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Mobei Jun y Shang Qinghua miraban las palabras en los libros, uno repetía después del otro, eran los sonidos de una lengua medio olvidada en el reino, esto era lo que hacían en los días libres: ambos practicaban un idioma y días después viajaban a la comunidad para corroborar los sonidos.
Mantener la curiosidad es indispensable si quieres tener una buena vida, una buena larga vida de cultivador y demonio.
En este viaje de Shang Qinghua con Mobei Jun, se añadieron dos individuos más: Dos demonios mestizos herederos, traviesos e inteligentes, quienes les despertaban el más grande afecto.
Aunque era así, en este instante agradecían tener un poco de serenidad para sus estudios de idiomas.
Hasta que...
La puerta se abrió con un estruendo y dejó entrar una figura pequeña y ávida.
—¡A-die! ¿No sabes que Baba necesita recibir luz solar?
—¡Mo Yan!
El pequeño demonio había aprendido, con un gran susto, que su padre humano era algo parecido a las plantas de la taiga del reino: Podrían resistir las heladas del norte gracias a su fuerte sistema, mas necesitaban luz solar para crecer y nutrise.
En la cabecita de Mo Yan aún vivía la imagen de un Shang Qinghua demacrado.
Eso fue mucho tiempo atrás... Esa vez, Baba había pasado meses viviendo en el subsuelo que era la Fortaleza, así que se enfermó. Al final tuvo que llegar un médico humano a sanarlo.
La principal recomendación fue: "Tiene que tomar sol".
El pequeño Mo Yan jaló a su Baba con toda la fuerza que su cuerpecito tenía, al ser medio demonio, esta no era una fuerza despreciable.
Shang Qinghua se levantó arrastrando la pereza y resignándose a dejar la comodidad de la lección de idiomas al lado de su esposo.
—¡Mobei!— Llamó Qinghua, el otro ya estaba recostado en el diván, ya tenía los ojos cerrados y su pierna caía libre, así que la balanceaba suavemente.
No. No estaba dispuesto a gastar toda su energía en esta salida familiar.
Atardecía.
El norte era el norte, no podía haber nada más que frío pero, este viento helado era, más bien, amigable.
—Baba— Mo Yan tomó las riendas del tríneo e invitó a su papá a subir. Sonrió, su gesto era inocente y amable, como un niño que no sufrió.
¿Esto era obra suya?
Shang Qinghua se había hecho esta promesa: Jamás hacer sentir a sus hijos tal como sus padres lo hicieron sentir a él.
¿Pero qué acciones tomar para evitarlo? Esta siempre era la incógnita, Shang Qinghua, hasta la fecha, se preguntaba si estaba haciendo bien su trabajo.
Con un suspiro deseó que el cansancio lo dejara subir al trineo.
Se acomodó y ¡Arrancaron!
—Te encargo mi vida, conductor.
—¡Mn! No te preocupes.
—¿No? ¿Qué hay de la vez que nos estrellamos en la colina de nieve?
—¡Pero esa vez estaba muy pequeño! Y, y, no sabía usar el trineo.
—¿Ahora sí?
—¡Ahora sí!
Shang Qinghua levantó el pulgar. Ambos sonrieron. Mo Yan fijó los ojos en el camino y Shang Qinghua se acomodó en el asiento como un gato perezoso y deshuesado, sonrió de placer.
¡Qué bello era el norte! Pese a que su lindo aspecto ocultaba hostilidad. La meseta era de una blancura serena, el viento era suave, de ese que te roza de manera fría y delicada y te hace sentir amado... De hecho, justo así se sentía estar al lado de Mobei Jun. Qué coincidencia.
Atrás de unos montes y picos, en la lejanía, el sol iba ocultándose con lentitud, mirando a la tierra como si fuera la última vez.
Shang Qinghua quiso asegurarse de que todavía estaban en el camino (invisible camino), miró y, sí, lo estaban. Algunas ebras del pelo de Mo Yan se libreraron de su trenza y se sacudían como locas con el viento. Mo Yan a menudo encontraría la manera de despeinarse. Qinghua no se quejó mucho, pensó que era normal para un niño de ocho años... Al menos para él lo fue.
Las bestias que halaban el tríneo detuvieron poco a poco la carrera. Se detuvieron al pie de un montículo, había unos cuantos peldaños hechos en la tierra.
—¿Vamos a subir?— dijo Shang Qinghua con un deje de cansancio.
—Baba, no seas perezoso.
Shang Qinghua jadeó.
—¡Perezoso? ¡Yooo? ¡Ya verás, deja que este viejo te de una lección!
Y correteando, subieron las ciento veinte gradas.
—¡A-Yan descubrió este lugar!
A-Yan ¿No viste las gradas? ¡Subiste y bajaste tres veces! Alguien te ganó el descubrimiento.
El pequeño era inteligente, más tarde se daría cuenta de esto por sí mismo así que Shang Qinghua prefirió concentrarse en calmar su respiración agitada.
—¡Ven, ven, antes de que se vaya el sol!
Shang Qinghua tomó la mano que le fue ofrecida y le dio un apretón, luego le besó los nudillos.
Mo Yan se rió ante eso.
¡Cuán extenso era el territorio!
Y eso que solamente estaban mirando una parte. En efecto, el sol había esperado a que ellos llegaran a la cima. El cielo ya estaba de color violeta-azulado.
Sí, el norte era más bonito que todo el reino demoníaco, Shang Qinghua concluyó.
—Gracias A-Yan.
El pequeño se abrazó a su cadera.
—¡Mn!
Shang Qinghua le frotó la espaldita.
Ah, ojalá estuviera haciendo bien su trabajo de crianza.
Cuando bajaron estaba medio iluminado, la oscuridad era veloz.
Mo Yan se quedó parado en el último escalón y empezó a llorar.
—¿Qué pasó?
—¡No puedo conducir de noche!
En realidad no podía, no sabía cómo.
—¿Y ahora! ¿Qué hacemos?
Mo Yan lloró más.
—A-Yan ¿Cuántas veces te he dejado a la deriva?
Mo Yan no contestó, siguió llorando.
Shang Qinghua lo cargo y dio un suspiro, se rió un poco.
—¡Yo quería sacar a pasear a Baba!
—Ya dimos un paseo ¿No? Le toca conducir a Baba.
Encendió un par de faroles y, con ayuda de los ojos nocturnos de las bestias que halaban el tríneo, llegaron a casa.
Una niña bailaba en el salón. Las largas mangas de su ropa flotaban en el aire, las formas eran distintas pero todas se percibían suaves y gráciles, como las hojas sueltas que revolotean con el viento sin caer a tierra. No había música, pero ella tarareaba una melodía exclusiva para sí misma.
Casi tendido sobre la mesa de trabajo, Shang Qinghua pintaba loquesea, Mo Yan le ayudaba.
En uno de los rincones, Mobei Jun afilaba y pulía una colección de armas demoníacas. El ruido de los metales y, a veces, de la cera, importaba poco en ese salón... Podría decirse que, incluso, daba una sensación de comodidad.
De pronto, la niña ya no bailaba gracilmente, sino que parecía jugar con los ruidos industriales de las armas en las manos de su papá. Era algo tosco y divertido.
Un sirviente llamó a la puerta, asomó la cabeza y vio el espectáculo.
—Señores, la cena está lista.
Se fue.
Afuera, el sirviente dijo sin verdadera malicia y casi, casi, con un poco de cariño:
—Son todos unos malcriados.
Mo Ring era la primer hija.
Pasaba el tiempo aprendiendo danza en el reino humano.
Tenía doce, era cuatro años mayor que Mo Yan.
—...y por eso no me gusta que a las niñas demonio no les guste la música humana.
—Es cuestión de costumbre— Shang Qinghua.
—Es cultural— dijo Mobei Jun.
—¡Exacto!
Mobei Jun había aprendido a las malas.
—¿Cultural? ¡Pues van a ver la cultural que les voy a dar!
—Manten los puños dentro de tus mangas, A-Ring— Shang Qinghua dijo y pellizcó suavemente la respingada naricita.
—Vayamos de caza mañana, allí podrás sacar los puños.
—¡Siii!
—Por cierto, A-Ring ¿Cuánto tiempo más piensas dormir con nosotros?
La niña se acomodó en medio de Mobei Jun y Shang Qinghua antes de que intentaran expulsarla pero, esto no podría pasar, ambos no pensaban echar del cuarto a la pequeña princesa. Simplemente no.
Mo Ring refunfuñó al no saber qué responderle a su Baba.
—...pero me gusta aquí— murmuró.
Shang Qinghua se rió, estas actitudes infantiles solo las había experimentado con Mobei Jun, ahora tenía mayor certeza de que Mobei Jun era como un niño grandote.
Al dejar pasar el tema, la niña siguió hablando, contando las curiosidades que descubría en sus aventuras diarias, pero Shang pensaba: ¿Cómo hice para tener una hija tan bonita? Esto es obra de dawang, sí.
Shang Qinghua acarició la cabeza de su princesa hasta que ella dejó de hablar, cuando sus lindos ojos celestes se cerraron por el sueño, él le dio un beso en la enfrente, Mobei Jun hizo lo mismo.
Después de que ella se durmiera, Shang Qinghua le dio una mirada a Mobei Jun, el demonio la recibió.
Entendido, otra vez tendrían una reunión secreta.
Esto solamente consistía en esperar a que la niña durmiera para salir del dormitorio y vagar hacia alguna bodega de la fortaleza y hacer cosas más dieciocho hasta el amanecer.
Eso hicieron.
—¡Se levantaron temprano, otra vez! ¿Y A-die?
—Arriba, está inspeccionando la caravana— dijo Shang Qinghua, le sonrió a la vez que guardaba unos talismanes.
—¡Yo tambien quiero! Me voy a poner la túnica morada.
—Pequeña saltamontes ¿Quieres que te ayude a vestir?
—¡Sí! Gracias Baba.
Así, la familia emprendió la caza del día.
Iban montados en bestias peludas y grandes, a paso moderado, y algunos demonios los acompañaban a modo de séquito.
Antes de las diez de la mañana ya se habían adentrado al bosque de pinos glaciales. Estos pinos eran de madera negra y anormalmente dura ya que funcionaban como resguardo ante las nevadas.
Había, también, helechos súper blandos que vivían durante unas horas en el día y luego se arrugaban como una pasa para soportar la noche.
Así que, debido a la variedad de plantas que por milagro demoníaco sobrevivían en el bosque, también había bestias místicas que lograban habitar el lugar.
Los animales y los tríneos quedaron al pie de una inclinación en una zona elevada, desde allí todos caminaron, listos ya para la caza de la bestia: Un puma-búfalo imperial. Este ser vivía en las cavernas de la montaña, se camuflaba en ella por su color grisáceo.
No era furtiva su caza, ya que solían bajar al pueblo más cercano para alimentarse de todo lo que fuera más pequeño que ellos, incluso a los niños demonio, así que había que controlarlo un poco ya que no tenían depredadores.
En fin, el terreno a veces era plano, a veces subía o bajaba. El grupo fue dispersándose...
Shang Qinghua se quedó parado viendo cómo Mo Ring levantaba a Mo Yan para que subiera a la rama de un árbol grande y pudiera alcanzar un nido que se había congelado y parecía de vidrio.
—¿Y Dawang?
Buscó con la mirada y lo vio a través de la maleza cubierta por la nieve, estaba en el área inferior hablando con un par de subodinados.
Parecía todo tranquilo, el cielo tenía su característico tono azul sucio del reino demoníaco.
—¡Baba! ¡Mira, mira!— El niño saltó sobre la rama como si esta no estuviera resbalosa por la escarcha. En su mano destellaba el nido de ave vuelto cristal de hielo.
—¡A-Yan, baja! ¡Quiero verl— dijo la niña, aunque mas bien tenía rodeado el tronco del árbol con todas sus extremidades. Pensaba escalar el árbol liso...
Shang Qinghua resistió el impulso de subir él mismo y bajar a ambos.
Él también había aprendido algo hace tiempo: estos niños eran astutos y hábiles.
Aún con eso, sacó la espada para volar y llevar a esos dos a tierra.
—Manténgase alerta hay...
Shang Qinghua no pudo oír el resto de lo que dijo Mobei Jun a la distancia, ya que un gruñido vino de entre unas rocas a un par de metros de él.
Vaya, el legendario Puma-búfalo Imperial.
El Puma-búfalo Imperial sí que era grande ¡Casi tres metros! Los ojos amarillos y su hocico de puma... tenía dientes dispares pero seguro que eran filosos y su frente de búfalo era abultada haciendo que su apariencia se viera enojadísima incluso el vapor salió de su hocico cuando volvió a gruñir y tenía patas flacas pero esos cascos sí que le romperían la cabeza a alguien y al final del cuerpo robusto tenía una peluda y pequeña colita.
Qué lindo.
Shang Qinghua sintió cómo se le erizaba el pelo desde la cabeza a las manos y pies.
Okay, ya lo conocí, adiós.
Se dio la vuelta e iba a correr cuando miró a sus pequeños mirándolo con sus ojitos celestes tan grandes como lunas.
¡Esa cosa se los podría comer!
Antes de que pudiera levantar el brazo para volverse y apuñalar a la bestia, este ya lo había engullido por completo.
El maravilloso mundo demoníaco, con sus cielos opacos pero agradables y la tierra engañosa se habían reducido a una cavidad viscosa, oscura y hedionda.
Afuera, como un sonido distante y dormido, se oía el crujir del hielo cuando se formaba, el silbido al atacar y el tintineo de cuando estallaba en pedazos majestuosos.
Oyó un par de "¡Baba!" y eran aterradores, ya tenía miedo pero se duplicó con ese llamado, no podía no quería dejar a esos dos demonios extrovertidos que tenían mucha energía y que Shang Qinghua ya no sabía qué hacer para que se cansaran un poco. A veces quería estar solo sin que una niña se le montara encima o que un pequeño le rayara las cartas que estaba por enviar ¡Pero eso no importaba ahora!
La bestia se sacudió mientras corría, lo supuso, ya que parecía estar dentro de una de esas máquinas de metal, de su vida anterior, que giraba alocadamente y que uno pagaba para subir por puro placer u odio a sí mismo.
Iba a sacar la espada pero ¡La muy $@!# cayó de su mano cuando el puma-búfalo lo tragó. No quiso llamar a la espada por temor a que, en su viaje a apuñalar, lastimara a quienes no debía. Mientras pensaba, la boca empezó a masticar.
No puede ser que una bestia X me vaya a defecar en esta montaña qué lejos estoy de mi tierra podría decir que fui un viajero del mundo? Al menos entre dimensiones...
...ojalá los niños se queden allí ¡Mobei Jun, sálvalos!
—¡BABA!
Los niños cayeron del árbol, solo pudieron ver la sombra de Shang Qinghua siendo engullida por la bestia...
Mobei Jun asfaltó el suelo con la escarcha para que el puma-búfalo derrapara pero, este animal estaba adaptado al terreno del bosque de hielo y escapó de manera relativamente fácil.
Mobei Jun corrió y los niños lo siguieron, no se fueron ni aunque Mobei Jun les ordenara que se quedaran atrás, resguardados por dos guerreros de confianza.
De otra cueva sobre la cumbre, un segundo puma-búfalo saltó sobre ellos y Mobei Jun se encargó de este... Los niños resbalaron por una pendiente cuando intentaron ocultarse. Solo el tronco duro de un árbol detuvo su larga caída.
—Busquemos Baba—... musitó Mo Ring, y ayudó a Mo Yan a ponerse de pie.
Se tomaron de las manos, y caminaron por el accidentado bosque.
La niña olfateó en el aire un par de veces.
—¡Debió caer al barranco!
Ambos corrieron en la dirección que la niña señaló.
Al andar, la nieve atrapaba sus pies, en especial los de Mo Yan. Mo Ring era un tanto más alta y pudo dar pasos cada vez más ágiles, levantó la túnica para dar pasos graciosos como una lagartija en dos patas.
Dejaron cuatro hileras de hoyitos a su paso.
El camino los llevó a un lugar un tanto plano pero accidentado, a lo lejos se oía venir un estruendo cada vez más fuerte y justo cuando levantaron la mirada, el animal cayó desde arriba y se azotó en el suelo irregular, las rocas flojas se deslizaron y los niños se sostuvieron el uno al otro para no caer.
—¡Baba!
Del hocico del animal en el suelo emergió una especie de capullo... Era Shang Qinghua. No se movió, y tampoco la bestia, esto alertó a los pequeños.
Bajaron entre saltos hasta llegar a ese lugar.
—¡Baba, despierta!
Mo Yan miró a su hermana con desesperación y esta continuaba llamando a su padre.
De repente, Shang Qinghua levantó sus manos para limpiar la baba que tenía en el rostro, los niños exclamaron a esto y lo apretaron con fuerza.
Iba a preguntar si estaban bien, fue entonces cuando sintió las heridas en su cuerpo.
—¡Baba, baba, vámonos!
Mo Ring le apresuró. En ese momento la bestia gruñó, ensangrentada, empezó a ponerse de pie.
Shang Qinghua también quiso levantarse pero el proceso de sanación de su cuerpo estaba un poco lento, se tambaleó y volvió a caer de rodillas.
Había unos cinco metros de distancia entre Shang Qinghua y el puma-búfalo pero esta parecía reducirse al ver a la bestia que se erguía.
Shang Qinghua pensó Mobei Jun, si vas a venir, tiene que ser ahora.
El puma-búfalo al fin estaba de pie y rugió de nuevo, cuando iba a dar la primer embestida, el cristal helado congeló sus patas delanteras haciendo que cayera de hocico. Sin embargo logró romper ese hielo turquesa...
Shang Qinghua reconoció ese hielo entre las otras clases de hielo que había visto en su vida.
—¡Mo Ring!
La niña se paró delante de su papá con esa pose de bailarina que Shang le había visto practicar desde hacía tiempo. Sus manos estaban al frente como haciendo la figura de una paloma.
El puma-búfalo imperial se sacudió como loco y volvió a avanzar, Mo Ring cambio la forma de sus manos para enviar una avalancha de hielo turquesa para frenar su avance, el puma-búfalo se resistió con toda la fuerza, bufó y se movió a la derecha para contraatacar, Mo Ring avanzó al encuentro de la bestia, esta vez dio un pisotón he hizo que el hielo se crispara hacia arriba, esto desestabilizó al puma-búfalo.
Shang Qinghua ya se había puesto de pie y llamó a su espada, sintió el apretón de Mo Yan en su cadera.
La espada llegó mientras Mo Ring continuaba en su intento de empujar a la bestia por la pendiente. Shang Qinghua tomó a Mo Yan, poniéndolo en su cintura y agarró con un brazo a Mo Ring para llevarla consigo.
Apenas se habían elevado unos metros del suelo cuando el puma-búfalo saltó para alcanzarles y con sus astas tumbó la espada en el aire.
Los tres cayeron otra vez.
Cuando la bestia abrió la boca, tan grotescamente amplia para ver su lengua ensangrentada y la saliva empapando los colmillos, Mo Ring se soltó del agarre de Shang Qinghua quien pretendía rodar por el suelo; de rodillas, ella empujó sus poderes para llenar la boca del animal con hielo sólido para que no se atreviera a cerrar la mandíbula.
Con esto, la bestia volvió a sacudirse desesperado por escupir la enorme bola de hielo. Pisoteó y pisoteó.
Mo Ring estaba gateando a un lugar seguro cuando volvió a elevarse por el aire desde el cuello de su túnica, y fue arrojada, lejos, para caer sobre el pecho de su papá, Shang Qinghua.
Esta vez, el hielo que atravesó a la bestia era negro.
Mobei Jun había llegado.
Mo Ring y Mo Yan miraron a su A-die muy impresionados, la bestia fue perforada...
—¡Baba! ¿Estás bien?— Mo Ring se giró para preguntar.
Shang Qinghua estaba sin palabras, había visto a Mo Ring practicar con Mobei Jun pero no había presenciado una pelea real... Se sentía extraño, de una buena manera.
—Sí, sí, vamos—. El dolor de los rasguños persistió pero había alivio por saberse vivos.
Shang Qinghua levantó la vista, los demonios que los acompañaban eran espectadores sobre el risco de donde había caído la bestia. No se atrevieron a mostrarse ante Mobei Jun por su lentitud.
Enhorabuena...
Mobei Jun solo se había atrasado por buscar a los niños, fue una suerte que estos llegaran antes con Shang Qinghua.
El puma-búfalo, de inmediato, quedó tendido sobre su propia sangre violácea que teñía la nieve. El silbido del viento entre los árboles de la montaña dejó a todos con una sensación de tranquilidad.
Mobei Jun levantó a la bestia y, antes de llevarla a los tríneos, se volvió para ver a la niña.
—Es nuestra presa, colabora.
Ella corrió y, con esfuerzo, levantó las patas traseras del animal.
Sí, fue trabajo en equipo.
La familia hizo su descenso hacia el pie de la montaña; los demonios cargaron a la bestia muerta y pusieron más atención al camino. Shang Qinghua, levemente herido, se ayudó de Mobei Jun para andar.
Ya estaba oscureciendo, esta vez volvieron a casa en un tríneo que se mecía con la suavidad de la nieve, la brisa crepuscular quemó juguetonamente las mejillas de todos, como tratando de aliviar el caos previo. Los niños iban en silencio, aferrados a la cintura de su baba.
Mobei Jun le sostuvo fuertemente la mano y parecía decir con la mirada "Curaremos tus heridas pronto".
Shang Qinghua colocó la otra mano sobre la cabeza de su pequeña bailarina, ella no lo necesitaba para estar segura, sin embargo, todavía se abrazaba a él con tanta devoción, como si fuera importante, como si el mundo fuera a acabarse sin él.
Y Mo Yan tampoco lo necesitaba. Este niño no temía, no perdía la cordura como Shang, aun así, aquí estaba, tratando de ocultar sus sollozos en la ropa húmeda del humano.
Eran unos niños demonio mimados; tanto como Mobei Jun, querían tenerlo con ellos por puro capricho.
—No es cierto—, dijo Mobei Jun en el frío silencio de la meseta. —No es un capricho.
Mobei Jun acarició la cabeza de los pequeños que ya dormitaban.
—Eres un progenitor, eres un asesor, eres un esposo, pero hay algo más allí por lo que te queremos a nuestro lado.
Mobei Jun habló con mesura, la brisa no se llevaba su voz.
Protegidos por el crepúsculo del norte, el tríneo tintineó sobre las suaves ondas de las dunas. Shang Qinghua apretó los labios.
¿Tuvo que pasar dos vidas...?
—No sé lo que sea, pero quererte a nuestro lado no es un capricho.
Shang Qinghua esperó a que hubiera más palabras, pero fue lo único que Mobei Jun dijo.
¿Tuvo que pasar dos vidas para ser amado?
Sí que valía la pena.
