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A day to remember

Summary:

Basado en el capítulo de ra19 donde Guren y Shinya van juntos en moto.

Work Text:

Guren cruzó la puerta del gran edificio que servía de sede a los Hiragi, saliendo hacia la desolada calle. Respiró hondo, llenando sus pulmones de todo el aire posible. 

Casi por inercia, su mirada fue a parar hasta el gran cielo que estaba sobre su cabeza; despejado, ni una sola nube lo estaba decorando, eso le hizo sonreír irónicamente. Todo a su alrededor estaba destrozado, las ruinas eran el nuevo paisaje, pero cuando miraba al firmamento, este no había cambiado lo más mínimo, parecía falso incluso.

Fue entonces cuando el ruido de una moto de cross le llamó la atención, haciéndole bajar lentamente la mirada hacia el lugar de donde provenía el estruendo. Shinya estaba subiéndose a una que estaba aparcada a unos pocos metros de él. ¿Cuándo había llegado y por qué no le notó? Fue la pregunta que brilló en la mente de Guren.

Shinya llevó la mirada hasta él, sonriéndole ampliamente mientras le saludaba con la mano. Se veía tan contento, tan tranquilo… que Guren no pudo evitar sentir un pinchazo en el pecho.

—¿Cómo has venido hasta aquí?— preguntó, con su mirada llena de curiosidad. 

—Con Kureto, en su coche— respondió desganado.

—¿Quieres que te lleve?— sugirió, colocando su cuerpo hacia adelante para que pudiera ocupar la parte trasera.

Guren se lo pensó por un instante. Realmente no tenía nada más que hacer, y sabía que momentos como este se reducirían a nada, a simples recuerdos… era el precio a pagar si deseaba mantener al albino a su lado más tiempo.

Ve con él, le vas a echar de menos cuando empieces a separarte— la voz de la que resultó ser su amada, en el pasado, le susurró en el oído.

Aunque a estas alturas Guren no tenía claro si realmente era ella siendo parte de su consciencia, o su propia imaginación provocándole esa idea.
 
—Claro— respondió tan rápido como la presencia de Mahiru se esfumó, y se acercó a él para subirse.

Shinya encendió el motor, el cual emitió un gruñido bajo, y aprovechó esa corta espera para sonreírle a través del retrovisor.

—Está bien, nos vamos. Agárrate fuerte— ordenó con una expresión divertida que hizo al adverso rodar los ojos.

—Cállate— murmuró como contestación, tomando suavemente sus caderas.

—Luego no digas que no te lo advertí eh…— suspiró con un toque dramático, empezando a arrancar el vehículo— ¿O acaso no recuerdas la noche que nos persiguió una vampira?

Como para olvidarlo— Guren pensó, tenía ese día guardado en sus recuerdos como la primera vez en la que su confianza hacia Shinya aumentó considerablemente.

Era irónico, si se paraba a pensarlo con detenimiento, la primera vez que se encontraron deseaba mantenerle alejado todo lo posible, de su espacio personal, de su vida… y ahora, ahora estaba luchando a contrarreloj por hacerle vivir más, por poder hacerle saber en el futuro la historia completa, por poder seguir sintiendo su molesta personalidad cerca de su tranquilidad.

Guren no le otorgó ninguna respuesta, lo único que hizo fue rodear su cintura con ambos brazos, acercándose a su cuerpo un poco más, pero todavía manteniendo un pequeño espacio entre ellos.

Los primeros rayos naranjas empezaron a iluminarles, por lo que Guren volvió a mirar al cielo, un precioso atardecer estaba comenzando. La luz, poco a poco, iba perdiendo fuerzas mientras ellos se dirigían a Dios sabía dónde, y es que estaba seguro que ni Shinya tenía claro el destino final. No obstante, aquello no era algo que le molestara, al contrario, lo prefería así, sin un rumbo fijo, solo ellos dos.

El cabello de Shinya chocaba de vez en cuando contra la cara de Guren, haciéndole reír por lo bajo debido a las suaves cosquillas que le causaba; su propio pelo también estaba hecho un desastre. Ya no tenían la necesidad de llevar cascos, la policía que podría haberlos detenido antes por violar las normas de conducción había sido asesinada por el virus.

Gracias a que la electricidad estaba de vuelta, los semáforos estaban funcionando otra vez, pero Shinya se los saltó, e incluso aumentó la velocidad con la que iban. Era raro que estuviese tanto tiempo callado, pero Guren no se lo reclamaría, sabía que si había algo que le atormentaba, terminaría soltándolo, tarde o temprano, él era así, la sinceridad brotaba de él cuando estaba en confianza, sobretodo si el receptor de todo eso era Guren, quien con gusto, a pesar de nunca decírselo, escuchaba absolutamente cualquier cosa que quisiese expresar en alto.

Ahí, en un ambiente tan sumamente cómodo, Guren pensó que hay algunas cosas que nunca cambian. La oscuridad de la noche, por ejemplo, el Sol ya se había escondido, y en su lugar, una brillante luna estaba iluminando el firmamento. 

El cielo era algo que, de una forma u otra, le transmitía la paz que a su alma le faltaba. No obstante, esta vez hubo algo que le cautivó un poco más. Podía sentir el calor saliendo de la espalda de Shinya, aquello era un un recordatorio de que su amigo todavía estaba vivo, y no había nada que le hiciera sentir mejor que eso.

Reforzó el agarre en su cintura, recostándose sobre su espalda mientras cerraba los ojos. Quería estar rodeado de su calor corporal, de su fragancia. ¿En qué momento Shinya había empezado a hacerle sentir tan cálido? Una pregunta realmente buena, y es que su presencia, su sonrisa, sus brillantes ojos, su cuerpo, todo le ocasionaba a Guren un calor en el pecho que estaba seguro que nunca antes había experimentado, ¿qué significaba? Trató de pensar en una respuesta, pero no logró dar con ninguna, y eso era molesto, odiaba no tener respuestas.

Guren incrementó ligeramente la fuerza del demonio y tensó sus orejas. Podía oír el bombeo de la sangre de Shinya y su corazón latiendo bajo el sonido del viento que soplaba a su alrededor. 

De nuevo, Guren sintió que había hecho bien al traer de vuelta a Shinya; que había tomado la decisión correcta, incluso si el mundo había terminado. Ya no se imaginaba vivir sin él, era algo que iba por encima de sus capacidades. Se sentía egoísta por ello, pero si el egoísmo era la única solución para que sean felices juntos, entonces sería todo lo posiblemente egoísta.

Sonrió con cariño, apegándose un poco más a él, aún si ya estaban todo lo cerca que se podían permitir. Abrió los ojos, y dejó que los latidos del corazón de Shinya cubrieran todo tipo de ruido a su alrededor, mientras observaba las ruinas pasar a gran velocidad.

Ba-bump. Ba-bump. Ba-bump. El corazón de Shinya latía con fuerza, con un ritmo constante.

Ba-bump. Ba-bump. Ba-bump. Parecía estar latiendo un poco más rápido que el de Guren. 

Probablemente porque está conduciendo, fue el motivo que Guren dedujo.

Un completo idiota, serían las palabras perfectas para dedicarle si Goshi estuviera presente, pero su rubio amigo estaba descansando en su apartamento, y es que él, que observaba todo desde un punto de vista objetivo y ajeno, estaba completamente seguro de que la relación de Shinya y Guren iba más allá de la palabra amistad, era mucho más profunda como para definirse únicamente como “mejores amigos”.

Pero si antes no era posible dar cabida a algo más, ahora, que tenían destinos totalmente diferentes, y Guren no haría nada más que ocultarle cosas por su propio bien, era imposible que pudieran pararse a pensar que se amaban, que se necesitaban tanto como para renunciar a todo si eso significaba que podían estar junto al otro.

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