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Shidou estaba borracho, podía jurar que en cualquier momento vomitaría en sus propios zapato.
No era el tipo de persona que bebía hasta olvidarse de su propio nombre, pero hoy parecía ser la excepción porque ya había pasado su límite desde hace algunas horas. Estaba hecho un desastre de cabeza a pies y estaba seguro de que si se movía de manera muy brusca se desmayaría. Y es que así eran las fiestas en la casa de los Mikage, todo el mundo se desconocía totalmente, las personas entraban a la fiesta con pareja y salían solteros y con un golpe en la mejilla, o al menos esa era la experiencia de Otoya. Ryusei no sabía que esperar a ese punto, tal vez lo más factible era encontrar un cuarto para acostarse y dormir una siesta, pero el alcohol en su sistema gritaba y pedía actividad física, bailar, pelear, moverse de algún modo, aun así estaba lo bastante cansado para no hacer nada y seguir recostado en el sofá, viendo como su amigo contaba mariposas inexistentes, probablemente hasta el tope en drogas.
— Otoya, Shidou. —llamó Karasu, agachándose para que los chicos no tuvieran que elevar la cabeza para dirigirles la mirada— Barou me dijo que va a su casa a dejar a su novio, le dije que me haga el favor de llevarlos a sus chiqueros.
— ¿Por que tienes a un dinosaurio al lado tuyo? —preguntó Otoya.
— Se llama Francisco ¿No te jode? —se notaba algo harto de ser el amigo responsable— Irás a casa, quieras o no. Ahora Shidou…
— ¿Qué? —dijo el moreno, hundiéndose en el sofá
— ¿Vas a ir con Barou o que?
— Nah.
— Entonces ya no me hago responsable de ti. —dijo antes de agarrar a Otoya del brazo, jalandolo hacía el— Vámonos antes de que empieces a coquetear con otra chica imaginaría.
Shidou no sabía muy bien por qué no había aceptado irse, pero de todos modos, decidió tentar su suerte y empezar a caminar por la fiesta como el muerto viviente que era.
Su mirada estaba difusa, así que no podía saber muy bien lo que había a su alrededor, solo podía olfatear aquella esencia a cigarro en el ambiente, escuchar la molesta música, tan repetitiva y aburrida, ver la sombra de luces de colores, el sabor a alcohol en sus labios, los roces con la gente de su alrededor. Sólo podía andar, esperando encontrarse con alguien interesante, tal vez podría toparse con una persona con mal rollo y empezar una pelea, sería buena idea pero era un no, estaba perdiendo el equilibrio por lo tanto saldría mal, demasiado mal.
De alguna u otra forma llegó a la cocina, fue de forma inconsciente, tal vez su cuerpo se había movido solo hasta allí para buscar algo de agua, considerando que su garganta ardía como el puto infierno. Se abrió paso de a poco alrededor de las personas presentes, algunas personas fumaban, tomaban, otras se hallaban en un momento íntimo que Shidou no le molestaba interrumpir dándoles un codazo para desconcentrar a la pareja, de todos modos era malo comer en frente de los demás ¿No? Agarró un vaso de vidrio y lo llenó de agua del fregadero, y sin pensarlo ni un minuto empezó a tomar, sabía terrible, pero ya su mente volvía a reacomodar sus ideas, sus ojos volvían a servir su función. Miró a su alrededor, otra vez, nada interesante pasaba como para animarlo. Si, habría sido mejor idea irse a casa, eso lo sabía.
Alejó el vaso de sus labios, mirando el agua de la cual tomaba, llena de suciedad y aquella tierrilla rara, claramente la causante del mal sabor. Volvió a mirar a todos lados, que vergüenza que alguien lo haya visto tomar tal cosa como si nada, y de repente sus dedos perdieron su fuerza de agarre, dejando el vaso caer y convertirse en pedazos de cristal en cuestión de segundos ¿La razón del porqué había pasado eso? Un muy lindo pelirrojo de ojos verdes a la distancia. Claramente Shidou había logrado captar la atención de todos los presentes en la cocina, no tuvo nada mejor que hacer que salir de ahí, sin quitar su mirada de su ahora, nuevo interés.
Mientras más se acercaba más podía tomar cosas de la apariencia del chico que le gustaban. Su cabello rojizo, bien acomodado y del largo perfecto, justo el largo que a Shidou le gustaba. Ojos verdes con pestañas largas y notorios, con una mirada que sin duda podía llegar a apreciar mucho más estando de cerca. Labios finos y de un rosa natural, oh y esos muslos, esos muslos rellenos de los que no pudo apartar los ojos al darle una rápida mirada al muchacho. Hoy definitivamente era su día de suerte, había sido una muy buena idea quedarse, porque ¿En qué momento podrá encontrarse con alguien que era totalmente su tipo?
Agarró un vaso de alcohol de una de las mesas de su alrededor, dándole un trago antes de acercarse, tratando de usar sus habilidades de coqueteo, las cuales eran terribles al ser dadas por el mismo Eita Otoya.
Viendo más de cerca, pudo notar que el lindo pelirrojo se encontraba hablando con un chico rubio, notoriamente más alto que él, más grande, más todo. Shidou tragó en seco, era tonto pensar que una lindura como el no tenía pareja, pero volvió a sonreír de par en par, había más chances si a ese lindo le gustaban los chicos ¿No? Encima rubios ¡Que suerte! Aunque ese chico a su lado parecía ser europeo, pero ¿Qué más daba? Siempre se podía intentar y rogar. Pudo notar que ambos estaban discutiendo por algo, hasta que el rubio se volteó y se fue con un notorio enojo pintado en la cara, mientras que el pelirrojo simplemente rodó sus ojos con indiferencia, volteandose para irse. Tenía una oportunidad.
Lo siguió hasta un lugar algo alejado, donde tomó aire para luego tocar su hombro, llamando su atención. Este se volteó lentamente, con clara flojera, y al verlo las palabras de Ryusei se desvanecieron tan rápido como las luces titilantes a su alrededor. Era aún más bonito de cerca, con pecas decorando su nariz y mejillas, con esa mirada de disgusto que hicieron que las piernas del moreno temblasen como gelatina de la emoción. Si, el pelirrojo lo miraba con desprecio, pero eso solo hacía que Shidou sonriera aún más ¡Dios, era su tipo de pies a cabeza!
— ¿Por que me ves como un maldito depravado? —llegó a sus oídos aquella voz rasposa pero melodiosa. Lo hizo suspirar.
— Porque soy un depravado.
Oh, seguía borracho.
El pelirrojo alzó una ceja, dando unos pasos hacía atrás ¡Qué vergüenza! Su voz había salido tan jodidamente mal, como si hubiera hablado un maldito gallo ¿¡Y qué era eso que dijo?! Definitivamente no estaba pensando bien. Bebió de su vaso, olvidaba que era alcohol, pero de todos tragó con disgusto. No había manera de que el pecoso le hiciera caso ¡Ya no! Quería llorar, pero su boca siguió expulsando palabras como loca.
— O sea no soy un depravado, te estaba mirando así porque eres un chico muy sexy, pero no lo digo de la manera de que te haría algo, o sea si lo haría pero solo con tu permiso, aunque si te niegas probablemente estaré insistiendo como un idiota ¡Eres mi tipo! Y… —se mordió la lengua— Estoy hablando mucho ¿Qué tal el clima?
— Eres raro… —murmuró el pelirrojo, viéndolo de pies a cabeza— ¿Estás borracho?
— Si. —soltó otro gallito— Pero o sea, todavía estoy lo suficientemente consciente ¿Sabes? Y… tienes bonitos ojos.
El chico se le quedó mirando por unos minutos, juzgando de manera bastante notorio, para que al final simplemente suspirara, rodando sus ojos y arrebatándole el vaso de sus manos.
— ¿Qué tan borracho estás?
— Lo suficiente como para caer a tus pies… de manera literal. —respondió.
— Entonces no mucho. —sonrió. Ahora que lo notaba, la nariz del chico estaba algo rojiza, también había tomado.
— ¿Estás insinuando que sabes que eres bonito?
— ¿Hay algo de malo en reconocer mi propia belleza?
— No, porque si, eres muy guapo, eres un chico listo… tu… tu… ¿Cómo te llamas?
— Mi nombre es-
— Olvídalo, no te molestes en decírmelo, lo voy a olvidar en la mañana, bebí demasiado. —lo interrumpió, viendo a su alrededor— Eres mi tipo, muy mi tipo… y seguramente olvidaré esto mañana así que… ¿Podrías escribir tu nombre en mi brazo o algo?
— ¿Escribir mi nombre?
— Si, para saber mañana con quien me besé.
— Oh, entonces crees que te besaré.
— ¿No lo harás? —dijo haciendo un puchero.
El pelirrojo volvió a darle una miradita, tal vez se tardó un minuto en pensarlo, y Shidou no pudo descifrar que tanto pensaba. Normalmente si alguien quería besarlo lo sabría con solo haberlo visto 4 minutos ¿No? ¿Habían pasado 4 minutos siquiera? Trató de buscar su teléfono en sus bolsillos, no estaba ahí, seguramente Tabito lo había agarrado. Pasaron alrededor de 3 minutos antes de que el chico soltara un pequeño « hm. », con una pequeña sonrisa en sus labios. Acto seguido, el chico sacó la billetera de su bolsillo, agarrando un pequeño bolígrafo, usado normalmente para hacer cheques, después tomó su brazo con delicadeza y Dios, sus manos eran tan suaves. Empezó a escribir.
— ¿Puedes leer en este estado siquiera? —preguntó, tratando de sacar tinta del bolígrafo.
— No, realmente, de todos modos lo veré en la mañana cuando despierte.
— ¿Por que mi nombre y no mi número?
— Porque sería divertido luego obtener tu número de alguien más, quiero decir, sería como un reto ¿No?
— Que estupida idea. —comentó antes de guardar el bolígrafo, viendo lo que había escrito en el brazo del moreno— Ya está.
— A ver… —le dio una pequeña miradita a su brazo, notando como el pelirrojo tragaba en seco— Nah, no tengo idea de lo que dice.
— Perfecto, entonces ven.
— Voy.
Y Shidou siguió al pelirrojo como el idiota que era pero ¿Quien no lo haría? De repente había sido engañado totalmente y lo llevaría a un lugar alejado para sacarle los riñones y venderlos en el mercado negro, y aun así a Ryusei no le importaba, diría gracias porque el chico decidió que sus organos eran los ideales para sacar, agradecería si le diera una bofetada ¡Agradecería si le escupiera! O no, tal vez estaba más borracho de lo que pensaba, definitivamente olvidaría toda la experiencia, pero no importaba, el chico ya había escrito su nombre en su brazo, el Shidou del futuro asumiría que era porque se habían besado ¡No había manera de perder!
Fueron a un lugar más alejado, un pasillo cerca de las escaleras para ser específicos, habían varías personas alrededor, pero poco importaba, al menos al rubio no le importaba, y al pelirrojo no le importaba tampoco porque se sentó cómodamente en uno de los escalones, agarrando a Shidou de la camisa para acercarlo de a poco. Apoyó sus manos en los escalones alrededor del cuerpo del pelirrojo, inclinándose para besarlo pero este simplemente esquivó su rostro, agarrando los cigarrillos que estaban en su bolsillo, junto con el encendedor.
— ¿Me estás jodiendo? —dijo Shidou.
— Dame un momento, aún no estoy listo. —murmuró, poniendo un cigarro entre sus labios, y sacando otro para ponerlo entre los labios del moreno. Apretó una parte de sus labios para no dejar el cigarro caer al hablar— Considera un milagro que haya aceptado besarte.
— Entonces soy el único afortunado que te besara hoy, asumo.
— Así es. —respondió, tomándolo de la nuca— No eres necesariamente mi tipo, pero estoy de buen humor.
— O estás igual de borracho que yo.
— No, no es el caso.
Encendió el cigarrillo de ambos a la vez, dando una lenta calada antes de escupirle el humo en la cara.
— Aunque algo me gusta de ti, tienes suerte al ser mínimamente lindo.
— Soy alguien con mucha suerte.
— Eso puedo notarlo. —sonrió— ¿Cuál es tu nombre?
— Ryusei Shidou.
— Ryusei… —murmuró, Shidou sintió un escalofrío al escucharlo.
— ¿Tu tienes novio?
— No, si lo tuviera no estaría aquí contigo.
— Eres fiel entonces. —susurró.
— Si el hombre vale la pena, si. —susurró de vuelta el pelirrojo, dándole otra calada al cigarrillo para luego dejarlo de lado.
— ¿Y yo valgo la pena? —murmuró mientras el pelirrojo le quitaba el cigarro, también dejándolo de lado.
— Eso veremos.
Shidou se inclinó un poco más, logrando finalmente unir sus labios con los ajenos. Los labios contrarios eran suaves, jodidamente suaves, sabían a alcohol y cigarro, podría saborear labial de fresa, tal vez por ese condenado labial los labios del contrario le parecian tan irresistibles, pero de todos modos lo eran, joder si lo eran. Se separó de a poco viendo como el pelirrojo alzaba una ceja.
— ¿Contento?
— Tal vez si soy un depravado.
— ¿En serio? No lo había notado.
Y volvió a unirse a esos labios, quería más tiempo junto a ellos, saborearlos más para no olvidarlos la mañana siguiente, recordar cada detalle del cuerpo el cual sus manos investigaban con fervor. El beso ni siquiera era tan bueno, podría decirse que no entraba ni por asomo en los mejores besos que había tenido, y aún así estaba embelesado como si ese fuera el mejor, derritiéndose ¿Sería por el alcohol? No lo sabía, pero le encantaba, quería más, y se le notaba el desespero por más, dejando que sus manos recorrieran temblorosas las caderas del contrario. El pelirrojo río sobre sus labios, pasando sus dedos por el cabello del rubio, jalandolo hacía atrás, volviendo a separarse.
— Eres muy malo en esto, mira como te pones por un beso tan simple. —dijo en un tono de burla, aunque Shidou no se lo tomó así.
— Es porque estoy borracho… y me gustas mucho.
— Puedo notarlo. —dijo bajando su mirada, para luego subirla rápidamente— Te enseñaré a hacerlo de manera más apropiada, porque harás que me vaya.
— Jodete, pestañitas. —dijo, sacando su lengua.
El pelirrojo lo jaló, uniendo sus labios una vez más, el beso de un momento a otro se volvió más sofocante, sus lenguas de algún modo se habían unido y de manera lenta se entrelazaban y se derretían, Shidou sentía que se derretía. Las manos del desconocido lo jalaban a meterse en el hueco entre sus piernas, y Shidou simplemente obedecía como un perro, mientras que sus manos se apoderaban de los muslos, apretando y moldeando estos a placer, arrancándole un pequeño jadeo al pelirrojo de sus labios. Ryusei no pudo evitar escapar de aquellos labios para besar su mandíbula, luego bajar a su cuello, dejando un camino de besos por este, chupando la piel, marcandola con sus caninos, mientras que sus dedos se hundían aún más en los muslos ajenos, definitivamente en la mañana siguiente quedarían unas muy bonitas marcas, y es que los muslos del contrario eran tan suaves, quería morderlos ¿Era prudente morderlos en ese lugar? ¿Al pelirrojo le molestaría que mordiera sus muslos ahí? Porque a Shidou no le importaba ni un poco lo que la gente pudiera ver.
La mano del pelirrojo lo tomó del mentón, subiendo su mirada para volver a hundirse en un beso, aún más desordenado, húmedo, a ese punto ya todo se trataba de sus lenguas buscando contacto, rozandose. Sus caderas siendo atrapadas por los muslos ajenos, haciendo que se acercara mucho más, rozando su cadera con las ajenas, eso se sintió como una jodida descarga eléctrica, erótico jodidamente erótico. Mientras sus labios seguían devorando los ajenos, sentía que sus reparación se agitaba, sentía como su cara empezaba a calentarse, o mejor dicho, su cuerpo se estaba calentando, poco a poco, y podía sentir contra sus caderas como el del contrario también. Sus manos fueron más allá, quería tocar más, sentir más, sus caderas, sus muslos, su espalda, su pelo, viajando por cada ubicación que su mente podía pensar en segundos, para luego parar en el culo del muchacho, apretando la suave carne en la zona, arrebatándole otro jadeo al chico, haciendo que arqueara su espalda. Era tan jodidamente emocionante.
Nada a su alrededor existía, nada en lo absoluto, eran solo ellos dos en ese momento y Ryusei amaba eso. Era simplemente maravilloso, irreal, tener al chico de sus sueños entre sus manos y poder hacer lo que quisiera sin oír ni una puta queja. Quería más, mucho más, no se conformaba con eso, quería tenerlo por más minutos, horas, tal vez por días, meses o años ¿Se estaba volviendo loco o era el alcohol en su sistema?
De repente sintió como alguien tocaba su hombro con nada de cuidado, trató de ignorarlo por un minuto, pero el toque se repitió, no una, no dos, ni tres veces, habían sido seis veces, y eso solo hizo que Ryusei se separara de mala gana. ¿Quién era el imbécil que se atrevía a interrumpirlo en un momento tan importante? ¿Por qué molestarlo ahora mismo? ¿No veía que estaba ocupado?
Le dirigió la mirada al muchacho de cabello negro y largas pestañas, quien solo lo vio con asco.
— ¿Qué quieres?
— Quiero hablar con mi hermano, gracias. —dijo el chico para luego ver al pelirrojo— Te busqué por todas partes, Sae.
¿Hermano? Entonces habían dos de esas bellezas… aunque el de pelo negro no era para nada su tipo.
— Hiori quiere irse, así que iré a su casa. —comentó el pelinegro, viendo a Shidou de reojo, antes de dirigirse a su hermano nuevamente— ¿Vas a quedarte?
La pregunta ofendía. Claro que el pelirrojo de nombre Sae, al parecer, no quería irse, estaban muy ocupados hace tan solo unos minutos, y Shidou no estaba ni lejos de conformarse. La estaban pasando bien, así que ¿Qué le costaba leer la escena? Era obvio que el pelirrojo quería estar el resto de la noche con él. Sin embargo, no podía culparlo, a veces Ryusei no era bueno leyendo el ambiente.
Cuando volteó para ver a Sae nuevamente este tenía una expresión de indiferencia, encogiéndose de hombros y apartando al rubio con nada de cuidado, poniéndose de pie, sacudiendo sus ropajes para luego darle una palmadita al moreno, como si nada hubiera pasado hace literalmente unos pocos minutos. Fue con su hermano, abriendo su boca para soltar un muy aireado.
— Si, me voy, ya tenía sueño. —eso hirió el ego de Ryusei de tantas maneras posibles.
El pelinegro se encogió de hombros, empezando a caminar y tomando la mano de un chico de cabello cyan en el proceso. Sin embargo eso no le importaba a Shidou, rápidamente acercándose al pelirrojo, el cual ya se disponía a irse, agarrándolo de la muñeca.
— ¿¡Te vas?!
— Dijiste que querías un beso, no sexo, Ryusei. —dijo rodando sus ojos, bostezando. Era cierto pero aún así…— No pongas esa cara, parece que yo soy el malo aquí, y no lo soy, solo hice lo que me pediste ¿No?
— Pero…
— Fue bueno. —elevó su ego— Y eres lindo. —su ego se elevó aún más— Pero bueno, no estoy interesado.
— ¿¡Ah?!
— Tal vez si te veo otra vez lo estaré ¿Sabes? No lo sé. —se soltó de su agarré con facilidad— Suerte tratando de conseguir mi teléfono. Ve el lado positivo, tienes mi nombre.
— Sae…
— Sae Itoshi, eso es lo que tienes escrito en el brazo. —afirmó para luego bufar con pereza— Nos veremos en algún otro momento.
Y se fue, como el que no quiere la cosa. Shidou podría estar enojado, si, eso tendría sentido, en cambio solo miró las letras en su brazo, sonriendo como un tonto.
Sae Itoshi, pensar en ese nombre le daba escalofríos.
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— ¡Me muero! —exclamó al despertar— ¡Me muero, Tabito!
— Te dije que no tomaras tanto, pero no me hagas caso. —dijo Tabito, acostado a su lado.
Ryusei guardó silencio unos minutos para luego, abrir su boca varias veces, como si tratara de encontrar las palabras correctas para decirle al pelinegro. Al final suspiró, rascándose la nuca.
— ¿Tuve sexo contigo?
— ¡No! —exclamó su amigo, la palabra asco escrita en toda su frente— Estoy aquí porque me arrastrarte a tu puta cama, eres un hijo de puta fuerte, casi me rompes la costilla.
— ¿Entonces qué pasó anoche?
— Yo me besé con Yukimiya y con Mikage. —dijo Karasu.
— No hablo de tu puta vida, pajarraco, hablo sobre mí. —aclaró el rubio, tratando de peinar sus antenas con sus dedos.
— Que mala onda, yo tratando de compartir mis experiencias. —se quejó— Me dijiste que te besaste con un tipo.
— ¿Lo hice? No recuerdo.
— Si, me dijiste que era tu tipo.
Shidou abrió sus ojos de par en par, para luego empezar a lloriquear, jalando sus antenas y revolviéndose el pelo. Claramente no recordaba ni un poco de aquello ¡Nada! Su mente estaba en blanco desde la parte donde se burlaba de Otoya siendo golpeado por una chica ¡Era lo peor! ¿Cómo podría olvidar algo tan importante como besarse con un chico que era justo su tipo? Era escoria, Shidou era escoria, y ahora odiaba con toda su alma el alcohol ¡No bebería ni una cerveza más en su puta vida! La próxima vez bebería coca cola hasta que la azúcar le suba a niveles preocupantes, pero alcohol nunca más ¡Nunca!
— Me dijiste también que fuiste "muy inteligente" y le dijiste que anotara su nombre en tu brazo, aunque…
Ryusei revisó su brazo izquierdo, luego el derecho, con una sonrisa en su rostro al encontrar un conjunto de letras. No todo estaba perdido, o eso creyó hasta que leyó lo que tenía en el brazo.
Tenía una letra muy bonita, demasiado bonita como para escribir algo tan cruel como « Intenta recordar mi nombre. » con un corazón al final, claramente a modo de burla, y Shidou no sabía si llorar o empezar a partirse de la risa.
Aunque decidió reír, un chico tan jodidamente cruel simplemente valía la pena al 100%
