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"Cuando por primera vez que vi, supe que el cielo era para ti..."
Y así fue, es difícil creerme cuando digo que con solo verte supe que las cosas habían cambiado en mi vida, el rumbo que tomaría sería diferente, por primera vez en muchos años tuve una ligera esperanza, hice un pequeño pacto conmigo mismo en permitirme al menos por una vez soñar en escapar de un encierro interminable.
Yo lo se, es extraño, cualquiera que estuviera ahí para presenciarlo podría llamarme loco por haber tenido esperanzas desde el primer momento al pensar en aquella persona, no fue de las primeras en llamar mi atención una vez conocí al equipo del Raimon en mi adolescencia, de hecho fue quizás la ultima persona que me dirigió la palabra.
Era antipático, tenía mala actitud y un temperamento de temer, en ningún momento se mostró afable conmigo y hasta parecía que no eran aspectos netos de su personalidad, sino que efectivamente su problema era conmigo. Yo jamás le hice nada, me pregunté en algún momento si mis dudas era razonables o simplemente estaba viendo mal, pero con el paso de los días eso realmente no importó.
Quizás su prejuicio contra mi no era lo suficientemente justificado o fuerte como para que, al cabo de unas pocas interacciones entre ambos la tensión se fuera disipando, por lo que felizmente tras unas experiencias mínimamente incomodas, logré desenmascarar a aquel ogro fanfarrón y gruñón, para conocer a una persona que verdaderamente cambiaría mi vida.
Si lo pienso de esta manera, realmente gané muchísimo más de lo que perdí estando junto a el, obtuve un amigo y un confidente, un compañero de equipo que sabía que me apoyaría en las buenas y sobre todo en las malas, alguien que daría la cara en los partidos y no se rendiría aunque todo pareciera perdido.
Lentamente nos volvimos mejores amigos, una sensación que no tenía desde hace años, desde que mi familia tuvo ese accidente, aunque era un cariño diferente al de un hermano.
No podía evitar mirar a Someoka delante mío, admirar su gran espalda y su presencia a la par que la seguridad que infundía en el ataque del equipo y aunque en su mayoría era yo quien marcaba los goles, nunca deje de verlo entrenar o rendirse.
Pero quizás, en algún momento y de hecho por obra de mi imaginación, algunos pensamientos que recorrían mi mente por esos instantes acabaron por ser realidad.
¿No creían que yo realmente estaba ilusionado con su presencia?
Mentiría si dijera que no, pero por más que su presencia me diera seguridad y tranquilidad, yo ya había perdido demasiado, lo suficiente como para que me diera miedo encariñarme con el y aunque lo hice sin haberlo meditado o cuestionado, al cabo de los días me di cuenta que ya no había vuelta atrás, una vez que nuestras pupilas coincidían sus caminos sabia que podía caer en un espiral de locura incontenible, cuyas consecuencias solo recaerían en mi si es que algo malo pasaba.
Y así fue...
La misma fortaleza de Someoka, esa que yo tanto admiraba sería lo que lo acabaría, aquella lesión, ese balonazo que Fudou le dio, la fuerza con la que lo recibió, me conmovió que a pesar del daño quisiera continuar luchando, pero eso no ocurrió...
Deje de verlo por un buen rato, fueron días interminables, entre su perdida y mis inseguridades por no poder derrotar a desarm, todo se caía, todo se derrumbaba.
Hasta que llegó el día donde todo cambió.
Estábamos en el hospital, íbamos a visitar a todos los compañeros del Raimon que habíamos perdido hasta entonces, pero a mi honestamente, por mucho cariño que les tenga no me interesaban ellos, solo quería saber que era de la persona que le había devuelto la luz a mi vida.
Subí hasta el ultimo piso y en la azotea se encontraba, Ryuugo Someoka, caminando en muletas me dio la bienvenido y me agradeció por mi presencia, eso no era necesario, yo debería darle las gracias a el, fue quien me devolvió las esperanzas y quien me estaba dando fuerzas para continuar a pesar de las adversidades.
Sabía que verlo así me destrozaría el alma, aunque fuera un poco más de lo que ya estaba por todas las cosas que me había tocado pasar, pero sus palabras me calmaron.
Yo se que muchos no me entenderán, a primera vista Someoka no parece la clase de persona con la que podrías entablar una conversación profunda, la gente le tiene miedo como si fuera un ogro, al menos así era en esa época, me daba rabia pues no lo conocían, no habían pasado junto a el lo que yo. Lo cierto es que a pesar de que no fuera muy bueno con las palabras, sus intentos lograron calmarme increíblemente, jamás olvidaré como se veía bajo el brillo del atardecer, su sonrisa cálida a pesar de lo mal que lo estaba pasando y la tranquilidad con la que me daba confianza.
Le dolía, conocía su impotencia, por mucho que me quisiera también sabía que Someoka deseaba con todas sus fuerzas estar poniendo de su parte en estas situaciones, a ambos nos quemaba no estar junto al otro contra los aliens, pero nada podía hacer.
Tuve que irme, no sin antes agradecer todo lo que me había dicho, nadie en años me había dado la tranquilidad y seguridad para volver al equipo y salvar al mundo como debía, por una vez Atsuya se había calmado dentro de mi y no había nada, al menos en aquellos momentos, que pudiera evitar que yo atesorara ese momento en lo más profundo de mi corazón, es el momento donde floreció el amor...
No lo vi por un buen tiempo, hasta el momento en que los emperadores oscuros se presentaron ante nosotros una vez derrotamos al Genesis, fue difícil, fue doloroso, escuchar a Someoka decir que no recordaba todos los momentos que habíamos pasado juntos, me rompió el corazón pero sabía que no era el mismo, estaba siendo controlado, Someoka jamás diría algo semejante pues estoy seguro que el sentía lo mismo que yo.
Sufrí esos 90 minutos como nunca antes, ver a Someoka de esa manera, tan fuerte y al mismo tiempo violento, era doloroso verlo y no reconocerlo...
Pero fue un sufrimiento que a pesar de todo pasó, el momento se disipó y la tensión se fue al cabo de los días.
En primer momento no lo pensé pero Someoka estaba profundamente arrepentido, era algo que yo valoré, aunque siempre le dije que no era su culpa, y que estoy y siempre estaré orgulloso de el, de la misma forma en la que se que el lo está de mi.
Porque aun con el paso del tiempo y aunque hayan sido años, nunca he podido superar la perdida de mi hermano, de vez en cuando aparece, me recrimina, me reclama, me reta y por más que quiera ignorarlo el sigue ahí.
Lo amo, lo ame y siempre l amaré, pero desde que se fue siento como si estuviera vacío, y solo la presencia de Someoka ha logrado disipar ese conflicto.
Pero yo nunca quise que esto se quedara así, desde aquel momento en la terraza y cuando las cosas se controlaron pensé en intentar ir más adelante.
Me acerqué de a poco, Someoka nunca se mostró reacio a mis esfuerzos por darle demostraciones de afecto, constantemente lo abrazaba o intentaba acurrucarme junto a el, solíamos sentarnos juntos en el bus del inazuma japón y a veces éramos compañeros en los entrenamientos.
Ryuugo siempre fue algo torpe socialmente, pero agradezco que jamás sintió nada malo porque yo fuera algo cariñoso con el, verdaderamente me daba esa confianza y aunque siento que lo sospechaba, jamás pensé en declararle mis sentimientos abiertamente, no tenía la valentía...
Pero... Tras los intentos de acercarme y de hacer la relación más fuerte conseguí lo que quería.
Ya había mencionado que el moreno no era el mejor hablando acerca de sus sentimientos, pero lo cierto es que los mostraba, los hacía relucir como la persona intensa y pasional que era.
Cuando me lesioné en el partido contra Korea y el me reemplazó posteriormente, aseguró en frente de todos que me repondría rápidamente pues ya había demostrado mi fuerza a pesar de que me veía como un debilucho.
Es una forma de demostrar el cariño a su manera, pero desde entonces supe que podía seguir más adelante.
Antes de irme tuvimos una conversación, me contó que todos los goles que hiciera me los dedicaría y que quería que estuviera atento y haciendo todo lo posible para reponerme y volver cuanto antes, no era para menos, quería estar a su lado nuevamente y ganar el campeonato juntos.
Fueron 2 largas semanas pero logre reponerme a tiempo y volver para el partido contra estados unidos, estaba nervioso pero sabía que debía revalidar mi calidad como jugador y al volver y ganar ese partido con un gol junto a Kazemaru lo cierto es que no pude estar más feliz, pero la felicidad no acabaría ese día...
Festejamos el triunfo y volvimos a la concentración en la zona japonesa, el entrenador nos dió el resto de la tarde libre con la condición de que llegáramos al lugar a las 8 de la noche, lo importante no ocurrió durante el día sino una vez nos acostamos. Intenté dormir todo lo que pude pero me sentía tan emocionado y ansioso que no pude evitar salir de la cama, por lo que fui al comedor y me sorprendí puesto que la luz estaba encendida.
Y quien más iba a estar ahí que Someoka, estaba haciéndose algo para comer, imaginé que estaba en la misma situación de nervios y emoción que yo, pero se veía algo nervioso, como no lo había visto desde la azotea del hospital.
Al notar su presencia me acerqué con simpatía y felizmente me recibió igual, parecía como si hubiese estado un buen rato pensando, por lo que le pregunté que era.
Se sentía intrigado por los próximos desafíos y pensaba si realmente podría estar a la altura, pero era el, claramente podría y asi se lo manifesté, siempre tuve plena confianza en sus capacidades y me lo agradeció, pero le pedí que no lo hiciera.
Ambos nos sentamos en el piso mientras Someoka comía, realmente yo no tenía mucha hambre, pero escucharlo hablar mientras compartíamos ese momento era único, en un momento recuerdo que toqué su hombro y luego apoyé mi cabeza en el mismo, únicamente por reflejo pues estábamos uno al lado del otro.
Le comenté lo que llevaba rondando mi cabeza todo ese rato, el hecho de que amaba estar junto a el, no fue exactamente con esas palabras, pero se que entendió mi mensaje, disfrutaba estar con el, de forma diferente a todos los demás, a veces conversar con el me aceleraba las pulsaciones y de vez en cuando cuidaba lo que decía porque me afectaba más que a nadie si alguna de mis palabras pudiera afectarle.
Imagino que eso entendió, porque poco a poco fue volviéndose más cercana.
Quizás fuera el calor del momento o la inexperiencia de jamás haber vivido algo similar, pero luego de ver sus ojos, sentí algo distinto...
En un momento, logré entender que lo que meditaba Someoka antes de poder vernos era una realidad, estaba acercándose a mi, por lo que sin pensar junté mis labios con los suyos, el momento fue mágico, fue un beso tímido que duró muy poco, pero que al mismo tiempo disfruté con todo mi ser, no quería separarme y tenía el presentimiento de que el tampoco, pero ambos sucumbimos ante la vergüenza
No sabía donde meterme, quería que me tragara la tierra, al principio le pedí perdón, me arrepentí por unos instantes al imaginar que mi atrevimiento había llegado a su limite y esto podría dañar nuestra relación o peor aún, terminar con la mejor amistad que jamás había tenido.
Para mi sorpresa el moreno se quedó atónito por unos momentos, embobado diría yo, quizás de la sorpresa o quizás intentando descubrir por el mismo si lo que había pasado era de su agrado o no, pero si no lo fuera quizás yo no estaría contándoles estos.
Dado el caso y las circunstancias me atreví a soltar las primeras palabras, además de disculparme claro está, por lo que luego de mover un poco a Someoka obtuve una respuesta favorable de su parte, aunque rojo como un tomate y lleno de vergüenza.
Me abrazó por instinto, me rodeo entre sus brazos y por un segundo sentí que tocaba el cielo, mientras un tranquilo silencio impregnaba y llenaba la habitación, cerré los ojos y me deje llevar, pero antes sin darme cuenta dije las palabras que habían estado invadiendo mi mente por meses.
"Me gustas un montón..."
Fue pronunciar eso y darme cuenta que sentí el mayor miedo de mi vida, los escalofríos recorriendo mi cuerpo además de un sudor frio, sin embargo dicha instancia duró mucho menos de lo que pensé, pues luego de unos pocos segundos logré escuchar a Someoka vociferar un tímido.
"Tu a mi también..."
Y eso era todo, no necesitaba más, la vida ya estaba resuelta para mi en ese momento, ya me importaba poco y nada si salíamos campeones del mundial, en mi corazón el ganador ya era yo y felizmente el abrazo en el que me vi envuelto no terminó hasta que ambos nos dimos cuenta que estábamos atrapados en la cocina de noche, por lo que cualquier miembro del equipo podría llegar a interrumpirnos, acordamos irnos rápidamente cada uno a nuestra habitación y en eso quedó mi pequeña aventura nocturna, aunque seria por suerte, la primera de muchas en este lindo relato...
Paso mucho tiempo y sigo recordando aquello como su hubiese sido ayer, fue el momento en el que me confesé, mi primer beso, un momento intimo con mi querido y por sobretodas las cosas, el inicio de una bella relación.
Someoka y yo éramos funcionales de hecho, quizás los peores momentos del a relación ocurrieron por mi culpa y es que tampoco soy demasiado estable, por esa misma inestabilidad muchas veces le hice daño, lo cansé y sufrimos ambos pensando en lo peor, sin embargo la vida nos pone a cada uno en nuestro lugar, y mi compañero era sin duda la mejor persona para estar a mi lado, nos conocíamos bien, nos amábamos y el sobre todo me cuidaba, se fijaba de que tomara mis pastillas, de que fuera a mis citas con el terapeuta, de que comiera bien y me acompañaba siempre.
En multitud de oportunidades pensé que podía ser una carga para el, que solo lo hacía porque tenía miedo de que mi vida corriera peligro o por una especie de conexión de compromiso que evitaba que el pudiera dejarme de lado, a pesar de que producto de mis traumas pudiera ser un peligro para el.
Jamás lo fui por suerte, yo también puse de mi parte para que todo funcionara, asistía a las citas, me cuidaba de no beber demasiado o de tener contactos o salidas que pudieran perjudicarme, y aunque me costaba horrores también tomaba mis medicamentos, lo hacía por el, para que pudiéramos estar juntos, y aunque padecía una depresión grave y un trastorno de identidad disociativa que por momentos me hacen desconectarme de la realidad, pero si lo hacía por el era capaz de todo.
Recuerdo lindos momentos de aquellos años, logramos concretar un grupo amistoso muy fuerte con Kazemaru y Fudou, cada uno por su lado por supuesto, cuando no estaba con Someoka solía juntarme con el peli azul para conversar, hablábamos muy seguido y a veces se molestaba porque todo lo que hacía era comentarle lo lindo y atento que era Someoka, le contaba anécdotas sobre noches salvajes en las que me dejaba llevar por mis instintos y el, siendo alguien mucho más recatado en ese aspecto, solo se dejaba llevar y me permitía noches de placer en las que claro, ambos gozábamos, curiosamente siendo la primera de ellas una donde salió todo mal, pero en el mejor sentido de todos.
Quizás hablar sobre mis libidos no eran las mejores conversaciones para una suerte de mejor amigo, pero también amaba escucharlo a el y quejarse o reírse de lo impredecible que era Fudou, además de incontrolable e igualmente caliente, me sentía identificado con el en ese aspecto, tanto ellos dos como nosotros éramos parejas bastante similares, aunque con los roles cambiados.
Kazemaru y Someoka eran tranquilos, pensaban mucho más antes de actuar y solían ser la voz de la razón en la mayoría de ocasiones, tanto en los entornos de pareja como cuando se trataba de sus amistades, véase nuestro grupo junto con Sakuma y Aphrodi, o el caso de Someoka, Fudou, Tsunami y Tobitaka, con los cuales pasé grandes momentos al lado del primero.
Por otro lado tanto Fudou como yo éramos difícilmente controlables, yo por mis problemas y personalidad un tanto cambiante, y Fudou por ser simplemente un desastre, una persona a la que le encanta generar el caos solo por diversión aunque sin malas intenciones en el proceso, me da gracia pensar en ellos pues se complementan perfectamente, sin contar claro que quizás ellos tienen una relación mucho más adrenalinica, es lo que le gusta a Kazemaru de el de todos modos.
Y si lo cuento es porque lo escucho, no es como que yo fuera un parlante de monólogos y anécdotas sobre mis buenos momentos con Someoka y Kazemaru un mero escucha, para nada, por lo mismo éramos amigos y nos contábamos todo, y aunque el ahora mismo tiene mucho menos tiempo por ser un adulto, es lindo que sigamos juntándonos pues es una relación que cultive desde hace años.
Por otro lado, Fudou y Someoka eran grandes amigos también, y lo curioso es que su relación partió desde que el primero era un villano, parte de el Neo Teikoku, y que fue el mismo quien pateo el balón que terminaría lesionando a Someoka, razón por la que dejaría el equipo y podríamos tener ese lindo recuerdo en el hospital más adelante, woah, si lo pienso bien quizás Fudou gracias a su caótica personalidad fue el detonante de el noviazgo más largo que tuve en mi vida, quizá deba agradecérselo algún día aunque conociéndolo seguro que ni siquiera lo recuerda...
Me fui del tema, lo sé, ahora volviendo a la relación de esos dos lindos idiotas, siempre estaban acompañados de otros dos tarados, Tobitaka y Tsunami, lo cierto es que cuando juntas a esos cuatro lo que resulta es caos puro, son capaces de hacer hasta la ultima estupidez que se te pueda ocurrir con tal de pasar una tarde de vagancia con algo de diversión y a mi me encanta.
Como su pareja, amaba ver a Someoka divertirse con sus amigos, el responsable novio que siempre cuidaba de mi, al juntarse con ellos se convertía en otra maquina de destrucción, aunque mucho más sensata que los otros tres, quizás su instinto paternal junto con el de Tobitaka eran lo que los mantenía aún fuera de las rejas, pero estuvieron al borde un montón de veces.
Como fan de la adrenalina era de lo mejor ver llegar al moreno de noche todo cansado y magullado y escucharlo quejarse de las estupideces que hacía Tsunami las cuales los llevaban a situaciones peligrosas, pero lo que al inicio parecía enojo poco a poco se transformaba en dicha pues se reía solo de imaginar y rememorar las cosas que le pasaban.
Solo verlo reír y sonreír mientras contaba todo eso era capaz de hacer mi día mucho más feliz.
Por mi parte, aunque mi grupo era unido y nos juntábamos muchas noches en la casa de Kazemaru o de Sakuma, lo cierto es que no éramos tan locos como los llamados B4, esos tenían hasta su banda de música y todo.
Pero esos lindos años, esos bellos momentos junto a mi amado no duraron lo suficiente como me hubiera imaginado, los años pasaron, salimos de la escuela superior y Someoka comenzó a jugar futbol a un nivel profesional en la liga local.
Su desempeño era fantástico, me encantaba ver los partidos aunque me encontrara en otras ocupaciones y por suerte para aquel entonces ya vivíamos juntos, por lo que cada noche podía verlo llegar cansado pero feliz de sus partidos o entrenamientos con el equipo.
Era un sueño hecho realidad, verlo tan feliz y disfrutando del futbol era de lo mejor, te hacía darte cuenta de cuanto había pasado, de como el paso del tiempo pesaba en las personas aun cuando ellos no se dieran cuenta pues el disfrute era inigualable, y así era, gol tras gol, asistencia tras asistencia, falta tras falta y lesión tras lesión la carrera de Someoka fue tomando forma a un nivel profesional.
¿Por mi lado? Realmente no pasó demasiado, debido a mis problemas tuve que dejar el futbol por un tiempo ,bastante y cuando intenté volver me di cuenta de que quizás mi nivel no volvería a ser el mismo de cuando era joven, curiosamente no era el único que lo había dejado de aquella generación dorada que llegó a ganar el campeonato mundial, sin embargo lo hecho hecho estaba, seguía jugando por hobby, pues el futbol me apasionaba, sin embargo aquello no podía ser realmente mi futuro, al menos no como jugador.
Deprimido y estancado pensé en buscar un trabajo convencional, pero ahí estuvo el, nuevamente para ayudarme.
¿Cuál fue la solución? Tomé un curso como director técnico y profesor de educación física, de esa manera al menos podría instruir a más muchachos soñadores a alcanzar las infinitas posibilidades en el deporte.
Y así fue, aunque me costó pues tengo un déficit atencional algo incrementado, pude terminar a tiempo el examen de director técnico de futbol, y estaba listo para ir a probarme como ayudante a algún equipo.
Fue infinita mi felicidad cuando me llegó una llamada de la que fue en algún momento mi escuela, en Hokkaido, me llamaron para ofrecerme trabajo como el asistente del entrenador del equipo en ese momento, le conté de la noticia a Someoka, quien tan feliz y orgulloso como yo se ocupó de cocinar una cena grandiosa, realmente estábamos felices, pero irme a trabajar allá implicaba tener que viajar.
Lo cual resultó por desgracia, en un debilitamiento de la relación pues cada vez teníamos menos tiempo para vernos, a pesar de que viviéramos juntos.
Al irme a hokkaido tuve que alquilar un departamento, Someoka me ayudaba a pagarlo pues el sueldo que tenía en aquel momento no era suficiente, y de hecho aunque el no lo quería, siento que termine endeudándome con el, claramente ganaba más que yo por ser futbolista, pero al mismo tiempo no podía aprovecharme de su bondad y debía ganarme mis monedas por mi cuenta, por lo que acabé gastando más tiempo del que debía en aquel trabajo con tal de conseguir llegar a ser el entrenador principal del equipo, lo que afectó aún más la relación, aunque ninguno de los dos quisiera realmente admitirlo.
Teníamos 23 años ambos y cada vez nos veíamos menos, manteníamos el contacto pero claramente las cosas ya no eran las mismas, no porque no nos amaramos, eso claramente jamás fallo, el amor seguía intacto como el primer día, pero ya no pasábamos el mismo tiempo juntos, podíamos hablar cada vez menos y los conflictos por el hecho de que Someoka se convirtiera en una figura reconocida comenzaron.
Farándula, paparazis, si lo veían junto a alguien no dudaban en hacer una nota acosándolo por tener quizás una pareja, criticándolo si fallaba en algún partido, buscándolo para preguntarle ridiculeces que nada tenían que ver con su desempeño dentro del campo, y pero aún, hasta le preguntaron por su orientación sexual.
Felizmente el jamás dio su brazo a torcer, ignoraba aquellas preguntas lo más que podía y tanto el cuerpo técnico de su equipo como sus compañeros lo respaldaban, pues nada tenían que ver con lo deportivo y como un profesional no se dejo debilitar por el acoso, estaba feliz por ello pero no podía evitar sentir algo de... Celos...
Quizá fuera la atención que el debía prestarle a su equipo, quizás fue lo mucho que pasaba fuera a pesar de que ambos trabajásemos o la posibilidad de que se aburriera de mi y buscara a alguien más, alguien que a diferencia de mi, pudiera presumir a todo el mundo, alguien con quien poder sacarse fotos y en definitiva tener mayor comodidad como una superestrella del deporte, una supermodelo, otra deportista, algo definidamente mejor que yo...
Esas inseguridades en algún momento me pasaron factura, no por si solas, pero si hubo un detonante que me destruyó.
El problema de que Someoka fuera realmente un gran jugador no era que tuviera problemas dentro del país, sino todo lo contrario...
Debido a su desempeño, le llegó una gran oferta que no podría rechazar, la compra de su pase por parte del equipo italiano, el Inter de Milán, el cual quería contar con sus servicios inmediatamente pues se encontraban en la ventana de pases de la temporada.
El club estaba más que interesado en el fichaje, pero llegó el momento por el cual estuve temiendo mucho tiempo... Tuvimos nuestra conversación, yo le expliqué que entendía que aquello sería un gran salto en su carrera, que era lo mejor para el tanto económica como deportivamente, lo apoyé por más que me doliera, a que siguiera su sueño y tomara el vuelo a Italia, y aunque a ambos nos partía el alma, sabíamos que era la decisión correcta.
Me pidió perdón una y mil veces, quería estar junto a mi, me ofreció llevarme a Italia con el y acompañarlo, pero yo no podía, tenía un compromiso con el equipo de Hokkaido y no podía abandonarlos, Someoka me entendía y yo lo hacía con el, por lo que en lagrimas acordamos esa decisión.
La despedida en el aeropuerto fue uno de los días más dolorosos de mi vida y solo verlo partir en ese avión, deseaba no estar vivo para presenciarlo, quería que el se fuera rápidamente y que el dolor se acortara, pero una vez ocurrió y yo volví a casa, ver el lugar vacío, sin las pertenencias de Someoka, solo hizo que me desplomara en el sofá a llorar...
Con el tiempo me di cuenta que realmente no podía lidiar con esa soledad por mi cuenta, Kazemaru, Sakuma, Fudou, hicieron todo lo posible por acompañarme y ayudarme el tiempo que pudieron, a pesar de que solo fuéramos amigos debo admitir que eran una ayuda fundamental.
No podía ser débil en estos momentos, Someoka no lo habría querido, debía aprender de su fortaleza, manteníamos el contacto y no habíamos dejado de ser pareja, aunque las distancias nos separaban, mi amor por el era más fuerte.
O eso pensaba por momentos, aunque continuaba como DT del equipo, los problemas comenzaron con el Sector V, poco a poco varios colegios comenzaron a ser alienados por aquella institución y con el paso del tiempo fui destituido de mi cargo.
Estaba en el momento más bajo de mi vida y mi carrera como entrenador, no estaba Someoka, mis amigos estaban ocupados en sus carreras, mi pupilo en el equipo, a quien le había enseñado todo lo que sabía y pensaba que sería quien yo jamás habría logrado me dio la espalda, estaba más solo que nunca, desde la ultima vez en Hokkaido, pude sentir como Atsuya volvía a aparecer, ya no estaba Someoka para animarme a ir al psicólogo, deje las pastillas por un buen tiempo, los problemas volvieron, llegué a tener un ligero problema con el alcohol que me alejaron todavía más de volver a mi equipo.
Y aunque me llegaron mensajes de mis compañeros buscando que me uniera a la resistencia contra el Sector V y pudiéramos recuperar el futbol, la realidad es que no tenía la fortaleza, esa que ausentaba desde que Someoka no estaba conmigo, no quería sentir que era dependiente, no quería sentir que mi felicidad dependía de el, pero ¿Qué más podía hacer? Realmente estaba perdido, ya no me queda nada por lo que luchar...
Esos pensamientos rondaban mi cabeza día si y día también, hasta que rápidamente me llegaba algún mensaje de saludo, o fotos de mi amado en su entrenamiento, se veía tan feliz, tan eufórico, tan atento a su equipo y esforzándose en triunfar con los demás... Era patético, que el estuviera allá triunfando y yo me quedara acá como un idiota, algo tenía que hacer, y debía ser rápido.
Por momentos recuerdo que Someoka me hablaba sobre que tenía un pupilo en Italia, un chico del Raimon quien fue con el a entrenar y que mandó de vuelta a Japón para que ayudara al equipo en su lucha contra el Sector V, eso era una señal, ese chico volvería y yo también podía hacerlo.
Atendí los mensajes de mis compañeros, Endo me comentaba que curiosamente el próximo enfrentamiento sería contra mi otrora equipo, podría enfrentar mis demonios del pasado dándole al equipo la clave para vencer a Hokkaido, seguramente podría recuperar la fortaleza y la relación con Yukimura, podría volver al equipo de mi infancia y recuperar lentamente el ritmo.
¡Era el momento de cambiar las cosas!
Rápidamente me puse en contacto con Endou, me dio la dirección del lugar donde eran las reuniones de la resistencia, vi a viejos conocidos con los cuales no coincidia hace mucho y finalmente arribé al Raimon para ayudar al equipo en lo que más pudiera.
Hice uso de todo mi conocimiento de Hokkaido para proveer al equipo de las armas necesarias para derrotarlos y estar un paso más cerca de la victoria, y tras asistir al partido y verlos ganar corroboré que mi aporte había sido el necesario.
Fue una jornada larga, una semana agotadora y de mucho esfuerzo, pero tras volver al equipo supe que todo se había solucionado, curiosamente estuve tan enfocado en aquello que ni tiempo tuve de revisar mi teléfono.
Llegué a mi casa a las 9 de la noche, salí a comer con Kazemaru y Sakuma, ambos estaban felices de verme finalmente estable, o al menos todo lo que podía estarlo, fue una cena agradable, se sentía como la recompensa por un trabajo bien hecho, hasta que luego de bañarme y cambiarme de ropa, me dispuse a revisar mi teléfono, no estaba con mucha batería, sin embargo luego de conectarlo y hacer que se prendiera, mi teléfono fue bombardeado con notificaciones, de todos, sin embargo hubo una que cambió todo.
"¡Shirou, terminó la temporada, salimos campeones y voy de vacaciones a Japón en una semana!"
Santo cielo...
