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Todo había ocurrido tan rápido que provocó que Guren perdiera la noción del tiempo. ¿Cuántas horas habían pasado desde que causó la destrucción del mundo? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Trece? No lo tenía claro, y tampoco deseaba saberlo.
Su mente se sentía extremadamente pesada, como si unas cadenas hubieran apresado aún más su corazón. Estaba vivo, intacto, pero no se sentía dueño de su cuerpo.
Shinya estaba durmiendo a su lado, profunda y tranquilamente, algo que probablemente Guren no podría volver a experimentar. La paz era algo que ya no sentiría más, no desde que el reloj de arena dio la vuelta, descontando los días que le quedaban a la persona que más amaba.
Ese pensamiento le abrumó, causando que su respiración se volviera irregular. Le había pedido a Shinya que durmieran juntos. Eso fue algo que confundió completamente al albino, pero no se negó, ni hizo comentarios al respecto para molestarle, no podía cuando le estaba mirando con unos ojos llenos de tristeza.
Sin pensarlo dos veces llevó la mano hasta su pecho, apoyándola lo suficientemente suave como para no despertarle, pero sí para poder sentir los latidos que resonaban en su torso.
Una pequeña sonrisa se comenzó a formar en sus labios. Sabía que esa felicidad no sería algo permanente, pero le bastaba con este pequeño rato de calma.
¿Qué pensaría Shinya de sus actos? ¿Se sentiría feliz de que quiera estar a su lado? ¿Se molestaría porque no cumplió su promesa? Eran tantas opciones que, a pesar de que Guren le conocía bastante bien, le era imposible llegar a una conclusión específica y clara.
Sus pensamientos le atosigaron, haciéndole suspirar con frustración. Estaba dispuesto a tratar de conciliar el sueño una vez más, sin embargo, hubo algo a través de la ventana que llamó su atención.
Se sentó lentamente en la cama, acercándose para agudizar sus sentidos y comprobar si no se había equivocado.
No, había visto bien. Cerca del edificio donde se hallaban, un pequeño jardín de camelias estaba destacando en la oscuridad de la noche.
¿Eso era una buena excusa para despertar a Shinya? La respuesta estaba clara.
—Ts, Shinya, despierta— murmuró, inclinándose para poder moverle por el hombro.
Pero no recibió respuesta por parte de su amigo, cosa que le hizo maldecir por lo bajo, ¿por qué tenía que tener el sueño tan profundo?
Lo intentó un par de veces más, llamándole en susurros y moviéndole, pero no obtuvo ningún resultado positivo.
Cansado de ser tan suave con él, dio un largo suspiro antes de zarandearle por el pecho, pronunciando su nombre un poco más fuerte esta vez.
Y ahora sí logró despertarle, pero su forma de hacerlo provocó que Shinya se levantara sobresaltado. Iba a invocar su arma por mera costumbre y protección, sin embargo, con la vista borrosa logró visualizar a Guren frente a su rostro.
—¿Estás loco? Dios, casi te pego un tiro, imbécil— se quejó, girándose para mirar a la pared.
Tenía intenciones de volver a dormir, pero Guren no había llegado tan lejos como para solo recibir un insulto de su parte.
—¡Espera! Tengo una buena razón para haberte despertado— se aferró a su hombro, dejando caer todo el peso sobre su cuerpo, impidiéndole así que pudiera relajarse.
—¿Sí? ¿Por qué no me la cuentas mañana por la mañana? Tengo sueño— trató de empujarle para que se apartara de él, pero fue inútil.
—¡Porque tiene que ser ahora!— el tono elevado de su voz provocó que el albino frunciera el ceño.
Eran pocas las veces que escuchaba a Guren hablarle de esa forma en privado.
Teniendo eso en cuenta, Shinya pensó que era motivo suficiente para escuchar que quería decir. No obstante, su expresión malhumorada no se esfumó, al contrario, soltó un bufido mientras se volteaba, con algo de dificultad porque Guren seguía enganchado en él, para poder mirarle directamente a los ojos.
—Tienes dos minutos, cuéntame— accedió, agarrando la manta que le cubría para asegurarse de que el calor se mantenía.
—Quiero que vayamos a un sitio— informó, haciendo parpadear al adverso con incredulidad.
—¿Ahora?
—Sí, ahora.
—¿Estás tratando de mejorar tu humor o algo por el estilo? ¿O es que no me equivoqué al preguntar si estabas loco? Guren, hay como dos grados fuera, no pienso salir.
El pelinegro hizo una mueca, tratando de pensar algo para convencerle, sin decir expresamente el lugar al que deseaba llevarle.
Realmente no tenía motivo para hacerlo ahora, pero el simple hecho de compartir un momento a solas con él, le producía un cosquilleo agradable en el estómago, no tenía forma de explicar por qué se sentía así, solo tenía claro que quería tomar su mano y conducirle hasta ese lugar.
Pero su amigo a veces era muy cabezón. Pero para ser justos, en este caso le entendía, a fin de cuentas lograron tumbarse en la cama hacía apenas dos horas debido a unas reuniones de último momento, las cuales, a palabra de Kureto, eran urgentes.
—Bueno, sino quieres por las buenas…
Pensó que el tono de su voz había sido lo suficientemente bajo como para que Shinya no le escuchara, pero lo hizo. Sin embargo, cualquier sonido que estuviese por salir de sus labios fue sustituido por un grito de sorpresa ya que le tomó en brazos.
—¡Guren!— no tuvo de otra que aferrarse a su cuello— ¡Bájame, no voy a ir!
Pataleó en el aire, pero por más que odiase admitirlo, físicamente tenía mucha más fuerza que él.
—Bueno, técnicamente no vas a ir, te voy a llevar— sonrió débilmente, tratando de suavizar la situación.
Shinya se detuvo tras escuchar eso, mirándole como si estuviera ante la viva imagen de un fantasma.
—Estás muy graciosito hoy, ¿no?
Al ver que simplemente se encogía de hombros con una sonrisa, lo único que le quedó por hacer fue suspirar.
Se rindió, y optó por recostarse sobre su hombro, cruzándose de brazos como si se tratase de un niño indignado.
—Está bien, tú ganas, pero llévame una chaqueta— más que sonar como una petición, su tono de voz se sintió como una orden.
—Como el rey quiera— canturreó pasándose por el armario antes de salir.
—¿De verdad no me vas a decir a dónde vamos?— cuestionó, acurrucándose un poco más en su pecho por la brisa que corría.
—No seas impaciente, está cerca de aquí.
—Oh sí, perdona por querer saber a donde me llevan a las ¿tres, cuatro? de la mañana, tienes razón, que cruel de mi parte.
—Me alegra que sepas que es tu culpa, es raro oírte decir algo así— le miró con una expresión llena de burla.
Cuando cruzaron la puerta que les conducía a la salida, una ventisca de aire les dio la bienvenida.
Shinya tiritó, escondiendo su rostro en el cuello del pelinegro. A pesar de que amaba el frío, siempre había sido demasiado sensible a este.
La piel de Guren se erizó, no por la baja temperatura en la que se hallaban, sino porque la respiración de Shinya impactaba directamente contra su piel, provocándole un escalofrío al que perfectamente se podría acostumbrar.
—Date prisa.
—Ya vamos príncipe, ya vamos— esta vez fue su turno de poner los ojos en blanco mientras rodeaba el edificio.
—¿Príncipe? Antes dijiste rey, ¿acaso tu amor por mí acaba de disminuir?
—Eres increíblemente insoportable, ¿te lo he dicho alguna vez?
—Alguna que otra vez, sí, pero no has respondido a la pregunta.
—¿Quién te ha dicho que te tengo algún tipo de cariño?— alzó una de sus cejas mientras bajaba la mirada para observarle.
—Ah claro, porque a alguien que odias le llevas en brazos a Dios sabe dónde, claro que sí Guren, cada día más inteligente— rechistó, incorporándose lentamente para poder mirarle.
—Sh, ya calla, hemos llegado— le bajó frente a una puerta metálica y destartalada.
Shinya miró a su alrededor, confundido por no ubicar el lugar donde estaban.
Lo único que les iluminaba era la luna y los focos dentro de la sede que todavía quedaban encendidos por los soldados que tenían turnos nocturnos.
Nuevamente, una ráfaga de viento se hizo presente, causando que Shinya se estremeciera en el lugar. Se apresuró en abrochar la chaqueta que tomó prestada.
Entreabrió los labios, listo para exigirle alguna respuesta a su querido amigo, sin embargo, al sentir una cálida mano cubriendo la suya, fue incapaz de pronunciar algo en voz alta, todo sonido murió en su garganta antes de ser liberado.
Algo curioso de Guren era que sus manos siempre se sentían calientes, no importaba a cuántos grados estuvieran, o cuánto frío pudiera haber. Shinya adoraba eso, porque no había vez en la que no aceptara cubrir sus manos con ese calor tan acogedor.
—Ven, vamos— tiró de él, empujando la puerta con su antebrazo para poder pasar al interior.
—¿Cómo supiste de este lugar?— su voz se escuchaba extremadamente baja, mientras sus ojos empezaban a apreciar varios árboles de camelias.
—Se ve desde mi habitación, y recuerdo que un día dijiste que te gustaban mucho las flores, así que pensé que te haría ilusión verlo.
Empezó a sentir como su rostro se cubría de un suave rojo debido a que, tras decirlo en voz alta, se percató de lo ridículo que se veía todo esto.
Despertó a Shinya en medio de la madrugada simplemente porque quería hacerle feliz con algo, ¿cómo eso podría quedar a ojos de terceros? ¿A ojos de Shinya? Ya podía escuchar la molesta voz de Goshi haciendo comentarios innecesarios sobre que sus actos con el Hiragi eran incomprendidos.
Shinya no dijo nada, se acercó lentamente a uno de los árboles, y con delicadeza tomó una de las flores entre sus dedos, sin llegar a arrancarla.
—Me sorprende que te acuerdes de eso, pensé que no me estabas escuchando— su comentario vino acompañado de una suave risa, sin girarse a mirarle.
Y es que Guren no era el único que tenía sus mejillas pintadas de carmesí, Shinya se hallaba en el mismo estado que él, y al ser tan pálido, a pesar de que la oscuridad de la noche les rodeaba, en su rostro sí era notorio.
—Tienes muy poca fé en mí Shin, siempre escucho lo que dices— acortó la distancia para quedar parado a su lado.
En vez de observar las flores que tenía delante, Guren tenía los ojos puestos en su mejor amigo, concretamente en como sus comisuras estaban elevadas en una pequeña sonrisa.
Sintió como su corazón empezaba a ir a una velocidad mayor, y es que la imagen frente a él era tan impecable que deseaba aprender a dibujar para poder tratarle como la obra de arte que era.
La luz de la luna brillaba sobre su cabello, pero la alegría que sus ojos estaban transmitiendo era incluso mucho más perfecta. Nunca antes se había detenido a pensar en su belleza, en la forma en que sus labios le estaban atrayendo hasta el punto de pensar si serían tan suaves como parecían ser, en lo delicado y elegante que lucía; Shinya era la descripción de la palabra ángel, y a Guren le estaba costando asimilar esa oleada de nueva información.
—Bueno, entonces no me avergüenza admitir que yo también presto atención a todo lo que dices…— sus ojos se deslizaron lentamente hasta los suyos— Tu padre te enseñó mucho sobre flores, ¿no?
Guren asintió, recordando aquellas tardes donde su padre se sentaba con él, trayendo consigo un libro sobre flores.
—Sí, mi madre sentía cierta afición por su significado, por lo que cuando murió, mi padre adoptó ese rasgo suyo para poder hacer algo que ella hubiera hecho con su hijo, así al menos se podía sentir como si estuviera con nosotros— relató, y por primera vez, prestó atención a las flores.
—Son camelias. Las blancas, como estas, simbolizan sentimientos de estima, gratitud y admiración— se giró lo suficiente como para poder señalar a unas de un color rosado que se encontraban a unos pocos metros de donde estaban— Esas simbolizan el deseo de tener más cerca a la persona que se las vas a regalar, y esas…— su dedo señaló a las rojas— Son para simbolizar el amor y la esperanza que se tiene por alguien.
Habían pasado varios años desde que su padre le contó esos detalles, por lo que estaba feliz de seguir recordándolos con tanta precisión. Sentía que era una forma de continuar con su progenitor a pesar de que ya no estaba en este mundo.
No obstante, nada se comparaba con la sorpresa que poseía en ese momento su amigo. Le miraba con los labios ligeramente entreabiertos, y antes de que pudiera realizar alguna cuestión como si estuviesen en una clase de secundaria otra vez, Guren decidió seguir hablando.
—Son flores propias de Japón, y de invierno además. En términos generales… siempre se van asociar con el amor, el deseo y la pasión. Aunque si nos trasladamos a China tienen un significado más profundo, reflejan la unión de los amantes, incluso después de la muerte.
A Shinya siempre le había gustado la voz de Guren, encontraba atractivo el timbre de su voz. Podía pasarse horas escuchándole, y conocer este lado de él, donde hablaba sin parar de algo que parecía gustarle, sin lugar a duda podría ser su nueva cosa favorita.
—Me gusta que sepas tanto de flores… de hecho, me gustaría que hablaras más de ello.
—Bueno, si no lo dices para reírte de mí en el futuro…
—¡Juro que no!— se plantó delante de él, negando rápidamente con la cabeza.
—Entonces supongo que no me molestaría hablarte, de vez en cuando, sobre eso.
Sus gestos, el tono de su voz, e incluso el movimiento de sus pupilas, se podía comparar perfectamente con la actitud de una persona tímida.
—Pero… tengo una pregunta— el silencio fue una indicación para que continuara— No te lo tomes a mal, simplemente es curiosidad.
Tuvo que aclarar su garganta antes de continuar, no sabía como plantearlo, pero algo dentro de él le estaba pidiendo a gritos que saciara la duda.
—¿Te gustaría dárselas a Mahiru? Quiero decir… la descripción que me has dado se compara bastante bien con vuestra relación y sentimientos.
El silencio continuó, y de repente parecía que el frío de la noche se había vuelto más pesado de soportar.
¿Así se sentía el arrepentimiento? Porque fue lo primero que Shinya experimentó en el instante donde vio como la expresión de su amigo cambiaba a una seria, e incluso fría. Un sabor amargo se apoderó de su pecho como si hubiera ingerido la comida más desagradable.
Quería pedirle perdón por si había hablado de un tema que no debía, además de hacerle saber que no hacía falta que respondiese, sin embargo, quería ser egoísta y obtener la respuesta.
Había pasado un corto tiempo desde que la muchacha murió, y Guren no había mostrado ni un ápice de dolor, eso no encajaba con él. No era la clase de persona que se mostraba insensible cuando otros morían, y habían ocurrido demasiadas muertes, pero Guren simplemente se estaba preocupando por su bienestar, ¿por qué? ¿Por qué de repente había cobrado una importancia mayor?
—Gure-…— empezó a hablar, pero fue interrumpido.
—De verdad… ¿De verdad crees que todo está relacionado con ella?— respiró hondo, dando un paso hacia atrás, con intenciones de alejarse, pero Shinya se apresuró en tomar su mano.
—No, no considero eso, simplemente pensé que esto encajaba con vosotros.
—¿No será, más bien, que pensaste en lo que tú sientes por ella?
—¿Qué? Eso es ridículo, y no tiene sentido— volvió a negar con rapidez.
—Yo también podría decir lo mismo, ¿a qué ha venido soltar semejante gilipollez?— bufó con molestia, zafándose de su agarre— Tenías razón, esto era una mala idea.
Shinya abrió ligeramente los ojos con sorpresa. Eran escasas las veces en las que él se equivocaba en algo, principalmente porque siempre era Guren el causante de sus enojos, pero ahora sentía que había hecho algo peor que sus actos imprudentes.
—Guren espera— se apresuró en ir con él cuando empezó a caminar, parándose enfrente para cortarle el camino— Lo siento, ¿vale? No tendría que haber dicho eso, es solo que… me preocupa que no hayas querido hablar sobre lo que pasó, ni de cómo te sientes, sé que no lo sueles hacer mucho pero, somos amigos, ¿no? Los amigos se tienen que apoyar.
—Si querías decirme que me podía desahogar contigo, podrías haber empleado otras palabras.
—Pero tú y yo sabemos que eso no habría funcionado, ¿desde cuándo me escuchas cuando se trata de hablar de tus sentimientos? Nunca lo has hecho.
—Pues será porque, realmente, no tengo nada que decir— se tomó las molestias de recalcar las últimas palabras.
Shinya era extremadamente bueno leyendo a Guren, y esta vez, en sus ojos solo había molestia, ¿tanto había causado su pregunta o había algo más que él desconocía? Responder a eso se escapaba totalmente de sus manos.
—Shinya…— el mencionado le miró con atención, con algo de esperanza de que su enojo se dispersara antes de que volvieran al dormitorio— Todavía no lo entiendes, ¿no?
Entreabrió los labios, pensando qué decir, pero al no poder encontrar algo para responder, guardó silencio.
—No, no lo entiendes— respondió a su propia pregunta, suspirando— Déjalo, regresemos ya antes de que alguien nos vea y quiera explicaciones, ya sabes como son ahora, están en alerta ante cualquier cosa.
—No— casi que su contestación quedó por encima de sus palabras— No me quiero ir, quiero que me digas eso que se supone que todavía no entiendo.
A pesar de que Guren tenía intenciones de pasar por su lado, tratando por tercera vez de volver al dormitorio, ahora se hallaban mirándose fijamente a los ojos.
—Shinya…— empezó a hablar, y tuvo que respirar hondo antes de seguir— Por quien siento admiración, eres tú, a quien le tengo cariño, es a ti, la persona que agradezco haber conocido, eres tú.
Guren no solía dedicarle palabras buenas a Shinya, y probablemente esta era la primera vez que lo hacía, pero es que esta noche se sentía en la necesidad de hacerlo, por si en el futuro no podía.
Esperó una respuesta, pero Shinya estaba congelado en el sitio, así que volvió a tomar aire, y acortó la distancia entre ellos para acunar su rostro entre sus manos.
—Oye, di algo para que esto quede menos ridículo— pidió, riendo con nervios.
Sabía como hacerle reír, y se sintió feliz cuando observó sus comisuras elevarse en una suave y diminuta sonrisa.
—Es que no me esperaba que me dijeras eso, bueno, más bien, no esperaba que pensaras algo así— murmuró.
Quería huir de ahí, esta vez quería ser él el que retrocediera y volviera a la cama, lugar donde podía darle la espalda para evitar que hicieran contacto visual.
Su rostro se sentía cálido por el sonrojo que le había creado, y estaba seguro de que Guren lo estaba sintiendo, y es que le sujetaba con tanto cuidado y cariño, que Shinya empezaba a pensar si así se sentía ser importante para alguien.
Porque lo era, ¿no? Lo que le había dicho, ¿significaba eso?
—No me voy a disculpar por eso, algún día tenías que saberlo— sus pulgares acariciaron suavemente sus mofletes, haciéndole suspirar.
Shinya se dejó caer sobre su pecho, siendo rodeado inmediatamente por sus brazos. Desconocía el sentimiento de que le abrazaran por propia voluntad y gusto, y ahora que lo estaba experimentando, se podría acostumbrar perfectamente.
—Oye…— cuando recuperó su habitual tono bromista, Guren no sabía si sentir alivio o preocupación— ¿También me deseas? Porque de ser así, tu demonio tiene que estar rebosando de placer ahora, ¿no?
De sus labios salió una risita que no tardó en ser sustituida por un quejido de dolor, Guren había tirado de su despeinado cabello para hacerle callar.
—¡Vale, vale, capto la indirecta!— logró hacer que dejara su pelo en paz— Me deseas pero te da vergüenza admitirlo, no pasa nada Guren, es normal.
Antes de que pudiera recibir algún golpe por su parte, se apresuró en introducir las manos por dentro de su jersey, tocando su espalda con los dedos helados.
Guren se sobresaltó, empujándole lejos mientras le escuchaba carcajear a su costa, encorvándose en el lugar mientras su voz resonaba por todo el jardín.
—Un grito muy varonil, ¿no?— comentó, mirándole con una sonrisa burlona.
—Eres idiota— suspiró amargamente, pero no pudo devolverle lo ocurrido ya que Shinya fue más rápido en esquivarle.
—Woah, por primera vez he ganado en velocidad al increíble Guren, ¿qué se siente saber que soy mejor que tú? Espero que esto no dañe tu autoestima.
Dichas esas palabras, entre ellos se formó una pequeña competencia. Guren trataba de golpear a Shinya y este huía de él, hasta que terminó siendo derribado por su pesado cuerpo.
Shinya se vio venir la caída, pero no esperaba llevarse uno de los arbustos de flores con él, por lo que la caída fue, ligeramente, amortiguada.
—¡Hey Guren, las has roto!— se quejó, girando su rostro para ver las plantas aplastadas.
Cuando volvió a dirigir la mirada hacia su compañero, se percató de que le tenía más cerca de lo amistosamente permtido.
—De todos modos…— le escuchó hablar, y tuvo una acorazonada de que cambiaria de tema— ¿Qué pasa si te digo que sí?
—¿Eh? ¿De qué hablas?— le miró con una sonrisa amplia, haciéndose el despistado mientras sus brazos rodeaban su cuello.
—No te hagas el tonto Shin, sabes de lo que hablo.
—Que va, que va, vas a tener que decírmelo.
Guren rodó los ojos, y estaba a punto de hablar, pero una idea iluminó los pensamientos de Shinya, por lo que rápidamente cubrió su boca.
—Viene alguien— movió los labios para hacérselo saber.
En ese instante, pudo ver como el rostro del adverso se llenaba de pánico, incorporándose lo más rápido que su cuerpo le permitía.
—Vamos, vamos, vamos— ordenó, metiéndole prisa para que se levantara.
En el instante donde tomó su mano para levantarle, Shinya se inclinó para dejar un beso sobre su moflete.
—Yo también te quiero— susurró cerca de su oído— No viene nadie, pero sí que tengo frío, así que cógeme una de las flores y vámonos.
Pero esta vez fue a él a quien detuvieron, Guren sujetó su antebrazo y tiró de él lo suficiente como para que su pecho chocara contra el suyo.
—¿De verdad piensas decir eso y marcharte sin más?
—¿Sí?— rió, encogiéndose de hombros.
Guren negó suavemente con la cabeza, y soltó su brazo, con lentitud, simplemente para poder aferrar ambas manos en sus caderas.
—Oye… pensándolo mejor, creo que sí viene alguien— Shinya sintió como los nervios se apoderaban de cada parte de su cuerpo, como si se estuviera preparando para algo que desconocía.
Y esta vez, quien cubrió los labios del otro, fue Guren; su boca rápidamente quedó sobre la suya.
Sus brazos pasaron a rodear totalmente su cintura para poder atraerlo hasta él.
Esto suponía un problema para Shinya, quien, al contrario de Guren, nunca había compartido un beso con nadie. Por lo que su forma de responderle fue algo lenta, e insegura, sentía todo su cuerpo tenso, e inevitablemente, le sacó una risita a su amigo.
—No te preocupes sobre cómo hacerlo, simplemente disfruta del momento— susurró, rozando sus labios con los suyos antes de volver a juntar sus labios.
Shinya rodeó sus hombros, sus pechos tocándose en el momento donde empezó a mover sus labios también.
Eran movimientos torpes e inexpertos, pero estaban causando tanto en el corazón de Guren, que juraba que en cualquier momento una sonrisa les volvería a interrumpir.
Poco a poco, la confianza de Shinya fue mejorando, sus labios se comenzaron a mover sobre los suyos con más facilidad, y con ello, la lengua de Guren rozó su belfo inferior en un gesto tímido, probando a ver si le parecía correcto ser besado de esa forma.
Y Shinya no podía estar más contento de ello, sintió que lo estaba haciendo bien. Entreabrió la boca para darle la bienvenida, con su corazón yendo tan rápido que estaba por salirse de su posición.
Aferró las uñas a sus omóplatos, e involuntariamente, rozó sus caderas con las suyas, provocando que ambos jadearan débilmente.
Ese gesto, el beso que por fin habían tenido, la mezcla de sensaciones que les atormentaba de la mejor forma, todo, les hizo sonreír contra la boca del otro.
—Oh Shinya… me vas a matar algún día— declaró en el instante donde se percató de lo que había acabado de pasar.
Soltó un suspiro mientras bajaba sus brazos para poder abrazarle, apoyando su cabeza en la suya.
—No importa Guren, si hace falta, yo mismo te revivo— soltó una risita cariñosa mientras se acurrucaba en él, disfrutando del calor que sus brazos le brindaban.
