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La vida entre los brazos de Shang Qinghua no había sido menos que dulce, tal y como lo soñó desde el comienzo.
Estando así, acostado sobre el pecho de Shang Qinghua, escuchando sus latidos y con su suave respiración en su cabello, es que Mobei Jun estaba más que convencido de que había tomado la decisión correcta, para así pasar el resto de su vida con la persona a la que más amaba, quien hacía que el mundo tuviera color.
Trescientos sesenta y cinco días pasaron rápidamente, trayendo con ellos tanta felicidad como nunca antes; y aunque a veces sus inseguridades o las de Qinghua lograban colarse entre ellos, supieron cómo resolverlo y darse la oportunidad de estar juntos.
Shang Qinghua dejó suaves besos sobre su cabello y acarició su espalda, seguramente pensaba que Mobei Jun ya se había dormido. —Te amo —murmuró Shang Qinghua; Mobei Jun sabía que no esperaba una respuesta de él. —Feliz aniversario.
Mobei Jun no contestó. En su lugar, pretendió dormir.
Él tenía algo mejor planeado.
Claro, había tenido ayuda: Binghe estaba emocionado por la idea, Shen Yuan se ofreció a averiguar qué pensaba Shang Qinghua al respecto; tan pronto como supo que él estaría feliz si le propusiera casarse con él, todas sus dudas quedaron sepultadas.
Pocas horas faltaban, pero él estaba listo desde el día que se conocieron; ansiaba pedirle que pasara el resto de su vida con él, caminar de su mano por el mundo entero.
Aunque deseaba ver a Shang Qinghua con un traje de gala, llevarlo a un restaurante fino y pedirle su mano en un lugar elegante y hacer que ese momento fuera digno de una película de Hollywood , Binghe le sugirió hacer un picnic. Él se despertaría temprano, antes que Qinghua, y con ayuda de su mejor amigo prepararía todo lo necesario para pasar una hermosa tarde con el amor de su vida. Y llegada la hora, se arrodillaría, sacaría el bello anillo que compró para él y le pediría matrimonio.
Y a pesar de que un pequeño miedo de que las cosas no resultaran bien estaba en su interior, sabía que se arrepentiría toda la vida si no se lo pidiera ese mismo día.
Shang Qinghua besó su cabello una última vez y lo abrazó contra su pecho, listo para dormir con él como muchas veces antes en ese maravilloso año que habían compartido juntos.
Escuchando su corazón, Mobei Jun pudo calmar sus ansias y dormir. Estaba seguro en sus brazos.
Esperaba que le dijera que sí.
