Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Fandom:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 5 of Té y Galletas con Pandora
Stats:
Published:
2023-05-20
Words:
875
Chapters:
1/1
Comments:
10
Kudos:
3
Hits:
43

El Regalo Perfecto

Summary:

Cuando salió de la oficina, el alumbrado público competía con los LED de los anuncios publicitarios. Esperaba no fuera demasiado tarde para ir a la tienda de antigüedades en donde había visto el perfecto regalo de cumpleaños para su novia.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Cuando salió de la oficina, el alumbrado público competía con los LED de los anuncios publicitarios. Esperaba no fuera demasiado tarde para ir a la tienda de antigüedades en donde había visto el regalo de cumpleaños perfecto para su novia.

Empezó a correr entre los transeúntes al ver la hora, sin parar a disculparse cuando tropezaba con alguno, aferrándose a la esperanza de encontrar la tienda todavía abierta. La celebración era el día siguiente y estaría muy ocupado para adquirir el presente antes de la fiesta. Soltó un suspiro de alivio cuando, al llegar al sitio, vio las luces del local encendidas.

La tetera de porcelana, con su elaborado decorado, seguía en la vitrina. Su novia le había descrito incontables veces una similar, perteneciente a su abuela y perdida en una mudanza. Estaba obsesionada con esas benditas piezas de cerámica al punto de tener un escaparate lleno con una colección, ubicado en un lugar de honor de la sala de su apartamento. Tenía de todas las formas y tamaños imaginables, y eran tantas que casi no cabían; sin embargo, había un espacio vacío en espera de la tetera de la abuela, o una parecida. Un día le preguntó bromeando si quería a las teteras más que al él, y ella respondió “Sí”, sin siquiera parpadear.

Al abrir la puerta, tintineó una campanilla. Un intenso olor a incienso inundó su nariz, haciéndolo estornudar. El lugar estaba abarrotado de piso a techo de los objetos más variados. Algunos extraños, otros comunes; unos hermosos, otros horribles. Desde gramófonos hasta gatos de cristal, desde jarrones de plata hasta extraños muñecos de trapo con ropas de mediados del siglo XIX. Cuadros, platos, fuentes, cochecitos, payasos, osos, cajas de música, paraguas, relojes cucú. En fin, cosas para todos los gustos.

—¡Buenas noches! —dijo en voz alta. —¿Alguien me puede ayudar? ¡Me gustaría comprar algo!

La campanilla tintineó de nuevo apenas había entrado en un pasillo con la esperanza de encontrar el mostrador. Volteó hacia la puerta y vio ingresar a un hombre tan enorme que tapaba la entrada.

—¿Quién carajo te crees para estar empujando a la gente en la calle? —gruñó el gigante avanzando en su dirección.

Estaba tan sorprendido que permaneció inmóvil. El gigante agarró con ambas manos las solapas de su chaqueta y lo alzó un par de centímetros como si fuese un muñeco de trapo.

—¿No vas a responder? —el gigante gritó, zarandeándolo un poco.

Tragó saliva, intentando contener una expresión de asco al sentir el aliento a cebollas del hombre en la cara, y estaba abriendo la boca para defenderse cuando escuchó un tap-tap-tap.

Ambos voltearon en la dirección del sonido, el gigante sosteniéndolo aun en el aire. Una anciana, ataviada con un vestido de flores y apoyada en un bastón, se les acercó.

—Buenas noches, caballeros. Veo que los ánimos están un poco caldeados, pero tengo el remedio adecuado para bajar la temperatura —habló con total naturalidad, como si fuese una ocurrencia típica el separar a un par de hombres en medio de una pelea. —¿Me acompañan, por favor?

El gigante lo soltó. Se miraron un segundo, perplejos, y siguieron a la anciana sin decir palabra. Los condujo entre el laberinto de pasillos hasta una pequeña sala de estar ubicada en la trastienda mientras parloteaba sobre una nueva adquisición.


El tintineo de una campanilla lo despertó.

Lo último que recordaba era tomar un sorbo del té –muy dulce para su gusto– que la anciana les había servido, y ver al gigante caer –en cámara lenta– sobre la mesa de centro, tumbando un plato con galletas y rompiendo un florero en el proceso.

No sabía en donde estaba.

No sentía nada. Ni calor ni frío. Ni hambre ni sed.

Intentó moverse. Fue en vano.

Intentó hablar. Su boca no se abría.

Al menos podía ver.

Estaba en un lugar alto. Dentro de un lugar. Frente a él había un vidrio de suelo a techo, ¿una ventana, tal vez? Al otro lado de la ventana, las cosas eran de enormes proporciones. Le extrañó notar similitudes con lo visto al entrar en la tienda.

Empezó a angustiarse. Le estaba dando un ataque de pánico, pero... ¿no debería por lo menos estar hiperventilando? ¿Sentir el pecho partiéndosele en dos? ¿No eran esos los síntomas?

Fue entonces cuando notó que, además de no respirar, su corazón no latía.

¿Qué estaba pasando? ¿Estaba muerto? ¿Estaba soñando? ¿En dónde estaba?

Trató de calmarse, concentrándose en cuanto lo rodeaba. Miró hacia abajo y vio que, en lugar de llevar su traje de oficina, vestía ropa ajena. Por el rabillo de un ojo vio a una de las extrañas muñecas de trapo –tenía su estatura. Al otro lado estaba el gigante. Sin embargo, en lugar de un hombretón de un metro noventa de estatura y cien kilos de músculo, estaba un muñeco de trapo, vestido como un caballero de mediados del siglo XIX.

Mientras intentaba encontrar sentido a lo que estaba sucediendo, escuchó unas voces acercándose. Entonces, un enorme pero familiar rostro se detuvo frente a él, y volteando hacia un lado, la hermana de su novia dijo:

—¡Harold! ¡Harold! ¡Encontré el regalo perfecto para Moira! Esta tetera es idéntica a la de la abuela. ¿La recuerdas? La que se perdió en la mudanza.

Notes:

Comentarios y kudos son cariño 😁

Series this work belongs to: