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plumas doradas. Era lo que había por todo su alrededor, más plumas se amontonaban donde ella bailaba, la música sonaba alto, citando: “ Vamos, señora, vamos bailar” las mujeres presentes agarran sus trajes y comienzan a moverse con elegancia. La música no paraba de describir sus sentimientos ante la presencia de su esposa, la amaba vastaya, la encantadora . Miro las plumas con cuidado, incluso tenía una en su mano, sedosa ante su toque y brillante bajo las llamas del lugar.
La tribu a la que pertenecía a su esposa cantaba, en algún tipo de baile típico para terminar de formalizar el casamiento de las personas. Y aunque algunos no lo miraron bien, otros estaban felices de que Rakan estuviera feliz, dada la redundancia, con su esposo. Bailando hacia como lo suele hacer, solo que ahora ella llevaba una ropa diferente, las joyas tintineaban cuando Rakan se movía y las plumas de su ala revoloteaban. Su mirada estaba en él, con el amor que siempre había expresado.
De una forma u otra terminaron aquí, casandose. Desde la primera vez que había visto a la hermosa vastaya quedó tan prendado de ella que se juró y deseo que ella fuera suya. Intentar inmortalizar su belleza en sus cuadros no bastaría nunca, pues su talento en la pintura por excelente que fuera, nunca captaría toda la majestuosidad y color en las plumas de Rakan, ni la elegancia de sus pasos o de sus aleteos cuando bailaba o se acacilaba hacia él, mucho menos la melodiosa y juvenil voz de su portadora. Pero nunca tuvo un plan para atraerla hacia él, no hubo trucos sucios para que ella terminara casándose con él, irónico. Y las veces en la que se la topó apenas llamó su atención, claro, bailaron juntos en esas veces, como si encontraran amantes desde hace mucho, llenos de euforia y felicidad, todo eso bajo su apariencia humana, sin máscaras,
Sin embargo, al final del día, cada que terminaban de bailar, Rakan regresaba con Xayah, oh, la odiosa Xayah, dice él, siempre junto a su vastaya. Le disgustaba profundamente a Jhin que Rakan encontrara atractiva a esa mujer, aun cuando la misma Xayah era hermosa, no lo negaría, sin embargo... Puede que Rakan la buscase para ser compañeras, porque eran vastayas aves, pero Xayah no apreciaba verdaderamente a Rakan, Xayah no vio lo que Jhin vio en ella; a una obra de arte de la naturaleza, y solo un artista como él le competía cuidar de tal obra.
Claro, todo comenzó por una obsesión ante la vistosa chica, que pronto se convirtió en verdaderos sentimientos. Oh, y Rakan estaba tan consciente de lo que él quería cuando finalmente se conoció, cuando Jhin era un artista, cuando estaba siendo el demonio dorado. Pero ella no lo interrumpió, jugando con fuego.
Xayah al final dejó libre al vastaya, contribuyó a lo que tanto deseaba Jhin, a base de regaños y discusiones, desacuerdos con respecto a la revolución, en el cómo debería manejarse ya quienes habían que realmente culpar, por lo que una discusión acalorada terminó con la relación. Rakan vago por las tabernas, cantando de vez en cuando, pero sin el ánimo extravagante que caracteriza a la vastaya. Hasta que se toparon de nuevo, cuando Jhin estaba por un trabajo en Jonia.
Y luego todo era historia, cosas simples. Cosas de verdad e ideales que terminaron arreglando de alguna manera.
Mucho después, quizás medio año o más, de haber pasado sus días juntos (a excepción de las veces que Jhin salía a Piltover u otros lugares), Rakan se había vuelto más alegre, destellante y bailarina. Rakan no solo era quien daba inspiración a Jhin, más allá de ser mantener su modelo, era también quien se encargaba de cuidar y en orden los pensamientos de Jhin por iniciativa propia, a veces, cuando ambos no estaban en sus propios mundos (que en su mayoría era de Rakan, bailando para todos y alentando una que otras veces apoyó a la revolución vastayana). ¿Qué obtenía Rakan a cambio?, a veces, los más dulces o apasionados besos, otras las historias más importantes de Jhin.
— Oh, lo que mi cuerpo desea es ser la sombra de mi esposo — dijo Rakan, mientras bailaba hacía él, sacándolo de sus recuerdos.
Ella quería ser amada y Jhin cumplió, dio devoción y cambio también recibió la suya propia.
El baile siguió, con los tambores sonando y Rakan bailando en medio de los vastaya, mirándolo siempre que podía —Te amo, Jhin— dijo Rakan cuando terminó el baile, cuando todos aplaudieron y ella se acercó a su esposo. Hubo un suave beso, muy caramelizado y jodidamente tierno. Ella susurra algo en su oído, en un idioma que conocía, Rakan plantó un beso en su mejilla, que pronto estaría cubierta por la máscara que siempre usaba.
—Ya eres parte de mi, Rakan— Jhin besos sus nudillos cuando ella se alejo un poco —ya eres mi sombra, querida.
