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Fandoms:
Relationships:
Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 1 of I once believed love would be burning red but it's golden
Stats:
Published:
2023-04-07
Completed:
2023-10-22
Words:
266,677
Chapters:
29/29
Comments:
131
Kudos:
411
Bookmarks:
36
Hits:
9,761

The red means I love you

Summary:

Peter Stark-Rogers está agotado del peso que sus padres y los medios de comunicación han puesto sobre sus hombros desde que era un crío.

Fuera de la apretada agenda que debe cumplir, la falta de privacidad y los secuestros semanales para usarlo como carnada, la imagen que la prensa le ha creado está arruinando su vida.

Peter ya no quiere ser esa persona que sigue las reglas al pie de la letra. De hecho, quiere romper todas las reglas y volverlas a romper por si el mensaje no quedó claro la primera vez.

Así que, ¿Qué mejor que contratar a un criminal casi 10 años mayor y con dudosa moralidad para que finja ser su novio?

Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas y la destrucción del multiverso como lo conocemos no es algo de lo que Peter se vaya a responsabilizar.

Chapter 1: I. Mi ride está a punto de die todos los días

Chapter Text

"Peter Stark-Rogers, hijo adoptivo de los súper héroes Steve Rogers, capitán América, y Tony Stark, Iron Man, ha sido secuestrando esta mañana, según fuentes que afirman haberlo visto ser hostigado con un arma en la cabeza a favor de meterlo en una camioneta negra sin placas. Hasta el momento ningún miembro de los vengadores ha dado declaraciones al respecto, pero se cree que..."

Una lata de cerveza fue arrojada al televisor, seguida por un coro de abucheos e insultos hacia los héroes más valientes del planeta según Forbes. Entre ellos, Peter mostró su dedo medio a la pantalla antes de volver su atención a la única carta en sus manos. Si el color cambiaba a verde, podría gritar Uno y declararse como el ganador invicto por tres secuestros consecutivos.

—¡uno!—exclamó Marlo, quien todos sabían tenía la costumbre de guardarse las cartas bajo el muslo.

Peter, aún con las manos atadas y sangre seca en la boca de cuando Frank le pegó con el mango de la pistola, señaló las piernas cruzadas del criminal y exclamó:

—¡puedo ver las cartas desde aquí! ¡Eres un tramposo!

Inmediatamente, el silencio se instaló sobre el grupo de personas reunidas en círculo.

—¿acabas de llamarme tramposo, mocoso?—con una mueca que desfiguraba la enorme cicatriz en su mejilla, Marlo se sentó sobre sus rodillas y miró a Peter, que permanecía con las piernas amordazadas—Acaso, ¿quieres que te parta la cara en dos?—con una mano desenfundó la pistola en su cinturón y apuntó la frente del menor.

—me gustaría verte intentarlo—bufó Peter, pegando su frente al cañón de la pistola.

No era la primera vez que lo apuntaban con un arma y estaba seguro de que no sería la última. La primera vez que se encontró de cara con un revólver tenía ocho años y estaba tan asustado que se orinó en los pantalones y suplicó clemencia, llorando a grito vivo por que sus papás llegaran a rescatarlo. Ahora, con veinte años, casi veintiuno, no tenía miedo de retar a la muerte. Estaba acostumbrado a estar en peligro. Además, sabía que Marlo era alguien de amenazas vacías. Sobre todo porque su castigo sería peor que la muerte si se atrevía a tocarlo antes del plazo máximo.

—ey, señoritas—intervino Jack, el líder del grupo. Con más de diez años de experiencia en el negocio y habiendo extorsionado a importantes políticos y mandatarios, era demasiado orgulloso para aceptar que Iron Man y Capitán América estaban por encima de su liga. Sin embargo, Peter reconocía su tenacidad. Muchos se habrían rendido después del sexto intento fallido de extorsión, pero no Jack. Jack Holland era sinónimo de perseverancia—Conoces las reglas, Marlo. Aquí no hacemos eso a menos de que sea necesario—miró a su subordinado y después a Peter, retándolo a decir algo que pudiera ganarle una bala en la cabeza. Peter viró los ojos, pero mordió el interior de su mejilla para suprimir el bufido indignado a mitad de su garganta—Este es un juego amistoso, muchachos. Que Peter sea un mal perdedor no lo hace merecedor de una bala en la cabeza. Pensé que lo habíamos aclarado la semana pasada, cuando Camille intentó cortarle la mano jugando ajedrez.

—si, pero este mocoso no llamó a Camille tramposa.

—porque Camille no es una tramposa y simplemente apesta para el ajedrez—masculló Peter con veneno. Acto seguido, el cañón del arma descendió por su nariz y se abrió paso dentro de su boca, deslizándose hasta el fondo de su garganta. Esto era lo más cercano que el castaño había estado de dar una mamada, aunque estaba casi seguro de que las pollas no sabían a aceite, ni podían matarlo al descargarse.

—escucha a Jack, Marlo—secundó Roy, el segundo al mando y lamebotas personal de Jack. Era a quien Peter más aborrecía por su actitud sumisa y falta de brío. Nunca lo había visto negarse a nada que Jack le ordenara. Ni siquiera Jarvis, la IA de su papá, era tan servicial—El querubín de América está acostumbrado a tenerlo todo con solo chasquear los dedos. Se olvida que no estamos aquí para cumplir sus caprichos.

Oh, como odiaba ese mote. Desde que una red de televisión se atrevió a llamarlo querubín de América, todos tomaron por costumbre hacer lo mismo. Fue como si redujeran su existencia a un chiste mal contado.

—Marlo, si no quieres pasar el resto de tu vida en una prisión federal, te recomiendo alejar la pistola del chico—advirtió Jack, acercándose a Marlo con una expresión que prometía problemas si no hacía lo que se le ordenaba. El hombre de la cicatriz solo soportó medio minuto bajo la mirada de Jack antes de guardar la pistola en el cinturón y volverse a la televisión, dándole la espalda a Peter—en cuento a ti—suspiró, poniéndose en cuclillas frente a Peter, que tenía la frente perlada en sudor, pero que del resto no parecía asustado por haber tenido una pistola en la boca—No entiendo tu fascinación por sacar de quicio a mis hombres, pero mantén a raya tus instintos suicidas, ¿entiendes? Me vales mas vivo que muerto.

Peter volvió a virar los ojos, mirando hacía el lado contrario. Por desgracia, su falta de respeto le valió que Jack lo tomara bruscamente de la mandíbula y le girara el rostro para que lo viera a la cara.

Aunque Peter se consideraba un experto en el arte del contacto visual con criminales, debía admitir que Jack podía ser intimidante cuando quería. De modo que, quince segundo después, terminó agachando la mirada a regaña dientes, mientras apretaba los puños entre las sogas que le impedían moverse.

—sé que no eres sordo, Peter. Te pregunté si entendiste.

El nombrado tragó saliva, recordando por algún motivo un momento en específico de su infancia que creía olvidado. Probablemente tenía entre doce a catorce años la primera vez que entendió realmente a lo que Natasha se refería sobre aceptar cuando había perdido, después de que la viuda negra le venciera por tercera vez consecutiva en el ring de boxeo.

—si, como sea—masculló, sintiendo sus sienes caliente por el esfuerzo que hacía en no decir nada que pudiera meterlo en más problemas. No era estúpido, pero sí orgulloso y en extremo testarudo.

—esa actitud no te llevará a otro lado más que a la tumba—suspiró Jack con el mismo tono que Steve usaría para reñirlo por faltarle el respeto a su padre. Un momento después, le dio un rápido vistazo de arriba a abajo antes de liberarlo del agarre, gruñendo algo entre dientes.

Jack tenía dos hijos, una niña y un niño de 15 y 13 años respectivamente. La fibra paternal era algo que hacía parte de su ADN y ni siquiera con el hijo adoptivo de dos de las personas que más aborrecía en todo el mundo podía ser completamente indiferente al hecho de que Peter seguía siendo un mocoso la mayoría del tiempo.

Peter sabía que Jack comenzó a extorsionar después de que a su esposa le encontraran un tumor en la cabeza. El tratamiento era costoso y la enfermedad avanzaba rápido. Así que con tres personas a su cuidado, poca experiencia laboral y ningún estudio profesional, Jack decidió entrar al negocio de secuestrar gente a cambio de dinero. ¿Y cómo podía saber Peter todo eso? Bueno, podía decirse que tenían un largo historial en lo que podía clasificarse como los grandes fracasos de Jack.

Aunque la verdad era que después de pasar tanto tiempo entre criminales, Peter terminaba olvidándose la mayoría del tiempo de que eran criminales, lo que a gran escala podía considerarse un problema. Para empezar, él ya ni siquiera los consideraba una amenaza. Es decir, si se detenía a pensarlo un momento, ¿a cuántos "Jacks" se había cruzado? Habían sido tantos que intentar llevar la cuenta era casi imposible, pero al final todos habían terminado siendo tan humanos como él, por más censurables y cuestionables que fueran sus actos.

Para la mayoría Jack era un simple matón, una escoria más en el registro de los más buscados de SHIELD y Peter les daba razón, pero no por ello dejaba de sentir empatía hacia él.

—no puedes ser tan insensato todo el tiempo, chico—continuó el líder del grupo, caminando a su alrededor. Tenía esa mirada de padre preocupado que Peter tantas veces le había visto al hablar por teléfono y que por algún motivo nunca fallaba en revolverle el estómago—algún día te vas a encontrar con alguien que no le importara ponerte una bala entre las cejas con tal de cerrarte la boca y ese día lo lamentarás.

Sin saber cómo responder, el castaño se limitó a encoger los hombros y desviar su mirada al televisor, donde la reportera seguía hablando de lo sucedido hace un par de horas. Jack suspiró, consciente de que nada de lo que dijera podría cambiar su actitud

—me agradas, Peter—agregó después de un momento. El menor resopló, pero no pudo evitar sonreír, aunque fuera de manera sarcástica—Lo digo en serio, eres un buen chico a pesar de tu cabezota.

—ya, por eso me tienes amordazado y le pagaste a tu matón para que me reventara el labio.

Jack sonrió con tristeza, sentándose al borde del escritorio junto al televisor. Las noticias mostraban una foto de hace tres años en la que Peter estaba en medio de Steve y Tony en la premier de una película. Los tres sonreían de oreja a oreja a pesar de que habían tenido una fuerte discusión minutos antes.

"Solo les importa lucir bien ante las cámaras" Peter les había reprochado antes de cerrar la puerta de la limusina en sus caras.

Sus padres siempre habían sido un motivo de orgullo para él a pesar del declive de su relación en los últimos meses. Ellos no entendían la presión que su estilo de vida ejercía sobre él y Peter no quería entender que ese era el precio a pagar por ser hijo de dos super héroes.

No se le hacía justo pagar los platos rotos de sus padres, ni sufrir un secuestro el día en que Gwen Stacy por fin había aceptado tener una cita con él. Llámenlo caprichoso, pero había soñado con besar a la rubia desde que tenía uso de razón y ahora tendría que esperar hasta que alguien viniera a rescatarlo.

Solo esperaba que la chica entendiera sus razones de porqué había faltado a la cita. Después de todo, ser la damisela en apuros era un trabajo de tiempo completo o eso le había enseñado la vida a Peter.

—sabes que no es personal, chico. Son solo negocios—comentó Jack, sacándolo de su burbuja de pensamientos. Cierto, estaba amarrado a una silla en alguna bodega abandonada de New York, rodeado por hombres armados y una sentencia de muerte si Tony no transfería el dinero en menos de una hora—Lamento que las cosas sean así, pero tengo una familia que alimentar y la tuya esta forrada.

Peter suspiró. La peor parte de convivir con criminales era que en algún punto siempre terminaba simpatizando con ellos y entendiendo sus razones, incluso si ponían su vida en riesgo un 80% del tiempo. Por más que intentara convencerse de lo contrario, le importaba lo que sucediera con ellos y ni siquiera el peor de los matones le era indiferente.

Una parte de él quería que Jack consiguiera su dinero y mandara a sus hijos a una buena escuela y que su esposa se librara del cáncer. Quería que el hombre saliera adelante y rehiciera su vida en alguna parte del mundo donde nadie lo conociera para así empezar de cero. Quería tantas cosas, pero Peter pocas veces obtenía lo que quería y suponía que con Jack pasaba lo mismo.

—yo también lo lamento—murmuró cuando un familiar símbolo de la justicia en forma de escudo voló por los aires y aterrizó directamente en el pecho de su secuestrador.

Los vengadores habían llegado.

***

—ya les dije que estoy bien—gruñó por cuarta vez consecutiva, tirando su cabeza hacia atrás mientras viraba los ojos. Tenía escalofríos gracias a la pomada que Bruce había untado a lo largo del abdomen para los rayos x—Nadie me inyectó nada y tampoco tomaron muestras de mi sangre. Todos ustedes están exagerando.

—nunca está de más asegurarse—interrumpió Steve, acariciando con la yema de sus dedos el cabello castaño que se derramaba sobre la almohada. Por más de una década, el capitán había sido el encargado de cortárselo, ya que Peter sentía un gran pavor hacia los salones de belleza y se ponía a llorar siempre que alguien se acercaba con un par tijeras a su cabeza. Era probable que su fobia tuviera algo que ver con las estrictas normas del orfanato donde vivió por una temporada, pues era obligatorio tener la cabeza rapada todo el tiempo para evitar una epidemia de piojos. Sin embargo, Peter jamás pensaba en el orfanato. De hecho, se lo tenia completamente prohibido—estuviste mucho tiempo con ellos. Pudieron hacerte algo sin que te dieras cuenta.

—pero no fue así—gruñó, cerrando los ojos con fuerza. En cuanto los vengadores lo rescataron y le trajeron devuelta a la torre, tuvo que hacer de conejillo de Indias para tener a todos satisfechos, ya que no estarían tranquilos hasta asegurarse de que estaba en perfecto estado—Ya les dije todo lo qué pasó.

—¿en serio esperas que creamos que por seis horas lo único que hicieron fue jugar uno?—resopló Clint, sentado al fondo del laboratorio. No había despegado su mirada de la flecha a la que sacaba filo, pero Peter tenía la sensación de que lo tenía vigilado por el rabillo del ojo en caso de que intentara huir.

—también jugamos a las charadas. Es el favorito de Roy.

—¿Roy?—Natasha arqueó una ceja.

—olvídenlo—suspiró, frustrado de tener que explicarse en vano. Aunque se tratara de la verdad, sabía que jamás le creerían—Terminemos con esto lo más pronto posible. Aún tengo tiempo de llevar a Gwen al cine.

Escuchó a alguien toser y al abrir los ojos vio a Tony con el rostro rojo y una expresión contrariada. Steve tenía una mano en su espalda y susurraba lo que parecían ser palabras tranquilizantes en su oído.

Peter tuvo un mal presentimiento al respecto, que se manifestó en la forma de mil nudos en su estómago.

—sobre mí cadáver vas a dejar la torre—exclamó Tony con el rostro rojo y lágrimas en los ojos debido al acceso de tos de hace un momento—Peter, te secuestraron. Alguien te apunto con un arma y te subió en una camioneta. ¿Cómo no te das cuenta del peligro al que estuviste expuesto? ¡Pudiste haber muerto!

—pero no morí—resopló. Por su visión periférica vio a Natasha sonreír leve antes de volver a la expresión controlada de siempre. Peter se sentía celoso de la facilidad con que la espía disfrazaba sus emociones, pues él siempre había sido demasiado abierto y expresivo para su gusto—Además, alguien diferente me secuestra todas las semanas. No es para tanto—se sentó en la camilla tan pronto Bruce palmeó su hombro para indicarle que habían terminado. El científico debió prevenir que la situación comenzaba a escalar y por ende terminó con las pruebas lo más pronto posible.

—Peter tiene razón. Para este punto es parte de su rutina estar al borde de la muerte—asintió Clint, dejando las fechas a un lado para unirse al grupo que rodeaba la camilla. Al cruzar miradas con el castaño, le guiñó un ojo. Junto a Bruce, Barton era el más tranquilo a la hora de lidiar con él.

—no digas eso ni en chiste—gimió Tony indignado, tropezando con sus propios pies como si acabase de recibir un golpe en el estómago. Peter viró los ojos con tanta fuerza que vio puntos de colores. Su papá era el rey del drama—No toleraré esa clase de chistes en mi casa.

—no es un chiste si es la verdad—intervino, tomando un par de servilletas para limpiarse el abdomen. La pomada olía similar al aliento de Banner cuando se ponía verde—Prácticamente pasó más tiempo con mis secuestradores que con ustedes.

Por segunda vez en el día, sus palabras trajeron consigo un prolongado silencio, lleno de tensión y ojos acusatorios. Honestamente, prefería una pistola en su sien que la mirada decepcionada de sus padres.

—esto se ha tornado demasiado incómodo en muy poco tiempo—murmuró Bruce, fingiendo revisar algo en el portapapeles.

Peter sabía lo mucho que los vengadores odiaban estar en medio de una discusión familiar, pero daba la casualidad de que siempre ocurría cuando alguno estaba presente. Cómo la primera vez que llegó ebrio a casa y arruinó el tradicional viernes de películas del grupo. Esa vez, ni siquiera Thor pudo aligerar el ambiente con alguna de sus ocurrencias o fantasiosas historias. Sobre todo porque Peter vomitó sobre su capa asgardiana de mil millones de años, imposible de reemplazar y bordada con tela de hadas o algo por el estilo.

Aunque esa no fue la peor parte. No. La peor parte vino el día siguiente, cuando cientos de periódicos y medios televisivos cubrieron la notica del querubín de América haciendo uso de una identificación falsa para colarse a bares nocturnos. Gracias a ese pequeño detalles, estuvo castigado alrededor de dos meses sin poder salir ni hacer uso de sus redes sociales. Aunque eso último resultó beneficioso considerando la forma en que todos en el internet se referían a él.

A veces Peter tenía la ligera sospecha de que en alguna parte del cosmos, los dioses hacían apuestas a su costa. A lo mejor querían ver cuantas bromas a su costa podía soportar antes de romperse.

—no pienso quedarme aquí—renegó, cruzando los brazos. Si algo había aprendido de ver a sus padres en acción era a nunca dar su brazo a torcer.

—Peter—advirtió Steve, apretando la mandíbula. A su lado, Tony arqueó una ceja a modo de reto. Dos contra uno, considerando que eran contadas las veces en que alguno de los vengadores se ponía de su lado—No tienes permitido abandonar la torre hasta que el último de los hombres que te secuestraron sea atrapado. Es una orden.

—¿y si salgo qué?—respondió altivo. Odiaba pelear con sus papás, pero odiaba mucho más ser castigado injustamente, lo que sucedía más de lo normal últimamente—¿Me encerrarán en la torre más alta y perderán la llave?

—es exactamente lo que haremos—asintió Tony—Ahora ve a tu habitación y piensa en lo que hiciste.

—¿Qué se supone que hice?—chilló, abriendo los brazos al golpear su pie contra el suelo. Eso era exactamente lo que quería evitar: hacer un berrinche frente a los vengadores. De ese modo siempre lo verían como un niño.

—es tu tarea averiguarlo, jovencito. Ahora, ve a tu cuarto y no me hagas repetirlo dos veces.

—técnicamente, esa es la segunda vez que lo dices, así que ya lo repetiste—objetó, consciente de que su comentario solo le ganaría más problemas. Por suerte, Steve se adelantó antes de que Tony hiciera cortocircuito. Pasaba tanto tiempo dentro del traje de Iron Man que Peter creía posible ver chispas en sus sienes.

—a tu cuarto, Pete. Ahora—ordenó con la voz de capitán América. Peter odiaba cuando hacía eso—Y nada de intentar escapar o lo sabremos—agregó cuando el castaño le dio la espalda para tomar el ascensor que tenía acceso directo a su piso.

—por supuesto que lo sabrán—masculló entre dientes apenas las puertas del elevador se cerraron. Sus padres estaban muy equivocados si pensaban que se quedaría de brazos cruzados.

—¿todo bien, joven Peter?—inquirió Jarvis a través de las bocinas—Mis sistemas me indican que se encuentra bajo mucho estrés.

—mejor que nunca, Jar Jar—mintió, apoyándose contra el cristal. Le quedaban quince pisos para llegar al suyo—¿sabes si el rescate ya fue transmitido? Me muero por saber que titular lleva.

A pesar de no ser un ser humano, Jarvis era intuitivo y Peter pudo detectar cierto titubeo en su voz al responder.

—si me permite opinar, no creo que sea buena idea...

—despliega las noticias, Jarvis. No era una sugerencia—ordenó, cruzando los brazos.

Roy tenía razón en algo: Peter era caprichoso. Amaba que las cosas se hicieran como y cuando él lo ordenara, lo que tenía sentido dado que gran parte de su vida siempre había funcionado de esa manera. Sin embargo, otra gran parte estaba a mano de los medios y de sus padres y esa era la parte que Peter deseaba recuperar por encima de cualquier cosa. No recordaba mucho de sus días en el orfanato, pero al menos podía estar seguro de que nunca nadie se interesó en él lo suficiente para hacer de su vida un circo.

Frente a él se desplegó un diagrama de las noticias y reportajes realizados en las últimas 24 horas. Eran más de veinticinco.

Peter viró la mano en el aire como si manipulara una pantalla táctil y leyó de rapidez la información que más le llamaba la atención.

"Los vengadores salvan el día otra vez..." "El príncipe en apuros..." "¿Alguien puede ponerle un guardaespaldas a este chico?" "Top 10 de los mejores secuestros protagonizados por Peter Stark-Rogers" "¿Es Peter Stark-Rogers parte de una cortina de humo para que nadie hable de la decadencia de los vengadores?"

El último artículo llamó su atención por la manera en que describía los hechos. Según este, nadie podía ser tan tonto como Peter y que sus acciones solo podían justificarse con que estaban escritas para hacer parte de un show que los vengadores vendían a la prensa con tal de tenerlos contentos e ignorantes de los verdaderos problemas.

Si Peter no fuera su propia persona y leyera dicho artículo desde un punto de vista objetivo, estaría 100% de acuerdo, aunque pronto se dio cuenta que que llegar a dicha conclusión solo lo hizo sentir enfermo. ¿Era así como el resto del mundo lo veía? ¿Cómo un títere? ¿Cómo una ficha que podían usar para control de daños?

La vibración de su teléfono en el bolsillo trasero del pantalón lo detuvo de seguir pensando algo que pudiera lastimarlo incluso más.

¿Todo el tiempo tuvo su teléfono consigo? Bueno, el artículo no mintió al afirmar que era un tonto. Por desgracia, la notificación no era producto de un meme al que alguien lo hubiera etiquetado para subirle el ánimo, sino un mensaje de texto.

Gwen: hola, Peter. Vi lo que sucedió hoy en las noticias. Espero que estés mejor.

Gwen: Lamento que nuestra cita no haya podido suceder, pero creo que es mejor así. Mi papá es el capitán de la policía y dice que es peligroso que nos vean juntos. En verdad lo lamento. Estoy intentando entrar a Oxford y no puedo involucrarme con alguien que tiene una vida tan pública como la tuya.

Peter contestó con el mensaje más informal que pudo maquinear con tan poco tiempo de preparación después de haber abierto el chat, aunque por dentro se moría de ganas de arrojar el celular por la ventana. No lo hizo, por supuesto, ya que la última vez un paparazzi lo encontró y de algún modo consiguió arreglarlo para filtrar todo su contenido en internet.

—Jarvis—llamó, moviéndose rápidamente entre su lista de contactos hasta detenerse en el de Harry Osborn. Un idiota de clase alta que se creía el centro del mundo y el mejor amigo que Peter hubiera podido pedir—¿los vengadores siguen en el laboratorio?

—no, dejaron la estancia tres minutos después de usted. Ahora se encuentran en el comedor.

Peter sonrió. Si estaban en el comedor significaba que podía tomar el atajo por el laboratorio para descender al garaje. Solo necesitaba inhabilitar las cámaras y sensores de Jarvis en ese sector, lo cual sería pan comido. Ventajas de haber crecido junto a espías como Natasha y Clint.

—Jar, dile a mis papás que no me llamen para cenar. Voy a dormir temprano—mintió, sentándose frente al escritorio con los tres monitores. Le tomaría alrededor de 45 minutos jaquear los sistemas de Jarvis, pero eso le daría suficiente tiempo a Harry para alistarse.

Cómo si lo hubiera invocado, el número de Osborn apareció en su celular. Peter aceptó la videollamada, sin despegar su atención del computador.

—ey, sigues con vida—chilló Harry en cuanto su rostro perfilado apareció en pantalla. Sus rizos negros contrastaban con sus ojos verdes exquisitamente—¿Qué tal se portó Jack? ¿Te dejó algún souvenir?—Peter asintió, inclinando su rostro sobre la cámara para que Harry pudiera ver el corte en su labio—Tienes suerte de ser atractivo. No cualquiera puede lucir el morado tan bien como tu.

—eres tan gracioso. Si tu papá no te hereda Oscorp, siempre puedes trabajar como payaso—masculló en voz baja, tecleando los comandos que desactivaban el programa "rueditas de bebé". Su papá era otro que amaba hacerse el chistoso.

—alguien no está de buen humor—canturreó Harry, tirándose de espalda sobre la cama doble en su habitación—¿Qué pasó? ¿Iron Man te canceló tus tarjetas? ¿O el capitán te obligo a hacer planas con el himno nacional?

—ninguna de las dos, pero ¿puedes creer que no me sé el himno nacional?—confesó con una sonrisa perezosa. Harry soltó una carcajada del otro lado—lo juro, intenté aprenderlo cuando era más pequeño pero jamás logro recordar que va después de Whose broad stripes and bright stars.

—eres una vergüenza nacional—se carcajeó con lágrimas en los ojos—pero está bien. Todos saben que el verdadero himno es Party in the U.S.A.

—por supuesto que lo es—asintió, liberando la tensión en sus hombros en un suspiro que llevaba reteniendo desde que llegó a la torre. Ese era el efecto Harry Osborn: un par de segundos con él eran suficiente para que Peter se sintiera mejor—Ey, viste lo que te escribí, ¿verdad?

—si, respecto a eso...—peinó su cabello hacia atrás. A Peter le sorprendía que sus dedos no se quedaran pegados gracias a la exagerada cantidad de gel que usaba—¿estás seguro de que quieres salir, Pete? Creo que ya tuviste demasiadas emociones por un día.

—oh, no tú también—gimió, golpeando su frente contra el escritorio con más fuerza de la calculada—¡auch!

—¿está bien, joven Peter?—preguntó Jarvis sobre su cabeza. El adolescente asintió, acariciando la zona afectada, que rápidamente se tornó roja—¿desea que llame a alguno de sus padres?

—¡no!—chilló al mismo tiempo que Harry gritaba: ¡hola, Jarvis!

—¡estoy bien!—exclamó antes de que la IA alertara a alguno de los vengadores. Entonces, tomó su celular y lo niveló a la altura de su rostro, frunciendo a las cejas—en cuanto a ti, ¿no se supone que eres mi ride or die? No puedes dejarme solo ahora que te necesito.

—bueno, es difícil cuando mi ride está a punto de die todos los días—bromeó, aunque su tono distaba de ser divertido—hablo en serio, Pete. Estoy preocupado por ti.

—pues deja de estarlo—razonó como si fuera lo más obvio del mundo. Harry suspiró, probablemente porque sabía de primera mano que era imposible que Peter cambiara de parecer cuando algo se le metía en la cabeza—Necesito salir. Te juro qué me volveré loco si pasó un minuto más dentro de esta torre.

La línea permaneció en silencio alrededor de medio minuto en donde Harry y Peter se limitaron con verse fijamente en espera de que alguno diera su brazo a torcer.

Se conocían desde hace diez años, cuando sus padres los matricularon en el colegio más ostentoso de todo New York y tuvieron que hacer un proyecto juntos. Considerando que el instituto Humbert para caballeros y señoritas no les soltaría hasta que cumplieran veintidós y tuvieran una tecnología en estudios políticos y empresariales, aún les quedaban varios meses de trabajar juntos.

Sin embargo, les fue natural volverse amigos, casi hermanos. Siendo Peter el hijo adoptivo de capitán América e Iron Man y Harry el futuro heredero de Oscorp, era lógico que terminaran compartiendo intereses. O algo así escribió el periódico amarillista que acosó a dos niños fuera de un parque de diversiones para vender una historia que los medios no tardaron en tergiversar. Aunque la verdad era más simple que lo que la televisión vendió.

La verdad era que ellos eran amigos, casi hermanos, porque nadie más en el mundo entendería la presión que cargaban sobre sus hombros solo por ser quienes eran. Nadie más que ellos mismos.

—está bien—masculló el mayor por un año, rodando por la cama hasta el borde. Peter suspiró de manera imperceptible. Si de algo estaba agradecido con la vida era que Harry fuera un irresponsable que perdió sexto grado porque gracias a ese pequeño, pero significativo detalle fue que terminaron juntos en primer lugar—Llamaré a Mary Jane y le diré que pasaremos por ella en una hora.

—ride or die—festejó Peter, guiñando un ojo a la cámara.

—definitivamente tienes más vidas que un gato—Harry viró los ojos, sin embargo, su expresión delató lo mucho que quería al castaño—Adiós, Pete. Suerte con escapar.

—la suerte es para principiantes.

Veinte minutos después, Peter se escabulló por el laboratorio y tomó uno de los muchos convertibles que Tony coleccionaba.

***

—¡como los extrañé!—celebró MJ, abrazando por un hombro al pelinegro, mientras que al castaño lo tenía agarrado de la cintura—Siento que han pasado mil años desde la última vez que nos vimos—chilló en el oído de Peter antes de que su hermoso rostro de porcelana se ensombreciera bajo una expresión preocupada mientras examinaba al chico de pies a cabeza—por Dios, casi olvido que estuviste a punto de morir esta mañana, ¿Cómo te sientes?

Peter viró los ojos, observando a la pelirroja con una expresión casi que aburrida. A diferencia de Harry, MJ no hacía parte de una familia elitista, ni asistía a un colegio privado como ellos. En realidad, vivía al ras, como muchas otras familias de clase media-baja.

La pelirroja de veintidós años trabajaba como camarera en una cafetería y por las noches estudiaba y se presentaba a audiciones para obras de teatro de bajo presupuesto. Hasta el momento no la habían llamado para ninguna, pero Mary Jane se caracterizaba por ser una soñadora y fiel creyente de que los sueños se hacían realidad.

También era el primer amor de Peter, quien cayó recóndito a sus pies con tan solo quince años, cuando la vio por primera vez de la mano de Harry. Por supuesto, jamás hizo nada al respecto. Incluso si la chica representaba lo que más anhelaba en el mundo (la libertad, las ganas de salir adelante por su cuenta y vivir al límite) se trataba de la novia de su mejor amigo e inmiscuirse hubiera sido la peor traición en la historia de las traiciones (Peter no era católico, pero Judas podía irse al carajo).

Eventualmente Harry y MJ terminaron (en buenos términos) y los tres siguieron frecuentándose como los mejores amigos que siempre estuvieron destinado a convertirse.

—como si hubiera estado a punto de morir, MJ—bromeó, quitándole peso al asunto. Detrás de la pelirroja, Harry viró los ojos. Siempre había odiado la tendencia del castaño por esconderse detrás de sus chistes.

—no es gracioso, tigre—la pelirroja frunció los labios, intercambiando miradas con Osborn. A pesar de la oscuridad dentro de la discoteca, las luces fosforescentes iluminaron sus rostros, exponiendo la preocupación en estos—Con Harry creemos que deberías buscar ayuda profesional. No es normal que alguien te apunte con un arma y sigas con tu vida como si nada. Cosas así crean secuelas y tarde o temprano te verás de cara con las consecuencias.

Sus palabras fueron el equivalente a un balde de agua helada sobre Peter, que se quedó de piedra con la boca a medio cerrar y las cejas fruncidas.

—wow, pausa ahí—con sus manos imitó la señal con que los mariscales de campo pedían tiempo libre y dejó su botella a un lado para cruzar los brazos. No le gustaba el rumbo que había tomado la conversación—¿Desde cuando hablan sobre mí a mis espaldas?

—Pete...

—no, Harry—interrumpió, lazando chispas a través de las gafas. A pesar de su complexión delgada y aparente falta de músculo, Peter podía ser intimidante cuando quería. Ventajas de haber tenido a la viuda negra como mentora y niñera—Ya tengo suficiente con que todo el mundo opine sobre mi vida. Lo último que necesito es que mis dos mejores amigos lo hagan también.

—no hablamos a tus espaldas. Simplemente nos preocupamos por ti—razonó la pelirroja, sentándose en el banquillo junto a la mesa donde estaban sus pertenencias.

—ahora suenas igual que mis padres.

—a lo mejor tienen sus razones—continuó MJ, sin verse afectada ante el tono mordaz con que Peter le había hablado—Solo queremos lo mejor para ti—repuso y su voz suave casi logró convencer a Peter.

—lo mejor para mí sería que por una vez en mi vida todos dejaran de tratarme como si fuera de cristal—resopló, refregando sus ojos por debajo de las gafas al trastabillar hacia atrás. Apenas había consumido dos cervezas y media pero la falta de alimento y el estrés acumulado influyeron para que se sintieran como un barril entero—y lo que yo quiero es pasar un buen rato con mis dos mejores amigos—murmuró, intercalando la mirada entre ambos—Quiero que báilenos y nos divertíamos. Quiero hacer el ridículo sin temor a que alguien lo grabe y termine en internet—confesó haciendo un gran esfuerzo por mantener su voz estable—Por una noche no quiero ser Peter Stark-Rogers, el hijo de Iron Man y el capitán América. Quiero ser solo Peter, ¿entienden? Cómo en los viejos tiempos.

Algo en sus palabras debió ser lo suficientemente convincente para que Harry y MJ dejaran el tema atrás porque un segundo después el pelinegro tomó su cerveza y la estiró hacia el centro.

—como en los viejos tiempos—brindó, sin despegar su atención del castaño, que le sonrió a modo de agradecimiento.

—como en los viejos tiempos—repitió MJ, juntando su cerveza a la de Harry—Oh, tigre. Lamento que mis palabras te hayan molesto. Sabes que para nosotros siempre has sido solo Peter. Eso jamás cambiará.

—bueno, tampoco hay que ponernos sentimentales—bufó, uniendo su cerveza al centro. No era bueno poniendo sus sentimientos en palabras pero esperaba que sus ojos revelaran cuanto los quería en realidad—¡hasta el fondo!

Al tiempo, se llevaron la botella a los labios y bebieron hasta terminar su contenido. Harry terminó de primeras, seguido por MJ y finalmente Peter, que se llevó una mano a la boca para evitar eructar en voz alta.

—voy por otra ronda. ¡No empiecen a bailar sin mi!—anunció la pelirroja, alejándose en dirección a la barra.

—¿Crees que deberíamos dejarla ir sola?—inquirió Peter, preocupado de que alguien intentara propasarse con MJ, pues no sería la primera vez que su amiga terminaba en una situación como esa.

—¿bromeas?—rio Harry, señalando por encima de su hombro la dirección en que se había alejado la pelirroja—Peter, es Mary Jane. Una vez la vi romper una botella sobre la cabeza de alguien porque intentó meter la mano bajo su falda. Estará bien—narró, pero al notar que la preocupación persistía en su amigo, lanzó un suspiro—¿alguna vez te conté la historia de cómo empecé a salir con ella?

Sin entender el porqué de la pregunta, Peter asintió. No era ningún secreto que se habían conocido en una fiesta a la que solo Harry pudo asistir porque Peter estaba ocupado lidiando con unos traficantes de órganos. Siendo más específico, personas que querían sus órganos para venderlos en el mercado negro.

—se conocieron en una fiesta.

—si, pero... ¿te conté el verdadero motivo por el que empezamos a salir?—agregó con un tono más discreto. Esta vez, Peter negó—No me enorgullezco de lo que voy a decir, pero en un principio solo anduve con MJ porque quería molestar a mi padre—levantó las manos—Lo sé, sé lo que estás pensando, y antes de que digas algo, soy consciente de que no ha sido mi mejor jugada y es algo de lo que me avergüenzo, pero en su momento me pareció una buena idea.

—¿utilizar a MJ te pareció una buena idea?—repitió, incrédulo—¿en que cabeza cabe algo así?

—lo sé, soy un cretino y merezco lo peor, Blah, blah, blah. Pero, ey, termine enamorándome de ella. Eso debe de contar para algo, ¿no crees?

Peter viró los ojos.

—eres el mayor imbécil que he conocido en mi vida. ¿Por qué me cuentas esto siquiera? Solo me hace querer golpearte.

—a eso es lo que quiero llegar—levantó su dedo índice de ambas manos como si quisiera enfatizar lo que estaba a punto de a decir—Empecé a salir con MJ porque representaba todo lo que mi padre desaprueba. Ella es salvaje, de clase baja y básicamente la mejor persona de todo el mundo. Así que tenerla a mi lado fue un golpe bajo, pero sirvió para probar mi punto.

—eso no tiene sentido—frunció las cejas hacia abajo, arrugando su frente. Por el rabillo del ojo vio que MJ se acercaba con tres cervezas y una enorme sonrisa.

—no estás poniendo cuidado, Pete—suspiró, inclinándose sobre la mesa para hablar en voz baja. Su rostro adquirió la misma expresión que Norman Osborn utilizaba a la hora de cerrar un negocio. Frío, analítico y despiadado—A veces tienes que ensuciarte las manos y hacer cosas de las que no te enorgulleces para que las personas aprendan a darte tu lugar. De otro modo, siempre te pasarán por encima. Lo que intento decir es que si quieres que tus papás dejen de tratarte como a un niño, debes demostrarles que no eres uno.

Peter no tuvo tiempo de responder porque un segundo después tres botellas aterrizaron sobre la mesa y MJ apareció en su campo de visión.

—casi no salgo de ahí con vida—se quejó, limpiando con una servilleta los rastros de sudor en la frente—El chico frente a mi pidió veintiséis cervezas para él solo. No se si es sensato o estúpido pero quiero ser su amiga.

—depende—contestó Harry, estirando su brazo por el espaldar da la silla—Si nos permite dividir su botín en cuatro es sensato. Si se lo queda para él solo, no vale la pena invertir nuestro tiempo.

Peter los miró por un momento, fijándose en su lenguaje corporal. MJ tenía una manera especial de mirar a Harry, que contrastaba con la forma con que él la miraba. Había amor por ambas partes, pero el respeto era unilateral. Darse cuenta de esto lo hizo sentirse enfermo.

—saldré un momento—anunció, poniendo ambas manos sobre la mesa al levantarse.

Al estar de pie todo a su alrededor dio vueltas y las luces se sintieron como si apuntaran directo a sus ojos. De no ser por su agarre sobre la mesa se haría ido hacia atrás de sopetón.

—¿quieres que te acompañe?—inquirió MJ con los labios apretados.

—estoy bien. Solo necesito tomar aire—le tranquilizó, besándola en la coronilla al pasar por su lado camino a la puerta trasera de la discoteca.

A través de destellos borrosos, cuerpos sudorosos y dos pies izquierdos, logró salir de la discoteca y se apoyó contra la puerta, mirando al cielo, que se veía borroso a pesar de que traía los lentes consigo.

Inhaló con fuerza y retuvo el aire por veinte segundos antes de exhalar, como Bruce le había enseñado cada que sintiera sus pulmones marchitos.

No había tenido un ataque de pánico en años pero la mayor parte del tiempo tenía problemas para mantener su respiración bajo control, como si estuviera a un segundo de perder el control. En especial después de un día como el que había tenido.

Absolutamente todo le había salido al revés, y a pesar de sus decisiones previas, deseó poder teletransportarse para estar devuelta en su cama, arropado de pies a cabeza, ya que de ese modo no se sentiría a punto de caer sobre su propio peso y vomitar al mismo tiempo.

Fue entonces que el destello de un flash lo encegueció y al bajar la mirada descubrió a su derecha a tres hombres con cámaras profesionales, tomándole fotos desde la entrada del callejón.

—¿Qué mierda...?—exclamó, dándoles la espalda para abrir la puerta y huir pero esta no cedió, ni siquiera cuando la pateó y aporreó con sus puños. Era de las puertas que solo se podían abrir desde adentro—¡aleja esa puta cámara de mí!—gritó al sujeto que se atrevió a tomarlo del brazo para que volviera el rostro a la cámara.

Alguno de ellos debió llamar a sus amigos porque de repente, de tres paparazis, pasaron a ser cinco y después diez. Todos con cámaras profesionales que apuntaban a su rostro. Foto, tras foto, el flash nubló sus sentidos hasta que terminó acorralado y sin ninguna ruta de escape.

Inhalar y exhalar, se recordó a sí mismo, cerrando una mano sobre su pecho.

—¡Peter, una sonrisita por aquí!—exclamó uno, al tiempo que otro gritaba: ¿saben tus padres que estás aquí?

—déjenme pasar—gritó, intentando hacerse pasó con sus brazos, pero el mar de paparazis era demasiado denso para atravesarlo él solo—Ya tienen sus fotos, ahora déjenme en paz. Solo quiero ir a casa, por favor.

Los paparazis no se detuvieron y Peter comprobó una vez más que lo que más le ensordecía no eran los flashes, sino las preguntas.

¿Es verdad que te crearon en un laboratorio?... ¿Qué dice el capitán sobre que su hijo esté en un club para adultos?... ¿Serás el nuevo Iron Man?... ¿piensas unirte a los vengadores?... ¿Qué piensan tus padres sobre tu falta de poderes?

Todo sucedió tan rápido que ni siquiera podría describirlo si se lo pidieran. En un segundo, Peter agarró una cámara y la arrojó al suelo, seguida por otra junto a su dueño que la tenía amarrada al cuello.

Cuando alguien intentó detenerlo, lo tomó del brazo y lo torció en una llave que Natasha le enseñó cuando le confesó que había un chico en su clase al que le gustaba robarse su merienda en el jardín de niños. Desde entonces, el chico no volvió a molestarlo y Peter asistió a sus clases sin temor de que su cabeza terminara dentro de algún inodoro al final del último periodo.

Por un pequeño instante deseó que las cosas funcionaran de ese modo en la vida real, donde una llave de lucha pudiera solucionar todos sus problemas. Pero la realidad era otra muy distinta porque, a pesar de tener al paparazzi incapacitado contra el suelo, los flashes seguían cayendo sobre él.

Así que en lugar de arrojar cámaras al piso, Peter comenzó a repartir puños y patadas a diestra y siniestra, bajo el foco de decenas de espectadores y sus celulares. Para ese punto solo esperaba que estuvieran enfocando su mejor ángulo.

Hubiera podido seguir así toda la noche de no ser por la patrulla que se detuvo a un lado de la carretera y el policía al que terminó agrediendo accidentalmente cuando lo rodeó de la cintura para alejarlo del alboroto.

El hombre de tez morena retrocedió un paso y se llevo una mano a la nariz, que sangraba en demasía, manchando el uniforme y la placa al costado de su pecho. Era incomodo de ver lo mucho que sangraba y la sarta de maldiciones que salían de sus labios debido al dolor.

Cuando el oficial se quitó la mano del rostro y Peter comprobó que había desviado el tabique del policía con su codo, supo inmediatamente que ni la influencia de su apellido podía rescatarlo de terminar en la comisaría.

*

Contraria a la creencia popular, Peter jamás había estado en una comisaría, ni viajado en el asiento trasero de una patrulla. Sus padres lo habían educado desde pequeño para que reconociera la diferencia entre el bien y el mal y estaba casi seguro de que golpear a un grupo de paparazis y a un oficial no hacía parte del primer grupo. De modo que en cuanto saliera de ahí su castigo sería mucho peor que pasar su viernes por la noche compartiendo una celda con el oloroso Sam, Jerry manos de calamar y el sujeto que hablaba solo en la esquina.

—¡tengo derecho a una llamada!—chilló, espichando su rostro entre las rejas. El oficial tras el escritorio se limitó con subirle el volumen a la radio—imbécil.

—cállate, niño—dijo el hombre de las voces entre dientes. Peter contempló que tenía un parche en su ojo izquierdo—A nadie le gusta una mierdecilla llorona.

—si, ¿por qué no me obligas, entonces?—respondió por instinto, haciendo sus manos puños. Un segundo después llegó a la conclusión de que pelearse con un convicto no era buena idea, pero era demasiado tarde para pedir perdón. En todo caso, no era como si se fuera a disculpar.

El convicto no pasó por alto el descaro del menor y en menos de un minuto se puso de pie y acorraló a Peter, tomándolo por el cuello de la camisa. De cerca era incluso más feo, con sus dientes amarillos y podridos.

—¿Cómo me has hablado, putito?—preguntó a centímetros de su rostro.

Si el oficial que vigilaba la celda se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo, le importaba muy poco como para hacer algo al respecto.

—quítame las manos de encima—gruñó Peter, apoyando las manos en el pecho del convicto para empujarlo, pero este no solo le ganaba en estatura, sino también en fuerza. El castaño apenas logró alejarlo un paso antes de que el hombre apretara el agarre en su camisa—Te lo advierto...

Peter no alcanzo a terminar lo que estaba diciendo cuando una tercera voz lo interrumpió.

—tercera vez en una semana, Wilson. Debes sentirte orgulloso.

A través de la puerta que conectaba las celdas con la recepción, entraron un oficial y el sujeto al que tenía agarrado de la nuca para evitar que escapara.

El oficial era diferente al que Peter había agredido, pero poseía el mismo tono sabiondo y prepotente que el resto. Sin embargo, no era el foco principal de su atención porque Wilson, o como fuese que se llamase, parecía sacado de una película de acción con su cabello al rape, los ojos brillantes y los hombros fornidos. Solo le faltaba quitar el seguro a una granada con su boca para que Peter lo confundiera con una estrella de cine.

—no tienes idea, Larry. Me emociona convertirme miembro oficial de la policía—respondió con un tinte cómico en su voz. Incluso su voz parecía sacada de un audiolibro—Ya quiero llegar a la parte donde nos trenzamos el cabello y comemos rosquitas.

—ya te dije que mi nombre no es Larry.

El oficial acompañó a Wilson hasta la mesa para asegurarse de que le tomarán las huellas y después de requisarlo dos veces, le metió a la celda de un empujón que hubiera tirado al suelo a cualquier otra persona.

—¿así es como tratas a tus amigos de toda la vida?—chilló Wilson cuando la reja se cerró en su cara.

—no somos amigos y te conocí apenas esta semana. Así que haznos un favor a todos y cierra la boca. Ha sido una noche difícil.

—pensé que te gustaba cuando tenía mi boca abierta—se quejó, chasqueando la lengua. Sin embargo, se alejó de la reja, volviéndose al grupo con su mejor sonrisa.

Wilson dio un rápido escaneo por la celda, seguramente para buscar donde sentarse, pero en el momento en que sus ojos conectaron con los de Peter, estos adquirieron una chispa y todo su cuerpo pareció reactivarse bajo una ola de energía. En menos de nada, Wilson se posicionó junto al castaño y su agresor, que no lo había soltado a pesar de estar distraído con el recién llegado.

—Rick, tiempo sin verte, amigo, ¿Cómo estás? ¿Cómo están las voces?—saludó, sin prestar atención a Peter, que se había parado sobre la punta de sus pies para evitar que el agarre en su camisa lo terminara asfixiando—ey, tengo una idea, ¿por qué no sueltas al niño y hablamos? Sabes cuánto me gusta hablar. Podría hablar por horas sin callarme. Habló hasta dormido. 24/7. Es lo que ella dijo.

Peter y el tal Rick compartieron una rápida mirada antes de exclamar al mismo tiempo:

—¡no soy un niño!

—¿Quién mierda es Rick?

Wilson sonrió y por primera vez se dirigió directamente a Peter, haciendo un rápido escaneo por el rostro del menor, sin perder de vista ningún detalle. Peter hubiera matado por saber que estaba pensando.

—tienes ojos de bambi—bufó de repente como si fuera algo gracioso, pero a la vez obvio—por supuesto que tienes ojos de bambi. Bueno, lo siento mucho, Bambi, pero esta es una conversación entre adultos, así que vuelve al bosque de donde saliste y asegúrate de no detenerte en medio de la carretera.

A pesar de tener una mano en su cuello que limitaba la entrada de aire y lo hacía sentirse mareado, Peter consiguió mantener la compostura para hablar en el tono más indiferente posible.

—para tu información, tengo 21 años—mintió.

Wilson no se lo creyó ni por un segundo.

—si, claro. Lamento ser el primero en decírtelo, Bambi, pero tienes cara de llevar menos de 24 horas fuera de tu mamá, así que, hazme un favor y déjame a mí lidiar con el hombre malo, ¿quieres, niño?

—si piensas que...

—¡ey!—llamó Rick. Tenía el rostro inclinado hacia arriba y miraba con atención la pared detrás de Peter. Lo que fuera que estuviera mirando, hizo a todos en la celda guardar silencio. Incluso Wilson, que no había perdido su sonrisa juguetona en ningún momento, enmudeció antes de volver a repasar al menor de pies a cabeza con las cejas contraídas—ese de ahí...—Rick tomó a Peter del mentón y movió su cabeza de modo que pudiera ver el televisor colgado en la pared. Mierda—¿eres tú, niño?

En la televisión, un programa de chismes cubría la noticia de lo ocurrido hace una hora en la salida del bar. Junto a la reportera había una foto de Peter sonrojado, despeinado y mostrando su dedo medio a la cámara. Abajo se podía leer: "Peter Stark-Rogers se sale de control (otra vez)"

—con que Peter, ¿eh?—Jerry manos de calamar, quien se había ganado su apodo a base de recolectar órdenes de restricción por acoso e indecencia publica, se levantó del banquillo y con una sonrisa similar a la del lobo feroz se acercó al menor —Nadie nos dijo que teníamos al hijo de capitán América y Iron man para nosotros esta noche.

Peter tragó saliva, por primera vez asustado de estar encerrado con un grupo de convictos. Desde siempre había sido consciente de lo peligroso que era ser el hijo de dos súper héroes y tener una vida pública, sin embargo, a veces olvidaba cuantos enemigos tenían sus papás en realidad.

—ese no soy yo—volvió a mentir con la voz aguda y el rostro pálido—Alguien suplantó mi identidad.

—escúchalo, piensa que somos estúpidos—rio Sam, desde atrás. Era el más viejo de todos y tenía un severo caso de calvicie. También era el más tonto.

Lo más sensato hubiera sido guardar silencio, pero Peter nunca había sido de los que agachaba la cabeza.

—honestamente, hasta hace un minuto ni siquiera sabía que podías hablar—resopló, antes de volverse hacia Rick y empujarlo por el pecho. Gracias a su arrebato logró librarse del agarre y asegurar un poco de espacio para moverse. Ahora que no tenía al convicto encima podía darse cuenta de lo mucho que estaba sudando—En cuanto a ti, te dije que me quitarás tus asquerosas manos de encima o te arrepentirías.

Peter levantó el puño, confiado en que su cuerpo recordaría el entrenamiento con Natasha de casi toda una vida, pero antes de que pudiera encestar un derechazo en la mandíbula de Rick, una mano se cerró alrededor de su muñeca y lo empujó hacia atrás al tiempo que Sam arrojaba una botella donde solía estar un segundo atrás.

Si Wilson no lo hubiera empujado detrás de su espalda, la botella habría impactado en la coronilla de Peter.

—eso estuvo cerca—masculló Wilson, mirando por encima de su hombro que Peter estuviera bien—Creo que no nos han presentado formalmente, Petey-pie. Soy...

—¡cuidado!—chilló Peter.

Un segundo después, Rick agarró a Wilson de la camisa y lo empujó contra la reja, empuñando una navaja contra su cuello.

—wow, nadie me dijo que podíamos traer juguetes. Demonios. Tengo un dildo que estoy seguro te encantaría. Es rosa y tiene brillitos—bromeó Wilson, levantando ambos manos en señal de derrota. Sin embargo, al dirigirse a Peter su tono distaba mucho de ser derrotista—Te recomiendo cubrir tus bellos ojos de venado, Bambi. Esto se va a poner feo.

Si alguien le hubiera dicho a Peter una hora atrás que vería a un hombre con nombre de balón noquear de un cabezazo a su adversario y después a otros dos en menos de cinco minutos, lo habría creído loco. Aunque, cabe aclarar, que hace una hora no tenía idea de que existía alguien llamado Wilson con una frente de hierro y sonrisa coqueta.

—seamos amigos, Bambi—dijo, sin darse por aludido a los tres cuerpos que yacían inconscientes a sus pies. Mientras tanto, Peter no podía parar de temblar. No tenía miedo, pero la adrenalina lo tenía acelerado y un tanto desubicado. ¿Qué demonios acababa de pasar?—Creo que podríamos sacarle algún provecho.

—ni siquiera te conozco—murmuró, obligándose a mantenerse en su lugar, a pesar de que todos sus instintos le exigían dar un paso atrás.

Retroceder hubiera sido aceptar que Wilson lo intimidaba y no era así. Al contrario, se sentía intrigado y un tanto fascinado, si era completamente honesto. Jamás había visto a nadie luchar de una manera tan brutal en tiempo récord. Ni siquiera Bruce en su forma de Hulk era así de descuidado y eso era decir mucho.

Algo en la manera grotesca y desorganizada, pero a la vez inmaculada con que Wilson había agredido a esos hombres lo tenía con los dedos de los pies apretados y el estómago hecho un lió. Peter jamás se había sentido atraído hacia la violencia, pero para todo había una primera vez.

—ya, por eso te digo que deberíamos ser amigos, para conocernos y esas cosas—su sonrisa se estrechó mientras daba un paso adelante con la mano estirada. Sus nudillos estaban abiertos y llenos de sangre—Wade Wilson, a tu servicio.

Incrédulo del giro que estaba teniendo su noche, Peter tomó su mano y la estrechó con fuerza, sin darle importancia el líquido carmesí que se escurrió entre sus dedos. Ahora que estaban cara a cara, podía darse cuenta de que Wilson era mucho más grande que él en cuanto estatura y complexión. Prácticamente podía cubrirlo con su cuerpo.

—¿qué clase de servicios se supone que ofreces, Wade Wilson?—inquirió, cuidadoso de mantener su voz a raya a la par que retiraba su mano.

La sonrisa de Wilson se estrechó otro poco si acaso era posible.

—cualquier cosa que esa cabecita tuya pueda imaginar. Tu pones la oferta, yo el precio y tenemos un trato—poniendo sus palabras en práctica, sacó una servilleta en la que había escrito su nombre y una dirección con crayón rojo junto a lo que parecía ser el dibujo de dos espadas cruzadas.

—¿Cómo una prostituta?—tomó la servilleta con dos dedos, frunciendo las cejas.

—exacto—asintió, emocionado. A Peter le dio la impresión de que era mucho más complicado de lo que sonaba, pero no hondeo en el tema. Lo que Wade Wilson hiciera para vivir no era su problema—Pero no te dejes engañar. No soy un chica fácil.

—no me dio la impresión de que fueras una chica.

—estamos en el 2023, Petey-Pie. Es de muy mal gusto preguntarle a las personas que hay en sus pantalones.

—pero yo no... ¿Petey-pie?—repitió, haciendo una mueca. Ni siquiera sus padres les ponían motes tan absurdos.

—es un apodo. Los amigos se ponen apodos.

—todavía no somos amigos.

—¡ja! dijiste todavía. Eso significa que aún no has descartado la idea por completo.

—significa que aún esta por verse—enfatizó Peter, guardando la servilleta en su bolsillo trasero.

—esta bien, pero tú te lo pierdes. No sabes cuantas personas matarían por ser mis amigos. Es una lista interminable.

Atolondrado por lo rápido que las palabras viajaban a sus oídos, Peter masajeó sus sienes, mirando entre rendijas al mayor. No todos podían ser perfectos y por lo visto el defecto de Wade Wilson era que nunca cerraba la boca.

—en fin, ¿no eres un poco joven para estar aquí? Esto no es un parque de diversiones, sin importar lo que las telenovelas digan.

—ya te dije que tengo veintiuno.

—y yo ya te dije que no me lo creo ni por un segundo—puso los brazos en jarras. Peter viró los ojos—Oh, ya veo que eres de los que les gusta hacerse el difícil, pero te salió el tiro por la culata porque adoro las adivinanzas. Déjame ver—apoyó una mano en su barbilla—tienes quince—ladeó la cabeza—no, diecisiete. Quizás diecinueve. No lo sé, pero más de diecinueve no tienes. Eso es seguro.

El menor volvió a virar los ojos, pero no alcanzó a decir lo que estaba pensando cuando el oficial tras la mesa llamó su nombre. Con todo el escándalo de hace un momento, Peter había olvidado que se encontraba en una comisaría.

—¿Peter Stark-Rogers?

—¿si?—giró medio cuerpo, encontrándose con el rostro sin expresión del policía, que caminaba hacia la reja con un juego de llaves en la mano.

—puedes irte. Alguien pagó tu fianza.

El policía abrió la reja y se hizo a un lado. Detrás de él, Steve permanecía de brazos cruzados bajo al marco de la puerta. De fondo se escuchaban los gritos de Tony y los paparazis que se habían congregado alrededor de la comisaría.

—hola, Peter.

Mierda.