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En el último momento vio cómo se acercaba el dragón más grande que él había visto, conducido por su tío, sabiendo su destino y no por eso menos asustado, cerro los ojos y vio a su madre esperándolo, al menos él le cumplió su promesa, puso su mano en el cuello de su dragón y se despidió, de su dragón, de su familia, de su prometida, de su vida, pareció una eternidad pero realmente fueron unos segundos en los que el dragón los había comido, le dolió, todo su cuerpo dolió mientras estaba en la oscuridad.
Pero, como si le hubieran abierto los ojos, vio todo, estaba en un prado, lleno de flores blancas, con un cielo despejado, se sentía tan en paz, ya extrañaba ese sentimiento. Se levanto al darse cuenta de que estaba acostado.
Había una figura observándolo a su lado, no le podía ver el rostro, ya que este estaba cubierto por una capucha, le recordó al desconocido de la fe de los siete, pero no le importaba su identidad ahora.
— Disculpe, ¿sabe usted dónde estoy? — La entidad solo le dedico una mirada más y empezó a caminar hacia un castillo, ese se veía más acogedor que cualquiera.
Sin saber que más hacer lo siguió.
—Otro dragón que viene, demasiado pequeño, no será el último— alcanzo a escuchar un poco de lo que murmuraba, no le dio más importancia solo siguió el camino que el hacia con sus pasos.
Llegaron al castillo, y espero que la figura hiciera algo, esta solamente se giró hacia él.
—Entra esta será tu nuevo hogar, adentro te esperan— y desapareció en el aire. Con la mano temblorosa y dándose ánimos que se vieron arruinado cuando otra figura salió.
Espero de todo, pero eso no incluía ver al guardia de su madre, el que decían que era su padre, el que murió ardiendo como lo hizo su padre Laenor.
Lucerys está en shock mientras ve como Ser Harwin se le acerca.
—Mi príncipe, ha crecido desde la ultima vez que nos vimos— vio media sonrisa mientras él lo veía.
—Ser Harwin— fue el susurro que le salió, no podía creerlo, realmente estaba muerto y ahí estaba él.
—No quería que nos volviéramos a ver tan pronto— apoyo su mano en su pequeño hombro y lo miro directo a los ojos.
—Fuiste muy valiente, Lucerys— se abrazaron como no lo pudieron hacer en vida. Demostraron el cariño que no pudieron mostrar gracias a los rumores, Harwin hizo lo que siempre quiso y no pudo hacer, abrazar a sus hijos sin miedo a ser vistos.
—Padre— Lucerys lo reconoció, su padre, el hombre que lo engendro, su verdadero padre.
Ninguno sabe cuánto duraron así, se sentían tan bien, tan en calma, pero se separó un poco y confeso sus temores.
—Jamás pensé que consideraría a mi tío o a un dragón monstruos, creí que solamente quería mi ojo no mi vida.
—Mi hermoso niño, los monstruos se han ido, tu padre está aquí, pequeño dragón, nada malo te pasara ahora—le dio un beso en la frente sellando su promesa y se apartó, limpiándose rápidamente una lagrima traicionera.
—Te aseguro que me gustaría quedarme así, pero ahí una pareja que nos espera— entraron al castillo, en la sala principal, en un sillón estaba Viserys, el antiguo rey, su abuelo, sano como lo era en su niñez y no en sus últimos momentos, abrazando a una mujer igual a su madre. En su rostro debía de verse la confusión, porque Viserys hablo.
—Lucerys, te hemos estado esperando, te presento a mi reina Aemma Arryn, tu abuela— ahí entendió el parecido, ella era su abuela, la mujer sonriente que lo miraba con nostalgia. Les sonrió, una sonrisa tan genuina como la de ellos. Aun así, se giró a su padre diciéndole la única pregunta que le rondaba la mente.
—Pero, mi madre, ¿qué pasa con ella?, debe extrañarme— solo pensaba en eso, él no regreso a ella.
—Tu madre te amo demasiado, Lucerys, el tiempo aquí pasa más rápido que allá, tu madre ya se entero de tu muerte, te perdió, eso la destruyo, se ha iniciado la danza de dragones, ahora solo podemos esperar a que la nueva guerra termine y nuestros familiares lleguen— le respondió su abuela, no se cuestiono el como ella sabia todo esto, solo asintió, asimilándolo y dándose cuenta de lo que dijo, su familia va a morir pronto.
—¿Y el resto de nuestra familia?, los que nos traicionaron ¿pagaran? —
—Toda nuestra familia llegara aquí, solo debemos esperar mientras encuentran su camino o están con otros seres queridos, Ser Harold dejo una carta para cuando tu madre venga y Laenor esta junto a su hermana, ya vendrán. Los que nos traicionaron deberán responder por lo que hicieron, tendrán un castigo, pero también redención. — termino Viserys lo dicho por su esposa.
Lucerys entendió todo y le pareció justo, así que fue a sentarse junto a sus abuelos seguido por su padre, hablando mientras esperaban a los demás.
