Chapter Text
"Ay de aquel que beba la sangre del último unicornio, pues se volverá ser hermoso y eterno, y traerá de regreso a Dios al paraíso perdido."
Azulin ya no sabría decir cuántas veces había leído esas palabras, buscando en ellas la fuerza y determinación necesarias para seguir adelante, buscando un propósito, una justificación, una salvación a su propio espanto, lo que sí sabía es que ahora las necesitaba más que nunca.
Alguien estaba llamando a su puerta.
-Adelante-dijo, tras colocarse la máscara.
Entro un osito de color crema, con una boina roja y simpáticas pecas en el rostro.
-Cabo Pompom a sus órdenes, Teniente-saludo, formal-escuche que ya se había instalado y quería presentarme.
-Ya veo-se acercó y ofreció su mano buena-mucho gusto.
-Me alegra verle de pie.
Azulin retuvo su mano y le clavó la mirada con su único ojo azul y frío.
-¿Nos conocemos acaso?
-Si, ¡Quiero decir!, No-trago-no exactamente, yo…estaba con el grupo que lo encontró, en el río.
El río…el bosque, dolor…el unicornio…los recuerdos pasaron como rayos por su memoria y Pompom hizo una mueca, estaba apretando demasiado fuerte su mano, lo soltó.
-Ya entiendo, tengo otra cosa que agradecer entonces, salvó mi vida.
-Oh, no, no es necesario, señor.
-Ya hablaremos de ello, ahora quisiera ver a las tropas, tengo mucho por hacer.
-¡Si, señor!-se cuadro-permítame guiarlo.
Azulin recogió un libro del escritorio, una biblia, y usó el otro brazo, aquel que acababa en un muñón vendado, para indicarle que saliera.
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En el fondo, Azulin sabía que todo aquello era una farsa.
Ya conocía de sobra el Campamento Corazón, no hacía ni tres meses que salió de allí con su hermano, sus compañeros de batallón y la cabeza llena de sueños heróicos, sueños que el Bosque Mágico no demoró en hacer añicos junto a todo lo demás en su vida; No era un héroe, pensaba, al contrario, si algo había descubierto en la soledad hermosa y sofocante del bosque fue cuan bajo era capaz de caer, en que clase de monstruo podría convertirse, qué demonio había guardado desde siempre ocultó en el alma.
Y sin embargo estaba de vuelta ahora, andando entre los mismos viejos barracones, pisando el fango del campo de entrenamiento, lo único nuevo eran las caras, novatos que le observaban con una mezcla de asombro y pasmo, que cuchicheaban temerosos a sus espaldas, y él, él también era nuevo, era el Teniente Azulin, el ícono creado por el Estado Mayor para motivar a los jóvenes ositos a enlistarse y dejarse la piel, la vida y todas sus esperanzas por un ideal.
Por una farsa.
-¿A eso llamas disparar?-la voz de Pompom, que había estado ignorando porque no le contaba nada que no supiera, destacó de pronto-¡Así no vas a llegar a ningún lado en el ejército!
Estaba regañando a uno de los cadetes en el campo de arquería, el pobre osito parecía a punto de llorar de frustración, Azulin se acercó e hizo a un lado a un sorprendido cabo.
-Buenos disparos, cadete, sigue practicando.
-¡Si, si, señor!-el cadete no estaba menos asombrado.
-¡Pero, señor!-exclamó Pompom-¡No es el mejor!
-A veces no es necesario ser el mejor-fue su respuesta, y siguió andando.
No necesitaba que fueran los mejores, solo necesitaba que fueran leales.
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Los soldados hablan, es un tópico bien conocido y un hecho ineludible, pon a un grupo de ositos en una zona aislada, enfrascados en una rutina agotadora y buscarán un escape a sus nervios por todas las formas posibles.
Ninguna forma es más divertida que el chisme y pocas personas daban más de que hablar que su nuevo y enigmático comandante.
-Ningún otro osito ha entrado y salido con vida del Bosque Mágico.
-Es un verdadero soldado.
-Sabe más de la guerra que nadie.
Pompom, de pie al fondo del salón donde el teniente había reunido a la tropa más reciente para darles una clase, se dió cuenta de que bastaba escucharlo un rato para tomarse en serio los rumores.
-La principal arma de un unicornio es su mortífero cuerno-explicaba a su auditorio absorto-pero no es ni de lejos la única, hablamos de bestias dos veces más altas y tres veces más pesadas que cualquiera de ustedes, pueden arrancarles los miembros de un mordisco y aplastar sus cabezas con los cascos.
-Oi que mató a siete unicornios-susurraban voces temblorosas al fondo.
-Y que bebió su sangre.
Bueno, eso quizás fuese una exageración, aunque nadie sabía a ciencia cierta qué había ocurrido con su batallón.
-El Teniente Azulin sin duda nos llevaba a la victoria.
Eso Pompom no lo sabía, pero sí parecía estar decidido a ello, jamás había visto a un oficial tan comprometido.
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El secreto estaba en los pequeños detalles.
Durante las primeras semanas Azulin se interesó por todos y cada uno de los aspectos del ejército, el equipo, las condiciones del campo, hizo listas con los nombres y antecedentes de los soldados y los cambiaba de batallón si lo creía necesario; parecía tratar de crear divisiones lo más equilibradas posibles pero Pompom se dió cuenta de que enfrentaba un dilema cada vez que hallaba hermanos en sus listas, a menudo se decidía por separarlos bajo el alegato de que, en el campo, ver morir a un hermano era igual a perder a los dos.
Los soldados decían que el Teniente había tenido un hermano.
-Cabo Pompom, necesito bajar a la ciudad.
-Traeré el jeet, señor.
No estaba muy seguro de cómo o cuándo ocurrió, pero se había convertido en su asistente personal, era una posición de cierto privilegio y el Teniente no era nada exigente pero hasta ahora solo implicaba llevar sus comidas y conducir por él cuando necesitaba ir a algún lado, y habían viajado mucho, cuando el Teniente no estaba metido en sus listas o dando lecciones a los cadetes iban a la ciudad, casi siempre ha hablar con las familias de algún cadete, eran entrevistas privadas durante las que Pompom se quedaba esperando en el auto.
Pensó que este viaje era de esos cuando lo condujo hasta una encantadora casita de campo cerca del lago, lo siguió con la mirada mientras atravesaba el jardín y llamaba a la puerta, un viejo oso azul de aspecto cansado le abrió la puerta y se le quedó viendo con los ojos como platos…lo que no tenía nada de raro, de buenas a primeras el teniente, con esa máscara sin rasgos, asustaba.
-Papá-dijo.
-Azulin… ¡Hijo mío!-el oso salió de su estupor y le dió un abrazo que no supo responder-fui a recogerte cuando te dieron el alta, pero ya no estabas allí.
-Tuve que volver con el ejército, papá.
-¿No han tomado ya suficiente de ti?-pregunto, molesto.
-Se me necesita, y no está tan mal, soy teniente ahora…
-Teniente-la admiración dió rápido paso a una honda pena-si tu madre pudiera verte…
-¿Todavía te reúnes con tus amigos del mercado agrícola?
-Cada semana, si.
-¿Puedo pasar?
-Es tu casa, claro que puedes.
En el jeet, Pompom se había quedado de una pieza, hubiera jurado que el teniente venía de alguna familia militar de alto copete, pero no, era el hijo de un pescador, enseguida se puso a pensar en cómo lo contaría en el campamento esa noche, el teniente era muy callado y le daba coraje no tener chismes frescos pese a lo cerca que estaban.
Sin embargo, las sorpresas aún no acababan, la visita duró menos de una hora y luego el teniente le ordenó llevarlo al cementerio municipal.
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Alguien había agregado palabras a la lápida de su madre.
Cuando le interrogaron en el hospital sobre la suerte de su batallón se apegó a los hechos tolerables: Los unicornios los mataron a todos, no creyó necesario mencionar la tragedia de los hermanos Mimosin, aunque si que rescato el heroico sacrificio del Padre, pero nadie debía saber lo que le hizo a Coco, nadie, JAMÁS.
Cuando su padre le preguntó por si hermano se aferró a esa versión, cierto, Gordi seguía vivo cuando lo vio por última vez, ¿Pero como iba a haber sobrevivido después en el bosque, el solo?; Así pues, sin un cuerpo pero con una certeza, no debería de haberle extrañado ver el nombre de su hermano y un par de fechas, dolorosamente claras en la piedra ajada por el tiempo.
Y sin embargo le sorprendió, de hecho, le molestó sobremanera.
-De nuevo te adelantaste hacia ella…pero no voy a seguirte está vez.
Limpio algo del polvo sobre la lápida con su mano buena.
"¡Estás enfermo, ya lo decía mamá!"
Tal vez tuviera razón, pero lo que había hecho ya no tenía reparación y para lo que planeaba hacer no tenía dudas.
Y aún así…
-Dile a mamá…que lo siento.
Le dió la espalda a la tumba y se encaminó al jeet, se dió cuenta de que ese cabo, Pompom, le observaba con algo que interpretó como lastima y sintió deseos de golpearlo por impertinente, pero necesitaba contener su furia, otros la merecían mucho más.
-Llevenos de regreso, cabo.
-Si, señor.
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Los cadetes no podían creerlo cuando entraron al comedor la tarde siguiente.
-¡Pescado!
-¡Y pan recién hecho!
-¡Se ve delicioso, que rico!
-Así es-tal fue la impresión, que no habían visto al teniente allí-pescado, verduras frescas, cortesía de nuestros agricultores, nunca olviden que es por ellos, por nuestras familias y nuestra gente, por quienes peleamos.
Pompom no creía haber visto un ambiente tan alegre en el cuartel, si el teniente ya tenía el respeto de los ositos, con esto comenzaba a ganarse sus corazones.
-No más gachas, me aseguraré de que reciban una comida decente al día, y una cosa más-dejo una cesta sobre una mesa y las descubrió.
-¡Arándanos!
-¡Son arándanos de verdad!
-Dos por cabeza, ¿Puede repartirlos, Cabo Pompom?
-¡Claro que sí, señor!
-Estaré en la armería.
Se oyeron algunas quejas aisladas, a los ositos les hubiera gustado que se quedará y les contara alguna historia, pero el teniente era un oso ocupado, les deseo buen provecho y salió de allí.
-El Teniente Azulin es el mejor.
-¡Qué arándanos tan ricos!
-Pompom, ¿De dónde consiguió la comida?, ¿Lo sabes?
Pompom pensó en lo que sabía y sonrió.
-El teniente tiene sus métodos-se limitó a decir, y siguió repartiendo arándanos.
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~El bosque era…hermoso, un vergel de colores, aromas y sonidos, no era extraño que lo llamarán Paraíso.
Pero Azulin sabía que aquello era el Infierno.
-¡Azulin!
-¡Gordi!... ¡Gordi!, ¿Dónde estás?
-¡Azulin, ayúdame!, ¡Ayúdame, hermano!
¿Dónde estaba?, El bosque era un laberinto de pesadilla, sus gritos se perdían en la espesura, la voz de Gordy parecía salir de todos lados a la vez y, entonces, el sonido de unos cascos atronó sus oídos, ¡Unicornios!
-¡Gordi!
Apareció frente a sus ojos como por ensalmo, una bestia oscura y terrible, un relincho como un trueno en la noche, sin tiempo a pensar, Azulin se cubrió y arrojó un golpe.~
El dolor le atravesó el muñón e inundó su cerebro.
-¡AAAAGH!
Pompom iba pasando junto a la cabaña, camino al barracón para un necesario descanso, cuando escuchó aquel gritó que casi le mata del susto.
-¡¿Teniente?!
Ni él mismo sabía que esperaba encontrar cuando entro a las bravas, pero seguro que no era al teniente tirado junto a la cama entre un revuelo de sábanas, la mesa de noche y la lámpara estaban tiradas también, necesito unos minutos para armar aquel rompecabezas.
Azulin no le dió unos minutos.
-¡Fuera de aquí!-grito, sonó ahogado porque cubrió su rostro con la sábana.
-¿Teniente, que…?
-¡Largo, maldita sea!-agito con rabia el brazo del muñón-¡Déjame solo!
Pompom había encendido la luz tras entrar, así pudo ver un vendaje suelto y manchado, las piezas encajaron, el teniente había tenido una pesadilla, en su frenesí golpeó la mesa de noche con el muñón, y no había que ser un genio para imaginar lo que debió doler, Pompom le había visto tragar analgésicos a puñados, a veces con alcohol, para lidiar con el dolor de las brutales heridas que recibió en el bosque.
Y ahora estaba cubriendo su rostro, la máscara estaba sobre el escritorio, la tomó y se la extendió mirando a otro lado.
-Tenga, teniente, no voy a mirar-sintió que se la quitaban-si me permite, puedo cambiar su vendaje, después me iré.
-...Está bien…
Fue por el botiquín, mientras tanto Azulin busco recuperar cierto dominio de la situación enderezando la mesita y recogiendo la lámpara, Pompom no pudo evitar darle un vistazo ahora que podía, tenía una cicatriz bárbara en el pecho y era más delgado de lo que hubiera esperado, todo nervio y músculo; cuando se sentó en la cama y le clavó una mirada inquisitiva con su único ojo tuvo un escalofrío.
-¿Pensaba quedarse ahí toda la noche, Cabo?
-No, señor, disculpeme.
Acercó una silla y comenzó a desenvolver el vendaje viejo, estaba…bastante flojo, y algunas de esas manchas parecían… ¿Acaso había estado atendiendo sus heridas sin ayuda?, Al menos el muñón parecía estar cerrando bien, la piel tenía ese color de pollo crudo, desagradable aunque saludable, sin contar el moretón que empezaba a formarse; limpio la zona a conciencia y colocó un vendaje limpió.
El teniente no le quitó el ojo de encima en todo el procedimiento, haciéndole sentir como un bicho bajo un microscopio; cuando estaba terminando le pasó un preocupante pensamiento por la mente, ¿Su rostro también necesitaba alguna cura?, Definitivamente no iba a ofrecerse a ello, capaz y tenían que coserle la cara a él después, pero en cuanto lo pensó tuvo la visión de la primera y única vez que vio su cara.
Y aquello, en aquel momento, no era una cara, era una calamidad de sangre, hueso y carné como jamás…
-Me parece que ya está bien ajustado.
-¿Eh?-el vendaje-si, tiene razón-se levantó y guardó el rollo de vendas de vuelta en el botiquín.
-Cabo…-la voz a su espalda le sonó agotada.
-¿Señor?
-Se supone que debo cambiarla cada doce horas, pero prefiero que no interrumpa mis obligaciones…venga antes de comenzar el día.
-Como ordene, señor.
-... gracias…puede retirarse.
De más está decir que ninguno de los dos durmió el resto de esa noche.
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En cierto modo el incidente sirvió para cimentar lo que hasta entonces era solo una relación entre superior y subordinado.
Y es que Pompom no tenía el estómago para cambiar vendas y quedarse callado mientras el teniente le clavaba esa mirada como una esquirla helada, algo tenía que decir que aliviará la tensión o sentía que los dos se podrían asfixiar.
-Los soldados hablan, señor.
-Los soldados siempre hablan, cabo-le sorprendió, no esperaba que respondiera.
-Están encantados con usted, con su liderazgo, todos opinan que es el mejor teniente que hemos tenido jamás.
-¿Usted lo piensa también?
-Absolutamente, señor-y lo decía en serio-somos afortunados de tenerlo.
-¿Qué más dicen los soldados?
Existía algo profundamente erróneo e irónico en todo aquello, pensaba Azulin, la belleza física era un factor de gran importancia para los ositos, algo que se les inculcaba desde pequeños a buscar y apreciar, igual que se les enseñaba a odiar a los unicornios y obedecer a la autoridad.
Hablando de la autoridad, Azulin no le daría un premio de belleza a ninguno de los miembros del Estado Mayor y, luego de varias frustrantes reuniones para "discutir estrategias" tampoco les daría premios por nada más, eran un montón de viejos mentirosos e inútiles…y aquí tenían a Pompom, un simple cabo, con un rostro encantador, y a él mismo, engrasando los oxidados mecanismos del ejército por primera vez en años, apreciado y admirado como nunca por ositos que no podrían imaginar el horror que ocultaba su máscara.
Qué absurdo era todo.
Pompom se presentaba al amanecer, antes del primer toque de corneta, y en la noche, después de la cena, para cambiar sus vendajes; después de unos días la charla fue derivando a temas intrascendentes, sobre la familia, la infancia, hablaba casi solo él, pero las conversaciones siempre arrancaban con la misma pregunta del teniente.
-¿Qué han dicho hoy los soldados?
-Hoy regresó el soldado Creme, usted le dió un permiso extendido de una semana para que estuviera con su recién nacido, trajo un montón de fotos.
-¿Está bien el bebé?
-Es adorable, su esposa envió los bollos de nuez que le serví en el almuerzo.
-¡Oh!-Pompom sonrió, feliz de alegrar su ánimo por lo común taciturno.
-¿Qué más?
-Bueno…-dudo un poco-se preguntan cuándo terminará la guerra, todos creen que usted nos llevará a la victoria definitiva.
-¿Tú también crees eso?
-¿En la victoria?-el repentino tuteo le descolocó.
-En que estamos en guerra.
No podría haber dicho nada más extraño, Pompom se quedó tan perplejo que no supo responder.
-¿Cuál ha sido la estrategia hasta ahora?-siguió Azulin, casi como hablando consigo mismo-enviar una unidad tras otra al bosque, con más o menos entrenamiento, cada una más joven que la anterior, enviarlos a morir, ¿Y porque al final?
-Por…-Pompom no estaba seguro de si debía decir algo, le ganó su educación-por el bosque, por supuesto, el Bosque Mágico, los unicornios nos lo arrebataron y debemos…
-No me recites las escrituras.
Pompom se mordió la lengua, que estúpido, el teniente llevaba una biblia a todas partes, ¿Que podía decirle que no supiera?, Pero lo que él estaba diciendo, lo que insinuaba, era tremendamente peligroso.
-Honestamente, no puedo pensar en una razón por la que necesitemos ese bosque.
-Pero, los unicornios…-deseaba poder decir algo que detuviera esa conversación.
-Oh, los unicornios deben ser eliminados, solo digo que, ahora, las prioridades del Estado Mayor son otras.
Aquello ya era demasiado, termino de ajustar el vendaje y se levantó casi de un salto.
-¿Necesita algo más, teniente?-preguntó, evitando su ojo.
-No por ahora, pero le necesitaré en el campo más tarde.
Había vuelto al tono formal, temeroso de que volviera a cambiar si preguntaba para qué, se cuadró y salió a paso firme.
Azulin examinó su vendaje, estaba un poco más apretado de mi usual, pobre cabo, lo había puesto nervioso.
-0
A Pompom se le hizo difícil concentrarse el resto del día, seguía dándole vueltas a las cosas que dijo el teniente…tal vez había estado probandole, pero si no era así y de verdad pensaba esas cosas, ¿Que debía hacer?
Al caer la tarde se dirigió al campo, algunos ositos estaban entrenando en pares, uno balanceaba un palo con la cabeza de madera de un unicornio y otro buscaba golpearla en el cuello y los ojos con un cuchillo mientras evitaba el cuerno; el Teniente Azulin observaba atentamente, sentado y con una libreta sobre las rodillas.
-Es suficiente-se levantó-¡Descansen!, Bien hecho, cadetes, han mejorado.
-¡Gracias a usted, teniente!
-¿Cuándo será la batalla?
-¡Queremos matar unicornios, estamos listos!
Azulin hizo un ademán, pidiendo sosiego.
-Pronto, por ahora deben templar sus espíritus tanto como sus cuerpos, vayan al comedor, escuche que tendremos estofado de setas está noche.
Los ositos recogieron la mayoría del equipo y marcharon alegremente, más parecidos a un grupo de escolares que a los duros soldados en que empezaban a convertirse; Pompom los vio alejarse, se dió cuenta de que se identificaba con ellos, adoraba a su comandante y esperaba ansioso el día de la victoria…pero el teniente no les había prometido nada, ¿Verdad?
-Cabo Pompom.
-¡Señor!-volteó y dió un salto hacia atrás, un cuchillo se clavó en el suelo a sus pies.
-Tómelo-ordenó Azulin, armado con otro.
-¿Perdón?
-Tome el cuchillo.
-Usted…-intentó sonreír y le salió una mueca-¿Usted bromea, verdad?
-¿Le paresco de los que bromean, cabo?
Obvio no.
-Vamos, me hace falta el ejercicio.
-¡No voy a pelear con usted, señor!
-No es una sugerencia, ¡Toma el maldito cuchillo, es una orden!
Pompom sacó el arma del suelo pero mantuvo la hoja abajo, ¿Era acaso otra prueba?, ¿En qué estaba pensando?
-Tienes esa mirada otra vez-el tuteo de nuevo.
-¿Qué…qué mirada?
-Sientes pena de mí, sientes lastima.
-¡Claro que no!-exclamó, retrocediendo tanto como el otro avanzaba-yo le respeto muchísimo.
-Entonces no me insultes subestimandome, ¡Pelea!
Se arrojó con un grito de furia, Pompom lo evitó por muy poco y tuvo que valerse del cuchillo para interceptar un golpe tras otro, los cuchillos del ejército son pesados y largos, más efectivos a dos manos, claramente el teniente había estado practicando con su única mano para compensar esa debilidad.
-¿Sabes cuándo acabará está guerra, Pompom?-hizo una finta y acertó un corte en su mejilla-¡Cuando hagamos que empiece!
El repentino dolor le sacó de sus casillas, empujó al teniente y, antes de darse cuenta, estaban intercambiando cuchilladas en toda regla.
-¡Mucho mejor!, ¡Fantástico, fantástico!, ¡Casi pareces un soldado de verdad!
-¡Soy un soldado de verdad!
-¡No te contengas entonces!, Sería vergonzoso que te venciera un tullido.
Por un segundo lo había olvidado, se tambaleo, lo que Azulin aprovechó para conectarle un golpe a la mandíbula, ¡Con el muñón!
-¡¿Qué diablos?!
-Ya no está tan sensible, debo agradecerle por eso también.
Oh…OH, estaba volviéndolo loco, estaba sacando lo mejor y lo peor de él, ¿Quería una pelea?, ¡Pues él iba a darle una pelea!, Salto y está vez fue Azulin quien tuvo que retroceder.
-¡Eso es!, No basta con ser el mejor, necesito soldados que estén dispuestos a matar por la causa.
-¡Lo estoy!
-¡A morir por la causa!
-¡¡Lo estoy!!
Azulin tropezó, el cuchillo de Pompom silbo frente a su ojo y la máscara salió volando, Pompom quedó sobre él, paralizado de estupor, ese rostro…Jamás lo hubiera imaginado…
Un lado era un demonio de carne roja, el otro un ángel azúl, separados por una línea antinatural, una pesadilla y un sueño, tan terrible como fascinante.
-Yo moriría por usted, señor…-dijo, y Azulin pareció tan sorprendido por sus palabras como él mismo.
-... gracias…-sonrió-... ¿Podría levantarse ahora, cabo?
-¿Levantarme?-reaccionó-¡Dios!, ¡Lo siento!-se apartó de un salto-¡¿Por qué me hace estas cosas, teniente?!, ¡Qué vergüenza!
Azulin le dió la última gran sorpresa del día rompiendo en carcajadas, no hubiera esperado que tuviera una risa tan fuerte y limpia; recogió su máscara y se la devolvió mientras se tallaba el corte en la mejilla, no era profundo, noto, ni siquiera dejaría cicatriz.
-Teniente, escuché-dijo, tomando una decisión-debe tener cuidado con las cosas que dice, hay personas que podría considerar sus opiniones algo…
-¿Subversivas?-La cinta se había roto, tendría que sostener la máscara con la mano hasta arreglarla.
-Me preocupa.
-Entiendo, tiene razón, ya no diré esas cosas-lo pasó de largo-pero, usted sabe, Cabo Pompom, los soldados hablan.
-...los soldados siempre hablan, señor.
Azulin sonrió para sí bajo su máscara, sin ella la expresión a la vista solo podría haber sido descrita como malévola.
-0
¿Cómo nunca lo vieron venir?
-El bosque es una enfermedad-exponia Azulin al Estado Mayor-¡Hagamos que arda!, ¡Obliguemos a los unicornios a salir y pelear en nuestro terreno!
-¡Usted delira, teniente!
El monstruo siempre estuvo en él, ahora podía reconocerlo, fue el bosque lo que le despertó.
-Mientras la guerra continúe, mantendremos el poder-ya le habían dado ese discurso antes, y él fingió tragarlo-además el bosque…
-¿Cuándo fue la última vez que estuvo allí, general?, ¿lo conoce siquiera?
-¿Cómo se atreve a hablarme de ese modo?
-¡Yo estuve allí, y mire lo que me hizo!
Se quitó la máscara, la máscara que ellos me dieron, la dejo que el monstruo se paseara por el mundo como si aún fuera un osito más, y se regodeo en el terror que cubrió sus rostros.
-Mire mi ojo, lo llamamos paraíso pero le aseguro que ese lugar es el infierno.
-Esta…está fuera de lugar, teniente-se recompuso el general, atrás, el capitán Hocicos había desenvainado a medias su espada.
Azulin volvió a colocarse la máscara y se dirigió a la salida.
-¡Teniente Azulin!-lo ignoro-¡¡Teniente Azulin!!
Afuera, el Cabo Pompom y un grupo de reclutas armados con machetes esperaban su señal, chasco los dedos y dejo que entrarán, al poco escucho los gritos.
¿Cómo no lo vieron venir?
Desde su torre podían ver todo el campamento, podían oír a los soldados gritar aquello de "¡Muerte, muerte al Unicornio!", pero no captaron que la amenaza ahora les incluía, oían a los soldados hablar de su descontento, de su odió, pero se sentía intocables, pusieron a un monstruo como intermediario, lo volvieron un icono, y no por un instante pensaron en que se daría la vuelta y los acabaría.
Ancianos estúpidos, se lo merecían.
-Señor…ya está.
Pompom estaba a su lado, cubierto de sangre, lucía tan conmocionado que le ofreció su petaca, el osito la apuro en dos tragos.
-¿Qué hacemos ahora?
-Reúna al ejército, la Guerra Sagrada ha empezado.
Asintió, la guerra había empezado, tuvieron que hacerlo para que pudiera terminar, ahora todo dependía de que el teniente les llevará a la victoria.
Pompom rezaba porque así fuera.
"Ay de aquel que beba la sangre del último unicornio, pues se volverá ser hermoso y eterno, y traerá de regreso a Dios al paraíso perdido."
