Work Text:
Arte de portada por Nazu_art
* * *
Sasuke maldijo por dentro por décima vez aquella noche. ¿Quién le mandaba a hacer ese tipo de operaciones encubiertas? Hacía horas que estaba en aquel antro de póker y prostitución tratando de identificar cuál de todos esos gamberros era el líder de la organización criminal que perseguían desde el año anterior en su unidad policial. Hasta ahí todo bien, excepto porque OTRA VEZ su jefe había considerado adecuado que se infiltrara haciéndose pasar por una mujer. ¿Por qué? ¿Por qué no mandaban una policía mujer? Noooo, siempre mandaban a Sasuke para esta clase de cosas, con alguna excusa banal que él nunca terminaría de entender pero de la que, como subordinado, no podía escapar.
Dentro de lo posible, se estaba entreteniendo jugando al póker, pero ya estaba bastante harto de que aquellos sujetos trataran de meterle mano y el único que más o menos le caía bien era un rubio que de todos modos estaba muy lejos así que no hacían más que intercambiar miradas. Cuando creyó haber reunido la información necesaria, tocó un botón en su celular que debía dar la indicación a sus compañeros de equipo para que entraran al local a realizar la tan planeada redada.
Lo que no se esperaba era que, durante los intentos de escapar de aquellos criminales, el rubio decidiera tomarlo de la muñeca.
—Ven conmigo, hermosa, o van a llevarte —exclamó, sin notar ni de casualidad que se trataba de un hombre ni mucho menos que era policía.
Tomado por sorpresa por semejante reacción, Sasuke se dejó arrastrar. A fin de cuentas, quizás esa sería la mejor estrategia para descubrir el escondite secreto al que todos parecían estar huyendo.
Corrieron juntos por lujosos pasillos y, ante la inminencia de la llegada de los policías al sitio en el que estaban, Naruto se metió en una pequeña habitación de servicio y luego en un armario que allí había. Se apretó contra Sasuke y le hizo una seña con el índice en los labios para que aguantara la respiración unos segundos. Él obedeció, con sentimientos encontrados. Por un lado, seguía teniendo en mente la posibilidad de descubrir una guarida secreta y ganar alguna distinción por parte de su jefe (ya con que no lo volvieran a vestir de mujer se daría por satisfecho). Sin embargo, por otro lado, la situación misma le estaba generando emociones inesperadas. El chico rubio, en una situación de riesgo y sin conocerlo en lo absoluto, estaba realmente preocupado por él e incluso estando tan apretados y a oscuras como ahora lo estaban en ningún momento intentó aprovecharse de quien imaginaba era una trabajadora sexual.
Esta sensación de protección desinteresada aumentó cuando lograron salir de allí y, en la siguiente habitación, dieron con otra sorpresa: alguien había abandonado en el lugar a un pequeño bebé llorando.
—¡Diablos! —exclamó el rubio—. ¿Quién puede haber dejado solo a este niño aquí? Vaya uno a saber lo que le hará la policía, vamos a llevarlo con nosotros.
Tras lo cual, lo alzó en brazos y se lo tendió a Sasuke.
—Seguramente tú como mujer sabrás llevarlo mejor, yo soy algo torpe —explicó. Y enseguida agregó—: por cierto, mi nombre es Naruto, disculpa por no haberme presentado antes, pero estamos en un apuro.
Sasuke, que no sabía cómo cuernos sostener al bebé, solo lo saludó con la cabeza, sin poder recordar el nombre falso que había dado al iniciar la operación encubierta. Ante ese silencio, Naruto le sonrió.
—Te ves aún más hermosa con un bebé en brazos —declaró.
Sasuke se sonrojó involuntariamente. ¿Qué clase de circunstancia absurda era esa? ¿Desde cuándo los delincuentes tenían todos esos gestos amables?
Pero no había tiempo para pensar, porque Naruto volvió a tomarlo de la mano para arrastrarlo con él en una larga huida quién sabía adónde.
Así estuvieron corriendo un rato, deteniéndose a menudo para acunar al bebé y calmarlo o para acomodar los tacos de Sasuke que no eran el mejor calzado para ese contexto. Resultó ser, además, que era Naruto el que mejor sabía tranquilizar al bebé, por lo que, después de enfrentar algunos obstáculos que les dificultaron el paso, el chico decidió subirse a Sasuke a la espalda y llevar al bebé en sus brazos para correr más rápido. Sasuke le pasó los codos por el cuello y las piernas sobre la cadera para aferrarse a él. Durante un rato, tuvo la sensación de escuchar el agitado corazón de Naruto bajo su pecho, mientras este saltaba y corría por los caminos más diversos.
Ya estaba amaneciendo cuando Naruto metió una llave en la cerradura de una pequeña vivienda y abrió para que entraran Sasuke y el bebé. Señaló una cama para que pudieran ubicarse mientras él buscaba algunas frazadas para construir un moisés provisorio para el niño. Solo cuando consideró que ambos estaban cómodos se permitió sentarse él mismo y exhaló el aire con fuerza.
—Uff… eso estuvo cerca —dijo, agotado.
Sasuke, desconcertado por encontrarse en lo que parecía un humilde departamento de soltero y no una guarida de criminales, solo atinó a preguntar lo que le pareció más importante:
—¿Dónde mierda estamos?
—Ah… es mi casa… pero no te preocupes, puedes irte cuando lo desees. Puedo pagarte un taxi. No creas que pretendo algo solo por haberte sacado de ese embrollo.
Sasuke, todavía impresionado por los buenos modales de aquel tipo, trató de procesar la nueva información.
—Creía que Tobi les proporcionaba mejores alojamientos a sus empleados.
El rubio lo miró enojado.
—Primero, no veo por qué criticarías un departamento tan bonito y ordenado como el mío, puede que no sea grande pero lo tengo limpio, que es lo fundamental. Y segundo, ¿quién dijo que soy empleado de ese tipo? ¿Acaso me seguiste solo por eso?
Sasuke trató de reencauzar la conversación para no causarle tanta suspicacia.
—Cuando contrataron mis servicios me dijeron que era para un tal Tobi y sus compinches, no creía que hubiera otros clientes que no tuvieran que ver con él. Disculpa el malentendido. Entonces, ¿qué hacías allí?
Naruto se encogió de hombros.
—Si te lo cuento, ¿prometes guardar el secreto?
—¿A quién le podría contar tu secreto, tonto? Cuéntamelo.
—La verdad es que si hay muchos a quienes podrías contárselo, pero me inspiras una confianza que no puedo explicar, así que te lo contaré. En realidad, soy un investigador privado y mi cliente me contrató para recuperar unos bienes que la banda de Tobi le robó.
—¿¿Un investigador privado?? Y, entonces, ¿por qué escapaste de la policía?
—Bueno, ya sabes… el trabajo sexual es ilegal así que si te atrapaban te iban a llevar. Y al bebé lo meterían en algún complicado proceso de adopción hasta que envejeciera triste y solo en un orfanato. Lo sé porque soy huérfano yo mismo.
Sonrojado de nuevo, Sasuke sintió que en esta misión estaba siendo él el protegido, contra todo pronóstico. No obstante, esa idea cambió ligeramente cuando vio a Naruto rascarse la cabeza con algo de vergüenza.
—Y… también puede ser… que tal vez mi licencia de investigador esté vencida…
—Ya me parecía que tenía que haber algo más… —replicó Sasuke, inesperadamente molesto.
—Pero de verdad lo hice también por ti. Y no quiero que te sientas obligada de ninguna manera, pero si quisieras dejarme tu teléfono harías que el fracaso que fue mi operación recién tenga al menos algo de sentido.
En ese instante, fueron interrumpidos por el llanto del bebé. Instintivamente, Sasuke lo tomó en brazos y lo acunó, pero no logró que cesaran sus gritos. Así que miró a Naruto con un poco de desesperación.
—Haz algo, idiota.
Naruto entonces se acercó y acarició la cabeza del pequeño, mientras empezaba a tararearle una canción. Como por arte de magia, el chiquito cerró los ojos y buscó con la boca en el pecho de Sasuke, aferrando sus pequeños labios al relleno que simulaba una mínima curva en el hombre. Naruto, al ver esto, esbozó una amplia sonrisa.
—De verdad se te ve muy bien con un bebé. Creo que hacemos buen equipo.
—¿Estás diciendo que planeas quedarte con este niño? Seguramente tenga a sus padres en algún sitio.
—Sí… es cierto… pero, bueno, también podríamos tener un niño propio en algún momento, ¿no?
De todos los colores, Sasuke apartó al bebé para tener una mano libre y darle un fuerte golpe en la cabeza a Naruto.
—¿Todavía no te diste cuenta, zopenco? ¡Soy un hombre!
Naruto lo contempló sin entender, con los ojos muy abiertos. Luego abrió también la boca, sorprendido y sonrojado.
—¡Diablos! ¡Entonces eres el hombre más hermoso que haya visto! Una pena, porque ya me había imaginado los bebés que tendríamos…
—Además —continuó Sasuke, tratando de romper el clima romántico que Naruto no se cansaba de imponer—, yo también estaba en una misión encubierta y de hecho soy policía.
—Espera--¡¿Qué?!
—¿Te sorprende más que sea policía que el hecho de que sea hombre?
—Bueno, que seas hombre no es ningún cambio esencial, igual eres hermoso y estás aquí en mi casa a punto de darme tu teléfono. Pero si eres policía sí que se enredan la cosas… ¿me denunciarás?
—¿Por qué no lo haría?
—¿Porque te caí bien y no quieres que termine en la cárcel? Aparte… ¿quién cuidará de nuestro bebé mientras tú vas de misión si a mí me meten preso por trabajar sin licencia?
Sasuke se sintió incómodo al descubrir que en verdad no tenía ninguna gana de denunciar a Naruto. Es más, incluso experimentaba algún deseo de darle el teléfono, tal y como el otro había predicho.
Bien, parecía que aquella misión encubierta no le prodigaría ninguna distinción por parte de su jefe, ya que no había encontrado la guarida que esperaba, y encima era bastante probable que lo vistieran de mujer de vuelta en el futuro, ya que en efecto su disfraz era muy convincente. Sin embargo, en algún punto podría decirse que no todo había salido mal.
Con el ceño fruncido y mirando hacia otro lado, le tendió a Naruto un papel con un número.
FIN.
