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Vientos del Norte

Summary:

Ser guerreros del Ángel, con la terrible misión de luchar contra demonios y restaurar la paz y el orden de la humanidad es una tarea muy agotadora, esto muy bien lo saben los habitantes del instituto de Seúl.
Allí, los chicos se enfrentarán a su peores miedos: desafiando a la muerte y peleando contra seres inmensamente poderosos. Pero también, aprenderán la importancia de la familia y la amistad, y sobre todo, comprenderán lo difícil que es estar enamorado.
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(AU de skz siendo cazadores de sombras)

Notes:

Esta historia toma elementos del mundo de cazadores de sombras, escrito por Cassandra Clare.

No se incluye a ningún personaje de la saga original.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

 

En algún lugar, dentro de una eternidad:

dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo...

yo tomé el menos transitado,

y eso lo ha cambiado todo.

 

- Robert Frost,

The road not taken

 

 

 

Kuala Lumpur, Malasia, 2017

 

Han Ji Sung tenía trece años cuando aquel incidente lo obligó a irse del hogar que, junto a sus padres, había construido durante los últimos años.

En ese entonces, el instituto de cazadores de sombras de Kuala Lumpur era impresionante, tan impresionante como la propia capital de un país que muchos consideraban exótico.

Aquel edificio seguía la versatilidad de la arquitectura en Malasia: una mezcla de tradiciones asiáticas con influencias coloniales europeas. Lo cual, lejos de parecer fuera de lugar, lo hacía aún más extraordinario.

Cuando la familia Han tomó la dirección del instituto, Jisung tenía tan solo nueve años y odiaba estar en ese lugar. Le parecía excesivamente grande y solitario; nada comparado con su acogedora casa en Incheon, donde además vivía con su abuela y estaba cerca de sus primos (con quienes pasaba largas horas jugando y metiéndose en problemas). Pero al pasar el tiempo se había acostumbrado a su vida en Malasia: el clima, la cultura, la comida, la gente; todo era diferente a lo que él previamente había conocido. Sin embargo, estaba aprendiendo a vivir con ello, y después de todo, le gustaba.

Sin previo aviso, el 20 de mayo de 2017 un enjambre de demonios Moloch atacó el instituto, su líder y demonio mayor había encontrado un punto débil en las salvaguardas y había aprovechado para atacar. Si existía una razón para ello Jisung no lo sabía, pero sin importar cuánto tiempo le tomara, había jurado descubrirla.

 

[...]

 

Se escuchó un terrible estruendo en una de las habitaciones cercanas, e inmediatamente después Jisung escuchó a su madre gritar su nombre.

El chico salió de forma apresurada y en el pasillo se encontró con una escena bastante escalofriante. Frente a él se hallaban unos seres de color negro que —de alguna extraña manera— tenían un aspecto y tamaño humano. Sus brazos eran enormes garras y donde deberían ir sus piernas había prolongaciones amorfas llenas de líquido, parecían hechos de un espeso aceite que continuamente giraba en torno a sí mismo. De sus cuencas oculares vacías disparaban llamas a todas partes y emitían un ruido espantoso, como un grito agudo. Eran muchísimos, y, Jisung recordó: eran exactamente los tipos de demonios que andaban en grupo y que, en efecto, eran comandados por un demonio mayor, Moloch.

Hasta ahora Jisung no había matado a ningún demonio, ni uno solo, pero siempre cargaba con un cuchillo que había sido un regalo de su padre cuando le pusieron las primeras runas y se había convertido, por ley, en un cazador de sombras.

Lamentablemente no había tenido la oportunidad de darle el verdadero uso —lamentable para los demás porque para él era una inusual bendición del Ángel—. Sin embargo, la realidad lo golpeó de manera violenta, mostrándole que éste era el momento indicado para hacer uso de aquella pequeña arma; la cual Jisung había demostrado en los entrenamientos que sabía usar a la perfección. Aun así, su primer instinto fue correr en la dirección opuesta e ir directamente a la sala de armas, ya que era probable que sus padres estuvieran ahí.

Así, sin detenerse a pensar ni un segundo más, corrió en busca de ellos, eliminando por completo los pensamientos intrusivos que le repetían —durante todo el camino— que era un cobarde.