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En la habitación de una casa a medio terminar resonaban jadeos, gruñidos y los incesantes gemidos de Slime, quién se encontraba adolorido por la hipersensibilidad en su zona baja tras un par de orgasmos, al menos era un dolor agradable y rico, porque no podía detenerse, ese era su castigo.
Hoy Mariana había decidido darle una lección al híbrido de slime por haberse comportado como un idiota tóxico durante la semana y es que Slime realmente había actuando igual que un auténtico celópata, buscando pelear con cualquiera que se acercara a hablar con el mexicano, especialmente cuando se trataba de Foolish, porque según las palabras de Slime, pareciera que Mariana se regalara en presencia del semidiós. Pero no fue esa la gota que derramó el vaso, sino que fue la escena de celos que se había montado Slime al escuchar a Mariana y Roier coquetear como suelen hacer los dos mejores amigos, aparte de haberse puesto violento verbalmente, también había intentado retar a Roier a una pelea física, cosa que finalmente colmó la paciencia de Mariana.
Honestamente a Mariana le encanta que Slime sea posesivo con él porque le sube el ego y lo hace sentir deseado, pero también hay límites.
Si bien Slime había parecido recapacitar y ya hasta se había disculpado con los amigos de su "esposa", aún le hacía falta el castigo de Mariana, ese estúpido pelo de slime debía ser reprendido por su comportamiento. Y eso estaba haciendo el mexicano en este momento.
Slime estaba amordazado y completamente desnudo, con un sudor verdoso y espeso bajando por su torso, sus manos estaban amarradas y debía agradecer la gentileza de Mariana al no haberlas amarrado atrás de su espalda, porque de ser así, de seguro ya hubiera perdido el equilibrio ya que no está en tan buena forma.
La posición del misionero suele ser aburrida para esta pareja que siempre practica el sexo con odio y demás cosas fetichistas y raras, pero esta vez era la posición ideal para el castigo, Slime debía saber arreglárselas para apoyarse y también preocuparse de mover sus caderas y penetrar a Mariana con la velocidad, intensidad y constancia que al castaño le gusta, si sus brazos cedían y caía sobre Mariana, éste subía la intensidad del vibrador que había puesto en Slime -realmente cuando el mexicano dijo que usarían juguetes a la próxima, no mentía-. Porque para rematar, Mariana había metido ese juguete sexual como parte del castigo y esa era en parte la razón por la cuál Slime estaba tan débil y ruidoso.
"Mhh… Oye Slime, muévete más rápido… Y no me mires con esa cara de baboso, debiste haber pensado mejor antes de actuar como un pendejo…"
La voz de Mariana sonaba entrecortada pero severa a pesar de los jadeos que se le escapaban entre las palabras. Sostenía con fuerza la mandíbula de Slime para mantener el contacto visual, después pasó esa misma mano tras la nuca del rubio y apretó ese lugar con fuerza para que Slime hiciera exactamente lo que le había pedido.
Al sentir el pene de Slime presionar su próstata en un ángulo más directo, Mariana cerró los ojos y gimió de gusto, tratando de no correrse y de no sucumbir por completo al placer, debía demostrarle quién tenía el control hoy y quién estaba dominando a quién.
A pesar de que había dado la orden de ir más rápido, Slime mantuvo el ritmo solo por unos segundos antes de detenerse para descansar puesto que sus músculos, brazos, rodillas y espalda le dolían al igual que su miembro, sentía que iba a explotar por la sobrecarga de sensaciones y por el cansancio, su respiración estaba agitada pero fuera de todo eso, Slime estaba disfrutando del castigo que pronto se pondría mejor.
Si esta era la primera vez de Mariana siendo dominante de esta manera, estaba ansioso por continuar.
"Igual pendejo yo, no esperaba que un hijo de puta como tú supiera seguir órdenes, Slime. ¿Acaso debo enseñarte eso también, men?"
Costó un poco al principio, pero finalmente Mariana pudo cambiar las posiciones y recostar a Slime en la cama, ajustando el amarre en las muñecas del rubio y también la mordaza en su boca. Slime lo miraba con sus ojos verdes suplicantes pidiendo piedad o perdón, o ambas cosas a la vez, pero también podía ver más abajo lo duro y rígido que estaba, por supuesto que no se iba a detener.
"Pero la realidad es que enseñarte sería una pérdida de tiempo… Porque tú aprendes con los castigos, ¿me explico, men?"
Una leve sonrisa ladina se hizo presente en el rostro de Mariana al ver como Slime asentía con la cabeza al haber entendido la mayor parte de la frase, gruñendo como un perro al ser tratado de esa forma por nada menos que su esposa, la persona que más ama en toda la Isla Quesadilla.
Mariana no podía esperar más ni podía seguir prohibiendo su propio orgasmo o sin duda estaría realmente de mal humor, por lo que se subió sobre Slime, apoyando sus rodillas a cada lado de las caderas del rubio. Tuvo que reprimir un gemido sonoro cuando sintió el semen viscoso de Slime salir de su interior, normalmente le gustaba usar condón, pero en casos como estos, le gustaba el sexo sucio y desagradable, lo más primitivo posible. Debido a que Slime se había venido dos veces dentro de él, fue fácil deslizar la erección del angloparlante dentro suyo de nuevo, aunque dicha acción provocó que el semen se escapara más fácilmente por la presión.
Al ya estar en posición, Mariana comenzó a montarlo con rudeza, si Slime no podía darle tal como quería, él tendría que encargarse de hacerlo hasta darse en el gusto. Subía y bajaba su cuerpo con fuerza, recargando todo su peso debido a su diferencia de altura y aplastando las caderas de Slime a propósito, para hacerlo mejor también había subido la intensidad del vibrador al máximo, quería sobre estimular al estadounidense lo suficiente para hacerlo llorar si es posible.
Hubo un momento en donde Mariana ya no podía acallar sus gemidos, la sensación super pegajosa, caliente y húmeda que había entre el miembro de Slime y su entrada lo estaba haciendo temblar de lo sucio que se sentía, pero por ningún motivo detenía sus incesantes y duros movimientos, no estaba del todo cansado, al menos no tan cansado como lo estaba Slime.
Mariana había ralentizado sus caderas únicamente para masturbarse, si se iba a correr, definitivamente debía ser sobre el torso de Slime. Para esto el rubio también había captado las intenciones de su esposa, por lo que lo ayudó levantando sus caderas para embestir al cuerpo del más alto con todo lo que le diera su fuerza, lo que trajo resultados favorables puesto que sintió el semen caliente y blanquecino de Mariana cubrir su vientre y parte de su estómago. Sin embargo Mariana frunció el ceño a pesar de recién haber llegado al clímax, su cuerpo temblaba y estaba teniendo problemas para regular su respiración y jadeos, aún así logró reunir fuerzas para llevar sus manos al cuello de Slime para asfixiarlo dentro de sus límites, la sorpresiva y deliciosa acción provocaron que los ojos miopes de Slime se llenaran de lágrimas y que este mismo sonriera feliz, algo que Mariana amó sin duda al obtener el consentimiento tan entusiasta de su novio.
"Hey, n-no te di el permiso para m-moverte, Charlie. No eres más que un asqueroso p-perro celoso que no sabe pensar…"
Mariana apretó por un par de segundos más el cuello de Slime, siendo igualmente bien recibido por el rubio por la forma en la que su miembro duro palpitaba en el interior del mexicano. Después de finalmente soltar el cuello ajeno, Slime tomó aire por la nariz profundamente y Mariana sonrió por la idea que había llegado a su mente al ver cómo las lágrimas corrían por las mejillas de su pareja. Se levantó del miembro de Slime que seguía erecto y le sacó la mordaza para que pudiera respirar mejor al menos por unos segundos. Slime no dijo nada pero sus ojos verdes suplicaban por el tercer orgasmo y Mariana sintió que se quería reír a carcajadas en su cara por el pudor y la lujuria que le provocaba toda la obscena situación.
"Eres un idiota si piensas que te daré lo que quieres… Ahora men, vas a limpiarme y más te vale hacerlo bien eh."
Lo único en lo que pudo pensar Slime era en sí aquello era un premio o un castigo, ya que en el momento en el que Mariana se sentó en su cara desató también sus manos y las pudo usar para poder devorar por completo a Mariana con su hábil lengua verde, sintiendo el sabor de su propio semen pegajoso y verdoso junto con otros fluidos exquisitos del mexicano en sus papilas gustativas. No le importaba si no podía correrse por tercera vez, le bastaba con poder saborear a Mariana y hacerlo sentir bien aprovechando que ahora él era el hipersensible, también disfrutaría escucharlo gemir y escucharlo decir lo buen perro que era.
No había nada mejor que ser elogiado por su bitch wife y que este también se siente en su cara, por lo que definitivamente esto era un premio y cada una de sus actitudes posesivas y tóxicas valieron la pena si esta es la recompensa.
