Chapter Text
—No... Por favor... no quiero hacerles daño…
Marín escuchaba al Santo susurrar en sueños, a pesar de que su semblante conservaba la calma que lo caracterizaba y ni siquiera un ínfimo rastro había en su rostro de que estuviera teniendo en realidad una pesadilla. La mujer japonesa cuatro años menor que el Santo Divino de Acuario tanto física como realmente, alta y ligeramente musculosa, de cabello ondulado castaño—rojizo a la altura de los codos y tez clara visible solo en sus brazos, cuello y pecho desprovistos de protección alguna Apoyó su mano en la frente del mayor solo para comprobar si tenía al menos algunas líneas de fiebre. Lo cual tampoco era habitual ni en Camus ni prácticamente en ningún Santo, de cualquier rango. Desde que les fuera concedida la juventud eterna hace cuarenta años fue como si todo aquello que podía afectarles por su naturaleza humana ya no lo haría. Excepto las heridas de guerra. Estas eran, después de todo, las que hacían quienes eran. Incluso a ella misma ya sus pares Saintias. Tras unos minutos, Aquila volvió la mirada a la puerta ligeramente entreabierta de la cabaña que habitaba en el refugio de las Saintias. Esa era otra de las cosas que habían cambiado en estos 40 años. Saori Kido, la encarnación griega de Atenea había eliminado las leyes que impedían a las Saintias revelar sus rostros, además de tener relaciones con sus pares Dorados y, finalmente, la regla que hacía aquel recinto inaccesible para los hombres. Sin embargo, la gran mayoría de ellos aún guardaba su reserva al respecto. Y uno de ellos era precisamente Camus de Acuario. El francés de sólo aparentes 30 años, alto y esbelto, de facciones andróginas, cabello lacio hasta la cintura color carmesí recogido en una trenza baja y atada con una cinta negra, tez blanco marfil y ojos rubíes detestaba invadir la privacidad de las muchachas incluso a a pesar de que dos de ellas eran nada menos que su hija y su sobrina e hija de Dohko de Libra. Ambos habían perdido a sus esposas Lena de Osa Menor y Sabrina de Coma Berenices cuando estas junto a otro grupo de Santos tanto masculinos como femeninos e incluso algunos aprendices ya avanzados en su entrenamiento decidieron cubrir las áreas aledañas a las Doce Casas mientras los Santos Dorados se enfrentaban al enemigo que los había atacado por sorpresa dentro de sus Templos. Coma, de origen ruso a diferencia de Camus, era la hermana menor tan solo por tres años del Santo galo. Era, además, la única discípula de Mascara Mortal de Cáncer, y quien hubiera heredado su Armadura Dorada.
La voz de Camus preguntando donde se encontraban sacó a la Saintia de sus cavilaciones. Antes de responder sin embargo, Aquila se levantó y se dirigió a la pequeña mesita en un rincón de la modesta sala/comedor de la cabaña y sirvió un vaso con agua, entregándolo al acuariano mientras lo ayudaba a incorporarse. Una vez que Camus bebió prácticamente todo el contenido del vaso, volvió la mirada rubí a la máscara fría y lisa que la mujer tenía por 'rostro' y preguntó en un apenas audible susurro puesto que sentía un nudo en la garganta si solo Shaina, June y Helena, la esposa de Saga y discípula de Aldebarán de Tauro le habían visto el rostro desde que Atenea aboliera esa ley absurda. Su semblante se contrajo en un gesto de disgusto apenas perceptible al pronunciar sus últimas palabras. Había conocido a muy pocas Saintias en su juventud, mientras que con las tres más experimentadas del Santuario (la propia Marín, Shaina de Ofiuco y June de Camaleón) apenas y había comenzado a tener alguna clase de relación cuando fueron revividos por Atenea. Aunque desde entonces ya eran más que simples camaradas. Considerando que, mientras que Aquila era la esposa de Aiolia de Leo y Ofiuco la de su mejor amigo, Milo de Escorpio, Camaleón era la esposa de uno de sus amigos más jóvenes. Shun, Santo Divino de Bronce de Andrómeda.
— ¡Maestra Marín! La estaba buscando...
Dijo una hermosa joven de aparentes 18 años aunque 20 más en realidad, figura y facciones literalmente divinas. Es decir, semejantes a las de una diosa. Isadora de Pavo, de origen griego al igual que su madre era tan alta y esbelta como su padre Shaka de Virgo aunque de facciones casi idénticas a las de Afrodita de Piscis. Su cabello largo y lacio hasta la cintura era de un rubio tan pálido que casi parecía blanco, mientras que su tez era del mismo tono marfil que la de Acuario y sus ojos ciegos del mismo tono lavanda que los de su madre y antigua Saintia de Plata. de Pavo. Clymene no había muerto, sino que en realidad había decidido regresar a su lugar de entrenamiento para esperar allí por los nuevos aprendices destinados a recibir su Armadura, Virgo e incluso Libra. Este último era en efecto su signo zodiacal. Exactamente el mismo que el de su hija, aunque este al mismo tiempo había heredado las habilidades psíquicas de Shaka. Al ver a la muchacha de pie frente a ellos, aunque más precisamente al notar los moretones en sus brazos descubiertos por su ropa de entrenamiento y los raspones en su níveo rostro desprovisto de su máscara, Camus se incorporó quizás con demasiada violencia aunque, fiel a su costumbre, no dejó entrever en ningún momento el dolor en su semblante. Luego de unos segundos finalmente se puso de pie y se acercó a la Saintia, tomando su rostro suavemente en una de sus manos mientras que trazaba las marcas en el costado derecho con el pulgar de su mano izquierda sin siquiera hacer presión sobre los raspones rojizos.
— ¿Debo preguntar sinceramente quién te lastimó de este modo, petite? No creería que tu maestro, o tu padre te hayan enviado a entrenar con esos salvajes...
—No, ¿cómo podrían? Sabe que ambos tienen cierto recelo hacia Can Mayor y Perseo. Más aún hacia sus alumnos... Sin embargo, esta vez no fueron Dimas o Teseo quienes me golpearon. Y no fui la única a quien agredieron además... Maestro Camus, ¿quién es esa joven en el Templo de Escorpio? Diana está con la maestra Shaina en su cabaña...
—Lyzette, la hija de Ángelo... Sin embargo, no es de Escorpio sino que de Sagitario...
En ese momento tanto el francés como Marín abrió enormemente sus ojos. Lyzette era la mayor entre las hijas de los Santos Dorados. Era no sólo la discípula sino la sucesora de Aiolos de Sagitario aunque, a diferencia de su maestro, era una mujer de carácter indomable. Y, en ocasiones, eso lograba efectivamente repercutir notoriamente en cómo empleaba su Cosmos tanto en los entrenamientos como en las misiones que le eran asignadas.
—Regresa a Virgo, por favor, Isa... —dijo Camus —Hablaré personalmente con Aiolos. Por favor no menciones nada de esto a tu padre...
— ¿Está seguro, maestro Camus? No sé si deba levantarse aun...
El galo tomó su rostro con ambas manos y le beso sutilmente la frente, lo cual tomó a la mujer completamente desprevenida. Era padre de una hija, eso era cierto. Sin embargo, su personalidad continuaba siendo mayormente seria frente a prácticamente todos los miembros de la Orden, incluyendo a la Saintia de Serpens y discípula (y ahijada) nada menos que de su mejor amigo Milo de Escorpio, Irene. La mujer de cabellos rubios sonriendo y acercandose, para luego saludar a ambos Santos antes de despedirse.
En otro sitio cercano al Recinto, una mujer de tan solo aparentes 25 años aunque tenía en realidad 40, alta y robusta, de cabello rizado a la altura de los hombros color ébano, tez morena y ojos azul—violáceos vestida en leotardos turquesas, calzas purpuras con una faja blanca alrededor de la cintura y zapatillas negras con polainas ocre pálido se encontraba entrenando sola contra unos enormes montículos de piedra cuando, antes de que pudiera levantar una pierna para dar una patada, se encontró paralizada de pies a cabeza. En un principio creyó que se trataba de la Restricción de la Saintia de Serpens, hasta que noto que no solo no sintió dolor sino que en cambio estaba congelándose. Apretó los dientes, insultando a la Saintia de Acuario en cuanto dialecto italiano recordaba, además de en su dialecto natal vasco—francés. Camus a sus espaldas no dijo nada por largos minutos, simplemente observándola insultar e intentar deshacer el Koltso. El cual ni siquiera Amman, su sucesor era capaz de deshacer aun a pesar de haber recibido ya su rango como Santo Dorado. Probablemente Lyzette estaba confundiendo a la muchacha lemuriana que visitaba Acuario asiduamente con su aprendiz. Eso le dio la idea al galo de que la mujer italiana no abandonaba el Recinto a menos que fuera extremadamente necesario, o de lo contrario sabría que en realidad esa joven era la discípula de Kiki, nuevo Santo de Aries y discípulo del Santo Divino de dicha constelación, Mu. Su nombre era Olivia y tenía 21 años reales.
— ¡Maldición, Liv, déjame ir o te destrozaré ese maldito rostro de muñeca que tienes!
—Dudo que Aiolos no te haya enseñado que cualquier Santo de Fuego es capaz de deshacer una técnica de Hielo excepto el Ataúd. O que Aries posee técnicas un poco menos ortodoxas para inmovilizar al oponente... ¿Cómo diantres pudiste hacerle eso a tu propia compañera? ¿Esperas que te acuse ante Atenea y te expulsen del Santuario, Liz?
—No... —dijo la mujer cuando Camus la liberó del Koltso y pudo verlo de frente. Le sonó con un dejo de malicia y agregó mientras se acercaba apenas un par de pasos hacia él —Sé que alguien como tú o Dohko sería incapaces de hacerlo. Antes lo esperaría del bastardo de Cáncer...
Una sonora bofetada fue la respuesta del acuariano a su impertinencia. Ángelo, o Mascara Mortal como se le conoció allí en el Santuario nunca había sido lo que se dijo a su amigo. Sin embargo, lo respetaba lo suficiente como para no tolerar que aquella mujer estuviera hablando de ese modo tan cruel nada menos que de su propio padre. Antes de que pudiera protestar, sin embargo, el galo se había retirado.
Mientras tanto, precisamente en el Templo de Acuario, dos jóvenes se encontraban sentados en la sala principal. El primero tan solo apareció 23 años mientras que era 15 años mayor. De origen japonés, Amman era un muchacho de estatura, físico y facciones como las de su maestro y predecesor, con el cabello púrpura casi negro y lacio hasta los codos recogidos en una cola a media altura atada con una cinta blanca, tez clara y ojos. verde—azulados. Portaba en ese momento la Armadura Dorada de Acuario. Su acompañante femenina por su parte era lemuriana y de 21 años reales, estatura mediana y físico ligeramente musculoso, cabello lacio hasta la cintura color verde casi negro, tez clara y ojos jades con las mismas marcas como lunares en su frente que poseía el resto de los lemurianos de la Orden. Era la aprendiz de Kiki, nuevo Santo Dorado de Aries y, puesto que aún no le había sido asignado un rango y una Armadura, servía como asistente al discípulo de Mu y al propio Santo Divino de Aries en la reparación de Armaduras. Se encontraban leyendo tranquilamente cuando la menor percibió el Cosmos del custodio del Templo acercarse. Sin embargo se alarmó al notarlo turbado, como si algo hubiera sucedido con el francés. Tan pronto como Camus puso un pie en la sala, Olivia no pudo evitar el impulso de correr hacia él y abrazarse a su cintura con su rostro apoyado en el pecho del mayor.
— ¡Estaba preocupada por usted maestro Camus! ¿Qué ocurrió? ¿Por qué no regresó después de la misión?
Camus la abrazó aún más contra sí, acariciando suavemente su cabello hasta que, tras unos minutos, deshizo el abrazo para poder verla a los ojos y dijo:
—Hubo... algunos problemas a nuestro regreso... Hablaremos de ello más tarde si quieres, Liv. Pero ahora necesito descansar...
La joven volvió a abrazarlo mientras asentía para luego separarse lentamente y permitirle ponerse de pie. Camus resolvió amablemente la seda cabellera de la joven para luego alzar sus rubíes al muchacho vestido en Armadura Dorada y preguntar si había sucedido algo de lo que debía saber durante su ausencia. Y posterior convalecencia.
—Nada en absoluto, maestro. Sin embargo, temo que hay algo que usted no nos ha dicho... ¿Acaso Liz lo atacó a usted también?
Camus sacudió la cabeza con algo de resignación, admitiendo finalmente que en realidad había sufrido algunas heridas de gravedad por las que había tenido que recibir atención por parte de Aquila. Sin embargo, tan pronto como regresó al Santuario, las mismas le impidieron dirigirse directamente a la Fuente de Atenea y la mujer oriental lo había atendido en su propia cabaña. Omitió categóricamente hacer mención alguna a que, en realidad, la severidad de sus heridas no solo le había provocado una pérdida importante de sangre sino que por tres días lo había sumido en un profundo delirio producto de la fiebre derivada justamente de su extrema debilidad. Para su fortuna, ni Amman ni Olivia le preguntaron nada más sino que en cambio el Santo de Acuario prácticamente instó a la joven lemuriana a marcharse a su habitación. De la manera más educada de la que era capaz, por supuesto. Camus no pudo evitar sonreír. En ese sentido, el oriental se asemejaba enormemente a Hyōga, su primer discípulo. Olivia por su parte se despidió amablemente de ambos acuarianos, señalando que había prometido a Mu asistirlo con la reparación de las Armaduras que le habían llegado esa mañana, ya que su maestro Kiki había viajado a los Cinco Antiguos Picos junto a Aiolia de Leo y regresarían. al atardecer el día siguiente.
—Ve, ma cherie... —dijo el mayor revolviendo amablemente el cabello de Olivia —Sabes que no es aconsejable hacer esperar a Mu. Su paciencia puede parecer tan inagotable como la de Aldebarán o Shaka, pero créeme... No querrás tentar su tolerancia a la desobediencia...
—Lo sé, maestro Camus... —dijo la joven sonriendo mientras se preparaba para teletransportarse hacia Aries. Antes de desaparecer en el polvo estelar, sin embargo agregado —Buenas noches, a ambos...
Amman ampliamente, recibiendo por ello una mirada significativa por parte de su predecesor, con una ceja apenas levemente arqueada.
— ¿Aún no te has confesado, mon fils?
—El maestro Kiki me mataría si le quitara a su ser más preciado... No sé si me corresponde hacerlo...
—En primer lugar, Kiki te haría polvo estelar si tan solo lo vuelves a llamar maestro. Ammán; eres un Santo Dorado... Aries no se perdonaría irrespetar o alzar su mano contra uno de los suyos a menos que las circunstancias lo ameriten. Si alguien puede dar fe de ello, ese soy yo...
—Hasta donde recuerdo, el maestro Shaka nunca les ha reprochado a usted, al maestro Saga y al maestro Shura sus acciones en la Guerra Santa. En eso no dista demasiado de Irene, maestro...
—Nunca le he dicho a mi hija una sola palabra respecto de la Guerra Santa, hijo... —admitió seriamente y con un dejo de culpa en su voz el galo —Todo cuanto conoce lo ha escuchado de Aiolia...
Sin poder evitarlo, sonó levemente cuando el pensamiento de la cercanía que había entre su única hija y el Santo heleno se cruzó en su mente. Irene jamás se vería como una rival de Marín por la atención de Leo como Diana, la sucesora de Milo si se veía como una rival por su propia atención respecto de la mujer de quien inconsciente pero irremediablemente se había enamorado apenas se vio obligado a revelar su rostro. Arkana, Saintia de Plata de Piscis Austrinus y discípula de Saga de Géminis.
