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If I can dream

Summary:

yo estaba pensado en manos, mientras escuchaba a damiano y dije ¿cómo sería el primer beso de esta gente?

Chapter Text

Astrianna podría jurar que nunca había visto llover de esa manera. Difícilmente podía ver dos metros más allá de donde se encontraban. No solo por la lluvia, que se le metía en los ojos, sino porque el viento hacía casi imposible que los abriera. Apenas había pasado unas horas del mediodía, pero el cielo estaba tan negro que parecía noche cerrada.

Sabía que Isol estaba gritando a su lado, pero los truenos ahogaban la voz del muchacho en la tormenta que no paraba de gesticular. Estaba enfadado. Ella también. Pero ninguno iba a reconocer que la situación en la que se encontraban era culpa suya.

Estaba calada hasta los huesos, el pelo negro se le apelmazaba alrededor de la cara, las botas le chirriaban con cada paso y apenas sentía los dedos congelados que aferraban con todas sus fuerzas las riendas del caballo. Ambos iban a pie pues no querían que el pobre animal tuviera que llevarlos a ellos también, además de las pocas pertenencias que tenían, en medio de un temporal como este. Con la otra mano le acariciaba el morro como podía, intentando tranquilizarlo. Tenían que encontrar un lugar donde resguardarse pronto antes de que la lluvia y el frío acabaran con ellos, si es que no se mataban el uno al otro primero.

De pronto, como si una divinidad hubiese escuchado sus plegarias, la lluvia comenzó a amainar, lo que le permitió a Ash ver unas luces en la distancia. Sin abrir la boca para avisar a Isol, apretó el paso. Ya le seguiría una vez hubiese dejado de maldecir en voz alta.

—¡Eh! ¡EH!

—¡Date prisa! ¡Hay luces allí a lo lejos! — Pudo notar como la garganta se le rasgaba con cada palabra por el esfuerzo de hacerse oír por encima de la tormenta.

—Oh, discúlpeme, Su Grandiosidad, por tener la vista de un pobre humano —remarcó cada palabra gesticulando exageradamente y poniendo los ojos en blanco —. Ya que estamos en esta situación por tu culpa, lo menos que podrías…

—¿MI CULPA? —Ash se paró en seco, girándose para encararle y casi chocando con Isol, estaba más cerca de lo que ella pensaba —¿Cómo es esto mi culpa? ¿Acaso te crees que controlo el tiempo?

—Si me hubieses hecho caso y nos hubiésemos quedado en la posada anterior ahora mismo estaría dándome un baño de agua caliente y no tiritando de frío con una loca que parece no importarle que nos vayamos a ahogar en medio del bosque —. Ambos se habían ido acercando con cada palabra que pronunciaban hasta quedar tan juntos que casi sus narices se tocaban. Ash era ligeramente más alta que Isol y le miraba desde arriba procurando que este hecho no se le olvidara al chico.

Ash hizo una mueca que podría haberse interpretado como una sonrisa, pero nunca había estado tan enfada. El pelo le ardería en un vivo color rojo si no estuviese congelada de frío.

—¿Así que dándote un baño de agua caliente? ¿No querrás decir enredado en las piernas de aquella camarera? Sé perfectamente porque querías quedarte en aquella posada, Isolsium. A mí no me vengas con excusas. Te he repetido mil veces que había gente peligrosa allí.

—Peligrosa para ti, quizás. A mí no me metas en tus locuras. ¿Qué sabrás tú quién es peligroso y quién no? No llevas ni tres meses aquí. ¿Acaso conoces ya a todo Tassis? He pasado más tiempo recorriendo estas tierras que tú y por supuesto que calo a la gente mejor de lo que tú podrías hacer nunca. ¿Sabes lo que creo? —Ash enarcó una ceja, esperando a escuchar la gilipollez que estaba segura que Isol iba a soltar a continuación —. Creo que estabas celosa —. Ash se giró no queriendo seguir la conversación —. Sí. ¡Celosa! ¿Crees que no me he dado cuenta de cómo nos mirabas cuando estábamos juntos? No pasa nada, guapa. Es comprensible, sé el efecto que tengo en las mujeres.

Ash continuó andando no queriendo dignificar aquello ni si quiera con una mirada. Deseaba llegar lo antes posible a la posada. Cada vez estaba más furiosa, qué ganas tenía de perderlo de vista. Quizá no mereciera la pena aguantarlo, por mucho que conociera Tassis, por mucho que pudiera ayudarla a encontrar su camino. Tomó aire y resopló. Se dio la vuelta para encararlo por última vez.

—¿Qué tal si dejas de decir sandeces y caminas? Apenas estamos a veinte metros. Con un poco de suerte aún quedarán habitaciones y podré perderte de vista. Quizá incluso sean nuestras últimas horas juntos. Mañana cada uno por su lado, ¿vale?

Continuó caminando sin esperar respuesta. Celosa. Ella. JÁ. Ella no había sentido celos jamás. No tenía motivos para hacerlo. Le parecían un sentimiento demasiado débil. Mundano. ¿Por qué habría tener ella celos de nadie? Y menos por él.

Al fin llegaron a la posada. Ash entró dejándole las riendas del caballo a Isol y fue directa a la barra a pedir dos camas. Separadas. Lo más separadas que pudieran estar. Por suerte para ella eran las dos últimas habitaciones que quedaban. Pagó por ellas y por un hueco en el establo para el caballo y, en cuanto el animal estuvo bajo resguardo de la tormenta con comida y agua, subió a su cuarto para poder quitarse la mojada ropa. Sin preocuparse de los movimientos de su compañero.

Cuando por fin le llenaron la bañera con agua caliente, los dientes habían empezado a castañearle del frío, su piel había adquirido un leve tono azul y la posadera le preguntó si requería de la presencia de un médico. Tras tranquilizarla asegurándole que lo único que necesitaba era el baño y un poco de paz, al fin consiguió estar sola. ¿Habría seguido Isol sus pasos? El chico no parecía estar acostumbrado a estas tormentas. No iban con su carácter tan enérgico, tan vivaz. Al momento de nublarse el cielo, pareció marchitarse como una planta. Isolsium necesitaba la energía y la luz solar para ser él. A Ash no le había gustado verle tan apagado, se le hizo extraño que no tarareara, que no trasteara con sus instrumentos, que estuviera callado y cabizbajo. Se le había puesto un nudo en el estómago que no hizo más que empeorar con cada discusión. ¿Por qué pensaba tanto en él? Le daba igual. Solo les unía el acuerdo al que habían llegado: él la guiaría hasta el Monasterio de Oghma en pleno centro del Bosque Negro y ella le ofrecería protección mientras tanto. No había querido preguntar de qué le protegía, no le importaba. Lo más probable es que el chico estuviera abajo emborrachándose y ligando con todas y cada una de las mujeres de la posada que posaran los ojos sobre él. Pues que lo disfrutara. Ash no cambiaría la sensación de un baño en agua hirviendo por nada del mundo. Apoyó la cabeza en la bañera y cerró los ojos, apartando todo pensamiento del chico de su cabeza.