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Hunter nunca había entendido el extraño acto que hacían las parejas de besar. Trató de ver el atractivo besándose la muñeca y observando atentamente a otras personas, personas reales, Incluso de forma bastante sutil observaba a Luz y Amity cuando estas compartían algunos besos en los labios de la otra, siempre sonrientes y felices por el acto, pero aún así no lo entendía.
La sensación de la piel en sus labios no era desagradable , pero tampoco era buena. Seguía perplejo como la gente solía pensar: "hagamos esto todo el tiempo constantemente".
Siempre fue un joven curioso, hambriento de nuevos conocimientos y experiencias nuevas. Claro estaba que trabajar para el emperador y ser su mano derecha durante tanto tiempo no fue para nada fácil, y uno de sus contra más notorios era el dejar su curiosidad de lado y concentrarse en seguir órdenes, aún para disgusto del propio Hunter.
Pero actualmente todo era distinto, puesto que desde que llegó a la tierra había comenzado a tener aquella libertad que desde muy dentro de su ser siempre anheló tener, aunque le costase admitirlo.
Aún con esta nueva libertad, Hunter seguía con estos extraños pensamientos, y era evidente que no quería quedarse con esta curiosidad no si antes hacer algo al respecto.
Acudir con Luz por una respuesta sólo terminó en un
“Un beso sólo es más especial si lo haces con la persona que te gusta y que más te importa. ¿Acaso conoces a alguien así, Hunter?”
Y entonces sus mejillas se enrojecieron cuando cierta persona se le vino a la mente.
…
Gus giró la cabeza tan rápido que fue un milagro que no se rompiera el cuello en ese mismo instante.
—¿Qué? — La pregunta iba teñida de conmoción e incredulidad.
Acaso… ¿había escuchado bien?
Hunter tragó pesado, y aún con la notable vergüenza y pena plasmada en sus mejillas y orejas rojizas, volvió a preguntar.
—¿Puedo besarte?
El más joven de los dos estaba sentado hacia atrás en una silla giratoria, con los brazos cruzados y colocado en la parte superior del respaldo. Su barbilla descansaba sobre sus brazos, la cara inclinada hacia un lado. Había estado observando a Hunter desde su posición en la silla, acompañando al mayor mientras hablaba solo y en voz baja mientras caminaba a cada extremo de la habitación, cómo siempre.
A veces las tardes eran algo aburridas cuando sus amigas se encerraban en el cuarto de arriba en lo que ellas llamaban “pijamada exclusiva de chicas, así que una vez que estas le cerraron la puerta en su cara para dar inicio a su reunión, Hunter inmediatamente arrojó todos sus libros relevantes sobre su cama, dispuesto seguirlos pero sin muchos ánimos en realidad.
Cuando Gus había vuelto a su dormitorio compartido luego de ayudar a Camila con los platos sucios, vistiendo nada más que una camiseta sin mangas de gran tamaño y pantalones cortos, los ojos rojos de Hunter se abrieron rápidamente siguiendo todos sus movimientos.
Un simple pensamiento invadió su cabeza y desde entonces no dejó de darle vuelta al asunto.
Fue entonces cuando Hunter escuchó a Gus sentarse en la silla, sacándolo de sus pensamientos. Cuando Hunter miró al otro (quien le sonrió y le dio un pequeño saludo) antes de volver su atención al aparato extraño que reproducía música. Fue entonces que sintió que el peso de la mirada del joven se volvía más pronunciado, más trató de pensar en cómo escribir esta oración en la que había estado durante los últimos cinco minutos.
Entonces Hunter se preguntó si estaba pensando demasiado en las cosas otra vez, antes de que hiciera la pregunta, por supuesto.
Honestamente, Hunter debería sentirse avergonzado por soltarle eso, pero ya era tarde.
—¿por qué? —preguntó Gus incrédulo, más no lucía molesto o algo parecido.
Más bien algo extrañado y ya.
Mientras tanto Hunter sintió su rostro palidecer. Nadie necesitaba saber que su corazón latía tan rápido como una gacela corriendo, la sangre rugía en sus oídos, así que negó con pena el rubor que se formaba en sus mejillas.
Hunter se enderezó, mirando hacia el suelo y evitando la mirada de Gus. Su boca estaba curvada en una media sonrisa; levantó una mejilla, tirando de la comisura de sus labios junto con ella, sus anchos hombros se alzaron en un encogimiento casual.
—Sólo porque sí. — fue la respuesta del ex guardia dorado.
Una pequeña parte del lado romántico y tal vez algo esperanzado de Gus había muerto un poco entonces, y con un poco, quiso decir que todo su corazón lo hizo. Su rostro cambió de incredulidad, a un ceño fruncido.
Hunter se dio cuenta que esto no fue una buena idea entonces.
—¿Qué tal... por diversión? ¿Como una broma?— Esa última parte salió con un poco más de sátira de lo que Hunter pretendía.
ups.
Sin embargo, Hunter captó una mueca. La piel debajo del ojo de Hunter se contrajo ligeramente. Supo de inmediato que algo no andaba bien.
doble ups.
Ahora Gus se sintió mal.
Hunter, dulce Hunter, a pesar de la personalidad genial que intentó interpretar, realmente era un niño genuino en el fondo. Retrocedió rápidamente; se mostró en la forma en que sus ojos se abrieron con sorpresa y cuando salió disparado hacia la silla.
—¡No!— exclamó, un poco demasiado alto, elevándose sobre Gus. —no…— repitió Hunter, más suave. su mirada se volvió más suave también. —quiero decir... sólo... porque...
La mirada frustrada en el rostro de Hunter era entrañable, pero también tenía cierta seriedad, un marcado contraste con la forma en que había comenzado toda la conversación, y esta fue la parte en la que Gus también se puso serio. No solo porque era su amigo y se sentía responsable del rubio a veces; sino porque lo que le importaba a Hunter, la mayoría de las veces, también le importaba a él.
El joven ilusionista dejó el mp3 sobre una mesita, moviéndolos a un lado. Luego se sentó en el borde de su cama-sofá, balanceando sus piernas hacia abajo al lado de esta para que sus pies tocaran el suelo.
Inhaló y juntó las manos. Entonces volvió a preguntar. —¿Por qué?
Hunter miró a Gus donde estaba sentado, paciente y calmado como siempre.
El mismo Gus observó las diversas expresiones fugaces en el hermoso y demacrado rostro de Hunter.
confusión.
vacilación.
timidez.
contemplación y luego, resolución y determinación.
El rubio se acercó a él lentamente, llegando a pararse frente a Gus. Este último tuvo que inclinarse hacia atrás, inclinando la cabeza hacia arriba, solo para mantener el contacto visual con el chico más alto. Luego Hunter se dejó caer de rodillas, las manos descansando sobre el sofá a cada lado de Gus.
La cara de Hunter estaba nivelada con la suya, encorvándose ligeramente, inclinándose un poco hacia adelante, y esto, en pocas palabras, hizo que la mirada fuera aún más intensa.
A uno de los dos se le cortó la respiración. Gus no estaba seguro de a quién exactamente, pues estaba demasiado concentrado en los brillantes ojos rojos que lo miraban fijamente, la linda nariz que se arrastraba hacia abajo y luego el par de labios pálidos y carnosos debajo de ellos. Sus caras estaban a centímetros de distancia, pero lo suficientemente cerca como para detectar cada marca de belleza en sus rostros desnudos, y aún así, lo suficientemente lejos como para querer más.
¿Más de qué-?
El aliento de Gus quedó atrapado en su pecho. ¿Más que la amistad que ya tenían? ¿Más que el ya escaso espacio que compartían desde que llegaron al mundo humano? ¿más que una simple excusa frívola para besarse?
Sus mejillas, mandíbula, cuello y sienes se sentían cálidos, más cálido que de costumbre, más cálido que cuando sus vasos sanguíneos enrojecían su piel con un color rojizo. Más cálido porque Hunter había quitado las manos del sofá y las había colocado a ambos lados de la cara de Gus. Las palmas envolviendo sus mejillas y mandíbula entera, un dedo cada uno atrapado en las conchas de sus orejas y otro tocando su cuello.
Pulgares pálidos y llenos de rasguños acariciando la piel debajo de los ojos de Gus. Suaves toques del gentil ex guardia dorado, estirando un pulgar, el derecho, hacia abajo, chocando contra su nariz a medida que avanzaba, descansando la yema de ese pulgar contra sus labios.
Dicen que los labios eran una de las partes más sensibles de la anatomía humana, resultó ser lo mismo con un habitante de las Islas hirvientes, porque el peso del pulgar de Hunter se sentía como brasas ardiendo, una llama que se encendía suavemente, dentro de los límites de los labios de Gus. Estos se separaron involuntariamente y presionaron más contra el pulgar suavemente.
Si hubiera sido cualquier otra persona, tal vez Gus se hubiera alejado y le hubiera dicho que se detuviera. Pero este era Hunter, dulce, guapo, fuerte Hunter. Su compañero de cuarto, el de ojos dulces. Su amigo, su persona especial, su ser amado. Cuántas noches no soñó con poder estar cerca de Hunter, más cerca de lo que comúnmente eran, y simplemente ser ellos dos.
—Gus...— una voz ronca lo llamó por su nombre.
Él abrió los ojos de nuevo. ¿Cuando estos se habían cerrado? su boca todavía estaba ligeramente entreabierta, el pulgar de Hunter todavía estaba allí. Su mirada cambió, reenfocada. Vio unos labios carnosos que ahora estaban mucho más cerca de su cara, una nariz que rozaba la suya. Ojos rojos que estaban determinados, brillantes y vacilantes viéndolo.
—porque...— Exhaló Hunter, el aliento suave tocó la piel morena de Gus. —Porque creo que me gustas..— inhaló bruscamente, olió el champú con aroma a menta que a Gus tanto le gustaba usar. —…Dicen que besar sólo se siente bien si es con la persona que te gusta.
Gentiles manos, el pulgar se movió hacia su mejilla y las manos lo empujaron hacia adelante. sus narices se tocaron, se deslizaron una junto a la otra para hacer espacio. La anticipación se construyó sobre sí misma, enrollada con fuerza en el pecho de Gus. Un calor se enterró profundamente dentro de su estómago, y se revolvió y se retorció cuanto más tiempo pasaba.
—Hunter.. q-qué estás..
Podía sentir todo acerca del rubio; sus manos en su rostro tanto como su aliento sobre su boca. Sus brazos tocando sus hombros, su mirada en su rostro, su pecho apoyado contra sus rodillas, su calor envolviendo alrededor de su ser.
Sus labios agrietados a solo un beso de distancia.
Hunter no humedece sus labios con la suficiente frecuencia, y entonces, sólo entonces, Gus pudo sentir lo verdaderamente ásperos que estos eran cuando finalmente los sintió contra los suyos.
Debido a la forma en que su rostro estaba acunado, este era gentil. Porque la forma en que se besaban era casta y sencilla, digna de un par de adolescentes nuevos en este hermoso acto llamado besar. Sólo dos bocas presionadas una contra la otra, sensibles unos a otros.
Tal vez parte de que todo se sintiera tan glorioso era porque Gus había estado soñando y anhelando este momento durante varios meses, tal vez más, tal vez desde ese instante en Hexside, cuándo se percató por cuenta propia que Hunter no era un mal chico ni un traidor. O tal vez era porque era Hunter, el que desde ese momento tenía su corazón, quien lo estaba besando en este momento. El que hizo que Gus se sintiera vivo y consciente mil veces más de lo habitual.
Este primer beso se sintió como una brisa fresca durante el calor del verano, como probar agua fría por primera vez mientras se vive sediento entre las dunas del desierto. La anticipación que pesaba en su corazón se disipó.
Finalmente estaba sucediendo; estaba besando a Hunter, y Hunter lo estaba besando.
Entonces Hunter entendió porque a la gente le gustaba tanto besar, y más si lo hacías con la persona que más te importaba.
Se sentía bien, se sentía en casa.
Santo titán, amaba a Gus.
Romper el beso se sintió como si mil soles hubieran estallado en el espacio de la mente de Hunter. Un escalofrío se apoderó de él, le recorrió la sangre y los huesos con una sensualidad casi dolorosa. El aire fluyó hacia sus pulmones, sintiéndose muy parecido a la sed metafórica que imaginó cuando se percató de sus sentimientos hacía su amigo por primera vez.
Todavía estaba jadeando, parcialmente asfixiado, cuando su concentración se puso en marcha.
Gus lo miraba fijamente con diversión en sus ojos, lucía igual de agitado que él.
—¿qué? — La voz de Hunter sonaba ronca, jadeante.
Una sonrisa, todo dientes blancos y piel arrugada, se formó en el rostro de Gus.
—He estado queriendo hacer eso..—.Respondió el moreno, pasando a acariciar las rojizas orejas del mayor. — Besarte, quiero decir. yo-yo simplemente no sabía cómo decírtelo.. Creí.. creí que te gustaba Willow..
–Oh.— Hunter exhaló. —E-Ella es agradable pero.. ya te habrás dado cuenta. J-Jaja.
Gus pareció desconcertado por la respuesta por un momento, pero luego soltó una carcajada, todo su cuerpo temblaba y el de Hunter también. Sonaba genuinamente feliz, de la única forma en que Gus podía hacerlo: ridículamente exagerado, y Hunter no pudo evitar unirse, su propia risa se mezcló con la del ilusionista, de la misma manera que lo hizo momentos antes.
Mientras se calmaban, volvían del subidón que acababan de experimentar, Hunter habló nuevamente.
—Yo también… yo también quería decírtelo desde hace un tiempo. Sólo no quería que te incomodaras ni nada.
También lo cual, Gus puso los ojos en blanco. —Lo supuse. no eres exactamente tan sutil como crees. —sonrió. —Has estado actuando raro estos días.
Hunter se ofendió. —¡Yo no actúo raro!
—Claro que lo haces.
—¡Que no!
—¡Hablas solo todo el tiempo y sólo te la pasas viendo telenovelas con Camila!
Y antes de que Hunter pudiera defenderse, Gus señaló con algunos dedos la unión entre el cuello y el hombro de este: su punto débil.
—¡NO! ¡NO ES JUSTO! —exclamó Hunter, medio riéndose, medio encogiéndose ante la ofensa. —¡SABES QUE TENGO COSQUILLAS!
—¡Eso te mereces por ser un pésimo mentiroso! — respondió Gus, riéndose también, olvidando casi por completo el beso que acababan de compartir.
Luchan y juegan a pelear por un tiempo, Hunter tratando de detener a Gus, y este tratando de hacerle cosquillas a Hunter para que se rinda de una vez por todas. Solo se detienen cuando Hunter estaba de espaldas con Gus encima de él, con una que otra risilla floja de por medio mientras se calmaban.
Que extraño, su confesión carecía de cierto tipo de angustia que Hunter a menudo pensaba que tendría. Podrían haber suspirado el uno por el otro, sí. pero en cuanto Hunter pregunta, termina haciéndolo con muy poco convencimiento. Pero, de nuevo, todo transcurrió con demasiada facilidad y sencillez si tomamos en cuenta que hablamos de Hunter, aquel chico de manos sudorosas que casi todo suele salirle mal en cuanto a emociones se refiere.
—Entonces.. ¿Qué tal como novio?
Hunter parpadeó ante la pregunta. Gus le sonrió aún encima de él, tomó una de sus manos y le besó los nudillos con cariño.
—¿Puedo decirle a las demás que eres mi novio?
Pequeño travieso.
—¿por qué? — Hunter esta vez preguntó con la ceja levantada; obviamente esperando la respuesta del contrario con una sonrisa.
Gus se encogió de hombros. —Sólo porque sí.— El moreno se burló entonces, con una sonrisa deslizándose en su rostro. Se inclinó y presionó un nuevo beso en los labios de Hunter, esperando que vendrían más de esos con ansias.
—bien entonces. — Hunter respondió con una sonrisa. —Me alegro de haber preguntado si podía besarte.
Ambos muchachos se quedaron ahí, disfrutando del cómodo silencio de la tarde mientras observaban las luces del techo.
Hunter no podía estar más feliz, después de todo había aclarado su duda respecto a los besos y ahora tenía un asombroso novio.
Genial.
