Actions

Work Header

Amanecer

Summary:

Lan Xichen despierta y sabe perfectamente que no le será fácil levantarse ya que si fuera por Jiang Cheng, lo ataría a la cama para que abandone su estupida rutina.

Cuando lo logra, finalmente le da un pequeño regalo que ha preparado en agradecimiento por la campana

Work Text:

Lentamente fue despertando. Sentía una leve brisa colarse por algún lugar, no se escuchaba casi nada, pero sabía bien que hora era. Las cinco de la mañana. Lo normal era que al despertarse se levantara, aunque esta vez tenía un pequeño peso sobre él. Cuando logró enfocar un poco su mirada, sonrió. Wanyin tenía la cabeza apoyada sobre su pecho, se habían quedado dormidos la noche anterior luego de un pequeño encuentro. Levantó una mano para darle unas caricias suaves en la cabeza, con cuidado de no despertarlo. Si lo hacía demasiado temprano, lo mas probable es que tuviera un humor terrible y sus discípulos serían quienes sufrirían por eso. No deseaba nada de eso. Comenzó a pensar en el tiempo que llevaban esos encuentros. Desde el primer momento en que finalmente se decidió besarlo hasta ahora, si no estaba mal habían pasado alrededor de varios años. ¿Casi una década? No estaba seguro.  Debía admitir que al inicio pensó que todo eso solo duraría unos meses, a lo sumo un año. Pero ambos habían encontrado un pequeño lugar seguro en el otro.

La noche anterior era prueba de ello. Aunque la idea era disfrutar de la compañía y del cuerpo del otro, él no se había encontrado del todo bien. Y Jiang Cheng se había dado cuenta de ello por lo que lo obligó a hablar sobre la muerte de su hermano jurado, a hacerle ver una vez más que él no había tenido la culpa ni era su responsabilidad. Asimismo, él le tuvo que recordar a Wanyin que estaba haciendo un excelente trabajo con el pequeño Jing Ling. Había sido una montaña emocional y no quedó espacio para lo físico. Lo máximo fue lograr disfrutar de un baño juntos simplemente por el hecho de hacerlo. Como un antojo.

Intentó moverse para levantarse, debía empezar su rutina. Aunque un pequeño gruñido y las manos en su cintura se lo impidieron. Sofoco una pequeña risa, ¿Quién diría que el gran Jiang Cheng siempre era así por las mañanas? Le dio un beso en la frente.

— Sigue durmiendo…- le susurró y le acomodó unos mechones – Yo debo levantarme, A-Cheng…

— No…- murmuró más dormido que despierto…- Olvida… tu estúpida rutina.

Y como a modo de reforzar sus palabras, se movió para acomodarse más todavía sobre Xichen, quien dejo escapar una risita suave sabiendo que si su pareja estaba así era completamente inútil que intentara. Si fuera por Jiang Cheng, para hacer que al menos se levantara una hora más tarde, lo ataría a la cama.

— Bien, bien… Tú ganas – y decidió acomodarse para abrazarlo más.

Escucho como soltó un pequeño suspiro de gusto y volvía a hundirse en la inconsciencia. En momentos así no sabía si envidiar esa capacidad de dormir hasta más tarde, o celebrar su rutina. Si envidiaba era porque lograba pasar más tiempo con Wanyin, y si la celebraba se debía a que podía visualizar un rostro completamente relajado sin ningún ceño fruncido. Le gustaba eso. Le gustaba esa extraña relación que tenían. Miro hacia donde estaban sus ropas y visualizó una campana entre ellas. Jiang Cheng hace unos años le había regalado una campana para ayudarlo con sus pesadillas, y había funcionado muy bien. No solo la campana en sí misma, sino que el rezago de la energía del líder lo calmaba.

Para cuando finalmente se levantaron y decidieron desayunar en la habitación (más por insistencia de Lan Xichen y a pesar del bochorno de Cheng) ambos ya estaban con sus ropas correspondientes.

— Al menos hoy no tendré que preocuparme por tus estúpidas marcas…- susurró mientras tomaba algo de té.

— Puedo hacer alguna ahora si las extrañas- bromeó mirando como su pareja se ruborizaba.

— Deja de decir estupideces.

Se rio un poco, y luego lo observó unos momentos. Al sentirse observado Jiang Cheng le regresó la mirada frunciendo el ceño. Podía notarlo: no es que lo estaba mirando directamente a él, sino era como un modo de ir pensando, analizando las cosas.

— A-Cheng…- finalmente lo llevó y sacó algo de entre sus ropas para dejar sobre la mesa. Era una cajita alargada pero simple- Quería darte esto. Mi idea era que estuviera antes, pero el artesano se tardó un poco más.

— No necesitas darme nada imbécil…

Al principio lo dudo unos momentos, Xichen no solo a veces le enviaba algunas pinturas (algunas que debía guardar alejado de ojos curiosos, y otras… que termino colocando en su habitación), otras compartía algunos elementos o información sobre bestias. Le había prohibido terminantemente regalarle otra túnica. Al menos lo que estaba delante no era tan grande, tomó la caja para abrirla y se quedó boquiabierto.

— ¡¿Qué mierda?!

— Oye, si lo dices así me sentiré ofendido- lo regaño un poco, aunque sabía que era solo de sorpresa.

— L-Lo siento…- se disculpó, pero no podía quitar la mirada de la caja- Pero… pero… ¿por qué? Esto… ¡esto no deberías dármelo! 

¿Siquiera estaba permitido algo así? Xichen lo instó a sacar lo que estaba en la caja para mirarlo mejor, quería saber si había elegido bien. Algo renuente tomó el objeto, se trataba de una cinta elaborada con la misma tela que las ropas del clan Gusu. Tendría un patrón similar si no fuera porque el color no era blanco sino morado (casi del mismo color que sus propias túnicas) y bordado en detalles blancos y azules unos lotos acompañados de unas nubes.

— Puedo- le aseguró Lan Xichen y se levantó para acercarse, con paciencia se colocó detrás para desatar el lazó que acompañaba el peinado de Cheng

— Oye…- se quejó sin entender la razón de esas acciones - ¿Qué pretendes? Tenemos que partir dentro de poco y…

— Lo sé, lo sé- le aseguro y solo quito la cinta con cuidado de no arruinar el peinado, luego tomo la que le había regalado para colocárselo.

Jiang Cheng se sentía mucho más avergonzado que cuando estaban teniendo sexo o se besaban. Se sentía…. Demasiado íntimo.

— Ya está…- comento al finalizar y dio unos pasos atrás viendo como Cheng llevaba una mano hacia donde estaba, sus mejillas estaban ruborizadas- Quería ver cómo te quedaba.

— Solo necesitabas pedirme…- susurró apenado – Aun así… ¿por qué?

— Sentía que necesitaba darte algo igual de preciado que la campana -le aseguro- Me ha ayudado tanto que… quise darte algo. Ciertamente no recibirías mi cinta ¿o sí?

— ¿Por qué recibiría tu estúpida cinta? -desvió la mirada. Tenía la impresión de que un día debía volverse a leer las reglas de Gusu para ver porqué el idiota a veces bromeaba con eso.

— Recuerdas algunas reglas, pero no eso…- y no importaba, le gustaba verlo avergonzarse y sin entender algunas cosas. Esa expresión de confusión era adorable. - La cinta representa el autocontrol, la disciplina…

— ¿Acaso me estas diciendo que me falta autocontrol y disciplina? – gruñó sin saber si sentirse ofendido, aunque fue respondido por una risa.

Lan Xichen solo se acercó y lo tomo del rostro para darle un beso en los labios. Ambos disfrutaron unos momentos del contacto…

— Tiendes a perderlo en la cama…- le susurró entre los labios- lástima que ayer no pude verlo.

— … LARGO DE AQUÍ. ¡¡¡¡¡TE ROMPERÉ LAS MALDITAS PIERNAS!!!!

Los discípulos de Yunmeng que estaban desayunando abajo escucharon esos gritos y suspiraron. Genial. El Líder Lan había enojado al suyo y ahora ellos sufrirían. Preferían cuando estaba algo gruñón, pero se notaba de excelente humor. Los discípulos de Gusu, también lo sabían y se compadecían de sus compañeros. Aunque al escuchar unos ruidos como si fuera de pelea… decidieron seguir algunas de las pocas reglas que valía la pena seguir ahí. No hablar a espaldas de los demás (nunca, jamás le mencionarían nada a Lan Qiren, ni a Lan Wangji salvo bajo tortura).

No les sorprendió en absoluto cuando un poco más tarde, el Líder Jiang bajaba las escaleras de la posada gritando que debían marcharse, que estaban atrasados. Ninguno habló sobre que la cinta que llevaba en de adorno no era la misma de la noche anterior, ni de que parte del cuello de su traje dejaba entrever lo que seguramente él diría “mordedura de una araña”, la cual para estas alturas sabían que tenía nombre, apellido y rango. Y estaba bajando un poco después también las escaleras con una sonrisa muy brillante, aunque a diferencia del otro no parecía afectado en lo más mínimo.  

Series this work belongs to: