Actions

Work Header

Especial de Navidad

Summary:

Megumi Fushiguro se consideraba una persona sensata que tomaba, por norma general, buenas decisiones.
Decisiones razonables.
Así que le era realmente difícil comprender por qué mierda se había dejado convencer de esto, para estar a las diez de la mañana de un sábado sentado en una tienda departamental abarrotada de gente en plena fiebre de compras navideñas, con esos horribles villancicos sonando de manera ininterrumpida y haciendo que sus tímpanos sangraran en agonía.

O

Cómo nuestro trío de idiotas preferidos persiguen a su sensei por toda la ciudad para descubrir un sucio secreto.

Notes:

Muy bien, las fiestas de fin de año siempre me comen el cerebro y me encanta escribir sobre la interacción de parejas desde la perspectiva de otros personajes… así que eso básicamente es este fanfic.
Además... ¿leyeron la novela de Jujutsu en que Megumi y Yuuji persiguen a Gojo durante todo el día, porque no tienen idea de qué mierda hace su sensei en sus días libre?
Bueno... de ahí salió esta idea.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El misterio

Chapter Text

Megumi Fushiguro se consideraba una persona sensata que tomaba, por norma general, buenas decisiones.

Decisiones razonables.

Así que le era realmente difícil comprender por qué mierda se había dejado convencer de esto, para estar a las diez de la mañana de un sábado sentado en una tienda departamental abarrotada de gente en plena fiebre de compras navideñas, con esos horribles villancicos sonando de manera ininterrumpida y haciendo que sus tímpanos sangraran en agonía.

Joder, estaba seguro que si tenía que volver a soportar cualquier versión pop de "Blanca Navidad" terminaría por apuñalar a alguien.

Lo peor de todo, es que Megumi no tenía ninguna excusa razonable para pasar por este calvario de forma voluntaria. No cuando podía estar perfectamente recostado en su cama, en su habitación agradablemente calefaccionada, disfrutando del último libro que Tsumiki le había prestado.

O podría pasar el día holgazaneando en las áreas comunes del dormitorio, jugando alguno de los videojuegos de estrategia en la consola portátil que Gojo había insistido en regalarle en contra de su voluntad en su último cumpleaños.

Incluso, en estos instantes, era casi tentador haber aceptado la dudosa invitación de Maki para un tranquilo entrenamiento amistoso, cuando tanto él como cualquier otro ser vivo con al menos dos neuronas sabían que nada que involucrara a Maki Zen’in podía ser remotamente “tranquilo” o “amistoso”.

Pero no, estaba desperdiciando uno de sus pocos días libres que les dejaban en la escuela - porque ser un hechicero jujutsu no respetaba ni las fiestas de fin de año y Gojo-sensei aún menos - , para cargar de un lado a otro del centro comercial bolsas llenas de baratijas y estar rodeado de un montón de desconocidos, los cuales perdían todo sentido de decencia humana en cuanto se anunciaba una nueva oferta por los altavoces. ¡Por dios, si hace solo unos minutos una anciana casi lo arrolla por tratar de llegar a una góndola con calcetines en descuento!

De verdad, Megumi debía comenzar a cuestionar seriamente las decisiones que tomaba en su vida si estos eran los resultados …

— ¡Hey, Fushiguro! ¿Qué te parece esta camisa para Nanamin? ¡Creo que el estampado de leopardo es su estilo!

Fue en ese momento que todos los pensamientos negativos y de autocompasión de Megumi se detuvieron, porque Yuji Itadori apareció entre el mar de gente sosteniendo la camisa estampada más horrible que Megumi tuvo el desagradable honor de mirar. Pero la mirada del joven Fushiguro no duró mucho sobre la camisa, dios, no, si no que toda su atención se dirigió al instante al adorable joven de cabellos rosa que la sostenía con orgullo.

Itadori Yuji era un espectáculo para la vista, y no en el buen sentido.

La tradicional chamarra con capucha que Itadori tenía para toda ocasión, había sido reemplazada por uno de esos feos suéteres navideños demasiado adornados con la cara de Rudolf, el reno. A ello se sumaba el hecho de que el suéter era unas dos tallas demasiado pequeño para el adolescente hiperactivo, y terminaba por acentuar toda esa excelente y espectacular masa muscular que el joven recipiente de Sukuna había ganado en el último año de entrenamiento.

Megumi había tenido, literalmente, que enterrar su cara en la nieve que se acumulaba en las barandillas de la escalera para evitar un golpe de calor.

Pero aun así, a pesar ese atuendo ridículo de temporada, Yuji resplandecía en medio de toda esa muchedumbre consumista, todo alto y atlético cargando bolsos pesados como si fueran meras almohadas de plumas, en una demostración mundana de su fuerza descomunal. Y lo más importante, tenía esa cálida sonrisa que hacía que el estómago de Fushiguro se contorsionara de las maneras más extrañas y que su cerebro se hiciera papilla.

Fushiguro tragó saliva con dificultad. Él tenía la certeza de que sería capaz de matar solo para que Itadori le siguiera sonriendo de esa forma.

Estaba tan jodido. Hasta los ancestros de Megumi debían estar retorciéndose en la tumba por lo bajo que había caído el actual usuario de la técnica de Las Diez Sombras.

Si Fushiguro Megumi se podría considerar el Grinch de las épocas festivas. Itadori Yuji era la encarnación terrenal de Santa Claus.

— Sí… Está bien. —dijo Megumi apenas, como un imbécil, y disculpándose mentalmente con el Nanami del futuro por el horrible regalo que recibirá en navidad, porque Megumi había sido incapaz de pronunciar una oración coherente cuando Itadori lo miraba de esa forma.

Yuji volvió a sonreír con una intensidad que podría rivalizar con la del mismísimo sol y metió la horrible camisa dentro del enorme canasto que estaban usando para llevar sus compras dentro de la tienda.

— ¡Gracias de nuevo, Fushiguro! De verdad, te debo una por aceptar acompañarme en la compra de los regalos.

Itadori Yuji había tomado como una misión personal el conseguir "El Regalo Perfecto" para todos los integrantes de la Escuela Técnica de Hechicería de Tokio, pero con su presupuesto de estudiante y su mala costumbre para dejar todo a última hora, terminaron por tener que recurrir a las infernales ofertas navideñas de última hora del centro comercial.

Yuji volvió con toda naturalidad a agarrar el brazo de Fushiguro, para sacarlo de su cómodo refugio apático en la esquina de la tienda y llevarlo a rastras hacia el mesón para pagar por la espantosa camisa. Y Megumi se dejó arrastrar sin mucha resistencia, con una cálida sensación burbujeando en sus venas, y con la vaga sensación de que, quizás, todo el calvario sí valía la pena, si con ello lograba que toda la atención de Yuji fuera única y exclusivamente suya.

Joder, sí que había caído duro esta vez.

Pagaron en el mesón y salieron de la tienda que se especializaba en ropa para ejecutivos. Fushiguro miró su reloj y se alegró que solo fueran las 10:30, solo tenían que encontrarse con Kugisaki y pronto se encontraría de vuelta en la escuela para retomar su libro sobre la guerra fría.

Yuji y Megumi caminaron unos cuantos metros, haciéndose espacio a regañadientes entre el gentío por el segundo piso del centro comercial. Un hombre obeso avanzó entre ambos sin consideración, y terminó por empujar a Megumi hacia la barandilla de metal, separándole de Itadori. Pero Yuji fue más ágil y agarró a Fushiguro de la muñeca para volver a ponerlo a su lado, y no lo soltó hasta que divisó a Kugisaki al lado de la escalera mecánica.

Megumi podía morir en ese lugar y decir que vivió una buena vida.

—¡Genial! Tenemos regalos para Nanamin, Yaga-san, Ieri-san, Ijichi-san, Niita-san, Maki, Toge, Yuuta, Panda… ¿Quién más? — Yuji enumeró y pasó lista a todos los regalos que estuvieron recolectando durante la última semana, y Megumi se alegró internamente que toda esta odisea estuviera a punto de acabar con cada regalo que quitaban de su lista. Por su parte, Itadori siguió balbuceando, confundido — Estoy seguro que olvidamos a alguien… ¡Mierda, nos falta el de Gojo-sensei!

— Ese idiota no se merece un regalo, Itadori. Vámonos. — Agregó Kugisaki, quien no los había acompañado para comprarle regalos al resto, si no que para ella misma, porque en sus propias palabras "No se puede confiar en que Yuji diferencie un bolso Samantha Thavasa de uno de WalMart. Y tampoco confió en ti, Fushiguro, toda tu ropa es exactamente igual".

—¡No podemos hacerlo, Kugisaki! Se sentirá mal cuando todos obtengan un regalo menos él… — respondió Yuji, con el amago de un puchero formándose en sus labios. Adorable.

—Se lo merece por ser un sensei de mierda. — dijo por su parte Megumi, quien ya sentía que su paciencia estaba peligrosamente cerca de sus límites.

—No digas eso Fushiguro, si no fuera por él ni Yuuta-senpai ni yo estaríamos aquí. — Pero claro, Yuji tenía que sacar la artillería pesada y usar la lógica por primera vez en la semana — Además, ¿no es él tu papá o algo así?

— Tutor legal hasta que cumpla los dieciocho.

— A ver, cómprale cualquier baratija y vámonos, estoy segura que vi unas pantuflas en el canasto de descuento. Quiero ir a la peluquería antes que se llene de gente. — Kugisaki ya se estaba impacientando, y eso nunca terminaba bien para ninguno de sus compañeros varones.

— ¡Así no se eligen los regalos de navidad! — Volvió a quejarse Yuji, con esa mirada de determinación inquebrantable que tan bien conocía Megumi. — Tiene que ser algo significativo para la persona y que se ponga muy feliz cuando lo abra.

—Pues cómprale cualquier cosa que le pueda causar un coma diabético a una persona normal y estamos listos. Además, no es como si le faltara dinero, si quiere algo se lo va comprar él solo. — dijo Megumi con resignación, porque si querían salir de este centro comercial antes de la hora del almuerzo, más les valía buscarle un regalo a Gojo-sensei y dejar conforme a Itadori.

—No sabes lo que es el espíritu navideño ¿eh, Fushiguro?

— Por norma general, Tsumiki se encarga de eso.

— Fushiguro, creo que debes dejar de delegar la responsabilidad emocional en Tsumiki.

—Oigan, ¿acaso ese no es Gojo-sensei? — Interrumpió Kugisaki, señalando la entrada abarrotada del centro comercial que estaba en el primer piso.

Itadori y Fushiguro detuvieron su discusión y se voltearon a ver en la dirección en la que Kuguisaki señalaba, y efectivamente, ese era el mismísimo Gojo Satoru entrando muy tranquilo y campante al centro comercial.

Aunque la imagen desconcertó por un momento a Megumi, pues si bien no era extraño ver a su maestro paseándose por Tokio como quien no carga ninguna responsabilidad, era sumamente desconcertante verlo sin su uniforme de hechicero, o peor, sin su característico antifaz cubriendo sus ojos. En su lugar, había optado por usar esos oscuros lentes de sol de diseñador, que Megumi sabía costaban el equivalente al sueldo completo de un año de un asalariado normal.

Y, por si eso no fuera poco, había algo sospechoso en la forma en que su ropa parecía haber sido elegida con demasiado cuidado, como si buscara causar una impresión. Ese no era el estilo despreocupado y casual que Gojo siempre usaba.

Megumi entrecerró los ojos, varias mujeres (y algunos hombres) se volteaban a mirar al hechicero más fuerte con la boca abierta, pero este los ignoraba y seguía avanzando como si tuviera una misión entre manos.

Sospechoso.

— ¡Hay que seguirlo y ver qué compra! — dijo de improviso Yuji, sacando a Megumi de sus conjeturas y haciéndole perder de vista a su maestro.

—¿Por qué haríamos eso, Itadori? — preguntó Kugisaki, quien ya se estaba encaminando hacia el sector de peluquerías que estaba al otro extremo del centro comercial.

—¿No es obvio? Para así saber sus gustos y comprarle el mejor regalo de navidad.— Respondió Yuji, volviendo a hacer esa expresión de cachorro pateado — Además, ¿no tienes curiosidad por saber qué regalos va a comprar? Quizás vino aquí por el tuyo, Kugisaki.

Megumi ni siquiera tuvo tiempo de agregar lo poco probable que era que Gojo se dignara a venir personalmente a comprar regalos de navidad, cuando toda su experiencia decía que el hombre compraría todo a última hora en internet y que pagaría extra para que llegaran envueltos a la puerta de su casa. Si no que fue groseramente arrastrado por sus dos únicos amigos por todo el centro comercial persiguiendo a su maestro.

— ¡Vamos, Itadori, Fushiguro, muévanse que quiero ver mi regalo!

De verdad, Fushiguro tenía que reconsiderar todas sus opciones de vida si esto ya ni le sorprendía.

Persiguieron a Gojo-sensei por todo el borde del segundo piso, mientras el hombre se desplazaba a grandes zancadas por el centro del primer piso, siendo cuidadosos de que su maestro no los descubriera y pusiera fin al improvisado plan de Itadori y Kugisaki para averiguar sus regalos de navidad.

Rápidamente, se percataron de que Gojo avanzaba en dirección a la zona de tiendas caras y exclusivas, esa misma que Itadori y Fushiguro habían evitado en su búsqueda de regalos, porque no podían permitirse pagar ni la billetera más económica que tenían en exhibición.

— Te lo dije Itadori, si Gojo quiere algo, él mismo se lo compra. — Comentó Megumi, una vez que su maestro se adentró con paso confiado en la sucursal de Chanel.

— ¿Pero Chanel? Nunca he visto a Gojo-sensei usando algo de esa marca, y yo se de lo que hablo — rebatió Kugisaki, alzándose desde detrás de la planta que los tres estaban usando como camuflaje — ¡Debe estar comprando regalos, y más le vale que uno de esos sea mío!

— Pues solo hay una forma de saberlo. ¡Hay que seguirlo! — proclamó Itadori, como un grito de guerra, antes de salir disparado en dirección a la tienda, con Kugisaki pisándole los talones.

Megumi se quedó solo detrás de la planta, considerando que si realmente quería pasar el resto del día persiguiendo a su maestro, alias tutor legal, o podía dejar a sus amigos a su suerte y devolverse a la escuela para pasar una tranquila tarde en su habitación.

La respuesta era obvia.

Con un suspiro de resignación, se encaminó a la tienda.