Work Text:
Carre se encontraba sentado en el mismo lugar de siempre, el rincón de la pollería de Tortillaland donde se había reunido con su mejor amigo incontables veces. Observó al oso, con aquella sensación en su pecho que últimamente comenzaba a molestarle. Sentía sus mejillas calientes al ver el como Spreen entraba por la puerta con su sonrisa de siempre.
Su día empezó con normalidad, o bueno algo así. Debido a que en la mañana le llegó un mensaje de su mejor amigo, uno en dónde decía que tenía una noticia importante y fuera a verlo.
Tenía una mala sensación en el pecho, pero decidió ignorarla y seguir con sus actividades. Y ahora estaba ahí, un poco nervioso. Observó al hibrido sentarse en frente suyo, pero algo era diferente en él. Sus ojos brillaban con un brillo diferente, un brillo que Carre no podia identificar.
"Sé que esto va a sonar re loco, Carre" empezó Spreen, y el corazón del más bajo empezó a latir fuerte en su pecho. "Pero me han invitado a una isla. Es un lugar re copado, y me han ofrecido ir de vacaciones ahí".
Carre se quedo en silencio, procesando la informacion que acababa de recibir. Spreen se iba de vacaciones, solo . Algo en su interior se rompió en ese momento. ¿Cómo iba a pasar una semana entera sin él, sin su mejor amigo?
"Nomás son unos dos o tres días, Carre". continuó Spreen al notar el silencio. "y después vuelvo. Necesito un respiro, nada más. Pero te juro que vuelvo".
Carre sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos en ese momento. Spreen se iba, lo dejaba solo en ese lugar que ya no tiene sentido sin él. Llamenlo exagerado pero no podia soportar la idea de pasar una semana entera sin el, pero no queria sonar como un desesperado, al menos no para Spreen.
"Está bien, amigo". dijo con una voz que apenas reconocía como propia. "Nomás cuidate, ¿dale? Y volvé pronto."
Pequeñas lágrimas se formaron en sus ojos sin poder detenerlas y Spreen sabiendo lo sensible que era su mejor amigo, no le tomo importancia. El híbrido pensaba que era por el cariño que su amigo sentía hacia él, y el hecho de que lo iba a extrañar, así que soltó una risita acercándose al más bajo, sentándose a su lado mientras lo abrazaba.
"¿Te vas por mucho tiempo?" preguntó Carre con la voz quebrada, apenado y con las mejillas rojas por haber llorado en frente del oso.
"No, solo unos días. Necesito un pequeño descanso." Respondió Spreen con una sonrisa.
Carre asintió, pero no pudo evitar sentir una inmensa tristeza ante la idea de estar separado de su mejor amigo.
"Trata de no extrañarme demasiado, boludo". bromeó Spreen, dando un pequeño golpecito en el hombro de Carre.
"Imposible, sos mi mejor amigo" respondió Carre, devolviéndole la sonrisa.
Con un abrazo, Spreen se despidió de Carre y al día siguiente, partió hacia la isla Quesadilla.
Carre se alegraba, después de todo Spreen se notaba estresado estos últimos días. Pero Carre no pudo evitar sentir que había algo más, aunque no podía estar completamente seguro.
.....
El castañito miró con tristeza la pantalla de su laptop, el pelinegro le había prometido que sólo se tomaría unos días de descanso de su pollería, pero ya había pasado una semana y no había vuelto.
"Che, ¿cuándo volvés? Te extraño un montón." preguntó Carre con voz temblorosa.
"Sí, boludo, yo también te extraño. Pero todavía no sé cuándo voy a volver. Estoy tratando de disfrutar al máximo de la isla, ¿me entendés?" Respondió Spreen con una sonrisa.
Carre sintió un nudo en la garganta al escuchar esas palabras. Sabía que Spreen era libre de hacer lo que quisiera y que tenía derecho a disfrutar de sus vacaciones. Pero no podía evitar sentirse triste y un poco celoso de que estuviera pasando tiempo con otras personas en lugar de estar con él.
"Claro, entiendo. Tomate todo el tiempo que necesites, pero cuidáte, ¿dale?" dijo Carre, intentando sonar alegre como siempre.
"Sí, tranqui, estoy cuidándome. No te preocupes tanto, voy a volver pronto. Te prometo que vamos a hacer una fiesta cuando regrese, ¿te parece?" bromeó el pelinegro.
Carre sonrió, agradecido por el intento de Spreen de levantarle el ánimo. Pero en el fondo, no podía evitar sentirse triste y preocupado por su amigo. Lo extrañaba tanto que dolía.
"Me parece perfecto, boludo. Pero cuidáte, ¿sí?" respondió Carre con una sonrisa forzada. "Te quiero." Añadió antes de cortar.
Después de la llamada, Carre se quedó en silencio, pensando en el oso. Sabía que tenía que dejarlo disfrutar de sus vacaciones, pero no podía evitar sentir un vacío en su corazón. Y lo que era peor, se dio cuenta de que extrañaba más de lo normal al pelinegro. Intento justificarse en qué extrañaba a su mejor amigo, pero uno no lloraba todas las noches por la usencia del otro. A pesar de todo, todavía lo quería con todo su corazón, y deseaba que regresara pronto para tenerlo a su lado, cómo siempre.
Los días pasaban y había intentado no sentir demasiada preocupación, pero no podía evitar sentir un nudo en el estómago cada vez que pensaba en Spreen y en su ausencia. Hasta pelusa lo noto, ya que siempre se sentaba cerca de la puerta, maullando en busca de su dueño.
Luego de una semana, Spreen dejo de llamarlo cada tarde y eso le preocupo.
Tres semanas pasaron y finalmente, no pudo soportarlo más y decidió tomar un boleto de tren a la isla Quesadilla. No le importaba que fuera un largo viaje, necesitaba saber qué estaba pasando con Spreen. Cuando llegó a la isla, comenzó a buscarlo por todas partes, pero no pudo encontrarlo.
Por suerte, encontró a algunas personas que vivían por ahí, y le dijeron que el oso siempre se la pasaba cerca del muro. Y fue ahi donde lo vio. Spreen estaba de pie junto a un chico castaño, riendo y hablando animadamente. El corazón de Carre se detuvo en su pecho cuando vio la forma en que Spreen miró al otro chico. Era una mirada de amor, la misma mirada que Carre le había dado a Spreen muchas veces antes. Nunca se había sentido tan dolido como en estos momentos.
El castaño aún seguía en shock. No sabía cómo reaccionar ante lo que acababa de ver. Su corazón se había roto en mil pedazos al ver a Spreen mirando con tanta intensidad a aquel chico, alguien que había conocido hacía apenas tres semanas, mientras que a él en todos estos meses, nunca lo había mirado así.
El dolor en su pecho era insoportable, trato de alejarse lo más que pudo para no ser visto, pero las lágrimas no dejaban de caer de sus ojos. Se sintió traicionado y engañado, como si el oso le hubiera ocultado algo tan importante como sus verdaderos sentimientos.
Se escondió detrás de un árbol, observando la escena en silencio. No podía soportar la idea de interrumpir su momento íntimo, pero tampoco podía soportar verlos juntos. Su corazón latía duramente en su pecho, y de repente, comenzó a toser violentamente. Primero fueron unos pocos pétalos, y luego, una amapola con espinas salió de su boca.
Una sensación agria lo recorrió cuando descubrió la misma flor en las manos de Spreen, aquella flor siendo inútilmente ocultada de aquel castaño.
Y otro pétalo salió.
Carre se dio cuenta entonces de que había estado enamorado de Spreen todo el tiempo. Había intentado negarlo, había intentado alejarse, pero no podía evitarlo. Y ahora, ver a Spreen con otro chico, hacía sentir que su corazón estaba siendo destrozado en mil pedazos. Se dejó caer de rodillas, con lágrimas en los ojos y los petalos en la mano.
Finalmente, regresó a casa. No quería seguir viendo a Spreen y a ese chico juntos, no quería seguir viendo. Pero cuando llegó a su hogar, se dio cuenta de que nada volvería a ser lo mismo. No podía dejar de pensar en Spreen y en lo que había visto. Se sintió atrapado en sus propios sentimientos, sin saber cómo salir de ese laberinto emocional.
Se dejó caer en su cama y lloró durante horas, tosiendo más y más pétalos. Sentía que su corazón se estaba deshaciendo en su pecho, y no podía hacer nada para detenerlo.
Finalmente, cuando el sol comenzó a salir, intento dormír, agotado por el dolor y la tristeza. Más no pudo, la imagen de aquellos dos se repetía como un bucle en su cabeza, aún le dolía.
¿Que tan especial era ese chico para que el oso lo mirara de esa manera? Y solo en pocas semanas. Y el que en meses de ser su mejor amigo, no había logrado ni un "te quiero" de parte del alto.
Mucho menos un te amo.
El silencio de la habitación fue interrumpido por un sonido, el tono que le había puesto a spreen cada que lo llamaba.
Su corazón dolio.
Una flor más salió.
Y otra, y otra.
Y cuando el sol salió completamente, cuando aquel tono dejo de sonar, las amapolas dejaron de salir.
