Actions

Work Header

Mala Suerte

Summary:

Luke no entiende porque todo le sale mal. Siendo huérfano. Vagando de casa en casa de acogida. Metiéndose en problemas. Siendo arrestado un par de veces.
¡Algo malo debió hacer en su vida pasada para tal castigo!

Su vida cambia cuando peleando con unos chicos un extraño sale a defenderlo, y desde entonces todo se torna raro.

¡Mi nombre es Luke no Lucerys!

Au moderno, todos renacen y conservan sus recuerdos excepto Luke.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Estaba cayendo. No sentía nada. Ni frío. Ni dolor. Nada. Iba a morir. Mientras se hundía en el basto mar lo último que golpeó su visión fue una enorme sombra oscureciendo aún más el océano. Cerró los ojos.

 

Se sentía flotar, como si hubiera perdido la sensación de su cuerpo físico. Era un vacío donde no sabía si existía. Pudo escuchar una voz casi celestial que lo animaba a abrir los ojos. A pesar de no sentir los parpados ni las cuencas de los ojos algo en su interior lo ayudó a abrir los orbes azules. 

 

Fue recibido por un cielo azul, enormes nubes lo surcaban, no había ningún ruido además de la pequeña risa que soltó aquel ser cuando lo vio intentando mirar abajo.

 

Lucerys se encontró tirado sobre agua cristalina, no había ninguna onda que interrumpiera la imagen de espejo que ese líquido reflejaba. Las nubes se movían, todas a la misma dirección. 

 

Lentamente debido al recuerdo de sus extremidades se levantó, tropezando un poco en el intento. Ni siquiera ello perturbó el mar que yacía debajo de sus pies.

 

Tan pronto como se puso de pie el viento golpeó su rostro, se sentía tan fresco. En ese momento sintió un ligero apretón en la mano. La sensación erizo su piel. Intento girar la cabeza para ver al ser a su lado, sin embargo una fuerza mayor no se lo permitió. Bajo la mirada al espejo de agua en un intento por ver el reflejo, más no encontró nada. Solo las nubes y el cielo azul.

 

La figura comenzó a caminar y por inercia él también. Parecía que el paisaje no tenía un final, pues el espacio nunca cambió. 

 

Lucerys estaba muerto. ¿Acaso esto era el cielo? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Como estaría su madre? ¿Que paso con sus hermanos? ¿Que paso con el trono usurpado? ¿Aemond había regresado triunfante después de matarlo? Las preguntas lo estaban asaltando una tras otra. La incomodidad en su pecho se instalaba y crecía como una mancha oscura. 

 

_Si, estas muerto._ Soltó la voz del ser, con una risa pequeña. _ Y te equivocas Lucerys Velaryon, no estás en el cielo, este es el inframundo._ Dicho aquello las nubes se detuvieron y fueron reemplazadas por enormes estrellas. El cielo azul se oscureció con un chasquido de dedos. Frente a Luke un espejo enorme apareció, con bordes de oro y forma circular.

 

Luke se dio cuenta de su incapacidad para hablar en el momento en que quiso gritar y ningún sonido salió de sus labios. La sorpresa lo sofoco. Eran tantos sus pecados que terminó en el lugar más temido por todos. Se había equivocado tanto, sacando el ojo a su tío, al que alguna vez amo, siendo un niño engreido y consentido, rechazando sus obligaciones como heredero de Driftmark. A pesar de tener un espejo frente a él no tenía ningún reflejo.

 

_ Te equivocas niño, tus pecados no te han traído acá_. Exclamó la voz, con un tono más ronco, _ Yo he robado tu alma para traerla conmigo. Algo tan precioso y perfecto nos cayó de ese mundo tan ruin y sucio, no podía dejarlo ir._ Y chasqueando los dedos el espejo mostró imágenes de la persecución que arrebato la vida del joven Luke, los gritos y risas de Aemond eran un eco en sus oídos y cuando se veía terminado el juego del gato y el ratón enormes dientes partieron a la mitad al dragón y su jinete, los pedazos terminaron en el mar. 

 

Enormes lágrimas surcaban sus ojos, no podía parar de llorar, aún si ningún gemido salía de sus labios el llanto estaba presente. Ese había sido su final. La muerte de un chico de 14 años. Sin nada que saber del mundo. A pesar de que el oxígeno ya no era necesario se sentía hiperventilar. Su bello dragón estaba muerto. Desgarrado. Quedando solo una masa de tripas y escamas al azar. Todo fue su culpa.

 

Fue el ligero beso en su frente el que detuvo el llanto y por primera vez lo pudo ver. La figura frente a él tenía que ser un Dios. Alto y de extremidades largas. Tenia el cabello gris cayendo por su cuerpo de forma ondulada. Usaba una tunica blanca, sus hombros cubiertos por una armadura negra. Parecia inmaculada. Sin rasguños ni indicios de deterioro. Ni siquiera el acero Valiryano era tan solido. Unos enormes ojos negros lo miraban. Con pestañas espesas y blancas. Un símbolo extraño decoraba el interior de ambos ojos.

 

_ Has caído a mi como un ángel, con las alas arrancadas y el alma destrozada. Yo te he sujetado como una madre sujeta a un hijo. De mi gracia estas bendecido y es por mi gracia que has vivido. Lucerys, ¿te gustaría ver algo? Mi mano no te permitirá voltear la mirada ni apretar los ojos porque lo que verás ahora es tan hermoso que negartelo sería una falta a esta alma tan magnífica._ Y en ese instante Lucerys pudo conocer un dolor más grande que el de morir en las fauces de un dragón.

Muerte tras muerte. Inocentes pagando por crueles. Cada uno de sus hermanos asesinado. Jacaerys muerto sin haber saboreado su derecho de nacimiento. Helaena cometiendo uno de los peores castigos al alma, el suicidio. Como culparla, cuando la muerte de Lucerys llevo al destino a cobrarse un hijo por hijo.

Su abuela muerta por culpa de Aegon. Su madre, su dulce madre amorosa, ella no se merecía nada de eso, no merecía ser quemada. Morir frente a Aegon. Quería cerrar los ojos, su pecho y garganta se sentían apretados. El llanto no paraba. Cada lagrima era robada por ese Dios. Un Dios que no borraba la sonrisa de su rostro. Si Lucerys pudiera hubiera arrancado sus ojos. Apuñalado su corazón. Vio a Alicent morir sin la crueldad que se merecía. Daemon y Aemond enfrentándose, sangre contra sangre. Dragón contra dragón. Aemond pereciendo con una espada clavada en el cráneo. Daemon cayendo. Su pequeño hermano Aegon III coronado. La sangre verdadera de los Targaryen en el trono. Más tiempos de paz. Más tiempos de guerra. Y el mundo olvidando de lo que la sangre del dragón era capaz. La imagen se detuvo. El cuerpo le pesaba. Sus lágrimas ahora formaban parte del cosmos en forma de estrellas. El Dios parecía satisfecho. Así que eso era lo que había pasado. No supo cuanto tiempo estuvo así. El tiempo no existía en el lugar dedujo.

 

_ Esto es mi culpa _. Y la sorpresa atravesó su mente, podía hablar.

 

_ Has visto como tu casa cae y se derrumba pilar por pilar. Lo considero un espectáculo divertido, aunque debo decir predecible._ El Dios tomo a Luke y lo coloco en la palma de su mano. No le había parecido tan grande hasta ese punto. Dedos largos tocaron su pecho y de él extrajeron una gema preciosa que fluctuaba en colores, pasando del blanco al negro, del rojo al azul. La luz que emitía era más brillante que muchas estrellas. _Ni siquiera la vista sangrienta que he proyectado para ti pudo cambiar tu espíritu. Eres perfecto_. Lucerys le miraba. Esa joya estaba dentro de él. Era suya.

_ ¿Cuál es tu nombre?_. Y es aún cuando aquella figura le causó un enorme dolor no pudo sentir resentimiento a él. Sólo a sí mismo por ser débil, por no disculparse nunca, por empujar una guerra. 

 

_ Hipnos. Dios del sueño._ Y con un pestañeo la oscuridad, el espejo, las estrellas, todo se borro. Ahora se encontraba en un templo. Iluminado por pequeñas velas y farolas. Al frente yacía un trono de piedra. Con figuras de seres extraños y en un rebosante color negro. 

El Dios bajo la mano y permitió a Lucerys poner los pies en el suelo. El Velaryon puso sus ojos en cada cosa del templo, todo era tan glorioso. Mientras Hipnos se dirigió a su trono, cuando se sentó sobre el varias figuras aparecieron rodeando el lugar. Todos estaban hincados. 

 

_ Sea bienvenido su ilustrisima. Es una recompensa poder verlo nuevamente. No hay mayor virtud que postrarnos ante usted._ hablo una de las figuras presentes. Luke miró que portaba una armadura negra con toques dorados en codos y puños. Su casco llevaba dos cuernos parecidos a los de una cabra. 

 

_ Ikelos es suficiente. Tu voz me molesta._ Luke dio un brinco cuando la voz tan tranquila que había llenado sus oídos desde que abrió los ojos se había transformado en un grito gutural y monstruoso. Ninguno de los presentes se levantó, permaneciendo arrodillados.

 

_ ¿Quien es el chico su ilustrisima?_. Pregunto una chica, también portaba una armadura pero su casco en vez de cuernos llevaba dos colas de alacrán que se cruzaban al medio. 

 

Vio a Hipnos chasquear la lengua _Siempre preguntando sin autorización Hakurei_. La chica sólo se río. Acto seguido se levantó y corrió hacia Luke. _Huele muy bien, es un pez gordo. Concedame navegar en sus sueños mi amado Dios._ La duda lo recorrió, a que se refería con eso. No entendía. Hipnos que leía cada pensamiento suyo le dió la respuesta.

 

_ Volverás a nacer chico_. Y está vez si que debía estar loco. Regresar a la vida en ningún momento cruzo su mente.

Escucho muchos sonidos de sorpresa y exclamacion, por un momento se había olvidado de los demás presentes. La chica que al parecer tenía por nombre Hakurei lo rodeo con sus brazos y apretó muy fuerte. _Ya es hora, ya es hora_. Le susurraba.

 

Otro de los presentes se levantó mostrando indignación _ Mi señor, es una regla que cada alma traída por usted pase por un juicio antes de decidir si volverá a los vivos o no._ Una mueca se formó en Hipnos. 

 

_ Ya lo he decidido, como una recompensa mía._ Tenía que ser una broma. Eso significa que iba a regresar. No. Eso implicaba aún más. Significaba que todos iban a volver. Que tal vez su familia también tendría esa oportunidad de regresar a los vivos.

 

_ No funciona así Lucerys. Es cierto, cada alma tiene que pasar por un purgatorio antes de regresar a la vida. Pero, no aplica para todos. En tu caso, siendo alguien tan especial y único no solo volverás, sino que te déjare conservar tus recuerdos y vivir una vida llena de gloria y felicidad. Nada te faltara. Serás privilegiado y nunca conocerás el dolor. Así será hasta el fin de tus días, y cuando regreses de nuevo a mi me encargaré de darte una función a mi lado._ Hipnos sonrió al terminar, Hakurei aplaudía muy feliz, los demás presentes se levantaron y solo guardaron silencio. Sus miradas enfocadas en el joven. No podía callarlo, tenía que decirlo.

 

_ Es un regalo único Dios Hipnos, algo que no merezco. Pero no puedo evitar pensar, que pasará con los que amo. Mi madre, hermanos, Daemon, mis tíos y sobrinos. Inclusive mis abuelos. ¿Todos ellos van a volver?_. Si era cierto, entonces quería reunirse con ellos otra vez, abrazarlos, dejar los rencores de lado y estar juntos. No había cosa más deseada para el que ver esos rostros que amo, odio, y maldijo.

 

Hipnos le miraba. Sabía el tren de sus pensamientos. _No. Los llamados Daemon Targaryen, Aemond Targaryen, Aegon Targaryen, Rhaenyra Targaryen y Alicent Hightower no merecen más que terminar desechos en el inframundo. Ellos serán castigados y de regresar a los vivos lo harán en la desgracia y el infortunio. No serán más que ratas pisando el mundo._ Los ojos del dios bailaban en ira cuando dijo lo último, su voz de nuevo elevada de forma bestial.

 

_ Tiene que haber una forma de salvarlos_. Grito Lucerys. No podía estar pasando esto. No era justo. Como podía ser. No lo iba a permitir.

 

_ Para que salvar gemas tan despreciables y sucias, es una pérdida de tiempo. Además los sueños en ellos nunca son gratificantes para nosotros. _ Hakurei dijo. Aún colgada de Luke. _En cambio tú eres casi como un soplo para nosotros. Nunca nos veremos apagados contigo allá._ 

 

Luke aún no entendía a que se refería, lo único en su mente era salvarlos. Recordó que el Dios lo llamó una "recompensa". Era la única forma.

 

_ Dios Hipnos, usted hablo de hacerlo como recompensa hacia mi. Después de ver como mi casa caía y ser objeto de un dolor tan grande tengo derecho a escoger mi recompensa_. Y con eso todo el templo quedó en un estupor. Cada rostro reflejaba sorpresa genuina. Algunos llevaron las manos a su boca en busca de contener el gemido de indignación.

 

_ ¡Como te atreves a pedir algo asi! ¡Deberías estar agradecido humano asqueroso! ¡Obtendré tu alma y la haré pedazos! ¡Quien te has creído para hablar así a nuestro señor!_. Lucerys escuchaba todo aquello pero no iba a flaquear. No estaba asustado. Ya estaba muerto, que más podría pasar en ese punto. Algunos de los presentes llevaron sus manos a un costado de sus armaduras, palpando lo que parecía ser la espada que portaban. 

 

_ ¡Esto es inaudito! !Lo haré yo!_. Grito uno de ellos para correr hacia Lucerys con la espada en mano. En vez de metal estaba formada de algo que parecía polvo. Tal vez polvo de estrellas. Por inercia Luke levantó los brazos para cubrirse y apreto los ojos. Espero un golpe que nunca llego. Cuando abrió los ojos Hakurei sostenía una espada también y estaba deteniendo la de su compañero. _ No te atrevas a dar un paso más Rickon o no tendré piedad_. Lo salvaje de la situación estaba alcanzando a Luke. Su pecho vibro. Ambos apretaban los dientes y un aura furiosa los rodeaba. Los demás parecían listos para sacar sus armas y comenzar una batalla ahí hasta que el templo crujio y la sala se puso de un negro total. El espacio rodeaba a Luke de nuevo. Miró al frente e Hipnos que todo este tiempo estuvo callado se levantó del asiento. Estiro el brazo y en un parpadeo Rickon yacía en las manos de su amo. El Dios apretó fuerte su cuello y lo trono de una. Pero no se detuvo ahí. Apretó tan fuerte que pronto el hombre terminó echo polvo. Eso basto pata que cada uno de los presentes se hincara y agachara la cabeza casi como si desearan que el mar cósmico debajo de ellos se los tragara. Estaban aterrados. Luke debería estarlo. No tenía miedo. Hakurei guardo la espada y se dirigió al lugar que había ocupado al principio, inclinándose también. 

 

_Parece que mis espectros no han aprendido de modales en todo este tiempo juntos._ dirigió su mirada a Lucerys, sus orbes negros clavados en los azules ajenos. _ Mis disculpas joven Velaryon. Debo decir que tus palabras me desorientaron, admiro esa valentía tuya. Ningún humano se ha dirigido con ese fuego en el interior hacia mi, eres una cosa extraordinaria que quiero poseer._ Hipnos se relamio los labios. _ He decidido conceder tu petición, pero algo así de grande tendrá un costo. ¿Que estas dispuesto a ofrecer?_. Ahí estaba la pregunta, algo que Lucerys veía venir. Pero, ahora que lo tenía no iba a soltarlo.

 

_ Traerás de vuelta a la vida en esta nueva era las almas de todos, absolutamente todos, aún si están condenadas las salvarás. Quiero que sus recuerdos estén intactos, que sepan sus faltas para que puedan enmendar cada error y unirse como la familia que son._ Las cartas estaban sobre la mesa sol tenía que terminar la jugada._ Los regresaras juntos, sin separarlos. Eso los hará amarse y perdonarse... A cambio yo rechazo toda la virtud y el regocijo que pude haber recibido en esta nueva vida. No tendré nada, ni siquiera mis recuerdos. El dolor será lo único que conozca y viviré en tierra el purgatorio que debió caer en ellos._ No habia vuelta atras. _Ya tienes mi alma Hipnos, cuando lo desees podrás reclamarla. A pesar de todo confío en que nisiquiera el dolor que caiga en mi ensuciara mi espíritu. ¿Aceptas?_. Y con Lucerys termino. La ansiedad lo carcomia. El silencio sepulcral era demasiado. Las caras que hace un momento parecían furiosas ahora tenían un deje de lástima. La única que sonreía era ella, Hakurei, su sonrisa cada vez más grande con cada palabra que había salido de su boca. 

 

_ Esta decidido. Así lo has querido. No hay nada que disfrute más que ver un buen espectáculo. Esta vez mi show será ver como tu alma se corrompe parte por parte, y cuando no quede nada más en ti aun así me pertenecerás. Manchado y quebrado por el mundo moderno. Formarás parte de mi y serás testigo toda la eternidad de lo cruel que puede ser un Dios._ El oxígeno inexistente salio del pecho de Lucerys, su trabajo estaba terminado. Había salvado a su familia, su sangre. De pronto un chasquido sonó en la habitación y todo se puso negro, no veía nada. 

 

Lo último que sintió fueron un par de labios rozando los suyos. Sus parpados cayeron y todo se disolvió.

___________________________________________

 

Unos gritos resonaban en el pequeño callejón. El lugar estaba sucio, con agua estancada debido a la lluvia. Algunas ratas corrían para evitar mojarse. 

Los gemidos lastimeros se debían a la mujer que ahí yacía, tirada en una esquina, oculta por los contenedores de basura, dando a luz a un pequeño. Ella mordía su brazo mientras pujaba, los ruidos opacados por esa lluvia. Sino fuera por el clima probablemente estaría rodeada de personas y en camino al hospital, más no quería nada que ver con hospitales ni lo que venía después, policías. 

Pujo tan fuerte como pudo pero nada salía. Iba a morir si ese bebé seguía ahí atorado. Reuniendo coraje y fuerzas dio unos últimos pulidos hasta que lo escucho. Un llanto. Un fuerte llanto. La criatura llena de sangre y fluidos. Tomando un cuchillo viejo la mujer corto el cordón como pudo, se quito el sueter sucio que traía encima y con ese envolvió al bebé. Era un varón. Levantándose con lo último que le quedaba se asomo a todo el callejón, nadie venía, nadie la vería salir. Busco el lugar más seco, que era sobre una caja de cartón la cual aún no había sido alcanzada por la lluvia. Miró por última vez al bebé, y lo dejó ahí. Ella se marchó sin mirar atrás.

 

Cuando la lluvia se detuvo y un ebrio se acercó a orinar en lo oscuro del callejón lo encontró. Quince minutos después la policía estaba ahí y el bebé envuelto en una manta limpia. Más tarde fue llevado al hospital para ser examinado.

Dos días después el Orfanato del Sagrado Corazón de los Siete recibió al pequeño sin nombre.

Las hermanas que acompañaban a los niños viendo La Bella y la Bestia de Disney, fueron llamadas por la llegada de la criatura. Todas lo miraban enternecidas. 

A una de ellas, la más joven, se le ocurrió usar el nombre del actor que la hacía de Gaston en la película. 

Así, ese día, el bebé sin nombre ya tenía uno. 

Luke.