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Llovía.
Un pobre Shang Qinghua subió entre los riachuelos con los zapatos llenos de agua y el pelo empapado; de pies a cabeza, no había una sola parte de él que estuviera seca. Sus dientes castañearon mientras trataba de proteger una caja con documentos un poco importantes. Después de resoplar por la nariz muchas veces, logró entrar a su casa del ocio, el calor de la madera había hecho que el interior fuera agradable, y para él esto fue un tremendo alivio.
Shang Qinghua dejó huellas húmedas en el interior de su casa mientras buscaba el área de limpieza para secarse. Por allí dejó la importante caja (bueno, más o menos importante) y empezó a desvestirse.
—¿Qué tontería haces?
Shang Qinghua brincó del susto, su cuerpo ya temblaba de la confusión y el exceso de emociones en el día… ojalá, pensó, fueran emociones positivas, en cambio, todo le provocaba corajes y tensión.
Él se giró hacia la voz de trueno que estaba a sus espaldas.
—Dawang, buenas tardes ¿De qué tonterías hablas?
El demonio de 188 centímetros se cruzó de brazos y lo miró de pies a cabeza.
Shang Qinghua se mordió el labio, en realidad no estaba de humor para lidiar con el temperamento mordaz de su jefe, tampoco estaba preparado para quitarse la ropa y que mirara su flaco cuerpo… era cierto que a veces, en misiones, ambos se bañaban juntos en algún río o algo así pero, vaya, es un hombre que tiene cambios de humor ¿De acuerdo?
Se fue detrás del biombo y empezó a quitarse la ropa mojada con total desagrado, es que se dio cuenta de que esta tenía lodo, además, la ropa estaba pesada y pegajosa… que desastre.
Mientras tanto, oyó a Mobei Jun tirarse a la cama y reírse entre dientes… seguro se estaba riendo de él. Muchas veces ignoraba esto, otras (le daba pena admitir) le encantaba esa sonrisa; hoy, repite en su mente ¡No tenía ganas de lidiar con gente mimada!
—Vístete rápido, hay una reunión en el palacio de Junshang.
—Dawang, en realidad no tengo tiempo de ir…
—¿Ajá?
—Tengo que entregar estos documentos…
—¿Bajo la lluvia?
—Esperaré a que deje de llover…
Mobei Jun lo miró de pies a cabeza una vez más, luego alcanzó el libro que Shang Qinghua tenía en la mesita de noche y se puso a leer una página al azar.
Shang Qinghua se preparó un poco de té y con esto sintió que el mal rato bajo la lluvia helada se diluyó. Mirándola desde este lugar, la lluvia era linda…
De pronto miró a Mobei Jun, y lo sorprendió mirándolo también, entonces le sonrió.
—Ya se te pasó el enojo—. Declaró Mobei.
Qinghua levantó los hombros con desdén.
—Cosas que siempre me pasan.
Mobei guardó silencio y bajó el libro.
—No esperes más, vamos al palacio de Junshang.
—Oh, Dawang…
—¿Qué crees que pasará?
—¿Con qué?
—Con esos documentos ¿Vas a esperar durante horas para que los lean y que el tonto ese que tienes por líder te los devuelva cuando se le antoje, pero mal hechos? Tal como ocurrió el mes pasado.
Ah, dioses, cuanto amaba a Mobei Jun, en secreto, claro; a veces decía verdades que dolían.
—Terminó la lluvia, vamos.
—Dawang…
—No vine aquí por nada, sabes que este lugar apesta, no vengo acá por placer.
El demonio se puso de pie y levantó la persiana de la ventana, afuera ya iba a oscurecer.
Mobei Jun era ese amigo al que tu padre detesta y no quiere que te juntes con él porque “hará que te desvíes del camino”, el chico con el que te meterás en problemas. Si su padre estuviera aquí, o al menos le importara, le daría un infarto al saber que Shang tomó todos los caminos indeseados con Mobei, desde el hecho de amarlo sin medida, hasta ser un cómplice de varios actos de dudosa moralidad.
Así que, como solía suceder, fingió pensar en sus actos pero terminó siguiendo a ese demonio sin dudas y sin arrepentimientos.
Caminando en el frío bosque dormido, tras la lluvia, Mobei Jun susurró:
—Es de las pocas veces que te rogaré, Qinghua.
—¿Tú rogarme a mí?
—Sí.
—Dawang, todo el tiempo accedo a lo que me pides.
—No lo creo.
—¿Qué! Me ofende.
Mobei lo miró de soslayo y pareció sonreír, luego miró al frente y jaló el brazo de Qinghua para que caminaran más rápido.
El palacio de Luo Binghe era una especie de castillo en la superficie y una cueva tradicional de la nobleza en el interior, bajo tierra. Reflejaba la naturaleza mestiza del gobernante.
Adentro todos estaban de pie, especulando sobre la nueva gran misión que se estaba poniendo en marcha.
A diferencia del día en Cang Qion, aquí era cálido; las antorchas daban luz y calor al lugar.
—Como todos sabrán— fue Sha Hualing quien habló—, el poder de nuestro señor se está haciendo notar en cada extensión de tierra en el reino demoniaco. Pero, hay una región que desconoce la grandeza de Junshang, es más, se niegan a reconocerla.
—¡Insolentes!
—¡Bastardos!
—Sí, son todo eso. Así que, presten atención—. Sha Hualing señaló un enorme mapa extendido en el suelo, todos hicieron rueda para mirarlo. —En los próximos días ellos celebran la llegada de la cosecha, así que atacaremos cuando ellos estén celebrando.
—¡Será perfecto!
—¡El baño de sangre junto a la cosecha, nada más glorioso para Junshang!
Todos vitorearon.
—Así que cada uno debe prepararse, saldremos esta noche.
Todos gritaron de júbilo.
Sha Hualing hizo una reverencia hacia Luo Binghe y este asintió, mirándola pero pensando en sus propios planes.
—¿Esta misma noche, Dawang?
—Sí.
—De acuerdo, prepararé tu equipaje…
—No requiero mucho. Tú también debes llevar solo lo necesario.
—¿Yo?
—Tú, por supuesto.
—Dawang, tengo trabajo.
Mobei Jun miró al resto de demonios mientras celebraban y empezaban a afilar sus armas. Luego regresó la mirada a Shang Qinghua.
—Me harta tu trabajo.
—¿Disculpa?
—Te pago mejor que ellos. Tienes que venir conmigo… con el séquito de Junshang.
“Ellos” era la Montaña Cang Qion.
—Eh, así es, Dawang, me pagas mejor…
Mientras un demonio llegó y habló con Mobei Jun, Shang realmente lo pensó: La última semana en An Ding había sido nefasta, y hoy se había mojado por unos documentos que, hablando en serio, Yue Qingyuan iba a desechar para mirarlos más tarde (la próxima semana). No era la primera vez que le sucedían estas cosas así que ¿Qué importaba? Solía desaparecer con Mobei Jun durante horas, y nadie notaba su ausencia…
De pronto, Shang Qinghua tuvo un arranque de rebeldía y decidió que sí iría a la guerra con Mobei Jun.
Los temerarios demonios hicieron un típico festín pre-asedio. Sin duda esto era algo que se añadió a la trama basado en los conocimientos generales de Avión Juju sobre las guerras medievales…
En fin, los demonios estuvieron en el patio de armas asando carne de algún animal extraño y brindaron con Shnidia, una bebida popular de una de las regiones del reino demoniaco.
Los demonios tenían una resistencia al alcohol admirable.
Shang Qinghua se recostó en la pared y se cubrió del frío con su propia túnica. Mobei Jun se sentó a su lado.
Al amanecer, antes de que el oscuro sol saliera en el reino demoníaco, las fuerzas armadas de Luo Binghe se pusieron de pie en el patio de armas. El joven emperador abrió con su espada, Xin Mo, una abertura en el espacio, roja como una herida sangrante. Todos empezaron a saltar allí.
Era el turno de Mobei Jun y Shang Qinghua, el primero tomó al humano del brazo y saltaron juntos hacia el otro lado.
Era una tierra un poco más encantadora que el resto del reino demoniaco, el cielo casi parecía azul y el pasto casi era pasto… casi como un lugar del reino humano.
—No está mal—… dijo Qinghua.
—Primero iremos nosotros.
Era la voz firme de su hijo, es decir, Luo Binghe. Este se había acercado a Mobei Jun seguido de Sha Hualing.
Como era costumbre, Shang Qinghua dio un paso atrás, no quería llamar la atención innecesariamente.
—De acuerdo—, dijo Mobei Jun.
Silencioso como un cachorrito educado, Shang Qinghua siguió al trío.
Cuando llegaron al pueblo, fueron a la casa del líder. Lo que Luo Binghe buscaba era un elixir sagrado que lograría revitalizar el alma de una persona moribunda.
En este tiempo, Luo Binghe aún tenía el cuerpo de Shizun en el cuarto frío. Este era otro de sus intentos por resucitarlo.
Pero no le dieron el elixir… y esa noche atacaron la aldea.
Mobei Jun entró al santuario de la aldea, le seguía los pasos Shang Qinghua. Tomaron todo lo que vieron y en un instante, que podría ser romántico, salvo que estaban en combate así que no se sintió nada de eso, tomaron el mismo talismán y rozaron los dedos. Shang Qinghua apenas vio esto cuando tomó el talismán antes que Mobei Jun y lo metió a la bolsa.
Después salieron a toda prisa cuando una horda de demonios destruyó unas cuantas casas.
Salieron del pueblo y esa misma madrugada volvieron al palacio de Luo Binghe.
Demonio y humano dejaron el botín en la sala de negocios y se dirigieron a descansar a los aposentos de Mobei Jun en el castillo de Junshang… durmieron como de costumbre: uno en el diván y otro en la cama.
Cuando Shang Qinghua despertó pensó que estaba teniendo un deja vú, uno donde dormía al lado de su Dawang en la cama de la posada aquella noche años atrás cuando se conocieron. Mas, no. Esta vez estaba en la cama, pero solo. Las disculpas quedaron en su garganta y miró a todas partes antes de verse a sí mismo durmiendo en el diván.
Uffh, qué alivio.
¿Qué!
¿Cómo es que se estaba viendo dormir en el diván!
Se puso de pie con el mundo dándole vueltas en la cabeza. Justo cuando puso las manos encima de su yo dormido, notó que las manos, ahora suyas, eran un tanto grandes… conocidamente grandes.
Shang Qinghua-cuerpo despertó con el toque y, tan veloz como la luz, agarró el cuello del atacante.
—¡Ah, Dawang!— chilló Shang Qinghua… pero no era Qinghua ¡Era la voz de Mobei Jun!
Todo era tan confuso.
Shang Qinghua pensó, citando una película, “¿Esa es mi voz?”.
Entonces se dio cuenta: Estaba en el cuerpo de su Dawang… y ¿Quién estaba en su cuerpo de cultivador? Por el agarre y el método para bloquear la tráquea… era Mobei Jun.
¡¡Habían intercambiado cuerpos!! AAAAHH.
—¿Qué?
—Dawang, no me mates, soy Shang Qinghua.
Mobei Jun, en el cuerpo de su subordinado, gruñó confundido.
Después de un momento, se soltó a sí mismo, o a Shang Qinghua, mas bien.
—¿Qué está pasando?— la pregunta se hizo desde la voz del cuerpo de Shang Qinghua, por lo tanto el nivel de amenaza había desaparecido en un 90 %.
—¿Así de patético me veo?
Mobei Jun, ahora en cuerpo de cultivador, alzó el rostro. Era como un Shang Qinghua altanero y engreído… Avión juju pensó por un momento en el Shang Qinghua original.
—¿Te parezco patético?
—No, Dawang.
En cambio, Mobei Jun parecía un hombre grande y… dócil.
Mobei Jun lamentó verse a sí mismo así.
—¿Quién hizo esto?— preguntó Mobei Jun. Se levantó del diván mientras su cuerpo musculoso estaba de rodillas en el suelo… diosas, no lo soportaba. —Mierda, no ves nada.
—¿Qué?
—La altura no es muy buena para prevenir ataques… además, hay poca definición de los objetos lejanos.
—¿Qué? ¿Significa que estoy miope?
—Ahora entiendo por qué haces torpezas, como caerte, por ejemplo.
Shang Qinghua de hecho, se levantó y verificó lo que Mobei Jun decía: en el cuerpo de su Dawang tenía un muy buen punto de vista y ¡Mierda! ¡La claridad de su vista era alucinante! Era como ver en High Definition 4K.
—Diablos, creía que mi vista era muy buena… al menos es mejor que la vista que tenía en mi primer vida.
—¿Qué balbuceas?
—Nada.
Mobei Jun se vio a sí mismo de pie y pensó “Sabía que soy imponente pero, vaya que me veo terrorífico, me gusta”.
A la vez, pensó en una parte del cuerpo de Shang Qinghua que ansiaba pellizcar… mientras Shang Qinghua enfocaba y desenfocaba los ojos y miraba a su alrededor, Mobei Jun (en el cuerpo de Qinghua), se acarició la nalga.
Pero hacerlo a sí mismo no tenía tanta gracia. Bufó.
—Vamos, ya basta. Regresemos a nuestros cuerpos.
—Dawang, no tengo idea de cómo hacer eso.
—Pues averígualo, tú sueles conseguir mucha información.
—Entonces dame tiempo.
Shang Qinghua dio un paso y se enredó con sus nuevos grandes pies. Cayó de cara en el piso.
—Nadie puede verte haciendo eso ¿De acuerdo? No actúes como tonto.
Shang Qinghua-“Mobei” se sentó en el suelo sobándose las rodillas.
—¿Deberíamos decirle a Junshang sobre esto?
Mobei Jun lo pensó, pero antes de que dijera algo, Shang Qinghua dijo:
—Dawang ¿No fue algo que tocamos en el santuario del pueblo?
Como un elemento de ayuda de un videojuego, el recuerdo de los dedos de ambos rozando antes de tomar aquella joya vino a su mente.
Ese talismán…
—Dawang, necesito unos documentos de la Montaña Cang Qion… obviamente no puedo ir yo en este cuerpo.
—Claro que puedes, sé camuflarme en las sombras.
—¡Eso lo sabes tú! Yo, por otro lado… no sé si pueda.
—Mierda.
—Dawang, ayúdame a ponerme de pie.
—¡Rompiste uno de mis huesos?
—No, es que tienes las piernas muy largas… no sé cómo hacerlo.
Mobei Jun pensó que, por ahora, su cuerpo se vería mejor si Shang Qinghua no abría la boca, en absoluto.
Shang Qinghua tenía miedo de ir a la montaña Cang Qion portando el cuerpo de Mobei Jun ¡Un demonio! En especial porque no sabía usar las habilidades de su amo.
Así que acordaron mantenerse callados y quietos.
Mobei Jun iría a la Cumbre An Ding y buscaría la información que Qinghua anotó en una hoja.
Shang Qinghua tendría que hacer acto de presencia una vez en el día en el salón de negocios y luego debía encerrarse en la habitación.
Era perfecto.
Mobei Jun, en el cuerpo de su subornidado, viajó a Cang Qion.
Shang Qinghua desayunó en el palacio de Luo Binghe, precisamente, en los aposentos de Mobei Jun. Ya estaba acostumbrado a esto, así que no fue algo difícil. Después caminó sin propósito por la habitación. Más tarde, se detuvo frente al espejo de plata y miró su reflejo. Usualmente, solo podía admirar de manera fugaz a Mobei Jun, otras, mientras dormía, pero nunca tenía suficiente. Esta vez, se detuvo para admirar la masculinidad de su Dawang. Diosas, qué hombre más atractivo. Shang Qinghua se tocó, es decir, tocó la cara de Mobei Jun con sumo cuidado, con tanto cuidado.
Viendo que estaba solo, que Mobei Jun no vendría sino en varias horas después, sino es que al día siguiente, empezó a toquetear los bíceps…
Fue un poco difícil quitar la ropa de Mobei al inicio. Lo que no fue difícil fue deshacerse de la culpa.
Era… ¿Cómo explicarlo? Como masturbarse pero potenciado al cien… ya que podía sentir el estímulo pero ¡Pensando en su propio cuerpo! El cuerpo de Mobei Jun tocándolo al fin de tanto deseo.
Era muy extraño.
Terminó tocando las partes más privadas de su Dawang, impresionado por la hermosa virilidad de Mobei Jun.
Esperaba que el otro no se diera cuenta de ello, oh diosas…
Después de su pecado, volvió a vestirse.
Fue a la sala de negocios a hacer el acto de presencia que Mobei Jun le había encomendado. Solo debía presentarse y no mover la boca.
Estuvo allí parado durante diez minutos mientras algunos comentaban lo sucedido el día anterior.
—¿Junshang ha encontrado el elixir?— preguntó uno de los guerreros de confianza.
—Hay varios frascos, no sabemos con exactitud cuál es—, dijo Sha Hualing. Luego miró a Mobei Jun, mas bien, al cuerpo de Mobei Jun: —¿Estás seguro de que trajiste todo?
Shang Qinghua no se esperaba esto… empezó a sudar frío y se puso tenso ¿Mobei Jun trajo todo? Él iba detrás de él, iba un poco distraído y varias cosas quedaron tiradas, por ejemplo, algunos pergaminos o candelabros… ¿Qué debía decir con exactitud? Bueno… había recogido, con Mobei Jun, todo lo de la mesa y los escaparates.
Era una pregunta sencilla… pero, además Sha Hualing lo ponía nervioso, esa dama demonio lo quería matar cada vez que lo miraba.
—¿Qué te pasa? ¿Trajiste todo?
Sha Hualing arqueó la ceja ante el silencio de Mobei Jun.
—Sí, sí. Todo lo que se veía mágico. Y no había más elixires en ese santuario.
Exacto, esa era la verdad.
Pero Sha Hualing no apartó la mirada de él y se burló:
—¿Qué? ¿Se te pegó lo tonto de Shang Qinghua?
Ella alzó el rostro, sonriendo y esperando una réplica (a veces le gustaba pelear con Mobei Jun por puro placer).
Lo que no sabía es que este era el cuerpo de Mobei Jun, mas no su conciencia…
—Ah, ja, ja, debe ser.
Shang Qinghua sabía que la había cagado en cuanto cerró la boca.
Sha Hualing entrecerró los ojos, suspicaz.
—¿Te picó un Escorpión Azul de la Demencia?
—No.
Sha Hualing iba a protestar cuando otro demonio trajo un saco y lo vació.
Shang Qinghua vio destellar el talismán de la noche anterior: negro con destellos plata, un enredado escudo al frente y atrás. Su mente inteligente confirmó lo sucedido esa noche con el cambio de cuerpos.
—Oh, este es—… se agachó para recogerlo, se detuvo de pronto, no quiso tocarlo.
—¿Qué? ¿Qué tiene eso? ¿Revive a los muertos?
—No lo sé, pero sin duda tiene propiedades espirituales. Necesito estudiarlo.
—Ah, claro, ve a encerrarte con libros. Es lo que te gusta, Shang Qinghua.
El humano no supo que cara puso, pero esto hizo que Sha Hualing sonriera con total arrogancia.
Las palabras se atoraron en la garganta del humano… del cuerpo del demonio.
Sha Hualing echó a los dos guerreros presentes.
—¿Qué fórmula mágica usaste para transformarte?
—No usé nada, fue un accidente. Le dije a Dawang que le pidiéramos ayuda a Junshang pero no quiso…
—Claro, eso dañaría su orgullo. Yo hubiera hecho lo mismo.
—Ya…
—Y ¿Dónde está él?
—Fue a Cang Qion, por unos pergaminos que nos pueden ayudar.
Sha Hualing asintió pero continuó sonriendo. Por primera vez ella no lo miraba con desdén, sino que le sonreía… de manera irónica, claro. De todas formas, Shang Qinghua, se animó a preguntar:
—¿Qué?
—Creo que será la única vez que vea a Mobei Jun actuando tan patéticamente. Me divierte.
Y era justo lo que Mobei Jun quería evitar.
Montaña Cang Qion
Mobei Jun (quién estaba en el cuerpo de Shang Qinghua), no había sido detectado como un “cuerpo poseído” desde que entró a la Cumbre An Ding.
—¿Shizun ya firmó las actas?
—No, me dijo que esperara…
—…Tendrás que insistir, las tenemos que llevar con la mercadería.
—Quisiera, pero lleva horas encerrado en la biblioteca.
—…tendremos que entrar.
Buscaron a su maestro entre los escaparates de la modesta biblioteca de An Ding. Aunque esta era una cumbre de logística y finanzas, también se les instruía de temas generales de la cultivación, por supuesto, debían ser unos cultivadores completos.
Los dos discípulos encontraron con su maestro en una de las áreas de la sección oscura. Era un área que no estaba cerrada al público pero los jóvenes preferían no meterse allí.
—Vengan para acá—. Mobei Jun los llamó al verlos. Había estado buscando con la mirada lo que necesitaba pero no encontraba los pergaminos.
—Sí, Shizun.
Los chicos aún llevaban los documentos en sus manos.
—Necesito estos pergaminos—, Mobei Jun les extendió la hoja donde Shang Qinghua había anotado los títulos.
—Ah, Shizun, con todo respeto, no conocemos muy bien esta parte de la biblioteca.
—¿Y cuándo piensan aprender?
El tono no era el usual, los chicos estaban acostumbrados al tono firme pero apaciguado de su maestro; era algo así como el tono de una persona que hace un trabajo grupal y solo es líder porque los demás son más perezosos que él.
Esta vez, se sintieron un poco intimidados por el tono de reproche, odio, desprecio. Fue un regaño bastante feo en verdad.
Lamentablemente no paró allí:
—No tengo todo el día, busquen esos pergaminos. Aprenderán mientras investigan. Ya lo agradecerán.
Su Shizun, su usual modesto Shizun, se fue de la biblioteca sin decir nada más. Tal vez este era un mal día para él, pero no podría serlo, ya que siempre que regresaba de sus viajes fugaces, traía un aire contento, como si hubiera pasado un buen fin de semana con su esposa…
Ellos no sabían si tenía esposa…
Los discípulos sudaron frío mientras empezaban a buscar lo que pidió Shizun, incluso se les olvidó entregarle las actas para la mercadería que debía salir pronto… eso sería un caos más tarde.
—Oye ¿Qué pasa con Shizun hoy?
—Ni idea, pero no ha enviado la mercadería. Los acreedores se molestarán si no se les entrega hoy.
—Y le pidió a nuestros hermanos buscar pergaminos en la sección oscura. Como si no le molestara que desordenemos la biblioteca.
—Sí, a mí una vez me pegó en las manos cuando dejé un folleto en un estante equivocado.
—Pero eso no es nada a comparación de hoy.
—¿Le pegó a nuestros hermanos?
—Solo al hermano Shin, pero no fue por estar en la biblioteca.
—¿Entonces?
—Es que el hermano Shin, accidentalmente, derramó el té que Shizun pidió. Entonces le pegó.
—Ah, es que el hermano Shin es bastante tonto.
—Pero seguro le pegó fuerte porque el hermano Shin fue a llorar al bosque.
—Pobre.
Las dos discípulas dejaron de hablar cuando vieron a su Shizun bajar por el sendero.
Le saludaron de inmediato, y justo a tiempo los jóvenes de la biblioteca llegaron con los pergaminos en las manos.
—¡Shizun, los encontramos!
Al regresar al castillo de Luo Binghe, Mobei Jun notó las caras hostiles de los demonios que miraban a Shang Qinghua… que lo miraban pensando que era Shang Qinghua, ya saben.
Él también los miró de manera hostil.
—¿Qué me ves, humano imbécil?
Mobei mantuvo la mejor postura que el cuerpo de Shang Qinghua pudiera lograr. No tenía miedo, pero consideró la resistencia del cuerpo de Qinghua. En el viaje había notado que este humano soportaba travesías grandes… le gustaba eso, usualmente, cuando salían, daba por hecho eso pero, tener conciencia de ello fue gratificante.
Sin embargo, conocía a este demonio de tres metros, era bastante atroz. No quería que lastimara el cuerpo del humano.
—Vete si no quieres vivir las consecuencias.
—¿Y qué si no quiero? ¿Vas a correr detrás de Mobei Jun para que te salve el trasero?
—¿Y qué?
—No le tengo miedo a Mobei Jun.
Mobei empezó a agitarse por la ira. Los demás demonios estaban curiosos y, viendo que “Shang Qinghua” no reaccionaba ni corría a esconderse, salieron de sus lugares y se acercaron con deseo de ser parte de lo que fuera a pasar.
—Solo se sienten fuertes si están en contra un humano— siseó Mobei Jun. Ojalá pudiera tener sus espadas de hielo negro.
—Repite eso, basura humana.
Matarlo, matarlo, matarlo. El instinto de Mobei Jun gritaba cada vez más fuerte haciéndole temblar de ira. Era la primera vez que contenía su instinto… A decir verdad, tal vez la segunda vez o tercera… hubo una ocasión en la que estuvo con Shang Qinghua en una cueva y, el lugar era tan estrecho que no había manera de separar sus cuerpos… esa vez quiso devorar a Shang Qinghua pero de una forma extraña que aún le costaba explicar.
—Será mejor que se detengan. Junshang no quiere el piso de este palacio manchado de vil sangre humana ¿O quieren desafiar a nuestro señor?— dijo Sha Hualing. Ella apreció en la sala como la santa demonio que era.
El demonio bufó antes de dar dos pasos hacia atrás, pensó que en el futuro se las cobraría.
De todas formas, a muchos les pareció curioso que Sha Hualing, quien no ocultaba su desprecio por ese humano, fuera precisamente quien interrumpiera su homicidio.
—¿Qué tal tu día como un miserable humano, Mobei Jun?— susurró ella, pronunciando el nombre del otro con burla.
Mobei Jun hizo un gesto tosco y la miró mientras caminaban hacia el pasillo.
Ella soltó una risotada.
—¡Dawang! ¿Los conseguiste?
—Cierra la boca.
Sha Hualing cerró la puerta pero no se molestó en disimular sus sonrisas soberbias.
Mobei Jun volteó el bolso y los pergaminos cayeron.
Shang Qinghua los revisó.
—¿Encontraste algo?
—Parece que sí…
Qinghua, en el cuerpo de Mobei Jun, leyó un poco más extendiendo los pergaminos en el piso, junto a él estaba el talismán sobre un pañuelo.
Mobei se impacientaba.
—No creo que esa información esté en documentos humanos— dijo Mobei Jun, —por mucho que tengas registro de objetos.
—No es por el registro de objetos demoniacos, Dawang. Es que el talismán es de origen humano.
—¿Humano? ¿Entonces porqué estaba en la aldea demoniaca?— intervino Sha Hualing.
—No lo sé ¿Tal vez lo robaron?
—Lo que yo quiero saber es cómo podemos volver a nuestros cuerpos— dijo Mobei Jun.
Shang Qinghua leyó un poco más. Sha Hualing continuaba riéndose, es que ver el cuerpo de Mobei Jun leyendo pergaminos en el suelo de una manera tan ridícula le hacía gozar.
—¿Y bien?— apresuró Mobei Jun, poniendo en la lista de pendientes vengarse de Sha Hualing.
Mobei Jun, es decir, Shang Qinghua en el cuerpo de su Dawang, se puso de pie con el pergamino en las manos y una expresión entre preocupada y avergonzada.
—La cascada del fénix ciego.
—¿La cascada del fénix? Eso es fácil, está en la frontera sur. Llegaremos en dos días si nos vamos en bestias.
—¿Quién dijo que irías con nosotros?— le dijo Mobei Jun a Sha Hualing.
Ella dijo en una lengua demoniaca: “¿Quieres que le diga a tu humano cómo te amedrentaron los otros demonios?”
—Es algo vergonzoso, Dawang.
—Yo podía contra ellos, solo me contuve.
—¿Qué?
—Nada ¿Qué es lo vergonzoso?
—Es que, según las indicaciones para la reversión, debemos entrar sin prendas a la cascada.
La risa de Sha Hualing estalló.
Mobei Jun cabalgó con Shang Qinghua mientras le mandaba miradas de aborrecimiento a Sha Hualing, quien montaba su bestia sola y le ignoraba deliberadamente.
Tal como dijo Sha Hualing, en dos días de viaje llegaron a la cascada.
Esta se encontraba bajando una serie de pendientes, así que el resto del camino lo hicieron a pie.
En una especie de claro al aire libre entre las pendientes que le rodeaban estaba la cascada del fénix ciego. Pero esta funcionaba de manera intermitente, ya que el agua se detenía durante cierto tiempo y luego, impredeciblemente volvía a caer de las altas rocas.
Además el agua era tan transparente, incluso parecía tener destellos arcoíris en sí mismo, como un velo a tornasol cristalino.
Los tres se quedaron mirando durante mucho tiempo este espectáculo para intentar predecir el tiempo pero, no se podía con exactitud, a veces el agua se detenía durante cinco minutos, otras ocho, otras veces quince minutos… a veces solo se detenía un par de segundos y el agua volvía a caer durante un tiempo moderado.
—Bien, entren ahora y esperen, es todo lo que tienen que hacer— dijo Sha Hualing, ansiosa por ver tal espectáculo.
Ninguno habló pero empezaron a deshacerse de sus prendas cada uno por su lado, de espaldas y de la manera más lenta o desinteresada posible.
—Dawang— sin girarse, Shang Qinghua musitó, es decir Mobei Jun-cuerpo pero controlado por Qinghua. —Hay una cosa más…
—¿Qué?
—En la cascada del fénix ciego, si quieres que tu hechizo se cumpla, tienes que entrar con los ojos cerrados.
—…bueno.
—Una vez cerrados no los podemos abrir hasta finalizado el ritual.
—Sí, sí, de acuerdo.
A tientas, Shang Qinghua en el cuerpo de… ya saben, estiró la mano con el talismán para que Mobei la tomara.
—Dawang, toma el talismán, debemos entrar con el y sujetarlo juntos.
—¿Por qué no lo dijiste antes de que cerrara los ojos!
—Lo siento.
Metieron los pies en la pequeña laguna y caminaron hasta la pared de piedra para esperar el baño mágico.
Frente a frente, con ojos cerrados y, ahora, con ambas manos sosteniendo el talismán, esperaron.
Casi abrían los ojos ante la risita de Sha Hualing.
Shang Qinghua, quien estaba en el cuerpo de Mobei Jun (¿Entendido? esto es confuso para esta narradora), sintió el calor subir desde la parte baja de su cuerpo hasta la coronilla de la cabeza. Maldita sea, maldita sea…
Mobei Jun hizo un leve sonido desde la voz de Shang Qinghua.
A Sha Hualing se le fugaron las risitas.
Solo ella pudo ver las dos erecciones antes de que el agua cristalina e iridiscente cayera sobre ellos.
El agua dejó de caer casi siete minutos después. Las últimas gotas se deslizaron de la roca hasta la nariz de Shang Qinghua, quien temblaba de frío… ¡Era frío! Durante el tiempo anterior no lo había notado gracias a la naturaleza de Mobei Jun.
Ambos jadearon ya que al fin tenían aire, la cascada casi los ahogaba.
—¿Podemos abrir los ojos?— se preguntó Qinghua.
—Mejor salgamos del agua primero— la voz de Mobei Jun se oía mejor cuando el alma era la correcta.
¡Había funcionado!
Ya afuera del agua, cada uno fue por su ropa y se vistieron en silencio.
Sha Hualing estaba sentada en una roca y solo los juzgaba con los ojos.
De manera inusual, Sha Hualing no habló mucho en todo el viaje. Solo miró a los dos hombres que cabalgaban juntos pero aún creían que eran “solo amigos”.
Ella se rió y pensó: Par de tontos.
Esperaba ver en qué momento se darían cuenta de que se gustaban.
Shang Qinghua antes de llegar al castillo de Junshang:
—Dawang, tu cuerpo se ve mejor cuando lo tienes tú.
—Lo mismo digo.
Cosas que solo dicen los amigos. Éxito.
