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Perfecta

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De esa manera, termina rápido. Copia la última oración y antes de decir nada, lo mira apenas a Falco. Está acostado sobre su espalda, sus piernas colgando de la cama y su atención en su celular. Gabi aprovecha su distracción para observarlo solo un poquito. Nota que su cabello está crecido, mechones ceniza acarician su frente y él sopla cada tanto para quitárselos de los ojos. 

Tiene ganas de acercarse y quitárselos ella misma, pero-

—¿Qué? —pregunta Falco con voz suave, casi un murmullo. El sol de primavera está cayendo por la ventana y lo ilumina apenas, dejando rastros naranja en su rostro.

—Ya terminé —responde y le sale con un poco de decepción, porque esto significa que él se va a ir.

Work Text:

Las seis horas de clase de ese día pasan terriblemente rápidas. Los nervios y ansiedad calan fuerte en su interior y no quiere que termine el día. Obviamente que, cuando quieres eso, el tiempo pasa con demasiada velocidad.

Las manos de Gabi sudan más con cada minuto en que el fin de la última clase se acerca. Mira el reloj, mira al profesor, mira a Zofia, sentada a su lado. La otra no la mira, está concentrada en los detalles de la tarea que están recibiendo. Ah, capaz debería hacerlo ella también. Aunque puede pedírselo luego.

—¡Ah! —jadea en cuanto la campana suena. El profesor se despide, todos comienzan a guardar sus cosas—. Zofia, ¿me pasas la tarea? Podríamos comer algo en mi casa mientras lo hago…

Ella frunce la nariz—, literalmente acaba de decirlo el profesor.

—Estaba distraída —no es del todo mentira.

—Es noche de película —responde Zofia mientras se cuelga la mochila—, y ya te dije que estoy ocupada hoy… Pídele a Udo o a Falco.

Gabi hace una mueca y la otra ríe apenas, con maldad.

—Es más —sigue ella—, creo que Udo tampoco va a poder ir hoy, así que, vas a tener que pedirle a Falco.

—No quiero pedirle… —refunfuña. Tira sus cosas en su mochila y se apresura a la otra—, siempre le pido la tarea, debería variar un poco.

—Nah —vuelve a reír—. No me digas que no has hablado con él en toda la semana.

—Estuve contigo todos los días, todo el tiempo —responde Gabi frunciendo apenas el ceño—, creo que sabes la respuesta.

—Suena a que será una noche de películas incómoda —Zofia le da un empujón y ella bufa—. Nos vemos mañana.

—Nos vemos…

Se despide sin ganas con la mano. Respira profundo mientras la ve entrar al auto de su mamá. No tiene idea de cómo sobrevivirá esa noche.

—Gabi-

—¡Ah, carajo-! —jadea ella y gira veloz, encontrándose con la expresión divertida y apenas de disculpa de Falco—. No te escuché llegar.

—Estaba desde antes —responde él y desde afuera se vería como si Falco hubiera sido cortante, porque la conversación muere ahí y el silencio incómodo toma su lugar.

Demasiado incómodo.

—Y… ¿copiaste la tarea? —pregunta Gabi, creyendo que prefiere la charla a lo otro.

—Sí, puedo pasártela —él responde veloz, tanto que después hace una mueca—, ¿si es que la necesitas?

—Pues, sí —asiente.

Pasan unos pocos segundos en silencio incómodo hasta que Falco comienza a rebuscar en su mochila. Encuentra la hoja y se la entrega a ella.

—Luego… —comienza él con duda. Gabi lo mira—, ¿luego paso a buscarla por tu casa?

—Ssss… no.

—Pero, es para mañana —replica—, y tengo que hacerla.

Gabi hace una mueca. En su cabeza hay una balanza; de un lado está la escuela, que están terminando el año y sus notas podrían correr riesgo si se descuida. Del otro, está Falco y el hecho de que no quiere estar a solas con él. Todavía siente lo que pasó en la fiesta como muy cercano y no puede superar lo que le hizo sentir.

Ella lo mira. Falco parece esperar su respuesta pero, por alguna razón, no la mira. Sus ojos están alejados de ella, pero no paran de moverse. Un poco al costado, al suelo, luego hacia el cielo.

Está evitando mirarla.

Capaz, en este punto, lo más sensato sería tomar una decisión lógica, por más que sea la que Gabi más evita y, a los ojos de ella, la que Falco también teme.

—Podríamos hacerla juntos —termina suspirando y ahí sus ojos se encuentran. Siente un poco de calor subir por su rostro, pero supone que es el sol que les está pegando, porque la cara de Falco también está un poco roja. Las mejillas, la nariz, la frente. Un poco las orejas pero, ah, ya está observando demasiado—, así, la puedo copiar y tú puedes hacerla.

—Eso- ¿estás segura? —devuelve él con sorpresa.

Y le molesta a Gabi, porque ese tipo de preguntas le suena a no quiero hacerlo, pero pregunto otra vez para que tú digas que no.

—Y sí, por eso lo sugerí —afirma, frunciendo el ceño.

Espera otra réplica de él, que busque de alguna forma encontrar una excusa para evitar la situación, pero Falco se ríe apenas. Inclina la cabeza hacia abajo, se lleva la mano a la boca y cierra los ojos. Gabi siente más calor subir a su rostro, pero no sabe si es por la molestia de que se ría de ella o por el hecho de que sea la persona más hermosa del mundo cuando se ríe, haciéndole acordar de cuánto lo quiere y cuánto lo anhela.

—Claro que sí —la mira mientras sonríe suave—, entonces, ¿voy contigo o voy luego a tu casa?

Le parece injusto estar tan cerca de Falco, pero no poder conseguir el tipo de cercanía que quiere.

Ella se cruza de brazos y voltea el rostro, de repente irritada.

—Ven luego- a la hora de siempr- —se le escapa decirlo. Iba a fingir que no era jueves de películas.

No espera una respuesta de Falco, solo se gira y se escapa del lugar, al igual que sus palabras lo hicieron de su boca, pero regresa en sus pasos para devolverle la hoja de la tarea. Después sí se va.

En todo el camino hacia su casa, Gabi no puede evitar reprenderse por haber dicho eso. No fue la gran cosa, pero siente que el hecho de mencionar, aunque sea indirectamente, la noche de películas, le da un aire de ocio al encuentro, cuando es solo para hacer la tarea.

La realidad de todo es que no quiere que Falco piense que está haciendo todo como una excusa para pasar tiempo con él cuando no es. Vamos, son amigos casi desde siempre, no necesita excusa para verlo.

A pesar de que-

—¡Mamá! —llama en cuanto atraviesa la puerta—. ¡Va a venir Falco luego!

—No está la tía —dice Reiner, asomándose por la cocina—, salió con mi mamá.

Gabi hace una mueca—, ¿te mandó a cuidarme? Tengo dieciséis.

Reiner le devuelve la mueca, pero parece más una indignada.

—Pensaba pasar tiempo contigo-

—No, gracias —Reiner jadea—, ¡lo siento! Tengo planes ya.

Camina veloz a su habitación a dejar sus cosas de la escuela. Da una mirada general y se pone a ordenar un poco. Gabi sienta la mirada fija de su primo en ella.

—¿Qué?

—Tú nunca ordenas —señala el otro—, ¿estás segura de que solo viene Falco?

Se tensa un poquito, porque sabe qué significa esa pregunta. ¿Tan obvio es que le gusta Falco?

—Me da la impresión de que viene alguien más —sigue Reiner, un tintineo de risa en su voz—, alguien especial.

Ah, no es obvio que le gusta él. O tal vez su primo no es tan observador como cree.

—Claro, sí, lo que digas —ella le resta importancia—, ¿vas a quedarte mucho tiempo? Tenemos que hacer tarea.

—Por supuesto que me voy a quedar.

Gabi frunce el ceño—, solo vamos a estudiar.

—¿Y? No tengo nada mejor qué hacer —Reiner se cruza de brazos, como si sus palabras le hubieran dado una victoria total, pero Gabi hace una mueca de lástima.

—Eso es triste, no deberías estar orgulloso —responde, acercándose a tomar la perilla de su puerta.

—¡No quise decir-! —se la cierra en la cara.

 

Casi a las seis de la tarde en punto, Falco golpea la puerta. Gabi trata de apresurarse a abrir antes que Reiner, pero él le gana de mano. Finge que no le molesta eso.

—Ah, eres tú —dice con decepción.

—¡Reiner! —jadea ella y le da un empujón—, vamos a mi habitación, así no molesta.

—Eh- claro, como digas —Gabi se apresura a tomarlo del brazo y arrastrarlo con ella para evitar que su primo siga hablando—, ¡un gusto verte, Reiner!

Se deja arrastrar hacia la habitación y ella cierra la puerta tras ellos.

—Es algo incómodo estar aquí, pero es que Reiner está pesado hoy —dice ella.

Falco le resta importancia y se sienta en su cama, como muchas veces ya ha hecho. Comienza a sacar sus cosas de la mochila y ella se sienta también. Cruza sus piernas y saca su cuaderno.

Están en silencio, solo se escucha la televisión desde la sala apenas, pero Gabi no puede evitar sentir que es incómodo. Falco le estira su hoja sin decir nada y ella comienza a copiar la tarea, pero poco después se da cuenta de que es bastante corto lo que tenían que hacer y que además ya está hecho.

—Lo hice antes de venir… —murmura él, avergonzado—. Puedes copiarla también, si quieres.

No va a rechazar la oferta.

De esa manera, termina rápido. Copia la última oración y antes de decir nada, lo mira apenas a Falco. Está acostado sobre su espalda, sus piernas colgando de la cama y su atención en su celular. Gabi aprovecha su distracción para observarlo solo un poquito. Nota que su cabello está crecido, mechones ceniza acarician su frente y él sopla cada tanto para quitárselos de los ojos. 

Tiene ganas de acercarse y quitárselos ella misma, pero-

—¿Qué? —pregunta Falco con voz suave, casi un murmullo. El sol de primavera está cayendo por la ventana y lo ilumina apenas, dejando rastros naranja en su rostro.

—Ya terminé —responde y le sale con un poco de decepción, porque esto significa que él se va a ir.

Falco gira en la cama y apoya su cabeza en su brazo, sus ojos sobre ella. No dice nada.

—Ten —Gabi habla por él. Le estira la hoja y el otro solo la mira. Queda apoyada en el medio de ellos. Pasan algunos segundos y ella termina frunciendo el ceño—, qué, ¿qué te sucede?

—Nada.

—Estás raro.

Falco desvía la mirada y Gabi se acerca un poco más, pasando un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Habla o te echo de mi casa.

—¿No vamos a ver una película? —suelta. Ella abre la boca y la vuelve a cerrar—, es noche de película.

—Pero no están los demás.

—No sería la primera vez —se encoge de hombros—. Si no quieres…

¿No quiere? Le encantaría. Pero no quiere que se sienta obligado a estar ahí.

Suspira.

—Como quieras —concluye porque es débil y no va a echarlo.

Falco sonríe. Se incorpora en la cama, guarda su hoja y la mira.

—Entonces, ¿vamos a la sala?

Se siente un poco irritada, pero no lo menciona. Se arrastra sin ganas en la cama para levantarse.

—¿Qué? —ríe apenas Falco. Está sentado a su lado, demasiado cerca. Tiene la cabeza ligeramente inclinada y está buscando sus ojos.

—Nada —devuelve ella, poniendo su mano en su cara y alejándolo.

 

Gabi se pregunta si fue buena idea dejar que Falco se quede, porque Reiner se une a ellos en contra de su voluntad. La de ella, porque los otros parecen conformes. 

La película es media aburrida, es de adolescentes y esas no le gustan tanto a Gabi. Además de que su primo está con el celular y no. Hace. Silencio.

—Bueno, si no te interesa la película —se queja ella, poniéndole pausa—, deberías irte.

Falco se tapa la boca, cubriendo su risa. Reiner sigue con su atención en el teléfono hasta que nota que ninguno habla.

—Ah, ¿era para mí?

—¡Y, sí! —jadea ella.

—Nah, yo estaba aquí desde antes —vuelve a mirar su teléfono.

Gabi mira a Falco. ¿Puedes creerlo?, dicen sus ojos, pero él solo ríe.

—Vamos a verla a mi habitación.

No espera respuesta de ninguno. Desconecta su computadora de la televisión y se va de mala gana sin llegar lejos, porque se voltea a ver a Falco sobre su hombro.

—¡Voy! —dice él, levantándose de un salto.

Los pasos de Gabi son pesados mientras acomoda todo en la habitación para reanudar la película. Falco llega poco después y cierra la puerta, pero después hace una mueca.

—¿Cierro la puerta?

—Y, sí —responde irritada, sin darse cuenta.

Arregla las almohadas para los dos lo mejor que puede, pero es difícil, porque tiene pocas.Como sea, se acuesta igual del lado de la pared. Tiene la computadora sobre su estómago y lo único que le falta para darle play es que Falco se acueste también.

—¿Qué esperas? —pregunta mirándolo. Él está sentado en el borde, como, muy en el borde, y mira su celular.

—Ah- uh, no, nada… ¿ya estás lista?

—Claro, por eso pregunto.

Él frunce la nariz divertido mientras se reclina a su lado—, parece que quedaste enganchada con la película.

—No, es una mierda, en realidad, pero ahora quiero saber cómo termina —Falco ríe apenas, pero no había sido una broma—. ¿Listo?

—Listo —confirma el otro con un susurro.

Probablemente ni pasan cinco minutos de película antes de que Gabi se dé cuenta de la situación. Que están acostados juntos, en su cama, solos. Sus brazos están pegados desde el hombro hasta el codo, pero ella no se atreve a alejarlo, a pesar de ya sentirlos pegajosos por el calor. No quiere alejarse.

Pero Falco parece incómodo. Se mueve a cada rato, seguro tratando de alejarse. 

Le presenta una bifurcada a Gabi. Fingir que no se da cuenta o preguntarle.

—Bueno, ¿qué sucede? —se decide por la segundo, poniendo pausa y mirándolo.

—¿A qué viene eso?

—No te quedas quieto. ¿Estamos muy cerca? 

—¡N-no! —jadea él y después empieza a enrojecer—, está- estoy bien.

Lo malo de haber decidido preguntarle es que ahora tiene más preguntas y, si ya preguntó eso, debería seguir con el resto, porque sabe que si sigue posponiéndolo, nunca lo va a hacer.

—Estás raro —murmura Gabi, mirándolo de reojo.

—Tú también —devuelve.

—¡Claro que-!

—Claro que sí —interrumpe Falco, sin mirarla—, me estuviste evitando toda la semana.

Siente que las palabras huyeron de ella, porque no sabe qué responder. La toma desprevenida, aunque no por el hecho de que se haya dado cuenta, sino porque lo menciona.

—Tú también lo hiciste —refunfuña con la irritación comenzando a subir porque se siente como si ella hubiera sido la que actuó mal.

—No, te estaba dando tu espacio —responde él con voz tranquila—, me di cuenta de que, uh, de que me estabas evitando, Gabi, y no quería incomodarte. Así que, me alejé un poco.

El silencio llega de golpe para ella. No sabe qué más decir, ni cómo explicarle lo que le pasó. Se arrepiente de haber sacado el tema.

Va a poner play, pero la mano de él sujetando sus dedos la detiene.

—¿Por qué me evitabas? —su voz es suave y no tiene la entonación curiosa de siempre, sino otra que Gabi no puede identificar del todo.

—No te evitaba —miente sin mirarlo, pero igual siente la incredulidad de él—, bueno, sí lo hacía, pero…

El suspenso después de la palabra se queda en el ambiente y ella no sigue hablando. No encuentra excusas.

—¿Fue por…? —comienza Falco. Traga apenas, mira su mano, que todavía no soltó, y la aprieta un poco—, ¿fue por lo que pasó en la fiesta?

No le gusta este giro. Desliza su mano apenas y se abraza a sí misma. Se siente como si Falco la estuviera consolando, la forma en que habla, cómo había tomado su mano. Está amortiguando todo antes de decirles que tienen que ser amigos, nada más.

Toda esta semana creyó que el limbo en que habían caído luego de la fiesta era lo peor del mundo, pero ahora se da cuenta de que esto es peor, porque antes al menos podía tener la esperanza de tal vez llegar a algo más, pero ahora está segura de que Falco le va a romper el corazón y no quiere eso.

Cualquier cosa menos eso.

—Deberíamos hablar de eso —agrega él cuando se da cuenta de que Gabi no va a responder.

—No quiero hablar —murmura.

—Pero debemos —insiste Falco. Se incorpora, corre la computadora y la mira—, no quiero que estemos así, que me estés evitando.

—No lo haré, entonces —ofrece, esperando que con eso se termine todo, pero él niega.

—No entiendo cómo terminó así… —murmura mientras se pasa una mano por el cabello—. Creí que… Pensé que era una tontería, que tú…

Gabi lo mira apenas, en parte porque ya no puede aguantarse, en parte porque si le va a romper el corazón, lo recibirá con la cabeza en alto.

—No creí que te molestaría tanto tener que besarme —susurra Falco, de repente avergonzado, pero con sus ojos fijos en los de ella.

La cara de Gabi se desarma por completo.

—¿Eh? —jadea. 

Esto no es lo que esperaba. 

—Espera, ¿qué? —sigue ella—. ¿Crees que-? ¿Crees que todo esto es porque no quería besarte?

—Pues, sí —murmura.

—Creí que tú no querías besarme —devuelve la otra con el ceño fruncido, pero enrojeciendo—, yo iba a hacerlo, pero tú-

—¡Sí querí-! —interrumpe Falco y luego la mira con sorpresa—, ¿ibas a besarme?

—¿Querías besarme? —cuestiona ella con la misma expresión.

El silencio regresa con un tono distinto, porque ahora se siente cargado de vergüenza. Gabi pasa unos pocos segundos repasando toda esta nueva información una y otra vez, hasta que llega a la conclusión de que lo único que puede hacer es reírse. Fuerte y a carcajadas, tanto que le falta el aire y sus ojos se llenan de lágrimas.

—Oye… —susurra Falco, la sangre subiendo a su rostro—, no te rías…

—¿Por qué no? —pregunta entre risas. Se limpia los ojos y, si bien no se ríe, su sonrisa es amplia—. Yo también quería besarte.

Falco comienza a enrojecer una vez más y de a poco sonríe, como si siguiera procesando lo que ella dijo. 

Cuando al final termina, piensa en tomar su mano, pero están algo lejos, él sentado y ella apenas incorporada. Se acerca un poco y todo resuelto, porque con estirarla un poco, ya llega. Es gracioso que, ahora, son sus nervios los que evitan que llegue a ella.  La mano de Falco tiembla apenas hasta que apoya sobre la de Gabi con toda la suavidad del mundo, acariciándola por encima, pero después tomándola.

—¿Por qué dijiste que no entonces? —pregunta Gabi, la última incógnita que le queda.

Falco hace una mueca avergonzada y esquiva sus ojos—, no quería que me besaras por la presión de los demás… quería que fuera de verdad, si no, no lo quería.

—Fua, Falco, eres todo un romántico —se burla ella para encubrir que sus palabras le dan cosquillas en el estómago.

Él ríe y se pone más rojo, pero no responde. Sus manos siguen juntas y Gabi supone que este es el momento en que sí se besan, pero no sabe cómo decirlo. Vamos a besarnos suena como… Le da pena decirlo, incluso el pensamiento la hace enrojecer otra vez.

Se decide a acercarse a él y actuar en lugar de hablar, pero-

—¿Qué? —pregunta cuando ve la expresión conflictiva en el rostro ajeno. Falco, otra vez, no la mira—. ¿Por qué pones esa cara?

—Quiero besarte —confiesa, todavía esquivándola. Gabi sonríe y acaricia su mano—, pero, ¿y después?

—Podemos besarnos otra vez —responde, no entendiendo a qué se refiere. Él resopla divertido con ojos fijos en sus manos enlazadas.

—¿Y después de eso? —insiste—, seríamos más que amigos y… Gabi, me encantaría serlo, pero también me encanta que seas mi mejor amiga. ¿Y si todo…?

—¿Sale mal? —él asiente—. No lo sé.

Falco hace una mueca y ella se ríe.

—Esperaba una respuesta más larga.

—Es que —rio otra vez—, Falco, nunca vamos a saber qué va a pasar, a menos que lo intentemos y-

Se interrumpe a sí misma, frunce la nariz mientras el calor sube por sus mejillas.

—Nunca voy a repetir esto, ¿okay? —advierte y lo mira a los ojos—. Ya no es suficiente para mí ser tu mejor amiga.

—Para mí tampoco —sonríe él.

—Entonces, besémonos —dice—, si todo sale mal, fingimos que nada de esto sucedió y seguimos normal, y si sale bien…

Se miran, pero es por poco tiempo antes de enrojecer y romper en risas.

—Dios… cuánta pena me está dando todo esto… —ríe Gabi, tapándose la cara con las dos manos.

Él también sigue riendo apenas y también está terriblemente avergonzado, aunque ya está seguro de porqué se siente así. Mira a Gabi, sus manos dejando ver solo sus ojos que están pequeños ahora, por cómo sonríe.

Falco se pregunta cómo es que tiene tanta suerte de poder verla así, tan sonriente, con las mejillas rosadas y su cabello ébano escapándose de detrás de sus orejas, obligándola a correrlo a cada rato. Quiere ser él quién le quite el cabello de la cara. Puede hacerlo.

Se pregunta cómo puede ser que, después de llevar tantos años enamorado de ella, al fin pueda recibir una oportunidad.

Falco acerca sus manos a su rostro, buscando las ajenas y las toma. Se pregunta si Gabi se dará cuenta de que están sudadas y, si lo hace, espera que no le moleste, porque no quiere soltarla. Son demasiado suaves y cálidas.

Y cuando Gabi entrelaza sus dedos con los de él, Falco se da cuenta de que calzan a la perfección juntas. 

Ella le da un apretón y él recuerda que dejó de respirar, que se perdió en sus pensamientos. La mira y Gabi también lo está mirando, pero alterna entre sus ojos y su boca y, ah, este tiene que ser el momento para besarla, porque siente que ya no puede contenerse.

Se acerca despacio y ella también lo hace y están cerca, a centímetros, y es su primer beso y está nervioso y no quiere que salga mal y no quiere decepcionarla y tiene tantos pensamientos juntos, al mismo tiempo, que Falco está seguro de que su cabeza va a explotar.

Pero no lo hace. Porque en el segundo en que los labios de Gabi tocan los suyos, todo queda en silencio y lo único que retumba en su cabeza es el sonido de su propio corazón.

Luego, se separan. Gabi tiene un tono de rojo que Falco ni siquiera sabía que era posible que existiera, pero seguro que él está igual. 

No tiene idea de qué significa esto. ¿Es bueno o es malo?

Se miran a los ojos y no llega a pasar un segundo hasta que vuelven a romper en risas.

Es perfecto.

Gabi suelta una de sus manos y la lleva al rostro de él, acariciándolo mientras se acerca a su boca otra vez con los ojos cerrados. Tal vez, Falco debería hacer lo mismo, pero no puede despegar su mirada de ella, como si fuera posible que desapareciera en cuanto lo hiciera.

Pero Gabi lo obliga, porque la sensación que le da sentirla besando sus labios es maravillosa, y sus ojos no logran permanecer abiertos por culpa de la oleada de sentimientos que recibe.

Ella acaricia su boca despacio, descubriendo en la marcha lo que hace, y Falco no tiene idea de qué hacer para seguirle el ritmo, solo trata de imitarla.

Lo único que se le ocurre es lamer apenas su boca y llevar su mano a la nuca de ella, pero en cuanto Gabi parte sus labios, Reiner abre la puerta.

—Oigan, ¿van a cenar…? —se separan lo más rápido posible, pero es tarde, porque Reiner ya vio todo.

Hay un silencio incómodo en que los tres están congelados en su lugar, hasta que el mayor cierra la puerta, yéndose.

Falco se tapa la cara con las manos, seguro de que debe estar rojo brillante, pero Gabi solo ríe a carcajadas. Él la mira entre sus dedos.

—Estás rojo —señala ella, reclinándose en la cama.

—Sí, me imaginé —refunfuña el otro con vergüenza.

—¿Terminamos de mirar la película? —pregunta Gabi y después enarca una ceja—, ¿o tenemos algún otro tema para hablar?

—Disculpa, pero tú sacaste el tema —ríe él. Se arrastra por la cama hasta su lado, trayendo la computadora consigo. Se acomoda de la misma forma que antes, sus brazos pegados, pero ahora la mira con una mueca avergonzada—. ¿Podría…? ¿Te molesta sí…?

—¿Quieres abrazarme? —ríe Gabi y Falco le pellizca la mejilla tan suave, que queda solo como una caricia.

—Deja de reírte de mí.

—Deja de darme razones para reírme —replica y él suspira entre frustrado y divertido—. Bueno, ya, abrázame y terminemos la película.

Notes:

gracias por leer!

el título es por la canción de miranda, creo que re va con la temática jaja

 

síganme en twitter, donde digo cosas graciosas(?

 

chau

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