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La luz de Kshahrewar

Summary:

-¿Osas cuestionar a la Akasha?

-¡Claro que lo hago y siempre lo hare! –vocifero, sin ningún tipo de temor- ¡No pienso dejar que una maquina dicte lo que tengo que pensar, no seré un títere!

En ese momento, un destello de luz verde inundo la habitación justo en donde Kaveh se encontraba de pie.

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El como creo que Kaveh obtuvo su vision dendro y la participacion de Al Haitham en regresarle las alas a un ave herida

Notes:

Hacia mucho que no escribia un fic cielos, espero les guste
Creo que resultara algo OOC pero queria plasmar un poco de como creo que es Kaveh y como obtuvo su vision, tiene que ser igual de dramatico que él

Work Text:

Fue durante su último año en la Academia…, bueno, no el de Al Haitham, sino el de Kaveh.

Todos estaban entusiasmados, sobre todo porque Kaveh sería el promedio más alto ese año en graduarse, además de ser una figura que prometía mucho en un futuro, tanto para su casa de estudios como para Sumeru. Era un genio de la arquitectura, eso cualquiera podría verlo, pero Al Haitham sabía que tenía una increíble determinación, si quisiera, Kaveh descubriría la inmortalidad y se quejaría de que no funciona como él quería que hiciera.

Asi que ahí estaban, en la ceremonia, donde el Gran Sabio decía algunas palabras para conmemorar al arquitecto. Había notado que Kaveh había estado de mal humor estas últimas semanas, rumores que decían que se había peleado con su Sabio por… diferencias creativas.

Al Haitham solo suspiro ante los rumores, era normal que Kaveh se peleara con la gente. Siempre hallaba algo que hacía que su mente chocara con la de otra persona. Ya sea siendo alguien que se dejaba llevar más por la emoción que la razón, o que hacia sus propios experimentos a pesar de que la respuesta ya estaba ahí. Pero debía darle crédito, aun siendo de casas diferentes, Kaveh había podido mantener un completo debate con él mezclando las lenguas y la arquitectura.

Sin duda prometía mucho. Viendo hacia atrás, Al Haitham debió saber que Kaveh sufriría mucho, quizá debió estar más atento.

Detrás de toda esa fachada de autoestima y brillantes que Kaveh mostraba como si fuera un pavorreal, había un chico que sentía que no importaba que hiciera, nunca sería suficiente.

Incluso ahora, era incapaz de recordar exactamente que causo la discusión entre Kaveh y el Gran Sabio.

-¿Pero qué dices? –espeto Azar.

Todos en la habitación se habían quedado callados, observando expectantes el podio. Kaveh había apretado los puños, ya sin poder contener su ira.

-¡Lo que oíste, me rehusó!

La gente empezó a hablar, ¿Qué? Al Haitham miraba esto atónito, Kaveh, ¿Qué estás haciendo?

-¿Osas cuestionar a la Akasha?

-¡Claro que lo hago y siempre lo hare! –vocifero, sin ningún tipo de temor- somos humanos pensantes, ¿no es asi? ¡podemos hacerlo por nuestra cuenta!

-Lo que dice la Akasha es absoluto y lo sabes, ¡la Diosa Mayor Rukkhadevata nos lo dejo como su legado!

-¿Por qué la Diosa de la sabiduría nos dejaría una maquina sin permitirnos pensar? –contrataco- tenemos derecho a cuestionarnos, a ser curiosos, buscar las respuestas más allá de los libros. ¡No me pienso quedar de brazos cruzados solo porque una maquina! –dicho esto, llevo su mano a su oído arrancándose la terminal, sacando un grito de sorpresa de los presentes- ¡me diga lo que tengo que pensar! ¿Por qué el cielo es azul? ¿el mundo es redondo o plano? ¿las estrellas son reales, que pasa con las constelaciones de los portadores de visión? ¡No pienso dejar que una maquina dicte lo que tengo que pensar, no seré un títere!

En ese momento, un destello de luz verde inundo la habitación justo en donde Kaveh se encontraba de pie.

Al Haitham se levantó de su asiento, tratando de avanzar hacia el podio. Kaveh era un completo imbécil, él… él pensaba algo similar, sin embargo, era un suicidio decirlo abiertamente en la Academia, y peor, decírselo en la cara a Azar.

Kaveh iba… iba a…

La luz se desvaneció, dejando a todos sorprendidos, al propio Kaveh y a Al Haitham. Pues en la mano de Kaveh justo sobre su Akasha, descansaba una visión Dendro. La visión de la sabiduría.

El murmullo no se hizo esperar, ¿Qué significaba esto? ¿lo que dijo Kaveh no era blasfemia? ¿la verdad de Kaveh era absoluta?

Justo ahí podrían estar presenciando un nuevo cambio en la Academia, una nueva luz que iluminaria no solo a Kshahrewar sino a todas las casas, una corriente de pensamiento que ayudaría a expandir aun más su conocimiento…

Una luz que fue fácilmente apagada.

Azar vocifero por los Matra, los cuales en un parpadeo ya estaban sobre Kaveh, tomándolo de los brazos y sacándolo del podio. Al Haitham sintió que se le comprimía el pecho, ¿lo iban a exiliar? ¿lo encarcelarían?

Solo se pudo quedar ahí de pie, aun sintiendo un zumbido en su cabeza por lo que había pasado, las palabras que Azar decía para calmar a la multitud luego de lo que ocurrió simplemente no llegaban a sus oídos.

 

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Había escuchado de todo acerca de la nueva obra arquitectónica que había hecho Kaveh, estaba en boca de todos.

Su superior luego de su graduación había desaparecido, pero gracias a su puesto como Escriba descubrió que el Sabio de Kshahrewar había abogado por él, evitando asi que fuera desterrado y encarcelado. Al parecer su discusión con su Sabia había sido exactamente la misma que tuvo con Azar, menos dramática al parecer.

Al menos Kaveh había demostrado que en efecto, tenía un intelecto e ingenio superior. Pues haber logrado semejante azaña como el palacio, implementando estructuras que se asemejaban a las de la naturaleza era una tarea que pocos se hubieran atrevido a llevar a cabo.

Y aun asi… Kaveh termino endeudado, teniendo que poner de su propio dinero para poder completar la obra.

No pensó mucho en ello, de no ser porque lo vio con sus propios ojos una vez que fue a la taberna.

Kaveh había perdido todo su brillo, el pavorreal hacía tiempo había caído, perdiendo todas sus plumas. Se encontraba ahí ensimismado en un rincón de la taberna, con al menos cinco tarros de cerveza vacíos. Era un contraste oscuro de la persona que había conocido dentro de la Academia.

Y a pesar de todo pronóstico, decidió ayudarlo al menos hasta que recobrara las fuerzas para poder volar de nuevo.

Sin embargo… con cada dia que pasaba, Al Haitham solo notaba más y más que algo no iba bien.

Kaveh, bajo su insistencia, volvió a hacer planos, a dibujar y crear… pero todo era plano. Las mismas estructuras de siempre, siguiendo las aburridas corrientes ya existentes y de las que Al Haitham recordaba el arquitecto siempre se quejaba.

El Escriba estaba harto, harto de ver la cascara de lo que una vez fue la luz de Kshahrewar.

-Hey Kaveh –empezó- me imagino que investigaste cuando tu constelación apareció en el cielo de Sumeru, ¿no es así?, ¿encontraste algo?

Ese era uno de los temas que a Kaveh le intrigaba, como las constelaciones aparecían sin mas. Pero la respuesta que le dio en ese momento lo dejo perplejo.

-No lo sé –dijo sin más, recostado en el sillón- pregúntale a la Akasha.

Pregúntale a la Akasha.

-¿Bromeas verdad? –lo volteo a ver, frunciendo el ceño.

-¿Por qué habría de bromear? Es la verdad.

-Kaveh, tu odias la Akasha, ¿ya olvidaste todo el discurso durante tu graduación?

El arquitecto se tensó notoriamente, incomodo ante la mención del recuerdo. Eso era extraño.

-…Kaveh, ¿Dónde está tu visión?

-No sé de qué me hablas –dijo a la par que se levanta- iré a dormir, hablas tonterías.

Al Haitham cerro su libro y de un rápido movimiento alcanzo al rubio, tomándolo con firmeza del brazo.

-Kaveh, tu visión dendro, ¿Dónde está?

Kaveh no se dignó a mirarlo, manteniendo la mirada gacha.

-La tire.

Sintió que le habían dado una bofetada. ¿Qué?

-La tiré, ¿ok? –se sacudió el agarre- ya no la soportaba, todos me miran extraño cada que la uso, recordándome esa estúpida ceremonia –nego, llevándose las manos a la cabeza- ni siquiera recuerdo que dije en esa ceremonia, ¿pero esta bien no es asi? Si no recuerdo, debe ser algo doloroso.

Aun había estudios determinando que pasaba cuando una persona se alejaba de su visión o le era arrebatada. Algunos teorizaban que posiblemente la gente se volvía loca, otros que perdían toda emoción de sus vidas, quizá se volvían amnésicos, pero nadie estaba seguro. Aislar a alguien de su visión para estudiarlo era el experimento más inhumano que alguien podía pensar.

Y ahora aquí estaba Kaveh, admitiendo que se deshizo de su visión. ¿Desde hace cuánto? Toda su luz, su ingenio y curiosidad se habían esfumado por completo, solo lo que lo hacía ser quien es se había ido…

-¿Dónde está?, Kaveh, ¿Dónde la tiraste? –le pregunto con urgencia.

-…Cerca del palacio –admitió- cuando termine de construirlo, solo la tire…

Sin una palabra, Al Haitham cruzo la sala a zancadas saliendo rápido de la casa.

Debía encontrarla.

 

No supo cuánto tiempo estuvo ahí, entre la maleza, troncos y fauna del bosque. Ni tampoco cuando es que la lluvia había empezado a caer.

Kaveh era un idiota, uno bastante grande. Para lo inteligente que era sabia dejar por completo la razón y dejarse llevar con sus emociones. ¿pero cómo culparlo? Era precisamente gracias a ellas que había llegado lejos, gracias a su mente había recibido los honores… y gracias a que no se quedaba callado, es que había conseguido su propia visión dendro.

Lo cual solo le sirvió para que siguieran cuestionándolo, presionándolo y señalándolo. No estuvo ajeno a lo que la Academia decía a sus espaldas, “es el mejor arquitecto que he visto, lástima que se haya desviado”, “era prometedor, pero no podemos tener a alguien como él por nuestros pasillos”. Nadie cuestionaba la Akasha, todos demasiado asustados o demasiado estúpidos como para intentarlo, solo Kaveh.

Al Haitham se agacho, metiendo la mano dentro de un charco y sacando de este una visión dendro. Pulsaba en su mano, sucia, llena de tierra y agua. Pero seguía brillando, terca en dejarse apagar por la intemperie y su entorno. Sonrió un poco, bueno, era hora de regresar esto a su legítimo dueño.

 

Había sido agridulce ver la cara de temor en Kaveh cuando le entrego su visión, había tardado un par de minutos, los cuales Al Haitham fue muy paciente, en por fin tomarla. La engancho a su cintura, donde aparentemente había estado antes de todo lo que paso.

Con los días, Kaveh pareció recuperar más su color, en todo. Se arreglaba más, Al Haitham notando que gracias a ya no tener que llevar el uniforme reglamentario, su cabello se adornaba de mil y un cosas, todas hermosas.

Aun así, se notaba que caminaba de puntillas a su alrededor, posiblemente aun con las heridas de lo que otros académicos le decían.

-¿Qué se supone que es eso? –dijo mientras observaba por encima del hombro a Kaveh, trabajando en un diseño.

El arquitecto llevo sus manos automáticamente sobre los planos.

-¡Por el amor de…! ¡me vas a dar un susto animal!

Al Haitham lo ignoro, tomando el plano y alzándolo. Demasiadas líneas, medidas en cada una de estas sobre la estimación de los metros que tomaría, ecuaciones de la circunferencia de los arcos en la estructura y…

Parpadeo.

-¿Son runas? No, este arco parece una runa –señalo.

Kaveh se quedó en silencio un momento, esperando más reacciones del Escriba.

-¿Estas haciendo un salón que asemeje las runas de Haravatat?

-Bueno, es que…

-Huh, impresionante.

El rubio abrió los ojos en sorpresa… y pronto apareció una sonrisa en su rostro, incluso se sintió como si se hubiera hinchado.

El pavorreal había regresado.

-¡Claro que es impresionante! –dijo levantándose y tomando sus planos de vuelta- tu casa tiene la infraestructura mas aburrida que he visto en mi vida, ¡esto le dará clase!

-Si bueno, nunca te lo aceptarían –tomo su libro y se fue a la sala.

-¡¿Cómo de que no?! –indignado, estampando su pie contra el suelo- ¡Haitham! Ugh, ¡de verdad no tienes clase!

Siguió refunfuñando y criticando el buen gusto del escriba. Al Haitham solo rio mientras abrió su libro, ignorándolo. Si Kaveh en serio enviaba la propuesta… bueno, una recomendación suya debería bastar para poder poner el proyecto en marcha.