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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-03-21
Updated:
2025-12-03
Words:
19,106
Chapters:
13/?
Comments:
48
Kudos:
135
Bookmarks:
8
Hits:
2,739

Yo la quiero usted, yo quiero a mi Betty

Summary:

Betty olvida la carta de instrucciones en su escritorio y Armando la encuentra por casualidad regresando de su viaje a Nueva York.

Chapter Text

Betty acababa de leer la carta que Mario Calderon había dejado en la oficina de Don Armando, y por chiste cruel del destino ella la abrió sin imaginar que su mundo se caería a pedazos en solo unos minutos. No sabía que hacer, pero sabía que ese vacío en su poche había vuelto otra vez pero cien veces mas doloroso. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo podía ser verdad lo escrito en esa carta?

Armando Mendoza regreso de Nueva York con la esperanza del futuro. Todo saldría bien, ¿cómo no podría salir bien si tenía a su Betty?
Mientras entraba a Ecomoda, pensaba en como ella lo ayudaría a salir del desastre financiero que el había causado, dejaría con la boca abierta a Daniel, y, como cereza del pastel, rompería su compromiso con Marcela en la próxima junta directiva para poder establecer una relación con Betty.
Se empezaba a sentir culpable por llevarla a lugares de mala muerte, porque, aunque ella dijera que no le molestaba y que lo único que quería era estar con él, ella se merecía más. No podía evitarlo; él quería darle todo, pues la vida no había sido gentil con ella y había sufrido mucho antes de encontrarlo a él, el peor de todos; el conocía a hombres de su misma calaña, que solo ven un físico temporal y nunca se cuestionaban si había algo más de eso; hombres que solamente llenaban el vacío de su vida con mujeres y fiestas. Pero el verdaderamente había cambiado, Betty lo había cambiado.
Betty le mostro un mundo nuevo de posibilidades. Ella le enseño lo que era la verdadera ternura y el cariño, lo que era sentirse amado; porque deseado se había sentido muchas veces, pero amado nunca, hasta encontrársela a ella.

Entro a su oficina y vio un paquete azul en su escritorio. Sabía que debía abrirlo, pues podía ser otro de los regalos que Mario le preparaba para Betty, pero le era más urgente ver a Betty después de tantos días.
Entró a la oficina de Betty con una liguera sonrisa pero ojos destellantes de cariño; le había traído un recuerdo de Nueva York: una esfera de nieve de Nueva York, con una nota que decía “por todos los lugares y momentos que nos quedan por vivir”. Era algo perfecto para ella. Ella era la persona más soñadora que conocía, y había viajado incluso más que Armando. Ella viajaba con los libros, mientras él fue a Europa y los Estados Unidos pero nunca pensó en que uno viaja por aprender.

Le extraño no encontrar a Betty porque ella no es de las que llega temprano, su Betty es alguien puntual y cumplidora. Sin embargo, al momento de acercarse al escritorio a dejar regalo, observo de reojo una hoja de papel con las palabras “monstrete”, “hacer el horror”, “le hago el amor a Betty”.
Leyó la nota alarmada; su corazón se cayó al piso y palideció. Verdaderamente Calderón no podía ser más idiota. Si la nota estaba aquí, en el escritorio de Betty, ella la puso aquí, ella la debió haber leído. De repente todos sus sueños se hicieron pedazos y su prioridad número uno fue encontrar a Betty para explicarlo como esa carta era una mentira, una mentira que en su momento era verdad pero las cosas cambiaron, en su momento el también era un idiota.
No tuvo necesidad de ir a buscar a Betty porque en ese momento ella entró a la oficina y se quedó quieta en el marco de la puerta de su pequeño rincón oscuro. Los dos se miran: Betty primero mira la mano de Don Armando con la carta y luego ve la cara de Don Armando.

-Betty por favor- dice de una que su voz parece que quiere temblar debido al pánico-Tiene que escucharme, esto no es lo que parece- dijo Don Armando, como alguien que trata de calmar un ciclón que se aproxima.
-Entonces, ¿qué es doctor?- dice con una voz susurrante, como la voz de alguien que ha pasado llorando varios días y esta tratando de mantenerse entera -Acepto que fui tonta, y nunca debí creer que un hombre como usted pudiera fijarse en una mujer como yo- exclama Betty queriendo ser fuerte.
-Beatriz, acepto que he sido un idiota, el más idiota de los idiotas. Usted ha de tener una imagen de mi horrible y me lo merezco totalmente, pero…- inconscientemente trata de acercarse un poco a ella y al ver que ella no se aleja, sigue acercándose lentamente conforme a como sigue hablando de una forma triste pero alzando la voz al asomarse su carácter fuerte y temperamental -… usted debe creerme cuando le digo que la amo-.
-Usted es un descarado, por favor, deje la jartera. Ya lo veo todo muy claro, por primera vez en su vida sea hombre y dígame las cosas de frente, ¿no cree que es lo mínimo que me debe?. -Armando la mira fijamente sabiendo que ella no creería la verdad y ella alza la voz aún más. -Nada más de jueguitos sucios de usted o de don Mario, ¿si o no usted se…- las palabras estaban tratando de salir de su garganta y necesito de toda su fuerza de voluntad para poder sacarlas, porque si las pronunciaba, su más grande miedo se haría realidad y sumando a eso la proximidad de él la mataba, pero no podía alejarse -… usted se acostó conmigo para poder salvar su empresa? - Aunque ella sabía la respuesta, la necesitaba. Necesitaba matar cualquier esperanza que aun seguía en su corazón, entre mas rápido pasara la bala, más rápido podría empezar a desangrarse.
-Si Beatriz, en un principio ese era el plan, Calderón me convenció y yo me cegue por el miedo y la desconfianza. La idea de Nicolas Mora enamorándola y aprovechándose de usted con la empresa…-
-¿Nicolas? Yo le dije Don Armando que el era de mi confianza, yo siempre fui incondicional con usted, no le di ni un solo motivo para desconfiar en mí- lo dice reclamándole y en este punto ya no puede controlar las lagrimas ni su voz.
-Yo se Betty, pero, ¿qué podía hacer? Mi patrimonio, mi familia, el de los Valencia. Usted tiene que entenderme. Tenía mucho miedo, y me cegaron las estúpidas metas, pero la conocí Betty y se lo juro por lo más sagrado que enamore de usted. Puede que no me crea y me lo merezco, pero sepa que este hombre la ama a pesar de lo que los demás pueden pensar- dice Armando llorando lagrimas silenciosas que no supo en que momento salieron.
-Usted y yo sabemos que se avergüenza de mí, no soy nada. -escupe furiosamente- Para usted solo fui una más, y ni eso. Usted y yo sabemos quien es su tipo de mujer y lo que busca, a mi me utilizo de la forma más baja posible- dijo Betty llorando intensamente en este punto.
-Betty se lo juro que eso no es cierto, usted no es como las demás. Usted me ha enseñado lo que es vivir, lo que es la felicidad y es el amor, si tan solo pudiéramos pasar esta ultima junta directiva, yo le juro que…- dijo Armando intentando explicarle su plan tratando de convencerse a si mismo de que era un buen plan.
-¿Si es que pasamos? Usted debe ser un cinico Don Armando…- ¿cómo se atrevía? Primero destrozaba con su corazón y el esperaba que ella siguiera dispuesta a ayudarlo. -A usted no lo quiero volver en toda mi vida, pero cometí un error y estoy dispuesta a aydudarlo por el compromiso hacía don Roberto y la empresa. Ellos no merecen pagar por nuestros actos. Pero usted y yo no somos nada. Después de esto yo me voy para siempre y no tendrá que volver a saber de mis horribles besos.- le grita alterada con una voz que indica dolor pero unos ojos hundidos en tristeza.
-Betty pero usted no entiende, yo la quiero a usted, quiero a mi Betty- Armando esta a 20 centímetros de Betty y solo quiere tocarla, necesita volver a sentirse seguro y protegido.
-Esa Betty ya no existe doctor, usted la mato- dice Betty con un llanto filoso y señalándolo intensamente con el dedo.
-Beatriz no por favor, no me haga eso, se lo juro por lo más sagrado que soy suyo y que esa carta es basura, lo nuestro es más que eso. Lo nuestro es lo único que me importa- dice con un ritmo rápido y desesperado. Nunca había sentido un miedo tan grande, ni por perder la empresa, ni una de las tantas veces que Marcela estuvo a punto de atraparlo con una de tantas mujeres. No puede resistirse más y la abraza inesperadamente sin pedir su permiso y se aferra a ella, lo da todo en ese abrazo y Betty intenta vagamente pero no tiene la fuerza para soltarlo, y se hunde en su pecho a llorar.
-¿Por qué doctor? No soy tan fuerte, ¿por qué me hizo esto?