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El lucero azul de tu ser

Summary:

Suena El Triste de José José:

"Qué triste fue decirnos adiós
Cuando nos adorábamos más
Hasta la golondrina emigró
Presagiando el final."

Un Aemond Targaryen cuenta a dos extraños en un bar como es que inició su relación con Lucerys Velaryon. La h istoria no suena bien porque inicia con una diferencia de edad considerable y siendo algo turbio entre un alumno y un auxiliar de profesor. Pero es una historia que nadie le preguntó en realidad, pero Aemond, ante la menor provocación, la cuenta como si fuera la telenovela de las ocho de la noche.

Notes:

Esta historia nace de un vídeo que subí a mi TikTok (dónde me encuentran como nimiriehux, por cierto) para inagurar mi fancast de Lucerys mayor.

¿Quién es ese hombre que para mi queda perfecto como Lucerys adulto? Pues no es otro que Jonah Hauer-King, el nuevo Príncipe Eric en la versión live action de La Sirenita. ¿De verdad sólo yo lo miré navegando en su barco y pensé en él como todo un Velaryon?

Bien, pues varias personas pidieron fic, pues aquí está.

Puntos mono si saben quién es el bartender.

Chapter 1: El Triste

Chapter Text

EL LUCERO AZUL DE TU SER

 

-Ya no le sirvas más, está destruido.

El bartender desliza un vaso más de whisky con hielo y el hombre rubio lo toma con rapidez y lo bebe de un trago.

-No, para nada, parece que lo está, pero puede beber un par de horas más sin derrumbarse.

El hombre rubio levanta su mano y el bartender sabe que debe servir un vaso más. No lo hará de inmediato, porque tampoco quiere que tenga una intoxicación alcohólica, por lo que debe tomarse su tiempo para volver a llenar el vaso.

Han pasado horas desde que llegó, como cada tarde, casi puntualmente a las seis, cuando apenas lleva un rato de que ha abierto el local. Diría que salió del trabajo y no quiere ir a casa y no lo hará hasta cerca de las once de la noche, cuando ya duerme sobre la barra, por completo borracho.

Pero son las ocho, el bartender sabe que aún tiene tiempo de beber mucho más y en el fondo, como sucede con muchos de sus clientes, quisiera no tener idea de lo que le pasaba. La mayoría iba y venía, bebía hasta olvidar o matar las suficientes neuronas como para que no les importara. Sólo que este en particular era uno que hablaba cuando ya tenía suficiente alcohol en la sangre.

-Eh, Hot Pie -le dice a su amigo quien sigue observando al rubio con interés. - Voy por otra botella de whisky, no le preguntes nada a él, te lo digo en serio.

Señala con la cabeza al rubio, este no se da por enterado, sigue mirando su vaso vacío, tal vez esperando que llegara más líquido de color ámbar para llenarlo y saciar esa sed que parecía lo consumía.

-Hot Pie…

El amigo sonríe, se pone a beber de su cerveza como si le quisiera decir que no va a abrir la boca ni entablar conversación.

 

El bartender revisa rápidamente su inventario y se da cuenta de que debe ordenar cerveza y más whisky o en dos noches no tendrá nada. Se programa mentalmente para que tras despertar en la mañana meta el pedido, además de cosas básicas como servilletas, cacahuates y un par de cosas más. Por ello, tardó más minutos de los esperados y temía encontrar algo que sabría le complicaría la noche.

Su amigo, al que llamaba Hot Pie desde que eran niños, había estado fuera unos seis meses, trabajando en la filial de su empresa que recién habían inaugurado en China. Su amigo era un maestro pastelero, pese a su juventud, no había nadie que se le comparara cuando hacía sencillas tartas de frutas o elaborados pasteles de muchos pisos.

Sin embargo, a veces hacía cosas que no debía, como lo que temía encontrar al regresar a su barra. A su amigo, sentado junto al tipo rubio, platicando.

Dejó la botella, puso los ojos en blanco, tomó el vaso del rubio, un poco de hielo y más whisky.

-Servido.

El rubio le agradeció con un movimiento de cabeza, fue todo, porque estaba hablando con Hot Pie, iniciando con esa frase que tanto temía.

- ¿Conoces a Lucerys Velaryion?

-Ah – su amigo piensa, parece que le suena un poco ese nombre, cosa que al bartender no. Cuando cayó en esa platica la primera vez, no tenía idea de quién era esa persona. - ¿Velaryon? Son unos riquillos, barcos, importaciones.

El bartender presta atención, le pone otra cerveza a su amigo a la mano, sabe que una no bastaría. El resto del lugar está vacío, es uno de esos días lentos que se compensan con los fines de semana.

-El jefe de la familia fue a la inauguración en China, su esposa muy elegante, nos presentaron.

Hot Pie era sólo un pastelero, claro, pero era famoso por ello. Increíble.

-Pero Lucerys, -su amigo bebe, dándose tiempo para responder- no, no recuerdo ese nombre.

 

-Yo sí conozco a Lucerys Velaryon, lo conozco muy bien.

 

No sé si vuelva a verte después
No sé qué de mi vida será
Sin el lucero azul de tú ser
Que no me alumbra ya

 

 

1

 

Estaba por graduarse cuando aceptó un trabajo como asistente de profesor. Era un trabajo común, sin embargo, la escuela era privada y al parecer, muy cara. La paga era buena, más si se tomaba en cuenta que aún no tenía título, por lo que no dudó en aceptar.

Sus funciones eran pocas, calificar exámenes y trabajos, tener el material listo para el profesor titular y cubrir alguna posible inasistencia.

Era sencillo.

El profesor al que asistía era un hombre de mediana edad, tenía tal vez cincuenta años o poco más, era bastante amable, preparaba sus clases con meses de anticipación y eso facilitaba mucho el trabajo.

-Aemond – lo llamó suavemente. Él dejó los libros en cada pupitre, era la lectura para esa semana y al ser una escuela tan cara, les entregaban el material a los alumnos para que no tuvieran que buscarlo y comprarlo, todo eso se les cobraba.

- ¿Necesita algo?

El joven rubio se ha acercado. Mantiene una postura erguida, su ropa bien arreglada, su cabello corto acomodado sin dejar nada fuera de lugar. Le habían dicho que debía poner atención a su aspecto, que tenía que vestir con ropa oscura, gris, café o negro y siempre con camisas. Nada de playeras o jeans.

-Sé que no has trabajado antes con adolescentes y sé que no has trabajado en una escuela como esta -el hombre mayor sonríe y el rubio no entiende por qué le debe decir aquello. – Tómalo con calma, mantén tu distancia, no te hagas su amigo, pero hazles creer que eres accesible. Todos ellos son hijos de familias ricas, no quieres problemas, te lo aseguro.

El rubio asintió y un segundo después el sonido del timbre llenó sus oídos y un murmullo creciente advertía lo que iba a suceder. Era la segunda hora, pero la primera clase que tendrían ese día, los adolescentes llenaron los pasillos, tenían diez minutos para ir a sus casilleros y luego, al nuevo salón. Era una marea de jóvenes personas de entre 14 a 18 años que lograba ser muy ruidosa y que parecía acercarse a ellos, a su muy bien iluminada aula gracias a las grandes ventanas que dejaban ver el patio.

El profesor abrió la puerta y se preparó para recibirlos, un nuevo año escolar se iniciaba aquel día, todo de lo más normal y común, aunque para el rubio era algo que aún le despertaba recuerdos puesto que para ese momento tenía sólo veintidós años y sus días en la preparatoria no estaban tan lejanos.

Se quedó al fondo del salón, sin tomar ningún protagonismo en la recepción de los alumnos, mientras el profesor titular les llamaba por su nombre y los invitaba a tomar su lugar conforme iban entrando.

Quedó sólo un lugar vacío y el profesor se fue al frente del salón para iniciar la clase, Aemond cerraría la puerta como le habían pedido, porque ahí no se toleraba la impuntualidad, sólo que justo cuando estaba por cerrar una mano empuja la puerta con fuerza, forzándolo a abrirla de nuevo.

- ¡Lo siento! ¡Pasé al baño!

El chico habla sin pudor, como si fuera el dueño de todo aquello y no le diera pena excusarse. El profesor lo mira y le indica que puede pasar y tomar ese último lugar al fondo del salón. El rubio está sorprendido, pero no del todo, aquellas escuelas llenas de niños ricos no siguen del todo sus propias reglas.

El profesor inicia su clase, el rubio toma un par de notas de momentos clave, información importante que pudiera ser incluida en un examen y anota las tareas que les da para todo el mes, programadas para ser entregadas cada viernes. Todo eso lo sabe ya, pero le gusta mantenerse atento.

Por ello no nota que ese chico que entró al final, le dedica miradas interesadas. Se da cuenta finalmente un minuto antes de que la clase termine, el chico sonríe y el rubio finalmente pone atención a sus características.

Tiene un rostro infantil, cabello oscuro y con rizos, ojos marrones expresivos. Una naricita pequeña y respingada.

Y una bonita sonrisa.

-Lucerys, deja de mirar a mi asistente y vete a tu siguiente clase.

El profesor le indica con fuerza, pero con un tono amable que contrasta. El chico asiente, toma sus cosas y finalmente, sale del salón.

 

 

-A ver, pervertido, ¿en serio te fijaste en un niño de preparatoria?

El bartender casi suelta la carcajada porque su amigo pastelero en realidad si está algo ofendido.

-Adolescente -corrige el bartender.

- ¡Ay por favor! Es lo mismo, un chamaco que huele a talco de bebé.

El bartender deja la botella de cerveza, la tercera para su amigo, con fuerza sobre la barra, esto hace que se llene de espuma y provoca que su amiga suelte un chillido raro.

-Hot Pie, por eso te dije que no le sacaras platica.

Su amigo bebe la espuma como puede antes de responder.

-Sí, por su puesto, entre pervertidos se entienden, aunque la tuya no olía a talco de bebé si no a tu sangre después de que te partiera el labio por responderle algo que no le gustó. Bonita y agresiva, te flechó al instante.

El bartender pone los ojos en blanco y se aleja para servir otras bebidas para una pareja que se ha sentado en el fondo del lugar. Cuando regresa, se fija en el hombre que va todos los días a perderse en el alcohol, no parece tan joven, le calcula más de treinta años, tal vez han pasado diez años desde el inicio de aquella historia.

-Sí, ahí como lo ves, este tipo todo feo y viejón, está bien acabado, pero pues tan anciano no es y también conoció a una chica en la preparatoria, ella una niña bien, riquilla, como tu Lucerys. La bronca es que ella no era nada femenina, entonces terminó siendo nuestra amiga, se iba de pinta con nosotros, unos morros de universidad que no teníamos ni prisa por graduarnos y sí, aprendió cosas malas, como a fumar y beber. Pero este tarado de mi amigo, va y se enamora de esta chamaca y es como si se hubiera enamorado de mi o algo así y además, pues le llevaba cinco años, toda una vida. Pero bien, este tarado de mi amigo ahora es gente de bien, tiene un negocio y le va decentemente, aunque veas vacío hay días buenos.

Hot Pie habla demasiado, el bartender quiere darle un golpe porque no tendría que estar diciendo nada de aquello.

-Pero ya, no importa este menso de mi amigo, mejor síguele, ¿qué pasó con tu chamaco con olor a talco?

 

Tomaba su café en una mesa entre los árboles. Los jardines de aquel lugar parecían un bosque, enormes frondosos árboles que le gustaban porque le permitía alejarse del bullicio de los adolescentes. Caminaba hasta un Starbucks que estaba dentro de la escuela, el cual le daba descuento por ser empleado y lo que habría pagado al doble afuera, aquí era accesible. Por eso todos los días iba por uno para luego darse una media hora de tranquilidad mientras revisaba en su tableta la plataforma donde los alumnos subían sus trabajos y tareas.

No había cuadernos, todo era con tabletas o computadoras personales, muy ecológico decían.

-Profesor…

El rubio levanta sus ojos y mira al chico de los rizos. No había uniforme en esa escuela, así que el chico llevaba ropa muy casual, no parecía alguien excesivamente rico, pero no se dejaba llevar por la apariencia. Una playera blanca, jeans pegados de tubo y un suéter que le quedaba grande.

-Velaryion, ¿necesitas algo?

Había buscado ese apellido y resultaba que era una familia ultra millonaria, billonaria y mucho más que eso, pero tampoco era como si le importaba la familia de uno de sus alumnos.

-No entiendo una de las tareas.

El chico se sentó frente de él, dejó sobre la mesa su tableta y le mostró aquello que, según él, no entendía.

-Podrías haber preguntado en clase o mandado un mensaje por la plataforma…

El rubio trataba de no mirar los ojos del más joven, comprendía que, pese a que no había una diferencia de edad tan grande entre ambos, él estaba como auxiliar de un profesor y el otro, era un alumno, por lo que no era para nada correcto ni aceptable.

Pero esos ojos le gustaban demasiado, eran cálidos y amables, lo miraban de una forma que le provocaba algo desconocido.

-Me gusta más preguntarle a usted, profesor.

El rubio lo mira, finalmente, cayendo en su trampa. Esta no es la primera interacción de ese tipo, el joven lo suele buscar, le pregunta sobre las tareas, se apodera de su tiempo libre y lo obliga a estar cerca. Por lo menos así lo justifica el mayor.

-No soy profesor, me contrataron como un auxiliar y esto – señala las preguntas en la tableta del joven – se responde con esto.

Pone un libro sobre la tableta. Es su copia de la lectura de la semana, la que todos recibieron, pero que Lucerys Velaryon ha estado ignorando para preguntarle cosas que podría encontrar por sí solo.

-Gracias profesor…

El rubio pone los ojos en blanco, le desespera un poco el tono del joven que al pronunciar una sola palabra parece que lo provoca.

-O, tal vez, ¿debería decirle Aemond?

Se levanta de golpe.

-Profesor está bien.

 

 

-Profesor Aemond, ¿puedo meter mi lengua en su boca?

El bartender le pega a su amigo en el hombro, este ni siquiera le hace caso porque busca provocar al rubio que ya se bebe otro vaso de whisky como si fuera agua.

-Deja de burlarte, Hot Pie.

El amigo pide su cuarta cerveza, el bartender no se niega. El rubio pone la mano sobre el vaso, no quiere que le sirva más. A veces hace aquello, se detiene por unos minutos, tal vez sabe que no debe beber tan rápido o de otra forma ya estaría roncando sobre la barra.

-Enamorarse de alguien más joven es muy turbio, mejor fijarse en una mamasita de más edad para que te enseñe todo.

El bartender, de nuevo, le da un golpe en el hombro.

-Eres tarado.

Hot Pie sólo se parte de risa.

 

 

-Profesor Aemond.

Es el último día antes de las vacaciones de fin de año, el clima ha cambiado tanto que los días son fríos y los salones y pasillos deben ser calentados con calefacción. Aun así, Aemond logró enfermarse y se sentía cansado. No era más que un catarro, pero sus ojos estaban llorosos y su nariz fluía. Por ello había estado alejando de los alumnos, usando un cubrebocas y tomando medicina.

-Vete, Velaryon, es tarde.

Al chico lo recogía un chofer todos los días, así que podría dejarlo esperando por él y no tendría ningún problema para llegar a casa.

-Tome.

Aemond se gira para verlo, el joven sostiene un envase de plástico para que el rubio lo reciba.

-Es sopa de pollo, mi mamá la hizo porque le comenté que usted estaba enfermo y pues, ojalá se mejore.

Lo recibe finalmente y tras el shock de recibir algo así por parte del más joven, le agradece. El chico sonríe, parece que quiere decir algo más, pero se arrepiente. Se da vuelta y sale del salón a toda prisa.

 Aquel fin de año fue personalmente complicado para el auxiliar de profesor, pero de repente, con una sopa de pollo, que llegó a calentar en el horno, las cosas no parecían tan malas.

Eso era hasta que apareció el aviso de un nuevo seguir en su cuenta de Instagram. Mantenía sólo esa cuenta, no tenía más redes sociales ni le interesaba tenerlas.

LuKeV te sigue

No lo esperaba y sintió un escalofrió recorrer su espalda, no era un buen augurio, definitivamente no lo era.

Debió bloquear ese seguidor, debió poner su cuenta en privado.

Pero en lugar de ello, lo siguió también.