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Despierta en medio de la noche al sentir que el lado izquierdo de la cama está vacío. La ausencia de la persona que duerme junto a él es motivo suficiente para que Chifuyu se levante de golpe y con pasos torpes, salga de la habitación lo más pronto posible. Es muy raro para él que Kazutora no esté junto a él durmiendo, por lo que pronto piensa en lo peor. Quizás le pasó algo, porque no escucha su presencia. Con el corazón acelerado, lo busca con la mirada a pesar de que todo está en penumbras en el apartamento, hasta que divisa una figura situada en la cocina que intuye que es la de Kazutora. Regula su respiración al verlo y trata de mantener la compostura, así que se acerca con lentitud hacia la cocina.
Hay apenas una pequeña y tenue luz proveniente del horno. Una tetera con agua que aún no ha llegado a su punto de ebullición está sobre el aparato, calentando el contenido de ésta poco a poco. Kazutora permanece inmóvil y en silencio, abrazándose a sí mismo por el frío que siente, absorto en observar las llamas azules, sumergido en sus pensamientos de ese momento. No se da cuenta de la presencia de Chifuyu porque él es tan sigiloso como un felino, hasta que dos brazos lo envuelven en un cálido abrazo. Sale del trance, parpadea unas cuantas veces para volver en sí y gira su cabeza con lentitud, casi de manera mecánica para encontrar a la cabeza de Chifuyu sobre su hombro, desaliñado y recién despertado.
“¿Qué haces aquí?”, pregunta Chifuyu con voz baja y suave.
“Tuve una pesadilla”, responde Kazutora, empleando el mismo tono de voz. “No podía dormir y... decidí venir a tomar un poco de té”
La semblante tranquila y somnolienta de Chifuyu se torna preocupada. “¿Quieres hablar de ello?”
Kazutora asiente con la cabeza. “Sólo deja que me preparo el té para beber, ¿quieres tú también?”
“No, pero gracias de todos modos”
La tetera comienza a sonar, avisando que el agua está hirviendo, por lo que Kazutora apaga el horno y prepara una taza. Se desplaza en medio de la oscuridad con Chifuyu abrazándolo por la espalda. No es primera vez que se movilizan de esta forma, además que no le molesta en lo absoluto que Chifuyu lo abrace de esa forma porque su pesadilla trata de él. Que sienta la presencia de él y se mueva con él, convence a Kazutora que su pesadilla sólo fue un producto de su mente y un intento de hacer creer que no merece todo lo que ha conseguido a lo largo del tiempo desde que salió de prisión.
Unos cuantos segundos pasan y su té caliente está preparado. Ambos se desplazan con sigilo hacia el comedor, cada uno sentándose en una silla. Kazutora mantiene sus manos sobre la taza de té que sigue hirviendo, pero pronto una mano es retirada del contorno de la taza para ser entrelazada por la mano de Chifuyu. Aunque no pueda verlo bien, Kazutora sabe que le está mirando con preocupación.
“Puedes contarme lo que sucedió”, dice Chifuyu con voz suave, casi susurrante, “soy todo oídos y si quieres omitir algunos detalles, lo comprenderé, no te presionaré si te causa algún malestar”
Kazutora deja escapar un pesado suspiro, se relame los labios y toma la taza para beber un poco del té, no sin antes soplar un poco para intentar enfriar un poco el líquido. Chifuyu aprieta suavemente su mano, para proporcionarle la valentía suficiente para comenzar a relatar lo que soñó.
“Soñé sobre el Bloody Halloween y sobre ti, en especial sobre ti”, habla Kazutora, se relame otra vez y traga duro, tratando de deshacerse del nudo que siente en la garganta por los nervios que siente. “Yo... soñé que por todo lo que ocurrió te enojaste conmigo al punto de que me dejabas solo y me echabas del trabajo y el apartamento”.
Él suda en frío, recordando vivamente en su mente el eco de la impotente y enojada voz de Chifuyu. Se muerde el labio con fuerza sin saber si debe continuar porque no hay mucho más que pueda recordar. La pesadilla fue corta por suerte, sin embargo, fue lo suficientemente horrible para Kazutora como para haber despertado a altas horas de la noche para cerciorarse que todo era un producto de su mente.
“No sé si llegaste a golpearme, no recuerdo bien porque me desperté en ese momento”, titubea Kazutora, apretando ahora la mano de Chifuyu con fuerza, pero no lo suficiente para lastimarlo. “Pero me hizo pensar en muchas cosas”, agrega.
Hay otro silencio. Chifuyu sabe que Kazutora no es muy bueno expresando sus sentimientos a través del habla y que se toma su tiempo para ordenar sus ideas y dejar atrás también sus malos pensamientos que invaden su cabeza al mismo tiempo. Sabe, a esas alturas, que Kazutora necesita tiempo para hablar sobre sus problemas porque si se apresura o se siente presionado a hablar, termine sintiéndose abrumado al punto de caer en un ataque de pánico.
Los fantasmas del pasado aún lo atormentan. Le hacen recordar sus pecados a diario. Por suerte, la rutina de la tienda de mascotas ayuda a que no esté pensando constantemente en lo que ocurrió e incluso poco a poco logra abandonar parcialmente dichos pensamientos, no obstante, a Kazutora todavía le queda un largo camino por recorrer para poder librarse de ellos. Hay días en que no puede alejarse de ellos, pero Chifuyu siempre está ahí para él, como la luz de esperanza y su guía como siempre lo ha sido desde el momento en que volvieron a reencontrarse después de varios años.
El silencio se prolonga un poco más de lo habitual. Kazutora siente un horrible nudo en la garganta que le impide en ese momento continuar y sus ojos pronto se llenan de lágrimas que amenazan por salir. Continúa mordiendo con más impaciencia el labio inferior hasta que consigue lastimarse a sí mismo por la forma tosca en que se mordisquea. Parte de él quiere hacer la pregunta a Chifuyu, pese a que ya ha tenido respuesta anteriormente. Conoce muy bien lo que me responderá, pero, aun así, él quiere y necesita volver a escuchar esas palabras.
“¿Kazutora?”, llama Chifuyu.
La forma gentil y suave que ahora el pulgar de Chifuyu acaricia la mano de Kazutora, provoca aún más sus ganas de llorar. No se siente digno de recibir tal gesto de su parte, no después de todo lo que cometió en el pasado.
“¿Por qué no me odias?”, la pregunta sale por fin de la boca de Kazutora, en un hilo de voz. Le duele demasiado la garganta por el nudo y ya no puede evitar que las lágrimas caigan, recorriendo sus mejillas.
Ha tenido noches horribles, sin embargo, ésta en particular, ha sido una de las peores para él. “¿Por qué eres tan bueno conmigo?”, agrega, susurrando. “Yo no merezco que me trates de esta forma. Sabes las cosas que hice, pero sigo sin entender por qué me tratas de esta forma”
Baja la cabeza mientras solloza en silencio, pero sigue sin soltar la mano de Chifuyu. Sus pensamientos han podido con él y ahora se siente desbordado que no sabe más que llorar, culpándose una vez más por lo ocurrido en el Bloody Halloween. De pronto, siente vacío cuando la mano de Chifuyu lo suelta, pero es rápidamente reemplazado por un par de brazos que lo rodean con calidez y que lo reconfortan. Incluso, llega a poder sentir desde el pecho, los lentos y relajados latidos de Chifuyu.
“No digas que no te lo mereces porque la realidad es que sí te lo mereces”, habla el hombre. “Mereces ser feliz Kazutora, mereces la segunda oportunidad que estás viviendo ahora mismo. Cada día eres una mejor versión de ti mismo”.
Tarda un poco en corresponder el abrazo y en cuanto lo hace, Kazutora se aferra a Chifuyu. Siente que ha encontrado el consuelo una vez más en sus brazos, en la forma en que Chifuyu lo abraza y le habla, tan dulce y reconfortante. Los latidos le calman, los negativos pensamientos se desplazan poco a poco hasta que quedan relegados en su mente y ahora, sólo puede pensar en la persona que tanto ama: Chifuyu.
“No te pude odiar porque sé que fuiste una víctima más en esa situación”, prosigue Chifuyu, “me costó entenderlo, pero sé que fuiste manipulado. Además, no puedo odiarte porque has cambiado mucho y sigues tratando de ser una mejor persona”.
Kazutora acomoda mejor su cabeza con tal de sentirse protegido en los brazos de Chifuyu. Quizás habrá escuchado las mismas palabras una y otra vez; dichas de diferentes formas, pero siguen surtiendo como un efecto tranquilizante y reconfortante. Él cierra los ojos por un momento mientras escucha los latidos del pecho de Chifuyu.
“Mereces ser feliz Kazutora”, finaliza el joven, “y prometí que te haré feliz mientras estemos juntos”.
El tacto de la mano ajena tocando su cabello, acariciando con ternura le provoca una agradable sensación de felicidad. Kazutora no sólo adora cuando Chifuyu le habla con palabras bonitas y reconfortantes, sino que también adora el tacto suave y cariñoso que tiene con él. Las lágrimas han dejado de brotar, pero siente la nariz llena de mucosidad, por lo que le es inevitable no sorber un poco su nariz para poder respirar. Él se remueve un poco, tomando una pequeña distancia, lo que Chifuyu aprovecha para limpiar el resto de las lágrimas del rostro de Kazutora.
“¿Estás mejor?”, inquiere Chifuyu.
Kazutora asiente con la cabeza. “Gracias”, toma un pequeño silencio para poder aclarar la garganta. “Me siento muy afortunado por tenerte a mi lado”
Chifuyu ríe con suavidad, lo que provoca que a Kazutora se le dibuje una pequeña sonrisa. Aún si están a oscuras y apenas pueden ver la presencia del otro, Kazutora tiene la certeza de que Chifuyu ahora mismo le mira con amor y cariño; no puede evitar sentir que su corazón se derrite ante ello.
“No importa cuántas veces tenga que decirlo”, habla Chifuyu con ternura, “te recordaré lo mucho que mereces ser feliz, Kazutora”.
Lo siguiente que siente Kazutora es su cara ruborizándose y la respiración de Chifuyu acercándose, entremezclando con el propio. Cierra sus ojos de manera casi instintiva, suponiendo lo que va a pasar a continuación. Una corriente eléctrica recorre todo su cuerpo en el momento en que los labios de Chifuyu hacen contacto con los suyos, presionándolos. Kazutora suelta un suspiro en medio del lento pero tierno compas del beso a la par que el otro acuna su rostro con las manos. Un gemido de dolor es ahogado en el beso en cuanto Chifuyu intenta con su lengua pasar a la boca ajena.
“Lo siento”, dice Chifuyu, rápidamente terminando el beso, “¿te hiciste daño en el labio?”
“Sí, estoy bien”, replica Kazutora, “me pasé a llevar por accidente, es todo”
Chifuyu exhala un suspiro de alivio y deposita en Kazutora un corto beso en sus labios. “Es tarde”, murmura, “¿crees que podrás volver a dormir?”
“Eso creo”, duda Kazutora, “aún debo terminar el té. Aunque ya quizás esté frío”.
Kazutora se gira para poder tocar la taza de té que, a pesar del tiempo transcurrido, está ahora a temperatura ambiente. Pese a ello, decide que se lo beberá de todos modos. Mientras lo hace, escucha a su lado a Chifuyu bostezar y murmurar algunas palabras que no logra entender muy bien. No le toma mucho tiempo para acabar con el té –no le quedaba demasiado–, y en cuanto finaliza, se relame los labios y aclara su garganta en silencio.
“Iré a dormir”, le avisa Chifuyu a Kazutora, “¿vienes?”
“Sí, voy contigo”, responde Kazutora de inmediato.
Él se levanta de la mesa no sin antes tomar la taza vacía para ir a la cocina para dejarla en el lavaplatos; por la mañana se encargará de lavarlo. Chifuyu le ofrece su mano para que juntos vayan a dormir a la habitación, por lo que Kazutora toma gustoso la mano de Chifuyu. Ambos caminan a paso lento y con cautela debido a la oscuridad a la que están ahora mismo. Kazutora se detiene en el camino con tal de poder entrar a la cocina y dejar la taza en el lavaplatos. Una vez que lo hace, regresa con Chifuyu y juntos vuelven a la habitación.
Ya estando dentro, Chifuyu es el primero que se acuesta y se acomoda entre las sábanas. Kazutora titubea un poco. Aún sigue afectado por la pesadilla que ha tenido y no está muy seguro de querer volver a dormir, sin embargo, la silueta de Chifuyu, dándole pequeñas palmaditas al colchón de la cama a modo invitación, es razón suficiente para él para finalmente volver a acostarse.
En cuanto ya está en cama, Chifuyu lo atrae hasta él, lo que toma por desprevenido a Kazutora, pero al mismo tiempo, le da una sensación de seguridad. Chifuyu lo abraza para proporcionarle calor y Kazutora se acomoda. Poco a poco y gracias al calor que lo envuelve, el sueño empieza a surtir efecto en él: sus párpados le pesan demasiado que no puede ya mantenerlos abiertos.
“Si tienes otra pesadilla, no dudes en avisarme y despertarme”, le avisa Chifuyu, medio adormilado.
Kazutora emite un pequeño sonido en señal de afirmación. “Buenas noches, Fuyu”
Chifuyu le deja un beso en la frente a Kazutora. “Buenas noches, Tora”
Esa noche, la pesadilla no vuelve a Kazutora para perturbar su sueño, en cambio, él logra, por fin, soñar algo más agradable: una cita en motocicleta con Chifuyu.
