qué patata frita serías?” “¿Crees que hay más ojos o pies en el mundo?”—.
—¿Ya estáis aquí? Perfecto, me piro. He quedado con Kuroo. Pasadlo bien —nada más abrir la puerta del apartamento, se pudo escuchar a Kenma decirlo con bastante prisa—. Encantade, Yaku —y se fue, cerrando a sus espaldas.
Ambos parpadearon un par de veces seguidas para intentar procesar y comenzaron a reírse a la vez como si estuviesen conectados. Realmente lo estaban. Tenían una conexión especial. Y de ello tocaba hablar en ese preciso momento. Pasaron a la habitación de Lev con nerviosismo.
—¡El famoso escenario de las videollamadas! —Exclamó Morisuke, sonriendo sin poder evitarlo. Le hacía especial ilusión estar ahí.
—Así es. Aunque un poco más desordenado que de costumbre. Es el problema de cuando viene alguien sin saberlo.
—Es el problema de ser un cochino —le corrigió, cambiando la sonrisa que tenía anteriormente por otra ladina y picaresca.
Ya iban a dejarse de rodeos y centrarse en la conversación que querían tener. Lo más gracioso de todo es que ninguno de los dos sabía que querían decirse prácticamente lo mismo. Tomaron asiento en la cama sin hacer.
—Ya te dije que quería empezar yo —empezó a decir Yaku, sacando de su bolsillo lo que parecía una caja pequeñita envuelta en papel de regalo color rojo—, pero antes tienes que abrir tu regalo de cumpleaños.
—Pensaba que mi regalo era que vinieras… —Aun así, lo tomó con delicadeza y comenzó a quitar el envoltorio parsimoniosamente.
—Pero serás mendrugo… ¿¡Cómo no iba a darte nada más!?
No recibió ninguna respuesta por parte de Lev. Estaba demasiado ocupado mirando lo que tenía entre sus manos. Efectivamente era una cajita, y dentro guardaba dos anillos muy bonitos, finos y plateados, con un pequeño gato grabado en él.
—Siempre hemos dicho que somos como dos gatitos gracias a todos los tiktoks que me pasas poniéndome “¡Somos nosotros!” y, como no sabemos cuándo vamos a vernos otra vez, pues… Eso. Quería que siempre me llevases contigo —el más bajo de los dos acabó mirando hacia otro lado una vez dio su explicación del regalo, notando que sus mejillas ardían como el fuego de una chimenea recién encendida. Tenía que mentalizarse para terminar de declararse.
—Joder. Estoy enamorado de ti.
—¡Eso tenía que habértelo dicho yo primero, Lev! Espera, ¿qué?
—¿Cómo?
Ambos comenzaron a reír por culpa del nerviosismo. No sabían por qué estaban tan inquietos si ya había quedado más que claro que sentían lo mismo, aunque la peculiaridad de las formas no es que hubiese ayudado mucho.
—¿Eso era lo que querías decirme ahora, Yaku? Dios, ¡perdón! ¡Y perdón por haberlo dicho tan de repente! —Haiba movía las manos con nerviosismo a la par que hablaba, estaba demasiado avergonzado—. Aun así… ¡Me alegra saber que es correspondido! ¡Es que te quiero! Y cada vez que te lo decía no era a modo de amigo, ¿sabes? Es porque lo sentía de verdad, más allá de una amistad.
—Eh, tranquilo —Morisuke buscaba tranquilizarle primeramente, agarrando las manos ajenas para depositar un pequeño beso en ellas—. Ambos sabemos que eres un poco bocazas, pero te lo agradezco. Estaba súper nervioso. Yo también te quiero. Y también te lo decía siempre más allá de una amistad.
—¿Te das cuenta de que somos como Itadori y Megumi?
—Nunca lo había pensado, pero me gusta. Gracias a Jujutsu Kaisen nos conocimos.
—Ser otaku me ha ayudado a tener novio, ¡es increíble!
—¿Quién ha dicho que sea tu novio? —Para acompañar a sus palabras, Yaku alzó una ceja y ladeó una sonrisa divertida.
—Mierda. Es verdad. ¿Es que no quieres?
—Estaba de broma, farolilla.
Tardó cuestión de segundos en plantar su boca contra la del cumpleañero. El beso sabía hasta mejor que los churros que Lev había comprado. Sabía mejor que el bizcocho tradicional del Mercadona. Sabía mejor que cualquier dulce del mundo. Los labios de Yaku acababan de convertirse en su sabor favorito y ojalá poder estar saboreándolos para siempre.
Haiba estaba en una nube, volando por el cielo. Se sentía demasiado feliz. ¿Qué más quería? Su mejor amigue Kenma se había esforzado en hacerle un detalle aquella mañana y, por si fuera poco, tenía un anillo a juego con el de su ahora novio. ¡Pero eso no era todo! Aún le quedaba la fiesta sorpresa que le habían organizado todes sus amigues para esa tarde. Desde luego, aquel día iba a ser uno de los mejores en la vida de Lev. Se iba a sentir el chico más afortunado del mundo y con las mejores personas a su lado.
