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Holy Steel

Summary:

AU Moderno en el que Johnny, Gyro, Diego y Hot Pants forman una banda de rock. Historia situada en España entre finales de los 90 y principios de los 2000.

Gyro le canta a Johnny una canción que se acaba de inventar y Johnny bromea con la idea de formar una banda. Lo que empezó como una broma acabó convirtiéndose en la creación de la banda de rock Holy Steel. Gyro quiere impulsar a Johnny a que recupere su amor perdido por la música, pero los fantasmas del pasado acaban alcanzando a Johnny.

Notes:

En el manga, en la parte del Pizza Mozzarella, en un momento Johnny le dice en broma a Gyro que deberían montar una banda. Esta historia es qué pasaría si Gyro se hubiera tomado eso en serio.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

Johnny miraba fijamente la barra del bar a través del líquido translúcido de su bebida, perdido en sus pensamientos. El ruido de la gente hablando de fondo, la voz energética del comentarista a través de la televisión, los gritos y vítores a partes iguales y el sonido de cristales chocando entre sí al ser colocados en el lavavajillas no parecía distraerle. Tamborileó sus dedos en la superficie de aluminio y dio un pequeño sorbo a su cerveza cuando observó al camarero acercarse y colocar un pequeño plato con comida frente a él.

Johnny entrecerró los ojos, dio un largo suspiro y se llevó la mano a la sien. Pensó: «Por qué ha tenido que ser ensaladilla rusa…»

 —Gracias. —Dijo brevemente, y el camarero se alejó sin mediar palabra.

Cogió el pequeño tenedor y pinchó una aceituna que se encontraba en la parte superior de la tapa. Después de comérsela, dejó el tenedor apoyado en el borde del plato. Es verdad que podría simplemente dirigirse al camarero y pedirle que le pusiera otra cosa, no es algo extraño. El problema era ese, si podía evitar tener que hablar con el camarero, con quien no tenía tanta confianza, prefería no tener que hacerlo. «En mi bar de siempre no me pasaría esto, ya me conocen…» Pensó, con la mirada perdida en ningún sitio en particular. Entonces se dio cuenta de que le estaban hablando.

—Oye, ¿no te vas a comer eso?

Johnny se giró sobresaltado, y descubrió sentado a su lado a un chico algo más alto que él, de melena rubia y ojos verdes. Su voz era potente, y tenía un acento algo cantarín, supuso que italiano. Este estaba señalando su plato de ensaladilla.

—Ah, no, no. Si la quieres, tómala. —Dijo, acercándole el platillo—Es que yo no puedo, soy intolerante a la lactosa.

El muchacho abrió los ojos, sorprendido.

—¡Muchas gracias! —Sonrió, mostrando una hilera de dientes de oro.

En ese momento Johnny se fijó en la manera tan peculiar de arreglarse que tenía este chico, ya que, para colmo de llevar una dentadura completa de oro, tenía la barba afeitada a trozos. No parecía ser un accidente con la máquina, sino algo deliberado. Johnny normalmente no era de juzgar a la gente por su apariencia, aunque ciertamente la de este chico lo pilló desprevenido. Sin embargo, pese a todo, un fugaz pensamiento cruzó su mente por un segundo: «Pues aún con esas el tío es bastante atractivo, tiene unos ojazos y un pelo que flipas». Johnny reprimió ese pensamiento en lo más profundo de su ser y se centró en su vaso de cerveza. 

—Aunque es una pena, con lo rica que está…mira, si quieres te la cambio por lo mío. Esto si puedes comerlo, ¿no? — Dijo y le acercó su tapa. —Es carne en salsa. También está deliciosa, sí.

Johnny sonrió, aceptando de muy buena gana el intercambio.

—Por cierto, mi nombre es Gyro, encantado.

—Yo soy Johnny. —No obstante, el otro no pudo oírlo, ya que se levantó del asiento gritando, llevándose las manos a la cabeza: —¡No hombre, no! ¡Si con ese penalti ya estaba ganado! — Gyro puso su cara entre las palmas de las manos y las deslizó hacia abajo, arrastrándolas por su rostro con cara de disgusto, y se volvió a sentar. —Ah, perdona, no te he escuchado. ¿Qué habías dicho?

—Que, me llamo Johnny.

—Ah, bien. Oye Johnny, yo creo que el árbitro está comprado. Eso había entrado, ya te lo digo yo.

Johnny parpadeó, dirigiendo su mirada a la pequeña televisión de tubo colgada del techo.

—Ah, ¿te refieres al partido? No lo estaba viendo. La verdad, no soy mucho de fútbol. No entiendo cómo la gente se puede poner tan intensa con algo así, es una estupidez, parecen niños pequeños. Encima el juego en sí es aburrido, solo es ver gente dándole patadas a una pelota y nunca pasa nada.

Johnny notó cómo había subido la tensión en el ambiente, y encontró la cara de Gyro a apenas un palmo de la suya.

—¿Perdona? Tú eso a mí no me lo puedes decir, ¿eh? — Inquirió Gyro, subiendo el tono de su voz. —¡Que soy italiano, que el fútbol lo llevo en la sangre! —Dijo, golpeándose el pecho con el puño cerrado. —Meterse con el fútbol es como si te metieses con mi madre. ¡Y nadie se mete con mi madre!

Johnny esbozó una sonrisa que emanaba cierto aire de maldad.

—Claro, es verdad. Ver a un señor correr y sudar más de una hora corriendo detrás de un balón, qué emocionante. —Dijo Johnny mirando hacia otro lado, con sorna, intentando aguantarse la risa. La realidad era que para él el fútbol era algo que le daba bastante igual, aunque si había algún mundial o partido importante los veía y se entretenía. Pero al ver la reacción del otro no pudo evitar picarle al respecto.

Gyro se enfureció, su cara estaba tornándose de un color rojizo, y le apuntó con un dedo acusatorio: —¡Serás…! Pues te digo que si jugásemos un partido te pegaría una paliza, ya lo verás.

Johnny dirigió su mirada a la silla de ruedas que se encontraba a su lado.

—No sé, lo veo un poco complicado. Aunque te digo que, si pudieran, estas piernas te meterían más goles de lo que piensas.

Gyro estaba a punto de decir algo, pero se calló, llevándose el dedo índice a sus labios, parecía estar pensando en algo. Luego, arrancó una servilleta y garabateó en ella con un bolígrafo que se sacó del bolsillo. Después se la dio a Johnny, dando un manotazo en la mesa.

—Tú. Yo. Mario Smash Football. En mi casa. Esta tarde. Y no voy a aceptar un no por respuesta.