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La ayuda de la luna

Summary:

Toda una madrugada sentados esperando que alguno de él primer paso, pero no sucede, así que la luna decide dar un pequeño y mágico empujón.

Notes:

Sé que la semana margus terminó hace un montón, sólo que no había tenido tiempo para publicar. Tengo la gran mayoría de las historias con las temáticas pero no vieron la luz.
Están sin editar.
Las subiré de todos modos.

Work Text:

Agustín y Marcos permanecieron uno al lado del otro, sin decir ni una palabra aunque no fuera necesario. Los silencios nunca fueron incómodos entre ellos pero en este se sintió una tensión casi palpable. Después de la fiesta, el salteño invito al marplatense a tomar aire, y eso fue lo último que dijo.

Todo lo que había planificado se fue perdiendo siendo consumido por el incesante miedo. Ambos miraban al cielo, tratando de ordenar sus pensamientos, pasaron varios minutos en esa posición hasta que llegaron a desaparecer las estrellas.

El oji-verde lanzó un suspiro, las miradas chocaron, ninguno viendo la suplica ajena por unas simples y sencillas palabras que se atoraban en la boca. Agustín había decidido hace mucho tiempo, que si algo debía pasar pasaría, él no haría nada y le dejaría la decisión a Marcos. Lo que este no esperaba que el otro no hiciera nada, con cada segundo se resignaba, y ese sentimiento se vio reflejado en su voz.

–Deberiamos ir a dormir, ya casi amanece...– se levantó del asiento, caminando hacia el interior.

–Sí, primo...– el salteño tardó un rato en contestar sintiéndo como la oportunidad se escapaba entre sus dedo.

Agustín se metió sin mas a la casa, mientras tanto Marcos sólo cerro sus ojos pidiendo un deseo a la luna o la leve sombra que quedó de ésta. Y la luna escucho el desesperado pedido, sintiéndo piedad de las dos almas que necesitaban un leve empujón que se encargaría de dar.

---- La mañana siguiente. ----

El oji-verde se levantó aún adormilado, sin darse cuenta de en que cama se levantaba, ni cómo le costó llegar ni siquiera a la puerta. Lavo su cara, y ahí sucedió, levantó el rostro de la toalla esponjosa para ver a su reflejo. Un pequeño grito se dejó oír mientras corría como loco a la habitación, y se quedó quieto ante lo que veía, su cuerpo aun recostado.

Duda acercándose a su cuerpo, sacudiendo la cabeza de la incredulidad, tocando el hombro con suavidad. Nada pasó. Casi, casi se había olvidado de que Agustín era de sueño pesado.

El salteño volvió a sacudir con más fuerza, escuchando balbuceos y un manotazo, insistió hasta que uno de los ojos verdes que le pertenecían se abría apenas. Diferentes sentimientos se vieron reflejados en el rostro del rubio, hasta que retrocedió con el miedo pintado, levantaba las manos tratando de entender si esto era un sueño.

–¿Qué está pasando, Mar?– el temor era palpable mezclándose con el acento.

–Yo, yo, no sé...

–¿Por qué sucede esto? ¿Qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a quedar así?

–Agu', Agu', mírame... Tranqui– el salteño en el cuerpo ajeno se abalanza hacia su propio cuerpo, que raro sonaba eso en su cabeza, dejando caer las manos en su rostro. Agustín se calló, relajándose al tacto, la respiración comenzando a calmarse. Los músculos tensos se ponen a relajarse, volviendolo maleable en las manos opuestas, la mente trabajando a una velocidad impresionante.

–Creo que no deberíamos decirle a nadie, nos van a mirar raro, hay que saber porque sucedió esto.– Habló el ruloso con un tono decidido.

–Esta bien.

----

Ya era la tarde, Agustín al principio se carcomía la cabeza, tratando de pensar una solución para el problema, cuando no logro nada, pensó buscar el por qué. Tampoco se le ocurrió nada.

Así que empezó a tratar de ver el lado positivo de todo esto o se volvería loco. Por ejemplo, alcanzar los estantes altos, sentir tanta energía, que por primera vez por si mismo quería hacer ejercicio, todo el mundo le sonreía o lo transportaba con amabilidad.

Por otro lado, Marcos estaba recostado, con fiaca, viendo a Agus emocionado con los "beneficios" sacandole una sonrisa y calor en su pecho.

Sólo que eso se vio totalmente borrado.

Nacho se le acercó, con una sonrisa, que él describía como náuseasbunda. –Agus, ¿qué andas haciendo?– decía el rubio, dejando caer la mano en el muslo ajeno, y acercando su cuerpo. –¿Vamos a jugar algo sólo los dos?– el tono coqueto y travieso dejando entrever las dobles intenciones tensando al salteño en el proceso.

Se alejó sin dar explicación ninguna, un abrazador en fuego su pecho, no llegó a dar muchos pasos cuando fue interceptado otra vez.

Daniela.

Está lo miraba con una sonrisa, casi gatuna. Se le acerco invadiendo su espacio, acariciando con sus uñas largas su brazo, quitando sus pestañas.

–¿Agus me daría chocolate?

-No.

La contestación seca llamó la atención de la fémina que parecía dudar sólo un segundo, sólo para agrandar aún más la sonrisa, insistiendo una vez más con el tonto coqueteo.

Marcos se safo y alejó, sin mirar a nadie más en el proceso, el enojo se acumulaba ante la situación. Este sabía que Agustín era cercano a Nacho y Daniela, sólo que no estaba preparado para vivirlo en primera persona.

Llegó a la habitación, sentándose en un rincón en su cama, los brazos cruzados y los nudillos apretados ante los celos.

Agustín entro buscando al oji-verde, el cual estaba en un rincón del lecho, la ternura se expandió en él. Parecía un nene haciendo berrinche, enfufurruñado en un rincón, con la mirada de cachorrito puesta en ningún lugar en particular. Este se acercó con calma, dejándose caer en la cama, mirando al salteño esperando que le dijera que le molestaba.

–Tene' muy buena relación con Nacho y Daniela, digamo' Agustín lo miro sin entender a dónde quería llegar el otro.

–Se podría decir que sí.

-I don't like.

La voz firme y seria atrajo la atencion del ruloso. –¿Por qué? Son sólo compañeros...

–Ello' no quieren ser solo compañero' de uste', primo.– Agustín fijo su mirada en su propio rostro, el ceño fruncido marcando el disgusto. El ruloso se río escandalosamente.

–Mar, estas celoso. Marcos, mírame.

El rubio nunca había sido bueno negandole algo a Agu' y hoy no sería diferente.

–Y si digo que sí...– la vacilación y miedo marcando cada palabra.–que me gusta, y no quiero que le coqueteen.

–¿Por qué no querés?

Marcos parecía debatir consigo mismo, hasta que no soporto, – Porque uste' es mío.

Esas palabras dejaron sorprendido al marplatense que debieron jugar un poco con el salteño.

–Yo soy mío, bueno por ahora, imagina que Nacho me propusiera ser algo más. Hay si sería de alguien...– Mar noo lo dejo terminar, que había empujado contra la cama su cuerpo.

Si alguien entrará podría ver al oji-azul sobre el oji-verde, dándose un feroz beso, la posesividad y el amor siendo los protagonistas. El calor aumento en el cuarto, las mordidas y caricias descuidadas, jalones de pelo y algún que otro gemido se escapaba ante los intensos roces.

Cuando se separaron vieron con sorpresa que todo había vuelto a la normalidad, cada uno volvio a su cuerpo, poco a poco llegaron a entender cuál era la solución a toda esta situación descabellada.

–No puedo creer que todo esto fue porque no te declarabas. – el salteño levanto una ceja ante lo que dijo Agustín. Los ojos verdes, olvidaron cualquier cosa que iba a decir, al ver los brillantes labios rosáceos.

Fue inevitable la lluvia de besos, uno tras otro, dejando las preguntas y respuestas para cualquier momento que no sea este.

No saben cuánto tiempo hubo con besos que iban y venían, lo único de lo que fueron conscientes cuando los llamaron para la cena. Ambos comieron en un silencio cómodo, miradas tiernas que se cruzaron, al terminar se dirigieron al patio.

Recostados en el pasto, perezosas caricias, ignorando al resto. Sólo se quedaron ahí, no sabe cuando pero los dos se durmieron, ante la luz de la luna. Esta había cumplido con el deseo y ayuda.

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