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Le pedí al Señor que me diera un amor, nunca pensé sería tan profundo.

Summary:

[Día 3 de la Margus Week.]

Dónde Agustín nunca entra a Gran Hermano, pero Marcos sí.

O dónde el premio millonario viene con algo mucho más valioso que la plata.

Work Text:

Marcos Ginocchio era un alfa raro.

No era como los demás alfas por mucho que la gente pensara que sí a primera vista. Era alto, musculoso y bastante intimidante si lo conocías por primera vez, como la mayoría de alfas, pero detrás de esa fachada externa se escondía el hombre más dulce, atento y bueno que te podrías cruzar en tu vida.

Aún así, era una persona muy impredecible, por esa razón, cuándo se inscribió a Gran Hermano y fue aceptado para entrar su familia no pudo hacer más que aceptar que Marcos nunca iba a cambiar, siempre iba a ser el mismo pibe que nunca les contaba nada y terminaba haciendo lo que él quería. Así fue cuándo se enlazó con su omega sin decirle absolutamente nada a sus familiares o amigos, también cuándo se escapó a México con él o cuándo se casaron en Cancun sin decir nada.

Y hablando de su omega...

Agustín era una persona totalmente diferente a Marcos. Dónde Marcos era tranquilo, Agustín era revoltoso, donde Marcos era dulce y reservado con sus opiniones, Agustín era el defensor de los pobres -como lo había nombrado su mamá-, dónde Marcos era callado, Agustín hablaba por los codos, dónde Marcos era "el popular" del colegio, Agustín era el friki al que denigraban, dónde Marcos era un alfa respetado y que caía bien, Agustín era un omega rebelde que se salía de toda regla impuesta por la sociedad. Y por ahí eso hizo que se enamoraran en un principio.

Marcos todavía se acuerda cuándo conoció a Agustín. Fue un viaje que se consideraría trivial, unas simples vacaciones donde su mejor amigo lo llevó a pasar dos semanas a Bahía blanca en el departamento de sus abuelos, y casualmente coincidió con los tres días de carnavales dónde Agustín se tomó un descanso de su vida ajetreada para visitar a uno de sus grandes amigos.

Ninguno de los dos esperó verse en aquella playa escondidita del resto, pero tampoco se imaginaron que al sentir el aroma del otro por primera vez se reconocerian como su pareja destinada. Marcos todavía se acuerda de esos tres días de carnaval dónde Agustín no se separó de su lado, también se acuerda como tardaron dos días enteros en decirse el uno al otro que ya sabían que eran compañeros destinados, y nunca se va a borrar de sus recuerdos la manera en la que Agustín lo besó por primera vez cuándo lo acompañó a tomar el micro a Buenos Aires.

Y el resto había sido historia. Marcos no se aguantó el tener a su omega lejos, así que simplemente empezó a viajar de Salta a Buenos Aires únicamente para verlo. A decir verdad, fueron dos vuelteros, se suponía que si encontrabas a tu pareja destinada te tenías que enlazar y formar una familia al instante, pero Marcos y Agustín se tomaron su tiempo, y después de casi dos años de ir y venir, finalmente el alfa lo invitó a hacer un pequeño viaje a México dónde finalmente se marcaron el uno al otro y pocas horas después se casaron en la playa con nadie más alrededor, sólo el cura y ellos dos, algo que ambos atesoraban en sus corazones.

Los dos se mudaron a La Plata por pedido especial de Mariel, la dulce madre omega de Agustín, y no tardaron demasiado en consolidarse como una pareja estable en un pequeño departamento que estaba solo a 15 minutos de la progenitora del platense. Ambos le juraron a la madre de Marcos que irían bastante seguido a Salta y el salteño debió acomodarse al ritmo tan acelerado de Buenos Aires, pero todo eso valía la pena si era junto a su omega.

Y todo iba perfectamente bien entre ambos, hasta que llegó una oportunidad única en la vida de Agustín. Él siempre fue fanático del reality llamado "Gran Hermano" y cuándo vió que los castings estaban abiertos le insistió mucho a su amado para que se anotaran. Agustin insistió en que "decían probar nuevas experiencias" y con eso convenció completamente a su alfa que no tardó en anotarse, grabar el video y subirlo con la esperanza de que ambos entrasen al reality.

Pero bueno, Dios a veces tiene planes algo impredecibles, y se lo demostró a Marcos cuándo él entró al reality, pero su amado omega no. Todavía recuerda como el aroma a mandarinas que siempre fue fresco y dulce se hizo agrio al instante, y como Agustín se encerró en la habitación que compartían para quedarse un ratito solo. Marcos quiso rechazar la idea de entrar a Gran Hermano sin su omega, pero cuándo se lo mencionó al platense recibió la cagada a pedos más grande de su vida. "Jugá por mi." le había pedido Agustín cuándo se dignó a salir de la pieza, y Marcos no pudo negarse a esos hermosos ojos azules que lo habían enamorado desde el primer día.

La despedida fue lo más duro y lo dejó con un gusto agridulce en la boca. Agustin y él habían hecho el amor por última vez antes del aislamiento, y le prometió que iba a cuidar su relación y su vínculo hasta el último momento, algo que su dulce omega agradeció con lágrimas en los ojos. Aún así, el platense no estuvo en el estudio cuándo entró al programa, los de la producción le pidieron explícitamente que no mostrara su relación con su omega y Agustín le dijo que no le importaba, después de todo tenían la marca del otro, no hacía falta que todo el país supiera cuánto se amaban.

Estar alejado de Agustín por cinco meses fue insoportable. Su alfa interior lloraba, gritaba y pedía por el dulce omega que era su destinado, y Marcos sólo podía decirle que pronto lo verían aunque sabía que no era verdad. Pero lo que fue verdaderamente agotador fue no poder hablar con nadie sobre la dulce personita que lo esperaba en casa. No podía decirle a Daniela que no lo tocara porque estaba enamorado de Agustín o a Camila que bajara su intensidad porque tenía a alguien esperándolo afuera, solo se quedó callado e ignoró los intentos de los omegas de la casa para ser algo más, él sólo tenía en mente ganar por su omega, sólo eso.

Así que cuándo llegó a la final junto a Julieta y Nacho, dos omegas con los cuáles mantenía una relación únicamente amistosa, un peso se fue de su corazón.

Julieta había quedado tercera y Marcos agradeció a Dios que así fuese. Sobre todo porque se habían enterado que afuera los "shippeaban" -un término que sólo había aprendido gracias a su friki marido-, y lo ponía algo incómodo llegar al primer y segundo puesto solo ellos dos. Nacho le sonrió de costado cuándo Santiago volvió a entrar a la casa para decirles el ganador y Marcos le sonrió de igual manera mientras acariciaba a la dulce perrita a la cuál adoptaría apenas se fuese de la casa.

—Y el ganador de este Gran Hermano 2023 es...

Marcos apretó la mano de Nacho con fuerza. Ambos se habían detestado en un principio, pero habían conseguido limar asperezas, quizá solo fue porque Lucila estuvo en el medio, y ella había mencionado a que habló con Agustín antes de entrar en el repechaje, obviamente fue bastante discreta y sólo Marcos entendió esas palabras, pero estuvo tan agradecido con su amiga alfa por cuidar a su marido que le prometió intentarlo con Nacho.

—¡Marcos!.-Gritó Santiago y el mundo de Marcos como lo conocía se derrumbó por completo, pero de una manera buena, emocionante y gratificante.

Marcos no se acuerda mucho del resto. Sabe que agarró a Morita, la perra que había nombrado así en honor a la mascota que su omega había tenido durante toda su vida y debió quedarse en la casa de sus papás, también sabe que abrazó a Nacho antes que se fuera, que recorrió la casa y lloró en silencio imaginadose el orgullo que estaría sintiendo Agustín en ese momento. También sabe que apenas abandonó la casa unos veterinarios le sacaron a Morita y tuvo que subir a un auto mientras jugaba distraídamenre con la alianza de oro rosado que Agustín había conseguido para su casamiento en Cancun.

Se bajó del auto y miles de personas lo recibieron coreando su nombre, algo que infló su pecho mientras pasaba por la larga alfombra que lo llevaba al estudio. Apretó manos, recibió abrazos, agarró dibujos y tiró besos mientras sus ojos se sentían extremadamente húmedos por el amor que estaba recibiendo de gente que no lo conocía de nada.

Y cuándo entró al estudio los gritos se hicieron más fuertes aún, los de los fans, los de sus amigos, también los de sus ex-compañeros, y los panelistas, parecía que todos estuvieron de acuerdo con su victoria y eso emocionó aún más a Marcos. Pero apenas pudo ubicar su mirada en la tribuna no hubo nada más importante, ignoró al conductor queriendo saludarlo o a sus ex compañeros queriendo tomar aunque sea algo de protagonismo, ahí lo único importante fue esos ojos azules que lo miraban desde la tribuna y esa enorme sonrisa llena de encías y dientes que estaba ubicada en el top3 de mejores cosas que le pasaron a Marcos Ginocchio por encima de ganar Gran Hermano.

—¡Agu'!.-Se escapó de sus labios soltandose del agarre que tenía Santiago sobre su brazo y fue directamente hacía la única persona con la que se sentía completo.

Su omega estaba en medio de la tribuna de su familia, justo entre su mamá y su hermana mayor, todo a pedido de Carola que exclamó que Agustín tenía que estar ahí y demostrar que era el dulce compañero que Marcos merecía y amaba. Y al parecer fue una buena decisión por parte de la mujer, porque Marcos rompió en llanto apenas lo vió y no dudó en correr por todo el estudio hasta llegar hasta la persona que más extrañaba en el mundo.

—¡Marcos!.-Gritó de la misma forma el platense abriendo sus brazos de par en par para recibir el cálido cuerpo de su amado.

Abrazar a Agustín después de cinco meses fue como volver a casa. El dulce aroma a mandarinas mezclado con menta y una nota de miel que antes no estaba allí, los suaves rulos debajo de sus dedos, el delicado y pequeño cuerpo atrapado entre sus brazos, la voz del mayor murmurandole palabras de amor. Marcos había extrañado cada simple cosa que se asociaba con Agustín, y Agustín no se quedaba atrás.

—Te amo, te amo, te amo.-Murmuró el salteño dejando suaves besos en el cuello dónde tenía escondido el rostro, ahí estaba la pequeña marca que los evidenciaba como pareja, un vínculo irrompible del que ellos alardeaban a diario.

Marcos se separó un poco de su marido, pero sus manos no abandonaron la preciosa cara de Agustín. Esos enormes ojos azules brillaban como el primer día que se conocieron y sus labios estaban tan rosados como la primera vez que se besaron, pero Agustín estaba un poco cambiado, tenía el pelo más corto y un bonito arito en su nariz, también tenía sus mejillas más llenas, como si hubiera comido más desde la última vez que se vieron, pero cada detalle de su omega era una obra de arte para Marcos.

—Te extrañé tanto...-Murmuró Agustín intentando que nadie más que ellos escuchasen esas palabras, pero a Marcos no le importaba el trato que hizo con la producción, ese era su momento e iba a amar a su omega como merecía.

—Yo también te extrañé, mi gordito.-Respondió con dulzura en cada una de sus palabras y no aguantó un segundo más.

Unió sus labios con los de su marido en un beso cargado de toda la dulzura y amor que se venía aguantando desde hacía cinco meses. Pegó sus cuerpos como pudo a través de la tribuna y sonrió cuándo posó sus manos en la cintura del mayor. Se separó para mirar los ojos entrecerrados de su marido y soltó una dulce risita mientras acariciaba la cintura de Agustín con una dulzura que no sentía hace tanto tiempo.

—Estás más gordito, estás hermoso, me encanta, ¿estás comiendo más?.-Preguntó al sentir como el siempre delgado cuerpo de su marido se sentía algo más curvilineo y Agustín se aguantó una carcajada cuándo escuchó al menor soltar aquello.

Marcos continuó abrazando a su marido hasta que posó sus dedos en el vientre ajeno. Se sintió duro y abultado, pero no sólo eso, sino que un leve movimiento fue captado por su propio tacto. Agustin lo miró con diversión cuándo la incrédula mirada de Marcos lo recibió y se aguantó el no reírse en la cara de su marido, sobre todo porque era un tema serio y no quería quedar como un boludo, pero Marcos era tan tierno.

—¿Qué es esto?.-Preguntó posando sus dos manos sobre el vientre de su marido. No se había dado cuenta antes, después de todo Agustín estaba usando ropa varios talles más grande y la estructura de la tribuna no había permitido que las partes inferiores de sus cuerpos se tocaran.

—¿Te tengo que explicar, Mar?.-Se burló el platense acariciando la mejilla de su marido mientras que con la otra mano tomaba la de Marcos y la posaba delicadamente sobre la parte más abultada de su vientre.

Marcos volvió a mirar a su marido a lo ojos y palpó esa zona con delicadeza antes de mirar a su derecha, su madre le sonreía de oreja a oreja con orgullo y su padre asentia en silencio con lágrimas bajando por sus ojos. La realización de una idea que se venía formando en su cabeza terminó por culminar cuándo volvió a mirar a Agustín y otro asentimiento vino de su parte.

—Voy a ser papá...-Susurró uniendo los puntos, su voz sonaba incrédula y chiquita, como si probara esas palabras en sus labios para no equivocarse.

Y bastó con una segunda mirada por parte de Agustín para confirmarle todo. Ahora todo tenía sentido, como Agustín se sentía tan mal esos últimos días antes de irse, como su olor había cambiado levemente para ser más dulce, como su piel parecía brillar la última vez que se vieron, como Lucila le había dicho que afuera tenía un futuro mucho más grande de lo que imaginaba, como su propia hermana le murmuró que sólo cosas buenas venían en camino. Agustín estaba embarazado, él iba a tener un bebé.

—¡Voy a ser papá!.-Gritó ésta vez con seguridad, con euforia y alegría mientras levantaba el cuerpo de su marido para sacarlo de la tribuna, necesitaba sentirlo contra su cuerpo urgentemente.

Agustín rió cuándo fue colocado otra vez en el suelo, pero no duró demasiado porque Marcos lo volvió a levantar para girar con él entre sus brazos. Carola gritó algo parecido a "le va a hacer mal al bebé" con preocupación pintada en su voz, pero Agustín negó con la cabeza y entrelazó sus dedos detrás de la nuca de su marido recibiendo el segundo beso que Marcos empezó en la noche, el segundo de muchos más.

—Vamos a ser papás.-Volvió a murmurar contra sus labios con incredulidad y alegría pintada en cada una de esas palabras.

—Si, Mar, vamos a ser papás.-Afirmó el mayor estirando una de sus manos para secar la solitaria lágrima de alegría que se había escapado de los ojos de su amado alfa.

El aroma de Marcos era lo más parecido a un bosque después de la lluvia, el aroma vegetal, la tierra mojada y un toque floral proveniente de la alegría del momento era algo que Agustín había extrañado cada segundo de esos cinco meses. Había sido difícil, él no podía mentir. Supo que estaba embarazado dos semanas después que Marcos entrara a la casa, y Carola insistió mucho para que le pidieran a un productor que le dijera la noticia a Marcos, pero Agustín era un cabeza dura y no quiso arruinarle la experiencia a su marido, porque él sabía que Marcos hubiese abandonado la casa apenas supiera la verdad.

Bueno, Agustín también tenía miedo, tenía miedo de que Marcos guardara un resentimiento hacia él por no decirle y esconderlo durante tanto tiempo, pero ahí estaba Marcos, abrazandolo con fuerza y llevándolo en brazos hasta el centro del estudio para que todo el país -y Uruguay- viera a su omega embarazado de su hijo. Las miradas de los productores eran tensas, tanto como las de los panelistas y la del mismísimo Santiago del Moro, pero Marcos estaba tan eufórico que no se dió cuenta, o no se quiso dar cuenta.

—¡Santi, voy a ser papá!.-Gritó Marcos cuándo dejó el cuerpo de su marido delicadamente en el suelo, y el conductor no sabía que decir o hacer ante el cambio de narrativa que el salteño estaba presentando.

El estudio entró en un estado de euforia, pese a que todos esperasen lo contrario, el público empezó a corear felicitando al salteño, no sólo por ser el ganador, sino por el embarazo de su omega. Sus ex-compañeros no tardaron en seguir el festejo, se acercaron a la pareja ignorando por completo a Del Moro y los abrazaron mientras les decían palabras de felicitación. Coti, Juliana y Lucila estaban eufóricas mientras abrazaban al delicado omega al que se habían acercado cuándo descubrieron que Marcos estaba casado con un omega que se encontraba esperando su primer hijo, quizá fue porque Agustín manejaba las redes de su marido o porque él siempre estaba presente en cada pequeña cosa que se organizaba con respecto a su marido.

—Los quince palos te los vas a gastar en pañales, culiado.-Gritó Alexis abrazando con fuerza a Marcos mientras el salteño no paraba de reírse y llorar al mismo tiempo, como si no pudiera controlar sus propios sentimientos.

—¡Si es nena ponele Constanza, que yo me lo tuve que aguantar a este durante dos meses y embarazado!.-Se metió la correntina abrazando el pequeño cuerpo de su nuevo amigo, y los demás hermanitos no tardaron en carcajearse por las ocurrencias de la omega dominante.

Los ojos vidriosos de Marcos volvieron a ponerse sobre su omega, y su corazón se sintió pleno. Porque ni la plata, ni la fama y mucho menos el que dirán importaba en ese momento, lo único realmente valioso era Agustín y su pancita de seis meses dónde estaba resguardado su cachorro, nada más importaba.

Y tres meses después, cuándo la dulce y pequeña Irene estaba entre sus brazos supo que todos esos días encerrado totalmente aislado de su omega habían servido para algo.

Irene tenía unos ojos verdes enormes que se abrieron pocos días después que naciera y una cantidad de pelo rizado impresionante para una pequeña bebé, la piel de su nena todavía seguía algo moradita por las complicaciones que hubo en el parto, pero era tan hermosa que Marcos no podía parar de pensar como había sido un afortunado en ésta vida para que Dios le regalase una familia tan hermosa.

Marcos devolvió su mirada a la camilla del hospital dónde su marido seguía acostado, habían pasado dos días desde que su bebé nació, pero había sido un parto algo arduo así que ambos debían seguir en el hospital hasta el fin de semana, pero Agustín le sonrió pese al cansancio y el dolor que sentía. El amor que habitaba en su pecho pareció más cálido que nunca, más grande y menos explicable, algo tan inmenso que ningún escritor podría narrar la profundidad de sus sentimientos.

—Te amo, Agustín.-Murmuró el salteño provocando que la sonrisa de su esposo se hiciera aún más grande mostrando esas encías que le parecían tan entrañables al menor.

—Yo también te amo, mi campeón.

Irene se removió entre sus brazos y lanzó un quejido a lo que ambos padres se rieron mientras Marcos bajaba sus labios para dejarle muchos besos en esa mejilla regordeta. Agustín sintió que su corazón se salía de su pecho cuándo vió a su enorme marido tratar a su hija como la criatura más frágil e importante de su vida, quizá si lo era, y lo sería hasta el fin de sus días.

—A vos también te amo, mi gordita hermosa.-Exclamó el salteño con una voz algo más aguda y dulce provocando que su bebé dejara de quejarse y se volviese a acomodar entre sus brazos con facilidad. Sin duda iba a ser una mimada y nadie se lo iba a negar.

Ambos padres rieron y Marcos volvió a acomodarse en la camilla para dejar a su nena entre los brazos de su padre omega, después de todo Irene ya tenía que comer. Agustin no tardó mucho en comenzar a amamantar a su bebé bajo la mirada enternecida de su marido, y Marcos subió una de sus manos hasta la mejilla de su marido acariciandolo como si fuese la obra de arte más hermosa que vió en su vida y no sólo un omega alimentando a su hija.

—Gracias.-Soltó Marcos de pronto y Agustín le devolvió una mirada algo confundida mientras fruncia el ceño.

—¿Por qué?.

—Por hacerme el hombre más feliz del mundo, digamo'.-Respondió con simpleza y Agustín sintió como su propio corazón daba un vuelco mientas sus ojos se llenaban de lágrimas.

Se besaron con ternura mientras el aroma a mandarina y bosque se juntaban con el olor a bebé que liberaba su nena. Era un aroma familiar, uno que los distinguía por el lanzo que tenían y Marcos no dejaba de fascinarse con ello. Su manada, su familia, su omega y su cachorra, era todo suyo para cuidar y amar como nunca iba a hacerlo con otra cosa o persona, y Marcos se sintió estúpidamente afortunado mientras besaba a su marido y resguardaba a su cachorra con su propio cuerpo.

Si, sin duda Marcos había ganado el premio grande.