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Dance Dance Revolution

Summary:

Aziraphale y Crowley terminan en un salón de recreativos jugando al Dance Dance Revolution.
El ángel piensa que es para pasar el rato con su mejor amigo, en cambio el demonio tiene claro que es una cita.

Notes:

Otro escrito de 2019.

Work Text:

Después de haber ganado indiscutiblemente, Crowley se apoya en la barra que está detrás de él y observa como Aziraphale se inclina sobre sí mismo para recuperar aire, es curioso que él sea el único agotado, pues a diferencia de Crowley, Aziraphale se ha limitado solamente a pisar las flechas correspondientes, no como el demonio, que además de seguir el patrón que la maquina le indicaba también se había tomado la libertad de demostrar su habilidad al bailar y adaptarse al ritmo de la música. Suelta una carcajada y le pasa las gafas a Aziraphale.

- Pudiste simplemente dejartelas puestas. -comenta el demonio.

- ¿Y arriesgarme a que se me cayeran? -saca un pañuelo y limpia los cristales- No, por Dios.

- Dudo que a ella le importe lo que le suceda a tus gafas.

Ante aquel comentario Aziraphale frunce el ceño pero decide perdonarle por esta vez, se apoya en la otra barra sintiendo como el demonio lo sigue con la mirada y con una expresión divertida.

- Crowley.

- ¿Ajá?

Aziraphale comienza a pasar sus manos por su chaleco, deshaciéndose de las arrugas que pudiera haber, está nervioso y Crowley lo nota, llevan muchos años juntos, los suficientes como para que el demonio sepa el significado de cada uno de sus gestos. Sería un insulto a tantas décadas de amistad si no lo conociera hasta tal punto.

- Creo... eh... Creo que estoy enamorado de ti.

Ninguno de los dos dice nada más, Aziraphale simplemente se limita a esperar una respuesta. Sus ojos repasan cada centímetro de sus elegantes zapatos, sintiéndose totalmente perdido y nervioso, el amor era cosa de humanos, ¿no? No le era difícil identificarlo, pero le había costado muchísimo aceptarlo, y una vez lo acepto comenzó a ensayar la manera y el lugar donde decirlo, pero no esperaba que la hora llegara tan pronto, había planeado su declaración para el siguiente año, no había prisa, pero algo lo había impulsado a decirlo ahora, pues aquel día estaba siendo simplemente perfecto... Y ese era el problema.

" Cielos, Aziraphale, ¿tenías que arruinar tan espléndido día con esto? " se regaña.

Sí, lo había arruinado, y eso estaba más que claro al ver la actitud de Crowley, quien se había limitado a apoyarse en la barandilla y rascarse la barbilla con el meñique, fingiendo que no había escuchado. O eso piensa el ángel, porque sí que lo había oído.

- Eso espero. -contesta sin voltear a ver a su amigo.

El ángel alza la vista de golpe, mirando con sorpresa al hombre a su lado.

- ¿Qué?

- Bueno, eso espero, estamos saliendo, después de todo. -comenta con la misma simpleza con la que alguien dice la hora.

Aziraphale pudo haber pensado que Crowley estaba tomando todo aquello como una broma, pero solo hacía falta un vistazo a sus mejillas para saber que no era así, pues estas habían obtenido tres tonos más de rojo. El ángel se quedó callado, analizando la situación. No era una broma, ¿verdad? estaba claro que no, pero aún así...

- ¿Me has escuchado? -pregunta Crowley, girando su rostro hacía su acompañante y bajando sus gafas para verlo a los ojos.

- Eh, yo, sí... Sí, sí, sí... Te he escuchado... -farfulla.

- Entonces... ¿puedo besarte ya?

- ¡¿Qué?! No...

Crowley suelta un quejido.

- Seiscientos años de coquetear con un muro de ladrillos para esto.

- No aquí. -murmura Aziraphale, enrojeciendo.

Esta vez es Crowley quien se muestra sorprendido.

- ¿Perdona?

- No he dicho nada -susurra.

- No, no, no... ¿Has dicho lo que creo que has dicho? -pregunta el demonio.

Crowley se acerca al ángel, sorprendido, sí, pero más que dispuesto a besarle. Aziraphale se da cuenta de eso y retrocede hasta bajar de la máquina. Si ya llamaban la atención antes por ser dos hombres de traje bailando en el Dance Dance Revolution por una hora seguida, ahora la llaman aún más.

- Solo... solo bromeaba.

- Tú nunca bromeas, ángel.

- Por amor al cielo, Crowley.