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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-03-01
Completed:
2023-03-01
Words:
4,453
Chapters:
2/2
Comments:
8
Kudos:
178
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9
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1,694

¿De verdad no te diste cuenta?

Summary:

Sus compañeros de club lo sabían.
El DT lo sabía.
Erling lo sabía.
¿Por qué Julián no sabía que tenía novio?

o

Julian estaba de novio con Erling y fue el último en enterarse.

Notes:

Hoy fic porque pasamos a cuartos en FC Cup.
Si no entendes alguna palabra, porque zarpe con el modismo argentino, no dudes en preguntar.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: ¿De verdad no te diste cuenta?

Chapter Text

—¿De veras me dices que no te ha dado cuenta?
-No.
—Piensa un poco, hombre. El grandote está ofendido por verte borracho con dos personas en tu casa sin que le hayas dicho ni mierda. ¿No te dices nada de eso? —dio pistas dudando de la perspicacia de su compañero.
—Pensé que se iban a llevar bien, no sé.
—Madre mía, que igual y necesitas un dibujo —rodó los ojos algo harto—. Julián escucha, Erling está celoso.
—¿Qué decís?
—Deberías conocer a tu novio.
-¿Qué cosa? —Julián lo desapareció a Sergio como si le hubiera crecido una segunda cabeza. No entendía nada en ese momento—. ¿Qué es mi qué cosa?
—¡Me cago en la leche Julián! —grito Sergio saltando del banco ya harto—. ¡Pero qué argentino de mierda!

 


 

Julián poco entendía cómo había comenzado todo, pero no era tan tonto como para ignorar los hechos que lo habían traido hasta el día de hoy, donde un terrible dolor de cabeza lo traia dando tumbos en el entrenamiento.
Podía comenzar mencionando que no era el protagonista de su propia vida, o así lo sentía él, porque ignoraba que tenía novio. Era demasiado. Pero no se trajo de ninguna persona, si no de Erling Haaland, delantero estrella de los últimos años.

Comenzaron con un trote ligero, y mientras recibían miradas acusadas de parte de Rodrigo, comenzaron a recordar la primera vez que lo vio a Haaland, cuando fueron presentados a la afición ciudadana. Poco podíamos hablar ese día, los nervios y la ansiedad comían al cordobés como nunca antes, más que un Boca vs River en la Bombonera.
Enfrentar personas y entrevistas no era su fuerte y la barrera idiomática sólo empeoraba las cosas. Por un momento creyó que solo iba a arruinar todo, pero ver al gigante noruego desenvolverse con facilidad, como pez en el agua lo hizo saber que él no era el centro de atención ese día, agradeció eso de forma silenciosa.
Erling en todo momento, con frases cortas ya base de señas intentó hablar con Julián para poder incluirlo, pero él se dedicó a decir simplemente sí. Fue un inicio simple y tosco, pero que prometía más en el futuro.

Las semanas comenzaron a correr y ambos comenzaron a adaptarse al equipo. Julián podía notar como Erling trató de hacerlo sentirse cómodo. El cordobés podía entrenar y distraerse jugando, pero en el vestuario y el tiempo compartido en el club era notorio su silencio. Naturalmente él es tranquilo y callado, más observador que hablador, pero si se suma el factor idioma, dio como resultado que rara vez se escuchó su voz, lo que no le gustó al noruego.
Así comenzó una rutina entre ambos, Erling esperaría por el otro para saludar y preguntar cómo estaba, qué había hecho, como había visto el último juego, que haría el fin de semana. Simples preguntas que Julián siempre podía responder y practicar. Escucharlo era el principal objetivo de Erling, aunque algunas veces sólo eran más respuestas cortas lo que salía de la boca del otro. Erling también intentó aprender más español, Julián creyó que era muy tierno de su parte, pero se reprendió por pensar de esa forma.

Claramente no era el único en ayudar en esta adaptación, Phil también lo ayudó con el inglés. Los chicos, Sergio, Rodri e incluso Guardiola, lo hacían sentir bienvenido a Julián ya que tenían la facilidad de comunicarse, pero no escapaba de la vista de nadie que el rubio orbitaba alrededor de Julián siempre que podía.

De a poco el tímido cordobés se fue desenvolviendo en el grupo, divirtiéndose y pudiendo conversar más. Pudieron convertirse en más íntimos, contar sus vivencias con más libertad, luchando un poco con las palabras y usando las señas de por medio.
Julián le habló de su infancia en Calchin y Erling de cómo era Bryne, ambos sintieron nostalgia con su tierra natal. Aunque el rubio se sorprendió cuando Julián comentó que era la primera vez que tenía una blanca navidad, pues una sorpresa de todos vivir en el sur no implica nieve, solo calores bestiales de 40°. Se prometieron visitar sus respectivos países algún día.

Julián detuvo su trote en seco. Mareados por el dolor de cabeza que lo atravesaba. Sergio y Rodri lo pasaron, el mayor susurro “gilipollas”. Julián no protestó, así se sintió y creía que al menos alguien tenía cabeza para decirlo en voz alta, porque él solo se concentraba en no vomitar. Comenzaron a dar instrucciones de como
sería el circuito de hoy, pero Julián no podía aumentar, tenía suerte de que contaba con seguir a Mahrez, aunque con lo rápido que corrían los rumores en el equipo no faltaba mucho para perder el visto bueno de él también.

El delantero comenzó a pensar en los pequeños gestos que tenía el rubio con él, eso le dio pistas ahora, aunque muy tarde. Erling solía abrazarlo mucho o poner su brazo alrededor de sus hombros, pero acortar distancia parecía ser siempre su objetivo. Sentarse siempre a su lado; también era habitual los simples toques que le grababan a Julián que el más alto estaba cerca. Revolver su pelo, tocar su mejilla o empujarlo de forma amistosa.
Julián no supo cómo responder a la mayoría de los actos de Erling más que con risas y sonrojos fuertes que en un mal día podrían llegar a volverlo un tomate.

En la cabeza del cordobés nada de eso era extraño, estaba acostumbrado a este tipo de muestras de afecto, los amigos son así a veces, algo pegotes. Así que no fue una sorpresa cuando de repente una noche Erling se quedó a dormir en su casa. En su cama más específicamente, dejando intacta la de huéspedes. Enzo solía hacerlo, se dijo, en River el solía tener una relación parecida, se repitió. El rubio era muy cálido, no podía negarlo y no quería seguir solo en las largas noches de Inglaterra.
Tener a Erling cerca en los entrenamientos y en su casa no es nada que cuestionar, ¿no? Tuvo que cuestionarse más, ahora se putea por no hacerlo. Erling no se comportaba con los demás así, pero se justificaba pensando que solo era porque tenían la misma edad, venían de lugares lejanos y podrían sentirse algo solos.

Julián respiró profundo llegando al final del circuito, pasando en zigzag entre conos, trotar y remate al arco. Tenía que poder soportar un poco más, iba a ser un milagro no vomitar.

El cordobés puso en tela de juicio su inteligencia al recordar como Erling siempre lo saluda con un beso en el cachete. Es común para él, en Argentina en general lo es, pero él nunca le enseñó eso.
Recuerda la primera vez que pasó. Erling llegó a su casa en un día que tenían libre. Pero Julián se encontró en una urgencia, la comida se estaba quemando. El cordobés atendió rápido la puerta, no tenía tiempo de saludar y tratar de volver a su lugar en la cocina. Erling lo detuvo en seco tomándolo del brazo, muy confiado de sus movimientos y plantó un simple beso en su cachete, como si siempre lo hiciera y no fuera a dejarlo ese día. Lo soltó para cerrar la puerta y Julián sólo "se quema todo" dijo como saludo y la noche siguió como siempre. Comieron, vieron una serie que juntaron y fueron a dormir.

Se tomó la cabeza, como si de errar un penal se tratara, también había errado el tanto al final del circuito, y se inclinó sosteniéndose de sus rodillas. Sin poder soportar mucho el cansancio, se tiró al pasto pensando en lo pelotudo que era.

Luego de aquello, los besos sólo se repitieron cada vez que hubo oportunidad, lo que fue la mayor parte del tiempo. Los recibidos como saludo y despedida, y cuando Erling lo encontré desprevenido también. Julián no se quedó atrás, estaba acostumbrado y le gustaba hacerlo, ver como el gigante noruego se inclinaba para recibir un simple beso de su parte le complacía demasiado. Se decía todos los días que tenía que dejar de hacer, era peligrosa la forma en que lo hacía sentir, tan feliz y tarado, pero no pudo en ningún momento.

Las semanas siguieron, el mundial pasó para el argentino y al volver todo siguió igual, las mismas charlas, visitas y besos. Hasta que un fin de semana recibió un mensaje de parte de sus amigos. Enzo estaría por la ciudad y quería verlo, visitarlo en su casa y tal vez revivir sus días de gloria en el truco. A Julián le encantó la idea, lo extrañaba y no dudo en llamar a Alexis para completar el combo.

—Arañita —grito Enzo al cruzar la puerta de su casa, saltando directo a sus brazos.
—Siempre acaparando a Juli vos —siguió Alexis uniéndose al abrazo casi tirándolo.
—Déjenme cerrar la puerta boludos.
—¿Así decis que nos extrañas?
—Es verdad, nosotros viajamos para verte.
—¡Qué decís, si te tomaste un bondi vos colorado!
—¡No me digas así, Susana!
—Delen pacen, antes que me arrepienta —insistió Julián.
—¿Que empezamos a escabiar primero? — Enzo preguntó frotándose las manos.

La noche comenzó con los tres pidiendo unas pizzas para ahorrar tiempo, un asado requería mucha atención y ninguno estaba dispuesto. Durante la espera, tomó algunas cervezas, Julián se negó a tomar el fernet que tenía guardado. Lo esperaba especial porque quería tomarlo con Erling cuando tuvieran vacaciones, se lo había prometido, pero no se lo dijo a sus amigos. Las cervezas iban y venían, Julián no vio cuántos trajeron sus amigos, pero cuando menos se dieron cuenta el truco era más gritos, quejas y risas que juego, síntoma indiscutible de que algo entonados estaban.
El cordobés no se dio cuenta cuando sonó su teléfono con un mensaje del noruego, diciendo como siempre que estaba por llegar. Al sonar el timbre, Julián no lo escucha, se encontró lejos de la puerta, Enzo en cambio corrió a abrir suponiendo que era la pizza, pero se encontró con un rubio de casi dos metros con una cara que al inicio fue de duda y luego cambió a una furiosa.

—Ee… Este, Juli, —gritó—, creo que está Thor en la puerta.
—Sexo Fernández, quiero re truco— apareció gritando Julián divertido, pero quedó congelado al ver la puerta.
—Mejor me voy con el Macdonal —dijo Enzo desapareciendo, sabiendo que algo pasaba pero prefería ver de lejos, de chismoso con Alexis.
—Disculpá Erling me olvidé que venían y los chicos están —comenzó Julián, sintiendo que decía cosas equivocadas y enredadas.
-¿Estás borracho? — preguntó el rubio cruzando los brazos, se vio más alto junto a la puerta.
—No, no, solo un poco, son mis amigos.
—¿Sexo Fernández? —repitió Erling casi escupiendo las palabras en un marcado acento.
-Es un chiste. Están de visita, comenzando a jugar cartas, tomar algo, quedarse y eso.
—¿Se van a quedar?
—Sí, para quedarme.
—¿Por qué no me lo mencionaste?
—Fue de última hora. No los veo hace mucho.
—Pero con ellos te emborrachas fácilmente
—Erling —aseveró Julián frustrado, se sintió acorralado y acusado—. Son mis amigos, llegaron de lejos, ¿cual es el puto problema?

Erling se quedó mudo, sorprendido por el comportamiento del otro, su rostro era una mezcla de frustración y tristeza. Julián se arrepintió inmediatamente de sus palabras. El noruego demostró hacía atrás y vio como los otros dos argentinos rápido se escondían detrás de una pared. Supo que estaba siendo observado y sin mediar más palabras se dio media vuelta. El no estaba dispuesto a seguir dando un espectáculo. Julián lo siguió, no queriendo dejar las cosas así.

—Espera Erling, perdóname, por favor.
—Fuck you Julián —gritó el rubio antes de subir a su auto dejando solo un rastro de humo detrás.
—¿Pero qué le hiciste amigo? —Preguntó Enzo.

Julián sintió ganas de matarlos, pero era consciente de que todo eso era su culpa. Decidió tampoco ignorar las preguntas de sus amigos, sabía cómo responderlas y siguió tomando. Al final cancelaron la pizza y terminaron comiendo fideos que Alexis pensó cocinar. Una noche como en los viejos tiempos analizo el menor de los tres.

Al día siguiente, con resaca, se presentó al entrenamiento, pero fue de los últimos en llegar, cosa que sus compañeros notaron, al igual que su mal aspecto.

—Primero falta Haaland y ahora llegás tarde, qué más puede pasar, ¿Pep nos dará un descanso? —Rodrigo le dio unas palmadas alentadoras al más joven—. Vamos tio, arriba el ánimo ya entrenar —salió corriendo del vestuario animado.
—Cierto Julián, te ves de la mierda —Sergio se sentó a su lado.
—¿Erling no vino hoy? — preguntó el cordobés olvidando el dolor.
—Pensé que sabrías, cómo sois tan unidos.
—Creo que nos peleamos ayer —frotó su cara con las manos, grabando la pelea.
—¿Qué le hiciste arañita? Que me enfermeste al grandote de un dia para otro.
—No hice nada.
—¿Nada, seguro? —alzó una ceja dudoso el español, sabiendo que algo le ocultaban.
—Si bueno, ayer… Ayer apareció en mi casa y yo estaba con gente –Sergio abrió los ojos sorprendido y asintió para que siguiera—, Enzo y Alexis, que llegó a charlar y eso, tomamos algo, jugamos a las cartas.
—Sigue tio, sigue.
—Erling apareció y Enzo le abrió la puerta. El otro estaba re enojado porque no le avisé y se enojó más cuando le dije que se iban a quedar también.
—¿Qué dices?
—Bueno, son mis amigos, habían tomado mucho y queríamos seguir, yo lo iba a invitar a que se quede, pero se fue todo a la mierda. Le respondí muy mal, yo estaba algo en pedo.
—¡Pero qué gilipollas eres!
—No entiendo —rascó su nuca nerviosa.
—¿De veras me dices que no te ha dado cuenta?
-No.
—Piensa un poco, hombre. El grandote está ofendido por verte borracho con dos personas en tu casa sin que le hayas dicho ni mierda. ¿No te dices nada de eso? —dio pistas dudando de la perspicacia de su compañero.
—Pensé que se iban a llevar bien, no sé.
—Madre mía, que igual y necesitas un dibujo —rodó los ojos algo harto—. Julián es más que obvio que Erling está celoso.
—¿Qué decís?
—Deberías conocer a tu novio.
-¿Qué cosa? —Julián lo descubrió como si a Sergio le hubiera crecido una segunda cabeza. No entendía nada en ese momento—. ¿Qué es mi qué cosa?
—¡Me cago en la leche Julián! —grito Sergio saltando del banco ya harto—. ¡Pero qué argentino de mierda!
—Pará, pará, ¿él es mi novio? —repitió confundido, el español suspiro y juntó toda su paciencia..
—Juli, sé que puede ser difícil, pero para Erling, sois novios hace semanas si no es que más. ¿No lo sabías? —Juli negó varias veces—. Pues deberías ser un poco más avispado hombre.
—No estoy tan pelotudo como para no darme cuenta si tengo pareja —reprocho el cordobés levantándose del banco y comenzando a dar vueltas por el vestuario.
—¿Te molesta?
—No, pero —sacudió su pelo con fuerza frustrado y confundido.
—¿Pero qué, qué me vas a decir, tío? Que tengo ganas de darte de hostias.
—Me hubiera gustado saberlo antes, ponerle.
—Bueno, hombre, ve a resolverlo con él, que me tienes harto —finalizó Sergio saliendo del vestuario.

 


 

Así se encontró Julián, luego de aquella charla y revelación, el entrenamiento lo estaba liquidando. Sus compañeros tampoco estaban siendo amables con él. Sergio había comentado con Rodri la razón de la ausencia de Haaland, Rodri lo comentó con Walker y Bernardo y no faltó mucho para que todos supieran. Dando como resultado muchos pelotazos de parte de Grealish y malas miradas de Gündoğan y de Bruyne. Julián se sintió el boludo más grande y ahora sus compañeros lo sabían.
Pep, después de verlo luchar durante la mitad del entrenamiento, lo mandó a descansar a casa con la única advertencia de que no vuelva a tener ningún tipo de fiesta hasta las respectivas vacaciones y que trate de resolver sus problemas con Erling. Incluso su DT estaba enterado de su relación y él no, se sintió claramente un pelotudo.

Luego de vomitar estrepitosamente en los baños del City, Julián fue directo a su casa a recuperarse un poco y aclarar su mente. Supuso que más tranquilo podría pensar como hablar con Erling, aunque su paz se vio interrumpida al encontrar a sus amigos tirados en su living tomando mate y jugando al fifa.

—¿Siguen acá?
—Yo también te amo Juli —saludo MacAllister pasándole un mate—. Te ves para la mierda.
—Mal loco, ¿qué onda? —siguió Enzo dejándole espacio en el sillón donde el cordobés se tiró sin dudar.
—Tengo novio o tenía, ya no sé.
—El último romántico —río el pampeano cebando esta vez un mate a Enzo.
—¿Quién es el afortunado?
—Erling Haaland —susurró.
—¿El grandote de ayer? —Alexis preguntó para estar seguro. Julio asintió.
—Bueno Juli la duda acá es, ¿cómo todavía te podes sentar?
—Andá, ves que sos un boludo Enzo.
—Nene, concéntrate que tenemos que ayudar a Juli.
—¿Qué todavía le duele la cola? —siguió el jugador del Benfica entre risas.
—A tu señora.
—Basta los dos —sentencia MacAllister tratando de organizar al grupo—. ¿Querés arreglar las cosas? Hacele un regalo como un collar o un anillo.
—Pero qué flasheas pampa, lo puede malinterpretar, no estamos para un casamiento o compromiso. Recién son novios. Regalale un conjunto de lencería de color…
—Pendejo de mierda.

Julián no dudó en levantarse e ir a buscar pelea con el más chico, Enzo comenzó a correr por el lugar. No se iba a dejar atrapar tan facil. Comenzaron a correr por el living, siguiendo por la cocina, donde forcejearon y se insultaron un poco más. El cordobés comenzó a frenar el paso, siguió sintiéndose algo enfermo, y Enzo, que es más rápido, aprovechó para nuevamente dejar atrás a Julian escondiéndose detrás de Alexis que tomando mates tranquilamente.

—Bueno, cálmate Juli —pidió Enzo.
—Dios, eramos novios y no sabía, soy un pelotudo —Julián suspiró frustrado, cansado y resignado a tener un día de mierda.
—¿No sabías, cómo no sabías? — preguntó Alexis.
—Se me pasó, que se yo, soy un pelotudo
—¿Cómo se te pasa chaparte y cogerte a alguien? —Julian demostró a Enzo, advirtiendo con la mirada.
—Supongo que es algo de noruegos o extranjeros, no son como nosotros o yo soy muy tímido capaz.
—Siempre lento arañita
—Sos una mierda —habló Alexis sin reparo, recibiendo un empujón de Enzo—, pero porque no empezás por el principio y hablas con él.
—No quiero ir solo así. Me va a mandar a cagar si caigo a la casa y le pregunto “che, ¿que onda, éramos novios?”
—Bueno, no podemos pensar todo.
—Pero, te vamos a ayudar perri —afirmó Enzo yendo a la heladera a abrir una cerveza para poder pensar con más claridad. Julián se golpeó la frente resignado con sus amigos.

Julián pudo pensar que iba a hacer, con la ayuda de Alexis y algo de la creatividad de Enzo y decidió jugarsela ya que Erling se lo merecía. No estaba orgulloso de su comportamiento y se esforzaría para remediarlo lo antes posible. Fue desconsiderado y cruel, se odiaría por eso siempre e incluso entendería si el noruego no quería saber nada con él.

Los tres argentinos se prepararon, bañados, perfumados y facheros, según Enzo, como para levantar minas en pala. Julián les dijo que no era necesario que se prepararan, pero como acompañantes tenían derecho a ir como querían, afirmó Alexis. Entre risas y cervezas, que Julián se negó a tomar esta vez, terminaron de darle los últimos toques a la sorpresa del noruego. Con solo esperanza, Julián metió a sus amigos en su auto y se animó a probar su suerte y la paciencia de los vecinos.

 


 

Erling se encontraba solo en su casa, esperando la pizza que puso a calentar en el horno, sentado en su sillón mientras intentaba encontrar un programa que no fuera de preguntas y respuestas o no tuviera una película de comedia romántica. Sería capaz de incrustar el control remoto en el televisor si volvía a cruzar a Julia Roberts.

Estaba enojado con Julián, dolido y ofendido. Entendía al argentino, lo callado y tranquilo que era, lo hiper tímido que podía llegar a ser y eso en vez de alejarlo, solo lo cautivó. Se llenó de paciencia para poder ser parte de la vida de Julián, sin invadirlo ni ir demasiado rápido. Ir como una tortuga a su alrededor no le importaba, contrario a lo que cree él es pura paciencia, siempre y cuando el premio final sea la felicidad del cordobés.
Pero anoche, con sus amigos y borracho, Julián no dudo en dejarlo de lado y sin dar explicaciones. Aunque lo que más enojaba al noruego era haber huido, no haber podido enfrentar al otro, porque en el fondo sabía que sedería o peor aún perdería los estribos. Ninguna de las opciones le gustó, aunque sacudir a Fernández no le pareció mala idea.

Esa misma mañana llamó a su entrenador y le avisó que estaba enfermo, que no se encontró bien para enfrentar el entrenamiento y supo que Guardiola no le creyó cuando comenzó a caerle preguntas sobre él y Julián. De todas las formas, Pep dejó darle ese día, rara vez falta, pero que podía contar con él para lo que quisiera. El DT traía a todos como a sus hijos y se preocupaba por ellos.
Erling agradeció el descanso, pero a las dos horas de estar tirado en la cama se arrepintió de no estar entrenando. No podía dejar de pensar en Julián, en la gente que tenía alrededor y como no dudo en dejarlo de lado. Estaba furioso, por esos amigos, frustrado por Julián y triste de sentirse tan patético.

Apagó la televisión y se encaminó a la cocina por un vaso de agua. Se detuvo a medio camino al escuchar una melodía que venía de afuera, algún vecino estaría haciendo una fiesta, aunque la canción era romántica. Se maldijo por cómo todo el mundo a su alrededor estaba complotado para hacerlo sentir mal.
Dos golpes fuertes dirige a su puerta, los ignoró completamente, no esperaba a nadie. Volvieron a tocar y enojado, se impulsaron a golpear a quien estaba empecinado en perturbar su tristeza. Pero se detuvo, sorprendido y confundido, al encontrar al argentino en la puerta con un pequeño ramo de rosas. Se veía igual que siempre, tímido, ansioso y con el rostro sonrojado. Observó que detrás de Julián estaban sus amigos en su auto y que la música romántica venía de ahí.

-Hola.
-¿Qué es esto? — preguntó sin más, la escena le hizo recordar a la de las películas que trajeron de ignorar.
—Bueno si… Se que estabas enfermo y que es mentira, nunca estás enfermo. Es mi culpa, ¿no?
—Que listo —irónico Erling se apoyó en el marco de la puerta, esperando más.
—Soy un pelotudo y perdón, perdón mil veces, pero quiero hablar contigo.
—Sigue hablando, soy todo oídos.
—Erling quiero pedirte que seas mi novio, sean novios oficiales.
-¿Qué estás diciendo? Novios oficiales, ya lo somos, ¿verdad?
—Yo no lo sabía —rascó su nuca nerviosa, creyó que Erling le gritaría, en cambio noto como sus ojos se llenaban de lágrimas—. Déjame explicarte por favor.
—Idiot —sentencia el noruego, frustrado y apretando los puños con fuerza.
—No sabía, derias odiarme por eso, cerrar tu puerta y no hablarme nunca mas, pero... pero quiero ahora empezar a compensarlo.

No dudó en entregarle las rosas al rubio, ansioso por lo que seguía. Volteó mirando a sus amigos y no le encontró los distraídos junto al auto, tomando más cerveza. Metió su dedo índice y pulgar en la boca y chiflo fuerte, llamando la atención de los argentinos. Enzo volvió al primer tema, ya que sonaba un cuarteto, y Alexis perforó sus brazos subiendo un cartel celeste con letras negras con la frase “¿quieres ser mi novio?”. La atmósfera romántica volvió y Julián volvió con Erling, que estaba notaba serio. El cordobés respiró profundo, juntando fuerza.

-¿Es para mí? —pregunto avergonzado, Julián sabía a qué se refería.
—Sé que soy muy tímido y callado, casi siempre. No pude verte al principio, pero ahora sí, así que todo esto es para vos. ¿Qué decís?
—Sí, si —susurro el noruego, en ambos idiomas para que quede claro.

Erling arrastró a Julián en un abrazo, tapando su propio rostro con las rosas y ahogando al más bajo en el proceso. Al instante se escucharon gritos y silbidos de victoria de parte de los argentinos que estaban expectantes a los resultados. Julián no dudó mucho más en separarse del más grande y besar primero sus dos cachetes, tímido y dudoso de cómo comportarse, pero fue Erling quien no aguantó más y saltó en búsqueda de su tan esperado beso, ahora como novios oficiales.