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All I Wanted

Summary:

10 años, habían pasado ya, 10 años desde que Penelope Featerington había sufrido una desilusión amorosa y se había marchado de Londres.

10 años de las nupcias de Colin Bridgerton y Marina Thompson.

Las columnas de Lady Whistledown estaban repletas de polvo y desgastadas por el abandono de su escritora.

¿Qué pasará cuando después de una década vuelva Penélope?, pero esta vez, es una mujer madura, una flor frondosa e inalcanzable.
¿Colin estará preparado para ver al amor de su vida con algún otro caballero?, ¿Cuáles serán sus sentimientos ahora?

Notes:

¡Hola!, es una idea que tuve en la semana y espero les guste.
En esta historia Penélope será una mujer empresaria e inversionista que creció a partir de sus desamores.
Tiene 26 años y Colin 32.
Habrá escenas +18 porque quiero hacer a una Penélope mucho mas decisiva y determinada en cuanto su vida personal.
Esta historia tiene polin, pero tendrá mucho mas que solo polin.

Chapter 1: All I Wanted

Chapter Text

 

"Podría seguirte hasta el principio, solo para revivir el comienzo, tal vez entonces nos acordemos de ir más despacio. En todas nuestras partes favoritas. 

Todo lo que quería era a ti"— All I Wanted/Paramore

1824

Penélope miraba atenta al camino que le ofrecía la pequeña ventana del carruaje en el que se transportaba, tratando de asimilar que estaba de nuevo en aquellas calles que la habían acogido por mas de la mitad de su vida, pues no esperaba pisarlas de nueva cuenta, al menos no después de jurar no volver.

Pero la vida daba vueltas, y ahora tenia que hacerse cargo de las tierras que logró recuperar de su padre, así como de las propiedades que Philipa le cedió para inversiones.

Obviamente no era la chiquilla de 17 años que se marchó con el corazón en añicos a la granja de su tia Carlota, pero aquel lugar le recordaba su inocencia y sus sueños de ser una gran escritora.

Le recordaba a Lady Whistledown.

Aunque... sinceramente Penélope hace años perdió esa suspicacia y aquel instinto creativo, ahora había creado un muro sólido de concreto para apartar sus sentimientos de su éxito y la fortuna. Dado que, si bien era desafortunada en el amor, su riqueza hablaba por si sola, pues con su arduo trabajo en la administración y la austeridad, restableció el renombre de su familia.

Esfuerzo que la matriarca de las Featerington presumía en los poblados agrícolas cercanos.

Y todo aquello se lo debían al trato que Pen y Portia realizaron, el cual era de intima confidencialidad en donde la menor no estaba obligada a casarse o a soportar estar atada a la sociedad londinense siempre y cuando recuperara la gran herencia de su padre e incluso la multiplicara. Requisito que fue tardado, pero no difícil para alguien de la inteligencia de Penélope.

Ese tratado tenia una década, ahora Penelope Featerington era una mujer adinerada de campo, bronceada, solterona, culta y sumamente autosuficiente. Cabe resaltar, que sin duda alguna los años le habían asentado de maravilla, ahora sus curvas estaban acentuadas con agudeza, su rostro tallado por la madurez misma, y su estilo tan propio y poco exuberante. La pelirroja por fin era dueña de su cuerpo, de su vida y de su identidad.

Era una mujer pragmática, segura.

Le gustaba pensar que de la Penelope de Londres no quedaba ni un ápice, pues aquella jovencita había sido sepultada cuando escuchó el “acepto” salir de los labios carnosos de Colin Bridgerton en el altar.

Ahí, justo ahí, empezó la metamorfosis.

Se prometió a si misma no volver a amar, no volver a ser débil, no ser la “fea del baile”, no ser un producto elegible o no elegible para los hombres. Sino ser sujeto de respeto.

Y empezó afortunadamente desde hace mas de 9 años a tomar respeto primeramente por ella. Para ser realistas, en cuanto se le acabaron las lágrimas, dejó atrás todo ese mundo.

—Señorita Featerington, hemos llegado— comentó el cochero, interrumpiendo sus largos pensamientos.

La ojiclaro tomó un largo respiro y bajó con suavidad para tener enfrente una de sus peores pesadillas.

La casa de los Bridgerton

Pen preferiría no tener que pararse a primera escala con aquella familia, pero como buena mujer de negocios, sabía que el Vizconde Anthony Bridgerton era la persona más influyente en Mayfair que pudiese ayudarle a ser prestanombres en sus inversiones, pues aun no estaba permitido mínimo con la corona británica hacer negocios con representantes femeninos, y si no tenía un hombre de confianza a su lado, probablemente tendría motivos legales que atender.

Una vez que su cochero tocó por ella, esperó un par de minutos, y fue recibida por nuevo personal que tenia nula idea de su existencia, lo cual peculiarmente le encantó de sobremanera; no estaba interesada en recibimientos sentimentales.

Tomó asiento y esperó con un poco de nerviosismo colocándose unos guantes de cuero negros que hacían un excelente conjunto con su vestido coral, el cual remarcaba sus pecas y sus ojos.

Por otro lado, Anthony Bridgerton venía caminando desde el despacho con cierto fervor y molestia. Pues no solo le habían interrumpido mientras leía, sino que le estaban inventando que le esperaba Penelope Featerington en la sala de su hogar, cuando claramente sabia de primera mano que ella jamás regresaría a Londres, no después de la boda de Colin y Marina. Y lo sabia porque el mismo le había ayudado a huir en una embarcación a Roma.

—Señorita, le advierto que, si esto es una mala broma, voy a traer a la corte por suplantación de ident—… se interrumpió a si mismo al encontrar una mujer adulta e innegablemente preciosa, reposando en el sofá como una sublime seda suave. —Pen… ¿Penélope? —susurró apenas.

La pelirroja asintió sintiéndose un tanto extraña por la clase de mirada que el Vizconde le dedicaba, sin embargo se levantó enseguida e hizo una reverencia tenue, finalizando con una sonrisa cálida.

El mayor de los Bridgerton estaba asombrado con tanta belleza, sentimiento que no reconocía desde la primera vez que vio a su difunta y amada Kate.

Siempre la había vislumbrado como una adolecente, una hermanita como lo era Eloise, pero ahora, ahora lucía como toda una fémina, una flor frondosa. Estaba mucho mas adulta, bronceada, con mas pecas y unos ojos mas cristalinos y nítidos.

—Casi no le reconozco — soltó una vez que salió de su pequeño transe. — Esta… diferente — optó por definir.

Penélope sonrió y le dejó tomar su mano enguantada.

—Han pasado 10 años, Vizconde— rio levemente y volvió a tomar asiento en cuanto trajeron café para ambos a petición de Anthony.

—Disculpe usted que a diferencia suya, yo luzca demasiado adulto, lo estoy, pero… sabrá señorita, que no ha sido nada fácil enfrentarme a ser padre soltero — suspiró con mayor tranquilidad, pero con el máximo respeto a la memoria de Kate.

La pelirroja se había enterado del acontecimiento ocurrido hace aproximadamente 4 años, y le había enviado sus condolencias, por lo cual no había sido una sorpresa aquella declaración.

—Le externo mis condolencias mas sinceras, nuevamente. — susurró mirándole con compasión.

El castaño asintió, se talló la cara y trató de evitar el tema sacando otro tópico de platica.

—Bueno, Pen, me gustaría platicar y tomar el té por horas contigo —dijo rompiendo la formalidad una vez que los empleados se retiraron —Pero se que si estas en Londres, no es exactamente por gusto, ¿qué te trae aquí?

La damisela se inclinó un poco y procedió a contarle la situación de sus tierras, y su permanencia indefinida por el momento en Inglaterra, asi como sus planes de inversión y su plan de rediseñar la hacienda de los Bridgerton y la de los Featerington para hacerla funcionar de la par y tener mayores ingresos.

Anthony prestó el mayor interés que pudo, y quedó totalmente anonadado de la sapiencia de Penélope, la coherencia que tenia cada proyecto y si léxico tan letrado y lógico en cuanto a contaduría, derecho y más.

Por lo que optó por revisar meticulosamente cada propuesta, tratando de no ser sumiso a sus requerimientos. 

(...) 

Penélope al regresar a su mansión, estuvo tan complacida de la tácita aceptación del Vizconde, que festejó con coñac, disfrutando un poco de la soledad que le ofrecía la permanencia de su madre en casa de Philipa.

Y justo ahí, sintiendo el efecto del alcohol recorrer su drenaje venoso, pensó por un momento en la última vez que había estado en el despacho Featerington… lo que le llevó a pensar en el; en Colin Bridgerton con un traje almidonado, listo para contraer nupcias.

Julio de 1813. En la mansión Featerington.

—Colin, por favor, no te cases. —rogó por ultima vez Penélope cerrando los ojos con fuerza mientras apretaba las manos del tercer hermano Bridgerton.

—Pen, no se que decir...— suspiró con soslayo—yo sé que encontrarás a alguien que te haga sentir como a mi Marina, y sé que estos sentimientos albergados que tienes por mi, se desvanecerán cuando llegue tu cortejo indicado, y yo estaré ahí—comentó tratando de alentarla. —Contento por ver a mi mejor amiga feliz —sonrió ampliamente tratando de consolar a Penélope. La cual le miraba tratando de comprender su intento de ser honesto, siendo un tanto cruel.

Pero debía suponer que se lo merecía, después de todo ella era la que le había confesado su amor no correspondido y la condición de Marina y aun así, Colin la eligió a ella sin dudar.

¿Cómo es que a pesar de las mentiras de su prima podía preferirla?, Sinceramente no lo entendía, ni quería aceptarlo, pero aquello solo confirmaba lo que Marina se jactaba de recordarle.

Penélope solo era otra hermana menor para el, una igual a Eloise; y asi sería siempre. Nunca una opción, nunca una mujer apta para desposar.

Fue entonces, cuando por fin la pelirroja empezó a observar con nitidez cada uno de sus recuerdos con Colin; cada roce de manos, cada baile, cada palabra compartida sobre sus intereses, cada mirada dulce… era un espejismo, y Penélope se había aferrado a el vigorosamente queriendo buscar quisquillosamente algún rastro de afecto que escapara del paternal. Sin embargo, entre mas lo pensaba, mas alejado estaba de la realidad, la verdad era que Colin Bridgerton jamás había visto a través de ella, no se había preocupado por averiguar su potencial, su verdadera personalidad o su devoción por sus ideales y el. Simplemente era el chico que había sido obligado a bailar con la fea del baile, el único valiente en escribir su nombre en su tarjeta de baile, el hermano de Eloise caritativo que le tenia lastima.

Eso era, y entre mas rápido lo asimilara, mas rápido iba a dejar de sangrar su corazón.

—De verdad lo siento, Pen, yo no quería causarte todo este dolor, es solo que… — y no pudo emitir mas palabras , porque realmente no tenia nada que decir.

Por otro lado, Colin Bridgerton sabia exactamente los sentimientos de Penélope hacia el, desde antes que se los externara, para ser completamente sinceros, era algo tangible, pero era mas sencillo ignorarlo y dejarlo pasar.

Realmente nunca pensó tener esta conversación, pero ahora mismo… parecía inevitable.

Trató de ser lo mas empático posible, aunque… ¿Cómo debería manejar un amor no correspondido?, el nunca fue rechazado, ni siquiera había persona que conociera que pudiese darle una negativa. Colin era el tipo de caballero que podía conseguir lo que se propusiera.

—Quedó claro. —suspiró Penélope y le pidió con la amabilidad y entereza que podría sostener en ese momento que se marchase a su boda.

(…)

Colin permanecía en Chipre con Marina por luna de miel, mientras Penélope lloró durante semanas, lo cual era un logro que parecía un tanto imposible, dado que sus ojos no dejaban de estar acuosos, tristes y sin vida.

Portia Featerington incluso se empezó a preocupar de la situación, por lo que cada dia le preparaba te, le ayudaba a tejer y a remodelar su armario. Sin embargo, nada funcionaba.

Nada hacia corto circuito en Penélope para revivirla.

Vivía por vivir y respiraba porque no le quedaba de otra.

Su pena cubría a toda persona que se le acercase.

La niebla en su desconsuelo era sumamente solemne. Penélope estaba bien de salud, no obstante, ella se encontraba muerta por dentro, hasta Prudence pensaba que algo se había quebrado irreparablemente en Penélope, algo que jamás podría ser arreglado o remplazado.

Quizá su inocencia, su niñez.

Pero era algo mucho mas fuerte. Se murió su ilusión, su razón de vivir, su adolescencia se marchitó. 

Al paso de un mes en esa condición, la matriarca de las Featerington, hizo lo unico que se le ocurrió:

—Vizconde — saludó Portia con desesperación en su voz, necesitando arduamente de la cabal ayuda del mayor de los Bridgerton, pues el era el único que había escuchado de sus problemas económicos y la verdadera razón de la tristeza crónica de la joven por dichos de Eloise, y sus plegarias para que les ayudase.

Anthony sonrió de manera educada como respuesta y se acercó a Penélope, y sintió una agobiante angustia por ella, ya que vió el vívido reflejo de su madre a días del sepelio de Edmund.

—Señorita Penelope, ya no llore. — solicitó dándose el atrevimiento de tomar su mano enguantada poniendose en cuclillas a su altura. —Yo le voy a ayudar a salir de todo esto, le juro que jamás tendrá noticias de ningún Bridgerton a menos que usted lo solicite, le prometo que en el primer barco que arribe será llevada a la granja que solicitó su madre. —pausó— Y no se preocupe por sus gastos, serán cubiertos de mi parte hasta que usted lo requiera — suspiró —Es lo mínimo que podría ofrecerle, necesita un tiempo fuera.

La ojiclaro le dirigió la mirada después de no haberle dirigido esa atención a nadie por al menos un mes, asintió y le sonrió.

—Muchísimas gracias, Vizconde— pasó saliva— No permitiría causarle este tipo de molestias con normalidad, pero no quiero volver a pisar Inglaterra en toda mi vida. — aseguró con cierto resentimiento.

Y así mismo ocurrió.

Penélope se marchó con apenas una maleta, en el primer barco de la mañana del día siguiente, con la ambición de un nuevo comienzo.

Pasaron los años, y mientras cada primavera pasaba, la memoria de su desdicha amorosa era mas digerible, menos dolorosa y mas borrosa, y ahora tenia un brillo distinto, suponía que se debía a la convivencia con las diferentes clases sociales, a sus viajes y sobretodo a la gente del campo que le dulcificaba el alma.

Y aunque ya no le dolía como antes, no podía evitar derramar algunas lágrimas al honor de Colin Bridgerton a pesar de todos esos años, y aquello le llenaba de furia consigo misma.

Por que lo único que quería era a el.

Penélope se retiró las lágrimas víctima de sus memorias, para finalizar buscando un tintero y una hoja de piel de cabra.

“Querida Marina".