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Nanami Kento desde pequeño siempre sobresalió en sus notas, no es malo para los deportes, pero no le llaman la atención. Normalmente no tiene amigos, porque todos le huyen como sí fuese una plaga y además de los rumores de ser “mala persona”. Ser mala persona, no es negarse a dar copia de sus tareas que él sí se esforzó haciéndolas, mientras que otros preferían esperar a ver de quien chupar sangre.
No obstante un grupo de compañeros empezaron hacerle a un lado y lanzar comentarios despectivos a su persona. Nunca respondió de igual manera, siempre trataba de ignorarlos, ni cuando pasaron a los golpes, Nanami no se defendió.
—¡Cobarde, defiéndete! —provocó uno del grupo, mandando a darle un puño, pero esta vez Nanami lo esquivo.
—No me interesa pelear con personas que no le enseñan como comportarse en casa —respondió calmado.
—¿En casa? —cuestionó otro y luego una fuerte carcajada se escuchó—. Es Huérfano, su opinión no vale. —Y otras risas se unieron al chico.
Así era su día a día en el colegio; insultos, burlas, golpes y demás en su contra. Los maestros se habían de la vista gorda solo porque el afectado “no pone la queja” y todo lo dejaban pasar. Nanami por su parte, podría ser muy tranquilo y desinteresado en ponerse a la par con el resto, pero todo tiene su límite y eso llego el día que se burlaron de su madre.
No solo se enojó, también fue la primera vez que levantado sus manos para golpear a otros. Y en esa ocasión, los maestros sí hicieron algo; lo expulsaron por mala conducta.
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Una semana después se encontraba en su nuevo colegio, pensó que cambiarse de ambiente también ni habrían más alumnos que no le molestarán. Su tutor legal, le sugirió que tomará clases en casa, lo cual se negó rotundamente. Pase a no ser extrovertido, disfruta del ambiente escolar a excepción cuando se metían con él.
Veía algunos estudiantes correr de un lado a otro, grupos de amigos ya establecidos, diferentes rostros, ambiente, lugar y…
—¡Hola! —Dos manos fueron posadas en cada hombro y un chico sonriente se cruza al frente suyo.
Nanami solo lo mira con una mueca, una vez que la sorpresa le haya pasado teniendo su corazón a mil por la repentina aparición del susodicho.
—Me llamo Satoru Gojō y soy presidente del comité estudiantil —se presento aquel chico. Cabellos blancos, portando gafas de lentes oscuras, sonriente y usando el uniforma del instituto.
—Un gust…
—¡El gusto es mío! —Hizo presión en los hombros del otro, quien trato de zafarse, pero fue en vano—. Tu debes ser Nanamin.
—Nanami Kento, no Nanamin —corrigió, acto seguido pudo librarse del otro.
Quería estar lo más alejado del chico extrovertido, pero al sentir como un brazo lo rodeaba por el cuello y la voz del nombrado Satoru contándole sobre las “maravillas” del colegio, supuso que no se libraría tan fácil del chico.
. . .
Paso alrededor de una semana que Nanami asistía a su nuevo colegio. Tiene cosas positivas como sus compañeros, muy distintos a que su anterior colegio; claramente están los famosos chupa sangre, los odiosos, populares, vagos, los desastrosos y los inteligentes, pero más apodados como “nerd”. No paso más del primero día para que Nanami ya clasificará como uno de los famosos “Nerd” del instituto. Igual no es algo que le importe o afecte su estancia hasta que se graduará.
Agregando que la comida es mucho mejor que en su antiguo colegio, hay maquinas dispensadoras de chucherías, los baños más limpios y algo que ama de su nuevo colegió, es la enorme biblioteca. Normalmente pasa los descansos leyendo algún libro y se siente mejor al ver como otros optan por lo mismo.
Pero como todo, hay cosas buenas y malas por igual. Puede decir que la única cosa mala es: Satoru Gojō. Desde ese día de la tal presentación, no lo deja ni a sol, ni sombra, hasta en la biblioteca lo acompaña y lo más irritable es que todo el mundo parece adorarlo.
«Es que acaso no ven lo irritante que es.» Piensa Nanami, mientras ignora a Satoru quien le esta hablando sobre las variedades del clima.
Satoru siempre tiene un tema del cual hablar o interrogantes por resolver, mientras que Nanami no le gusta dar vueltas al asunto y siempre llega a una conclusión absoluta sea correcta o incorrecta.
—Puedes callarte —demanda seguido cerrando su libro con algo de fuerza.
—Y tú, puedes hablar más —contraataca, sonriendo con cierre diversión por la situación.
Lleva una semana y ya se siente súper cansado de todo, mejor dicho por Satoru que no lo deja en paz.
. . .
Tres meses en lo mismo, pero a este punto Nanami se acostumbró a su presencia. Gojō estando detrás suyo y él sólo leyendo algún libro o caminando mientras come alguna barra de cereal.
Hay días en donde Satoru no esta a su lado y Nanami siente esa ausencia. O las veces que ve a Satoru rodeado de personas que lo quieren y vuelve a su realidad; Gojō es querido por todos y es alguien genial, mientras que él sólo es un nerd y asocial. Tan distintos los dos, pero recuerda que desde el primer día Gojō no se separa de él y hasta ahora no sabe el porqué.
—¿Qué vas a estudiar? —pregunta Satoru cambiando de tema.
Ambos llegaron a la cafetería y se sentaron en una mesa alejada del resto. Nanami ni se junta con el grupo de “los nerd del colegio” y Satoru muchas veces prefiere sentarse al lado de Nanami que con su grupo del comité.
—Contaduría —responde, dejando su libro a un lado y empezar a comer su refrigerio.
—Aburrido —espeta apoyando su mandíbula en la mesa.
—No lo es, sí te gusta lo que vas a estudiar y el dinero siempre llegará —dice seguro de su elección.
Por primera vez en esos meses, Satoru se queda en silencio analizando las palabras del rubio. En el caso de Satoru tiene que estudiar una carrera que no le gusta y le parece lo más tedioso del universo; una carrera escogida por su familia, no por él.
—Eres inteligente y puedes postular para una beca, así estudias algo que te guste —sugiere Nanami despreocupado.
La sorpresa en el rostro de Satoru es notoria, es también la primera vez que Nanami habla de más y para dar un consejo. Le es inevitable que sus mejillas se vuelvan rojas y se quite las gafas para mirar mejor a su callado amigo-compañero. En ese momento Nanami no sabe, sí arrepentirse por alzar la mirada o por hablar, pero lo que ve lo deja unos segundos pasmado: Un Satoru de ojos azules intensos, brillantes e hipnotizador, largas y abundantes pestañas blancas, sus mejillas rojas. Nunca había visto al otro sin las gafas, hasta llego a pensar que podía tener alguna discapacidad visual, además de ser la única persona que le permiten portar ese tipo de gafas oscuras.
Ninguno supo que paso en ese día o sí las cosas cambiarían, pero sí hubo algo entre los dos que empezaron a notar al otro y no como un amigo-compañero.
. . .
Seis meses después. La unión entre Nanami y Gojō seguía igual, pero con sutiles cambios. Nanami se permitía hablar un poco más y Gojō a escuchar, la intensa personalidad de Satoru seguía al flor de piel y eso es algo que Nanami no quiere cambiar, hasta una vez pensó que le encanta su forma de ser, más jamás se lo diría a voz alta.
En ese lazo, Nanami se enteró sobre la razón de que Gojō usa gafas oscuras. La vista de Satoru es muy sensible a la luz y vientos por más mínimo que sea, ese mismo día que se quito las gafas tuvo que irse a casa para descansar y aplicarse las gotas medicadas, su vista se irrita a tal punto de arder, dolores de cabeza y visión muy nublosa, su condición es operable, pero riesgosa. La familia Gojō, no se atreve en dar la autorización para dicha cirugía con el menor de la dinastía.
Otra cosa que supo de Satoru, es que viene de una familia adinerada, disfuncional y soberbia. Así mismo este supo que Nanami, es huérfano, sus padres en vida le dejaron un enorme capital para tener una vida tranquila y una lujosa casa, vive sólo y su tutor de vez en cuando lo visita. Lo que ambos tiene en común es la soledad que evidentemente los acompaña en su día a día y el dinero que poseen gracias a la capital de sus respectivas familias.
Pase a tener personalidades tan distintas, son más parecidos de lo que creen.
A medida que los días iban pasando, Gojō y Nanami se acercaban más al otro, las cosas se tornaban en ocasión un tanto incómodas y así mismo sus sentimientos de amistad fueron dando paso a uno romántico. Gojō al ser un adolescente que “le gusta disfrutar de su juventud y libertad”, se asustó ante ese descubrimiento y Nanami simplemente trato de negarlo, ya que para él sus estudios son lo primordial, sin tener distracciones.
Siguieron ese mismo ritmo de negación hasta finales de año, en donde se organizo el baile escolar. A Gojō le llegaron miles de invitaciones y a Nanami ninguna, es guapo, pero nadie se junta con los nerds.
Sentando sólo en su mesa, veía todo como Satoru sonreía y recibía, a esa distancia no sabe a ciencia cierta sí aceptó alguna o las rechazó todas. Nunca se intereso en esas cosas, sea porque le parece una pérdida de tiempo o simplemente por el hecho que nunca lo han invitado, pero ver como Satoru es tan popular en ese momento le generaba cierta molestia y no es envidia.
Fastidiado por presenciar dicha escena, se pone de pie dispuesto a irse del lugar, pero observa como Satoru se libra de su “grupito” de fanáticos para correr a su dirección. Sus pies no se mueven por más que su cerebro mande la orden, solo espera a la llegada del extrovertido y extraño Satoru.
—Nanamin —llama casi sin aliento, las personas que antes perseguían a Satoru, murmuraron entre sí y luego se alejaron. Se nota mucho el rechazo al nombrado, pero este ni atención les presto.
—Vienés a decirme que invitación aceptaste —supone, queriendo sonar casual, pero sonó a más como un reclamo que otra cosa. Lo cual notó por al expresión sorprendida del otro.
«Debí cerrar la boca y seguir mi camino ignorándolo.» Se reprochó en su mente, pero nada podía hacer para borrar lo dicho.
—No, para nada. —Satoru agitó ambas manos mientras hablaba, se encontraba nervioso. Sería la primera vez que haría algo así y lo reciente dicho por Nanami juró haber notado una pizca de celos—. Solo quería invitarte.
—¿A la biblioteca? —Alza una ceja confundido.
Sí estuvieran en otra situación, Satoru no tendría reparos en burlarse del otro, pero ahora necesita un poco de seriedad.
—No —niega sonriendo y dando un paso hacia delante—. Para el baile —aclara mientras se movía en su propio sitio.
Se le queda mirando un buen rato para esperar la confirmación de la broma, pero eso jamás llegó. Solo observo a un Satoru inquieto en su sitio-una señal clave de su nerviosismo-, su constante mirada hacia él en espera de una respuesta y se dio cuenta que no hay ninguna broma. Es cierto que le cuesta verlo como amigo, también que es alguien desordenado respeto su vida en parejas-siendo tan joven, es un desastre y un historial nada bueno-, pero quiere creer que es honesto, lo fiel se verá más adelante.
—Esta bien —acepta. Así mismo se da la vuelta, dispuesto a irse lo más rápido posible, pero una vez que dio la espalda sintió como dos brazos le rodeaban su cuello.
Las miradas, cuchicheos y la sorpresa se podía sentir en ellos. Todos saben que Satoru esta siempre a su lado, siguiéndolo como un perro a su amo; una garrapata prendida, pero esa muestra de afectó es nueva en ellos. Nanami trago grueso y por segunda vez detuvo sus pasos.
—Gracias, Kento por aceptar mi invitación —habló cerca del oído del nombrado, sin tener ese toque divertido que habitual carga en su voz y por primera vez llamándolo Kento. Se inclinó un poco hacia delante y dejo un beso en la mejilla del rubio para luego deshacer el abrazo y alejarse.
Nanami tuvo que aclararse su garganta para salir de su shock del momento y salir a toda prisa de la cafetería. Extrañamente sentía su rostro caliente y su corazón como sí se fuese a salir de su pecho.
«Debe ser fiebre y… agitación.» pensó tratando de convencerse de ambos “síntomas”.
Sabe que no es fiebre, ni agitación. Esa calor y esos latidos, tiene nombre y apellido que son: Satoru Gojō.
Fin.
