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Las cinco grandes naciones eran las que reinan en todo el mundo, mandando a sus mejores guerreros a combatir a muerte por su país. El país del fuego y niebla se unieron para tener más fuerzas, no por nada ambas naciones pertenecen a las cinco grandes y poderosas.
Mei Terumi, la princesa del reino gobernante del país de la niebla estuvo en desacuerdo sobre la alianza entre niebla y fuego, alejando que los de ese país son unos salvajes, traicioneros y sin clase. Sin embargo fue la única que se negó y por mayoría, ganó la unión entre niebla y fuego, pero ella sin estar conforme.
Los días, semanas y meses pasaron esperando la llegada de la división que el fuego les proporcionó para reforzar a sus guerreros, así mismo niebla mando una división al país aliado. Mei sólo caminaba de un lado a otro, pensando que sería el fin de su hermano país, no queriendo esperar más, salió de sus aposentos para avisar que iría a caminar un rato.
—Salvajes y traidores —decía mientras caminaba por las calles del pueblo. Muchos hombres se quedaban parados mirándolo por su belleza; cabellos rojizos entre castaños, ojos brillantes, figura curveada y de estatura alta. Toda una belleza, pero Mei solo quería encontrar el indicado y nadie hasta ahora lo había sido.
Se encontraba molesta por todo lo que estaba pasando. Vendrían guerreros de los que alguna vez fueron sus enemigos, también que su padre empezó a darle indirectas sobre su matrimonio, ella quiere casarse, pero con alguien que ame, no por compromiso con su nación. Menos lo va a considerar cuando no fue escuchada e hicieron lo que quisieron. Tiene planes de que en el momento de subir como reina de la niebla, cambiaría muchas cosas.
Tan concentrada que estaba en su debate mental, que no se fijo en el chico distraído que venía a su dy ambos chocaron. Mei perdió el equilibrio, sintiendo se cuerpo irse de espalda, pero una fuerte mano le atrapo pasando su brazo alrededor de su cintura.
—Lo siento mucho —se disculpa el chico—. ¿Se encuentra bien?
Parpadeó varias veces, era la primera vez que veía su rostro. Piel pálida, cabellos largos y negros, no tan alto, compostura algo delgada, pero podría asegurar alguien de mucho entrenamiento físico, lo supone por su fuerza y reflejos.
—Sí, estoy bien —contesta una vez que dejo pasar la sorpresa.
El chico asiente y suelta su agarre con cuidado de que no se caiga. Nunca pensó que lo primero en toparse, fuese una bella dama, de lejos podría apreciarse lo refina que es y al tiempo con su ceño ahora fruncido un carácter fuerte.
—Por cierto, jamás te había visto por aquí. —Mei decide tomar la palabra, luego de estar analizándose de manera mutua—. ¿Cómo te llamas? —pregunta llena de curiosidad, quisiera poder conocerlo más.
Es de las pocas veces que en verdad quiere acercarse a un hombre, ella es muy rebelde y ama mandar, normalmente muchos hombres creen que tienen a una sirvienta en vez de una pareja y eso ella lo odia. Hombres guapos abundan en su país, lleno de modelas y amables, pero ese pensamiento y esa idea de “Yo mando y tu callas” la desespera, haciéndola retroceder en seguir conociendo a alguien. Aunque no conozca nada del chico al frente suyo, puede como percibir la noble que es, respetuoso y compañero.
Mei sólo quiere alguien que la ame, así mismo ella amarlo, los dos sean un equipo, compañeros, amigos y confíen en el otro. Ella quiere un compañero de vida, que puedan brindarse ese confort cuando están juntos.
—Bueno, yo me llama Izu…
—¡Izuna! —Aquel grito fuerte hace sobre saltar tanto al chico como a Mei.
Entonces es donde ahí Mei lo ve, detrás del chico viene nada más, ni nada menos que Uchiha Madara proclamado por muchos como el Dios de la Guerra. Ella tuvo la oportunidad de hablar con él en par de ocasiones y se sorprendió al compartir varios ideales, lo mejor es que Madara nunca la trato de menos, siempre como iguales. Poco después se entero que todo el Clan Uchiha liderado por Madara se unión al país del fuego y desde que escuchó esa noticia, nunca más volvió a ver a Madara.
—Terumi —mencionó Madara, estando al lado del otro chico.
—Uchiha. —Sonrió ella con aires de grandeza.
Algo que aprendió con el tiempo, es siempre mantener la frente en alto.
—No cambias, princesa —comenta Madara con una risa y Mei solo asiente divertida.
Después de todo no fue tan malo, la alianza entre fuego y niebla, tenían a Madara de su lado, eso ya de por sí es una gran ganancia para ambas naciones.
—Ustedes se conocen —interviene el chico, mirando a Madara.
—Sí, antes de que Uchiha se uniera a fuego Madara y yo hablábamos mucho de guerras y practicábamos algo de Taijutsu —respondió Mei, algo que sorprendió al chico ya que Madara jamás se la mencionó.
—Creó que lo correcto es presentarlos —dice Madara—. Ella es Mei Terumi, princesa del reino de la niebla. —La nombrada asiente con una sonrisa—. Y él es mi hermano menor, Izuna Uchiha. —Repite la misma acción de la princesa, pero con algo de torpeza.
Madara y ella intercambiaron un par de palabras para luego cada quien tomar su camino. Mientras que se alejaban su vista era fija en Izuna, quien tampoco la dejo de mirar. Una princesa y un guerrero, se atraen a la primera que se ven, pero no pueden cruzar la línea entre realeza-guerrero y es una lastima.
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¿Cuándo Mei se limita o se aleja por los estimas sociales? Nunca lo hace. No en vano logra estar presente en cada reunión de toma en decisiones para el reino y ahora tampoco sería la excepción.
Un año entero paso desde que la división del fuego, se instaló en niebla. Izuna Uchiha es el líder de ducha división, ese día Madara solo tenía que hacer acto de presencia y presentaciones como el líder de Uchiha que es. Ahora ve más a menudo a Izuna, no solo en las reuniones, también en el bosque cuando en sus días libres quiere pasar relajado y rodeado de naturaleza.
—Puede haber un ataque enemigo sorpresa —comenta Mei a sus espaldas e Izuna solo ríe.
—¿Me estas diciendo débil? —cuestiona divertido.
—Jamás dije débil, pero sí necesitas protección, solo dime y estoy al margen. —Le sigue el juego, sentándose al lado del Uchiha.
Los dos empezaron con una atracción, desde el primer día que se vieron y caso pensó en lo complicado sería por lo menos hablar, era claro que un guerrero no puede aspirar tan alto y una princesa en mirar tan bajo. Pero Izuna siempre rompió las reglas, Madara quien es más padre que hermano para él, le enseñó igualdad y romper estimas sociales. Mei quien nunca le pareció bien el clasismo, siempre iba en contra de las reglas sociales, así hicieran enojar a su padre.
Posteriormente Izuna se reunía en el bosque y Mei desde lo más alto de su torre podría apreciarlo, hasta que un día tomo el valor y fue hacia el sitio. No paso mucho cuando aquel lugar, se convirtió en su punto de encuentro. Las conversaciones llegan y se iban, de la misma manera, compartiendo una ideología similar, pero una pasión por la guerra muy distinta. Izuna cree que todo de debe debatir a muerte y Mei piensa que solo sí una parte cede es que se acaban la guerra, no obstante cada uno respeta el punto del otro.
Los encuentros entre los dos, se hicieron más frecuentes cuando Izuna estaba en la niebla. Cuando se iba al campo de batalla, Mei pasaba noches en lo más alto de su torre a la espera de su llegada, sabe que el Uchiha no dudaría en dar su vida en batalla y eso la empezó a preocupar. Quisiera estar también luchando por los suyos, pero eso es un lujo que se dará cuando sea reina y así poder poner fin a tanta sangre.
Una amistad surgió, con base a ellos la atracción poco a poco se fue trasformando en gustar y de ello a enamorarse. Izuna es todo lo que ella algún día espero y Mei es todo lo que él soñó. Pero como todo siempre hay algún impedimento; las clases sociales. No es bien visto una princesa estar enamorada de un guerrero, es una deshonra y caer bajo como muchos tildaban dichas relaciones.
—Mi bella dama, no piensas mucho —pidió, tomando una mano de Mei y depositando un beso en el dorso de ella—. Eres perfecta. No atormentes tu mente en esas cosas, no moriré en batalla porque tengo una razón para volver —prometió y un segundo beso llego a su mano.
Mei sonrió encantada con su guerrero.
—Sólo espera, seré reina y las cosas serán distintas para nosotros. Para todos —declaró, sin quitar su mirada en el Uchiha.
Ellos no habían cruzado esa línea. Saben de sus sentimientos mutuos, pero no llegaron acaricias indecentes, ni besos en los labios, solo comparten miradas, sonrisas palabras y besos en la mano por parte de Izuna. A veces cuando llegaba herido, Mei se escabullía y cursaba sus heridas, tomaba de sus manos lastimadas y las besaba. Los besos en las manos, es como algún pacto y código de amor que los dos establecieron.
—Todo será distinto, lo sé, porque serás la mejor reina que habrá tenido la niebla —confirmó Izuna dándole un tercer beso en la mano junto a una sonrisa, llena de amor y sinceridad.
Fin.
