Chapter Text
5:00 de la mañana.
El sol apenas se estaba asomando sobre las inclinadas colinas del campo. Los pájaros empezaban a hacer su canto matutino, siendo acompañados por los gallos de los gallineros de las distintas fincas que estaban repartidas a lo largo y ancho de aquel valle escondido en medio de las colinas, cerros y montañas niponas.
Sin que aquel bello espectáculo fuera interrumpido. En una de las fincas que adornaban el paisaje rural, en una de las habitaciones de aquel viejo edificio de madera, una chicharra de un viejo despertador hizo que el huésped que dormía plácidamente tuviera que salir de su ensoñación.
No dando mas vueltas al asunto, estiró con holgazanería su brazo, para que pudiera alcanzar el fastidioso despertador para poder apagarlo en ese instante.
Así, una vez cometió el cometido de apagar su despertador, juntó las energías para para poder levantarse de las sábanas y sentarse en su cama. Una vez ahí, simplemente se estiró para poder relajar sus músculos y deshacerse de la tensión que se posaba sobre su cuerpo.
Cuando sintió la relajación extendiéndose por sus músculos, este por fin pudo levantarse, de manera perezosa, de su cama. Pero al final, se levantó.
Sin dar mucha vueltas al asunto, fue directamente al pequeño cuarto de baño a su disposición. Una vez en este lugar, abrió el grifo del lavabo y el agua empezó a salir con fuerza, tomó una gran cantidad de aquel vital líquido entre sus manos para poder asearse el rostro. Despertándose definitivamente.
Posteriormente, después de lavarse el rostro y se cepillo los dientes, quedando estos impecables. Después regresó a su habitación y se dispuso a cambiarse de ropa, quitándose su ropa para dormir por la ropa que usaba todos los días para su rutina matutina.
Unos tenis negros, unas calcetas deportivas blancas con franjas rojas y azules delgadas en la parte del tobillo, un short azul marino, una camiseta blanca holgada y una gorra del mismo color que sus shorts conformaban dicha vestimenta.
Sin más, tomó de la parte superior de su buro su SDAT, y del cajón inferior del mismo mueble, busco entre la gran variedad de casetes, el cual usaba para hacer deporte.
Una vez lo encontró, retiro el que se encontraba en su SDAT, reemplazándolo por el que había buscado momento antes. Pues este contenía música más rítmica y agradable para hacer ejercicio.
En cuanto este estuvo listo, dejo el caset con el resto, cerrando el cajón y retirándose de su habitación donde había vivido la última década.
Camino sin más entre los pasillos de la casa hasta llegar al exterior, en la fachada de dicha vivienda que daba a la calle a medio pavimentar. No se podía quejar del estado de la vialidad, apenas si pasaban personas por ese lugar. Ya que se encontraban en las periferias del pueblo.
Una vez fuera, hizo estiramientos de calentamiento, a la par que trataba de despejar la mente.
Otra vez había tenido ese extraño sueño... o viejo recuerdo. Ya no sabía si era la primera o segunda opción, pues conforme el tiempo pasaba, se le hacía más difícil recordar fragmentos de su infancia. Y así, diferenciar que era real y que era producto de su hiperactiva imaginación era cada vez más difícil.
Tratando de no dar más vueltas a ese asunto, trato de borrar rastros de confusión en su mente, debía concentrarse en su rutina matutina.
Al terminar los estiramientos y ejercicio de calentamiento previo, se puso sus auriculares, y después de asegurarse que su reproductor SDAT estuviera bien sujeto en sus pantaloncillos, empezó a trotar calle abajo, rumbo a los plantíos de arroz.
Mientras trotaba a paso rápido, el brisa matutina le refresco un poco. El verano eterno era hermoso en la aldea donde él se había criado, escondido en medio de las montañas y el frondoso bosque, aquel lugar era un hermoso rincón del mundo, en pocas palabras.
A la par que escuchaba música rítmica, idónea para el ejercicio, pudo ver con placer como los rayos del sol empezaban a alumbrar, con majestuosidad, el valle entre la cordilleras niponas. Una digna imagen que se podía darse el lujo ver cada mañana.
Sin darse cuenta del transcurso del tiempo y sumido en la música que lo embullo, ya había llegado hasta el final de la colina, hasta los plantíos de arroz cerca del arroyo que dividía el valle en dos, unos dos kilómetros de su hogar para ser exactos.
"Vaya, si que pasó el tiempo volando", pensó, por lo que cambió de rumbo, pues si seguía en el mismo, llegaría al pueblo.
Pasando a paso veloz entre los caminos que dividían los plantíos y canales de riego apretó más y más su paso, pues debía regresar temprano. Así, mientras cruzaba a través de las hierbas altas, vio como los habitantes del lugar empezaban a salir de sus hogares para poder dirigirse a sus trabajos, ya sea en el campo, en la aldea o en alguna fábrica en las afueras del valle. saludando a unos cuantos que se encontró en su camino con un simple saludo de manos.
Después de cruzar los plantíos, siguió por el camino paralelo a la calle que daba a su hogar, para poder subir colina donde estaba situada la cabaña del señor Kurokawa.
Al final, Shinji, quien en ese momento sentía estar tardando más de lo acostumbrado. Trato de apretar el paso, pues sabía lo obstinado que era el viejo Sensei, quien insistía en hacer labores pesados para alguien de su edad.
Cuando llego a eso de las 6:15 de la mañana a la cabaña, el ruido de leños siendo cortados provenientes del interior de esta, fue indicativo que el viejo Kurokawa ya estaba haciendo los deberes que, desde hacer relativamente poco, él ya había empezado a realizar por iniciativa propia.
Así que ingresó a la vivienda, aún con la respiración algo errática y él puso algo acelerado, pues sabía que debía detener el viejo profesor si quería evita que se lastimara.
—Buenos días, profesor Kurokawa... saludo mientras entraba en la vivienda. —Le dije que yo me ocupo en cortar la leña. No quiero que se vuelva a lastimar el hombro como la última vez...— comento el castaño mientras entraba al patio central dentro de su hogar.
—Joven Ikari, buenos días. — respondió el viejo hombre desde donde el se encontraba. —Insisto en hacerlo, no quiero sentirme más viejo de lo que ya estoy. — dijo con cierto tono de terquedad el sabio profesor, quien traía puesto un viejo overol con tirantes, que cubría su ropa que este había optado en usar dicha mañana. A la par que sostenía una vieja hacha.
—Insisto. Se ha estado sintiendo más cansado últimamente. Debería descansar. — argumento Shinji, mientras se limpiaba un poco del sudor de su frente con su brazo derecho.
—Está bien, pero déjame terminar ese par de leños, lo mínimo que quiero es sentirme como un estorbo o una carga para ti, ya es más que suficiente que te encargues del aseo y mantenimiento de la casa... sin decir de la comida. — comento Kurokawa mientras miraba a su joven pupilo preocupado por el.
Así, el viejo Kurokawa, aun con protestas de su pupilo, tomó el hacha y cumpliendo con su palabra, corto media docenas de leños de tamaño medio, ya que no podía cargar los más grandes. Aun así, este se sintió contento de contribuir con su granito de arena aquella mañana a los deberes del hogar.
Shinji, terminó por ceder con el viejo. Lo quiera y estimaba, aunque detestaba que fuera tan obstinado y necio.
Sin más, se retiró confiando en la palabra del viejo hombre y fue hasta su habitación, aprovechando el trayecto en hacer varios estiramientos de enfriamiento para evitar calambres y entumecimientos después de una carrera de 6 kilómetros. Nada mal, si tomaba en cuenta que hace dos años atrás, apenas podía aguantar menos de uno sin no antes dar un par de descansos.
Nunca fue alguien de deportes, así que esta rutina era un verdadero esfuerzo, pero al final sabia que valdría la pena al final. Ya que en ese instante un rostro en especial se aparecio en su mente, haciendo que este se sonrojara al recordarla.
Al final, tomó los pocos leños que aún quedaban a lado de la caldera, para ponerlos en el esta y encenderlos, pues a falta de una caldera gas, se calentaba el agua del baño con un boiler de leña. Algo anticuado, pero era lo que había.
Después de un profundo baño, Shinji, fue a cambiarse por ropa más apropiada, antes de ir a preparar el desayuno. Optando por un pantalón de mezclilla oscuro con un cinturón negro, camisa blanca, y tenis azul marino.
Como era de ser, mientras el joven Ikari fue a la cocina directamente a preparar el desayuno, el viejo Kurokawa, encendió la radio. La rutina usual entre ellos dos. Pues eran los únicos habitantes de aquella casa.
Kurokawa había enviudado poco antes de la llegada de Shinji, así que no había una señora Kurokawa que acompañara al viejo docente. Por lo que fue una sorpresa, aunque dolorosa por las circunstancias, que su viejo pupilo, Gendo Rokubungi, le encargara a su hijo cuando este último también enviudó.
Treinta minutos después de iniciar su labor, el castaño llamó al viejo Sensei para que fuera a la mesa a degustar su delicioso desayuno. Siendo, por el olor que inundaba la casa, huevos revueltos, con algo de tocino y té caliente.
Aunque hubiera preferido un desayuno más japonés, sabía que este desayuno le sentaba bien a Ikari, principalmente por ser un jovencillo en pleno desarrollo y crecimiento.
"Bendita juventud", pensó el viejo, mientras veía como aquel niño tímido y triste que llegó a su hogar hacía tantos años atrás, se había convertido en todo un jovencito de 14 años.
No era un chico fornido, pero estaba bien desarrollado. El constante esfuerzo físico que implicaba vivir en el campo, hizo que Shinji desarrollara cierta destreza física al cabo de los años. Aunque, según el punto de vista del sabio hombre, había algo que había motivado a Shinji a hacer más ejercicio de lo que este hacía con anterioridad de un tiempo para acá.
Dejando aquellos pensamientos, se enfocó el viejo en saborear y degustar la obra culinaria hecha por su discípulo.
Si bien, no era un chef de nivel mundial, si se lo proponía, el joven Ikari podría llegar a hacerlo en un futuro.
Al cabo de una hora, donde degustaron a gusto su desayuno en compañía del otro. Ambos se dispusieron a hacer sus respectivos labores.
Cómo hombre de palabra, Shinji se encargó de hacerse cargo de cortar suficiente leña para la caldera de agua para los próximos días, luego se encargó de barrer y limpiar la casa a conciencia, dejándola inmaculada en el proceso. Al igual de dejar en orden su habitación, tendiendo su cama y limpiando el poco desorden de esta. Pues era un amante del orden y de la limpieza, casi rayando con lo obsesivo compulsivo en este caso.
Mientras tanto, el viejo profesor Kurokawa se encargó de lavar los trastes y los utensilios sucios que había usado su aprendiz para poder hacer tan exquisito desayuno. Así como asear su propia habitación, pues era su rincón de privacidad.
Al final, poco antes de las dos de la tarde, ambos habían terminado sus respectivos trabajos de aseo respectivamente. Así que sin más pendientes que la comida de ambos, la cual se prepararía unas cuantas horas más tarde, los dos se dispusieron hacer cosas banales.
El viejo profesor, como era típico en él, simplemente fue al pórtico de su hogar para poder leer uno de los cientos de libros que el poseía en su biblioteca privada. Agradecido de la brisa fresca del verano y el radiante sol en el cielo despejado. Mientras que Shinji, al no tener más que hacer, opto por repasar algunos temas de la escuela que se le estaban dificultando en su habitación.
Si bien, no era el mejor estudiante, era uno que se esforzaba. Siendo, para su gratitud, uno de los mejores diez estudiantes de su escuela.
Mientras se enfocaba a revisar temas de física, en el pórtico, un cartero llegó al domicilio de ambos, entregando a Kurokawa una carta peculiar. Y más cuando vio quien era el remitente.
—¡Shinji!, ¡Shinji, ven, por favor! — los gritos de Kurokawa hicieron que el castaño rápidamente saliera corriendo de su habitación en búsqueda del viejo hombre, pensando que este se había lastimado o algo por el estilo.
—¡Profesor Kurokawa!, ¿se encuentra bien?... — pregunto genuinamente preocupado. Pensando en el peor de los escenarios.
—Chico, hay una carta para ti... — comento Kurokawa a su pupilo, entregándole a éste la carta que había llegado hacía poco.
—¿Para mí? — pensó en voz alta, incrédulo, pues nunca recibía cartas de nadie. Tomándola sin mas.
—Es de tu padre. — sin más, el viejo profesor dijo quién era el remitente de dicha carta.
Shinji no dijo nada, solamente se limitó a abrir la carta, la cual estaba escrita en una hoja membretada con el logo de ¿NERV?
Por algún motivo, aquel nombre se le hacía conocido.
La carta no decía nada relevante, decía que su padre, Gendo, quería que él se mudara con él a Tokio-3. Además de esto, tras la carta, estaba anexada una hoja, igualmente perteneciente a NERV, con una identificación con su fotografía. Al igual que un billete de tren a Tokio-3 que debía abordar en Tokio-2, con fecha de viaje para el día siguiente.
Habían pasado ¿qué?, tres años. Desde que se vieron por última vez, y no fue precisamente agradable, apenas si cruzaron palabras, solamente se habían reunido para ir a la tumba de su difunta madre, y como era de esperarse, Gendo actuó de una manera distante y fría. Típico en él.
Desde entonces la comunicación fue prácticamente nula, pues con el profesor Kurokawa tenía más que suficiente como para esperar algo de Gendo.
—¿Qué dice Shinji? — pregunto genuinamente preocupado Kurokawa, al ver como un profundo ceño se instauró en el rostro de su discípulo.
—Quiere que vaya a Tokio-3... — apenas dijo sin estallar en cólera. Aunque estaba a nada de reventar cual bomba inestable.
—¿Seguro? — cuestiono, tomando la carta para leerla bien.
Efectivamente, le ordenaba, sutilmente a Shinji, que se fuera a Tokio-3 a la voz de ya.
Si era honesto, el canoso hombre no estaba seguro, sabía que Shinji y Gendo apenas si se conocían, fuera de los informes que los hombres de la sección Dos, los cuales él estaba al tanto, suministraban, muy... pero muy esporádicamente sobre el joven castaño a su lado a quien una vez fue también su protegido.
Al cabo de varios minutos de incómodo silencio, Shinji salió de sus pensamientos.
Tenía una tormenta de emociones y sentimientos, así como de rencores y resentimientos en su mente. Después de abandonarlo, de dejarlo solo, sin titubear ante su decisión, este quería regresar con el... bueno, que él fuera a este a Tokio-3.
—¿Qué vas hacer Shinji? — preguntó el viejo profesor.
—¿Qué cree que voy hacer? Mi padre, quien me abandonó, me exige que vaya con él a Tokio-3, sin decir o escribir una disculpa o algo por el estilo. — empezó a soltar lo primero que pasaba por su cabeza sin siquiera medir sus palabras. — ¡¿Qué se cree?!, que estoy a su disposición, que voy ir ahí en busca de su afecto y amor. Cuando este no se tocó el corazón al abandonarme. — esas palabras tenían, en cierto punto, algunos asuntos pendientes entre él y Gendo. Pero Kurokawa, sintió con pesar, que Shinji se sintiera abandonado aun cuando habían vivido por mas 10 años juntos. Le dolieron las palabras, aunque sabía que Shinji no estaba pensando debido a la indignación. Esto no restaba el dolor a sus palabras.
Después de blasfemar de su padre por unos minutos más, Shinji se calmó. Fue entonces que se dio cuenta de las palabras hirientes, aunque no intencionales, que tocaron a su Sensei.
—Señor Kurokawa, no era mi intención...
—No te preocupes, sé que es una noticia inesperada y en cierto punto, toca una fibra sensible en ti. — interrumpió. — Se que no era tu intención decir que no te sentías feliz con mi compañía. — finalizó. Mientras salía de la sala rumbo a su habitación.
Shinji se quedó ahí, solo y sin poder decir una disculpa en ese momento. Si bien, Kurokawa no era su padre, fue casi uno para él, casi.
Después de minutos de soledad, los cuales fueron una eternidad para Ikari, este optó por guardar la carta, el billete de tren, y la identificación en su habitación, aunque no reparó mucho en donde cayeran.
Poco después, este en un intento de reconciliación con su Sensei, optó por preparar la comida, haciendo los platillos favoritos de su Sensei para tan siquiera, enmendar las cosa, aunque internamente no estaba feliz con la orden de su padre.
Cuando la comida estuvo lista, el castaño llamó a su Sensei, el cual no demoró en llegar a la cocina.
La comida fue, por decir menos, un tanto incómoda.
Si bien, ambos disfrutaron de la compañía, no cruzaron palabras que no fueran un "gracias" o "por favor, pásame tal cosa, etc.".
Fue cuando Shinji servía el té, cuando Kurokawa rompió la tensión.
—Shinji, sé que no soy tu padre. Y nunca pretendí serlo. Pero te estimo como si fueras mi hijo. – empezó a hablar con seriedad, aunque había algo de tristeza en su voz. Pues el viejo profesor nunca tuvo hijos propios con su difunta esposa. —Pero creo, que deberías tomar esta oportunidad para reconectarse Gendo y tu. Uno no sabe cuándo pueden darte una segunda oportunidad. Si genuinamente Gendo quiere reincorporarse a tu vida, tomando el rol de padre, como tuvo que hacerlo en su momento, no veo mal que vayas a Tokio-3 a reencontrarte con él.
—Pero...
—Aun no termino. — interrumpió a Shinji. — No te cuesta nada ir a ver a Gendo.
—Pero qué será de usted, no hay nadie quien le cuide. — comento preocupado por su Sensei. Si bien no era aún un viejo incapaz de mantenerse por sí solo, ya no podía hacer muchas de las cosas que usualmente podría hacer un joven como era él.
—Lo sé, pero también puedo cuidarme por mi cuenta. — argumento.
—Aun así, no creo que pueda ser feliz en Tokio-3
—¿Por qué? — cuestionó el viejo profesor.
—Porque no estoy acostumbrado a vivir en la ciudad. — mintió, sabía internamente que había una razón por la cual no quería irse de la aldea. Una la cual le estaba doliendo en el fondo de su pecho, pues era probable que no pudiera volverle a ver.
—Eso es absurdo Shinji. — comento Kurokawa mientras tomaba un sorbo de su té de menta. — Además, si no te sientes cómodo en Tokio-3 o con tu padre, puedes regresar aquí. Serás siempre bienvenido. — comento con una sonrisa.
Shinji no debatió con el viejo sabio, dio un punto muy válido.
Si bien, podía ir a Tokio-3 y ver si su padre, genuinamente quería empezar de cero. No le costaba ir. Al final, Gendo fue quien le pagó un boleto de tren directo a Tokio-3.
Si no resultaban las cosas, podía regresar a la aldea sin ningún problema, pues, como Kurokawa le dijo, podía regresar si consideraba oportuno.
—Lo haré... — susurro.
—¿Qué dijiste? — pregunto el anciano, al no poder escuchar bien el susurro de Shinji.
—Que lo haré. Voy a ir con mi padre. — sentenció con voz normal. — Pero si no resulta, no dudare en regresar aquí.
—No te preocupes, mi casa siempre será tu casa. — dijo el profesor. —Y en caso de que Gendo no quiera darte para tu retorno, tengo una solución. — comento el viejo, mientras salía del comedor, rumbo a su habitación.
Un par de minutos después, este regreso con lo que parecía ser un viejo baúl de madera, apenas más grande que una caja de chocolates. Este abrió el baúl, y sacó un pequeño fajo de billetes.
—Este es un dinerito que tenía ahorrado para una emergencia, pero creo que es hora que se use. — comento mientras sacaba unos cuantos.
—No puedo aceptarlo Kurokawa, es su dinero, lo que menos quiero es quitarle más... — se excusó de tomar el efectivo, pero el viejo negó con la cabeza.
—No hay porqué preocuparse, en un par de días me llegará mi pago de pensión. Además, tengo los ingresos de las asesorías privadas que doy a los chicos del pueblo. — comento. —No te doy este dinero para que te lo gastes en cosas banales, es un dinero de emergencia, por si tienes que regresar o surge algo en el camino. — finalizó entregando a Shinji el efectivo.
Sabiendo que no recibiría el dinero de vuelta, Shinji no tuvo de otra que aceptar. —Gracias. — dijo. — Pero prometo que, en caso de no regresar, me encargare de enviarle el dinero y si es posible un poco extra. — prometió.
—No es necesario, pero si gustas...— comento mientras cerró su pequeño baúl. —Bueno, se está haciendo tarde, así que ve y empieza a empacar tus cosas, mañana hay que ir temprano a la estación de autobús que te llevará a Tokio-2, así que tenemos que irnos temprano a dormir.
—Está bien. — respondió Shinji a Kurokawa. — Bueno, creo que será la última vez que voy a limpiar la cocina en un buen tiempo. — dijo algo nostálgico al ver la cocina.
—Qué te parece, si la limpiamos juntos, así podremos hacerlo juntos. — comento el viejo.
—Está bien, profesor.
Sin más, ambos finalizaron el aseo de la cocina, dejando inmaculado el lugar preferido de ambos.
Después de limpiar la cocina y el comedor, Shinji fue a empacar sus cosas, como prometió a Kurokawa. Empacó su ropa y las pocas pertenecías en dos maletas, así mismo, se encargó de empacar los útiles escolares que había comprado para el siguiente ciclo escolar, pues tendría que asistir a la escuela en Tokio-3 por lógica.
Antes de las 9 de la noche, todas sus cosas estaban empacadas, excepto su ropa que usaba en ese momento y su ropa de dormir, así como algunos objetos de aseo personal que guardaría antes de partir.
El sueño les invadió, así que fue inevitable que fuera a despedirse del viejo profesor, deseándole las buenas noches. Por última vez.
Cuando regresó y se dispuso a dormir, observando con detalle la habitación, no pudo evitar sentir cierta nostalgia en ese momento. En esa precisa mañana, el creyó que sería una mañana cualquiera, pero ahora, estaba a horas de irse del lugar que le vio crecer.
Kurokawa fue un padre para él, y ahora, él se "iba del nido", aunque nunca fue su nido. Su nido tuvo que ser a lado de Gendo, pero este decidió que era mejor que se fuera con su Sensei. O nunca quiso estar con él.
Eso ya no importaba, esa sería su última noche en aquella habitación, en aquella cama. En aquella cabaña que es su hogar, aunque pronto ya no lo sería más.
Tenía algunos arrepentimientos. Pero creía que ya era demasiado tarde. Mañana partiría, y tal vez no regresaría en el corto plazo, pero tenía la esperanza que no fuera la última vez que estuviera en esa casa.
Cuando menos se dio cuenta, el sueño lo venció, cayendo a lo profundo del Morfeo, sin saber que le esperaría en Tokio-3 la mañana siguiente en cuanto este pisara aquel lugar.
